El mundo suena
19.04.08 @ 18:00:00. Archivado en Clásica
Modest Mussorgsky Cuadros de una exposición (1874)
La exposición a la que hace alusión el título se celebró a la muerte del arquitecto y diseñador Viktor Hartmann en 1873. Los cuadros eran dibujos, acuarelas y maquetas que este polifacético arstita realizó durante su corta vida. Hartmann era amigo íntimo de Mussorgsky, uno de los integrantes del llamado Grupo de los cinco junto a otros compositores nacionalistas rusos. Inspirado por la retrospectiva de Hartmann, Mussorgsky decidió emprender la composición de una pieza en la que se dieran la mano lo musical y lo visual, creando una obra de arte total en la que las impresiones visuales nos llegan a través del oído. El pintor ruso Wassily Kandinsky definió esta sinestesia (aunque en sentido contrario: pintar la música) con la frase "el mundo suena".
En ambos casos la sentencia es válida. Quizá incluso en Mussorgsky sea más clara, ya que él hizo sonar aquella exposición. Conviene recordar que en 1873 Monet pinta Impresión: sol naciente, abriendo las puertas no sólo al Impresionismo, sino a todas las vanguardias de principios del siglo XX. En música no tardará mucho en llegar un movimiento de igual nombre, de la mano de compositores como Debussy o Ravel. Mussorgsky fue uno de los precursores de la búsqueda de la expresividad que supuso el Impresionismo musical. Pero sin irse tan lejos, las dos últimas décadas del XIX están dominadas en lo artístico por el Modernismo, un movimiento que se caracteriza por la búsqueda de esa obra de arte total en la que confluyan la arquitectura, la escultura, la pintura e incluso la música y todo ello en estrecha conexión con la naturaleza. Esa búsqueda es evidente en la obra de Mussorgsky que, sin embargo, carece de cualquier tipo de artificio o pretenciosidad.
Cuadros de una exposición es uno de los mejores ejemplos de las ideas artísticas de su autor, para quien el arte no era un fin en sí mismo, sino "un medio para la comunicación con los hombres". La obra fue inicialmente concebida como composición pianística, aunque dada su detallista escritura, que sugiere un bosquejo para una posible orquestación, ha sido adaptada en numerosas ocasiones. La más conocida es la orquestación realizada por Maurice Ravel en 1922, que puede considerarse completa, aunque se suprimió un fragmento. La obra está hilvanada por una serie de breves composiciones denominadas "Promenade" que preceden a cada cuadro. Estos promenade sugieren el tránsito del visitante por las distintas salas de la exposición y predispone al oyente a la "contemplación" de los siguientes sonidos. Los distintos cuadros, por su parte, representan todo tipo de escenas, desde lo fantástico y lo onírico hasta lo terrenal y lo filosófico. Una obra grandiosa en concepción y ejecución pero sencilla y humilde en sus pretensiones.
Carlos Gómez Cabana
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