Ludwig Van Beethoven - Novena sinfonía, "Coral" (1824)
23.02.08 @ 17:56:42. Archivado en Clásica
Durante los doce años que le llevó a Beethoven concebir y componer su Sinfonía coral, el compositor vivió algunos de los días más difíciles de su vida. Su salud comenzaba a flaquear, su sordera iba en aumento día a día y su situación económica se vio diezmada por la tutela de su sobrino Karl, que le obligó a asumir los cuantiosos gastos de varios pleitos familiares. Sin embargo, será también uno de los periodos más fructíferos para su música: a esta etapa pertenecen, amén de la citada sinfonía, las Variaciones Diabelli, la Missa Solemnis y las últimas sonatas para piano del músico alemán.
La composición de la Novena nace a partir de dos proyectos separados: una sinfonía coral y otra composición únicamente instrumental. Hasta 1822 no decidió unir ambos proyectos y dar su forma definitiva a la Novena sinfonía, incluyendo el texto de la Oda a la alegría de Friedrich von Schiller al final del último movimiento.
El primer movimiento amanece con una serie de certeros acordes que dan paso de forma repentina y dramática al contundente tema principal. A partir de ahí la música fluye de forma entrecortada entre pasajes de crudeza y teatralidad y otros de melodía delicada y sonido tenue. Unos contrastes que definen toda la obra y que han sido vistos por algunos como una metáfora del propio siglo XIX musical, dividido entre lo nuevo y lo antiguo, entre el Romanticismo y el Clasicismo. Por su parte, en el segundo movimiento, definido por muchos como "el paso de la oscuridad a la luz", una jovial vitalidad se apodera de los compases beethovenianos que, no obstante, siguen fieles al singular sonido de la obra.
En el tercer movimiento, el adagio, Beethoven hace gala de sus mejores cualidades líricas y construye una pieza de una sobresaliente belleza melódica en la que los distintos temas se entrelazan y superponen unos a otros tejiendo un manto musical que, como toda la sinfonía, nos atrapa con facilidad. Llegamos así al cuarto movimiento, el célebre "Himno a la alegría", basado en el texto de Schiller. Un movimiento que constituye casi una obra aparte y que, en su grandiosidad, abarca todo aquello que Beethoven deseaba unir en una obra muscial: la voz humana, la literatura y la música. Un colosal despliegue de talento que confirma la pretensión beethoveniana de alcanzar la perfección a través del arte. Aunque la melodía principal es casi vulgar, el compositor encontró la forma de hacerla universal (aunque le costó más de 200 versiones hasta que encontró el motivo musical más adecuado).
El estreno de la Novena tuvo lugar el 7 de mayo de 1824 en el Hoftheater vienés, en una noche en la que Beethoven recibió el reconocimiento unánime del público como nunca antes lo había hecho. En aquel concierto también estrenó su Missa Solemnis y la Obertura Op. 124 y es conocida la anécdota que cuenta cómo un solista de la orquesta que él mismo dirigía tuvo que ayudarle a darse la vuelta para que pudiera contemplar la ovación del público, ya que su sordera le impedía escucharla.
Carlos Gómez Cabana
autor
Contacto






