Para Dave Edmunds, la historia del rock se detiene en algún momento de 1964. Hay que reconocer que ese año (en concreto la explosión de The Beatles con A Hard Day's Night) representa un punto de no retorno para el rock. Pues bien, fiel a esa creencia, la música de Edmunds intenta revivir el viejo rock & roll de los cincuenta en la década del rock progresivo. Repeat When Necessary es su quinto disco en solitario y el último que puede considerarse un clásico. Lo grabó con Rockpile, un grupo que trabajó con otros grandes artistas como Nick Lowe, pero que tan sólo grabó un disco con su nombre (el extraordinario Seconds of Pleasure). Aquí hacen un trabajo magnífico, reinterpretando las canciones de Elvis Costello, Graham Parker o Huey Lewis con energía, intensidad y pasión. El disco comienza con la tremenda versión del clásico de Costello "Girls Talk" (transformada en uno de los mejores singles de la historia) y no deja sitio al aburrimiento. Las melodías y ritmos trepidantes se dan paso unas a otras hasta el final (que llega pronto, ya que el disco sólo dura 35 minutos). En definitiva, nos engancha desde la primera escucha y no aburre jamás: un disco sensacional.
Este ballet en miniatura escrito por Ravel en 1827 a petición de la mecenas y bailarina rusa Ida Rubinstein, quien deseaba una pieza de "carácter español" para orquesta, es una de las obras musicales más populares e interpretadas del siglo XX. Su nada pretencioso planteamiento y su ritmo "repetitivo hasta la obsesión", como lo definió el propio compositor, no la han privado de gozar del entusiasmo del gran público a lo largo de casi un siglo.
El larguísimo crescendo en torno al que se construye la pieza se inicia con el marcial ritmo en la percusión y la sutil melodía en las cuerdas de violas y violoncellos. Tema a tema, esa melodía va aglutinando al resto de instrumentos de la orquesta; algunos que tan sólo participan en unos pocos compases, como los platillos o el tam-tam y otros que se van añadiendo a la bola de nieve sonora, como las flautas, oboes, trompetas o fagotes. Todos al servicio de una estructura melódica compuesta por dos temas y un ritornello que se van sucediendo unos a otros según va aumentando y cambiando la orquestación.
Aunque Ravel se refirió a su Bolero en más de una ocasión como una "pieza para orquesta sin música", la musicología le ha reservado un lugar relevante en la historia, entre otros motivos por contener el crescendo más largo del repertorio orquestal. Para el compositor, sin embargo, representaba un estudio de orquestación sin ninguna pretensión artística. No obstante, el simple tejido sonoro inicial se complica de forma singular según avanza la interpretación y entran en escena un mayor número de texturas y armonías que juguetean con las melodías principales, deshaciéndolas y reinventándolas conforme se acerca el derrumbe final.
Interpretación de la célebre coreografía de Maurice Béjart a cargo del Béjart Ballet de Lausanne.
En su estreno el 22 de noviembre de 1928, la obra gozó de una entusiástica acogida entre los asistentes a la representación en la Ópera de París a cargo de la compañía de la propia Rubinstein. Desde entonces, el impacto de la obra en la cultura popular sería extraordinario. Desde el rock (con Frank Zappa o Jeff Beck) hasta el cine (con Kurosawa, Tarkovsky o Brian de Palma), pasando por la televisión e incluso los videojuegos, la célebre pieza se ha paseado por multitud de escenarios distintos.
(PS) Mítico clip de los noventa. El dúo galo llegó a la cumbre del rock con este himno rayante, nacido en pleno esplendor breakbeat. El director Spike Jonze se atreve a dejar la música en un segundo plano en esta hilarante historia de amor imposible. Germen del ahora célebre "Perro Muchacho".
(PS) El horror. El más abismal de los espantos en este engendro de la Lolita gala. Si tenías prejuicios sobre los franceses, este vídeo no te ayudará a corregir tu vicio. Imagina el vídeo de la comunión de Chabeli, jugando con la Rosana y las Leli Kelis en su habitación de la Moraleja. Si no te recorre un escalofrío por la espalda, no eres humano. Alerta diabéticos y niños de más de tres años.
