Famoso en vida como compositor de óperas y muy admirado por Bach, quien tomó prestadas melodías del veneciano para algunas de sus fugas, la música de Albinoni pasó al olvido tras su muerte y muchas de sus partituras se perdieron para siempre. Ya en el siglo XX, el musicólogo italiano Remo Giazotto se propuso rescatar la obra del compositor italiano y recuperó varias de sus partituras. Entre ellas se encontraba un fragmento manuscrito perteneciente según Giazotto a una sonata da chiesa. La partitura contenía la línea del bajo y algunas notas de la parte más aguda, de modo que Giazotto recompuso el resto de la melodía y creó lo que hoy conocemos como Adagio de Albinoni.
La pieza se ha convertido desde su publicación en uno de los ejemplos más populares del Barroco italiano, así como de toda la obra de Albinoni. Su inmenso reconocimiento y su constante interpretación en conciertos y grabaciones no son, sin embargo, gratuitas. La magnífica melodía de Giazotto es solemne y melancólica al tiempo y posee una capacidad inmensa para conmover al oyente. La obra está escrita para órgano y cuerdas, a lo que Giazotto añadió un violín solista. A lo largo de sus, aproximadamente, más de nueve minutos de duración, la cadencia básica de la pieza es adornada por la melodía principal de forma intermitente, sumándose en ocasiones el violín para reforzar el lamento del tema protagonista.
La partitura definitiva de la obra fue publicada en Milán en 1948 tras ser hallada por Giazotto en una biblioteca de la ciudad alemana de Dresde.
Sábado, 26 de julio
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