A lo largo de sus tres décadas de existencia Genesis se han convertido en uno de los grupos más exitosos y longevos de la historia. Desde sus inicios a finales de los sesenta, las ventas de sus álbumes crecieron más y más a medida que el quinteto inicial se quedaba en cuarteto primero y después en trío y su música coqueteaba descaradamente con el pop bajo la batuta del batería Phil Collins. En 1973 dieron su gran paso adelante musical con Selling England by the Pound, un sublime trabajo construido en torno a la influencia de la mitología y la literatura inglesas. Desde Ezra Pound ("Dancing With the Moonlight Knight") a T.S. Eliot ("The Cinema Show"), pasando por Tolkien ("The Battle of Epping Forest") y otras figuras de la literatura inglesa de principios del siglo XX, el ambiente excéntricamente inglés inunda todo el álbum. La música acompaña estas letras con bucólicas melodías que descansan sobre una marea de enrevesadas canciones casi sinfónicas que elevan la categoría como compositores de Peter Gabriel, Phil Collins y compañía por encima de la de contemporáneos como Pink Floyd (centrados, en cambio, en experimentar con la textura). La producción y la interpretación son impecables, mejorando con mucho el nivel del grupo hasta ese momento. Un disco sin tacha, repleto de sugerentes sonoridades, composiciones portentosas e inteligentes letras.
En 1977 Peter Bramall cantaba en el grupo The Motors en su Inglaterra natal. Eso fue antes de que, durante la preparación del segundo LP de la banda, escribiera "Sarah Smiles" y abadonase el grupo para formar Bram Tchaikovsky. Firmaron por la discográfica Radar (la de grandes como Nick Lowe o Elvis Costello) y consiguieron grabar su primer disco, Strange Man, Changed Man. El single "Girl of My Dreams" les daría un moderado éxito a ambos lados del Atlántico. Sin embargo, tras un par de discos más y varios cambios de personal, tuvo que disolver el grupo y abandonar el mundo de la música. Strange Man, Changed Man es, por tanto, su mayor logro artístico. Más allá de la estupenda "Girl of My Dreams" el disco ofrece toda una legión de sabiamente construidas canciones power pop muy al gusto de la época (The Rubinoos, Cheap Trick...). Los estribillos memorables, las melodías tiernas y difíciles de olvidar asombran desde el primer minuto. A parte de la obvia influencia de The Beatles o The Byrds, destaca cierto regusto rockero a lo Thin Lizzy (clarísimo en "Nobody Knows"). Un magnífico disco, entretenidísimo, marchoso e inteligente.
El disco que aupó al cantautor americano Dan Fogelberg a la categoría de big name del rock, Nether Lands responde al prototipo de álbum en su sentido estricto. Mucho más imponente en conjunto que la suma de sus partes, fue concebido por el propio Fogelberg como una unidad, conducida por un tono similar a lo largo de sus once temas, impecablemente producidos por él mismo. Sin embargo, esto no lo hace monótono ni heterogéneo en ningún momento. Muy al contrario, la mezcla de estilos resulta realmente impresionante. Desde ideas tomadas de la música clásica o el rock, hasta otras inspiradas por el pop, el country o el folk, conviven de forma sorprendentemente natural incluso dentro de la misma canción. La composición no se queda atrás, con joyas como las clásicas "Nether Lands" y "Dancing Shoes" o las irresitibles "Once Upon a Time" y "Love Gone By" (una perfecta incursión en el heartland rock de Bob Seger). Nether Lands es el álbum en el que Fogelberg despega como creador y demuestra poseer un espíritu inquieto y ambicioso que le llevará al éxito comercial de forma natural. Un gran clásico.
Con sus tres acordes, su simplista interpretación del rock & roll y su burla de la cultura pop, los americanos The Ramones revolucionaron el panorama musical de finales de los 70, que se había instalado en una pomposidad y un artificio difíciles de aguantar. Frente a la pretenciosidad del rock progresivo y el art rock o el agotamiento creativo de los grandes de la década, como Led Zeppelin o The Who, los Ramones abrazan la estética del surf rock, el pop de los 60 y el primer rock & roll para elaborar un sonido propio, inmediato, irresistible y provocador. Su debut de 1976 marca el inicio del punk. Partiendo del trabajo de gente como Iggy Pop (y su grupo The Stooges) o New York Dolls, los cuatro neoyorquinos dotan de más velocidad y volumen a las estructuras tradicionales del rock, que simplifican al máximo (ninguna canción llega a los tres minutos). El impacto de The Ramones será inconmensurable. Desde sus inmediatos seguidores en Inglaterra, como The Sex Pistols o The Clash, hasta hoy mismo, cuando este plástico sigue siendo fuente de inspiración para muchos grupos (Green Day, The White Stripes), la sombra de su influencia se alarga día a día. Esencial en la historia del rock e irresistiblemente divertido.
El último disco grabado por los cuatro miembros originales del grupo, In Through the Out Door es su disco más vital desde Physical Graffiti. Quedándose fuera de juego tras la revolución del punk y el new wave en 1977 y el progresivo avance de la música disco, Led Zeppelin optan por no quedarse anclados en el sonido complaciente de Presence y dar un paso hacia delante, incorporando algunas sorpresas de envergadura. "South Bound Saurez", una alegre tonada con un martilleante piano magistralmente tocado por John Paul, retoma el sentido del humor perdido del grupo. "Fool in the Rain" incorpora sonidos de percusión latina (congas, marimbas e incluso silbatos) y un regusto salsero de lo más inusitado y refrescante. "Hot Dog", por su parte, divierte como ninguna otra canción del grupo con su bailona melodía hillybilly y su piano de western. Como contrapunto, la subyugante balada "All of My Love", magistralmente interpretada por todos los miembros del grupo, que la dotan de una emoción singular y las épicas "In the Light" (estupenda) y "Carouselambra" (excesiva). Con todo, el heterogéneo In Through the Out Door es un excelente "canto del cisne" (así se llamaba su discográfica) y uno de los discos más entretenidos y caóticos del grupo.
El primer disco en directo de uno de los grupos más legendarios en este campo, no dejó en absoluto satisfechos a sus millones de fans. Tomado como solución de emergencia en vez de como compromiso serio por reflejar el verdadero espíritu de sus conciertos, The Song Remains the Same es recordado como el punto más bajo de la discografía del grupo. Y, aunque ampliamente superado por futuros directos como BBC Sessions o How the West Was Won, lo cierto es que nos muestra la otra cara de Led Zeppelin. Frente al mito de su magia en directo, aquí percibimos la grandilocuencia exagerada hasta el ridículo (27 minutos de una poco inspirada interpretación de "Dazed and Confused" resultan absurdos a la par que tediosos), la pretenciosidad de quien se sabe perteneciente a un estatus que le permite disfrazar una mala noche de pomposidad vacía y llevar a los asistentes al éxtasis del mismo modo. Porque lo que importa no es estar en un gran concierto de rock, es estar en un concierto de Led Zeppelin.
Tras el titánico despliegue de Physical Graffiti, Led Zeppelin plantean otro disco plagado de épica pretenciosidad y excesos sonoros en plena decadencia de la era dorada del rock. Esta vez, sin embargo, la vitalidad e incluso el sentido del humor que auparon a sus anteriores propuestas a altísimas cotas de calidad musical, independientemente de su naturaleza, están por completo ausentes. Presence cambia la tendencia, incluyendo las primeras canciones "prescindibles" del grupo. Junto a la brillantez de "Achilles Last Stand", "For Your Life" o "Nobody´s Fault but Mine", nos encontramos con otros momentos sorprendentemnte insulsos como "Royal Orleans", "Candy Store Rock" o "Hots on for Nowhere", que no justifican su presencia en un álbum de Led Zeppelin. Fueron momentos bajos para la banda, tanto en lo personal como en lo creativo, aunque los Zep siguen demostrando ser unos consumados intérpretes de todo tipo de influencias primitivas, ya sean del blues, el rockabilly o el funk. Un disco modesto para los estándares de la banda pero aún así interesante para los fans del rock setentero.
Cada vez espaciando más sus grabaciones, Led Zeppelin retornan dos años después del extraordinario Houses of the Holy con un ambicioso doble álbum que combina nuevas composiciones con viejas ideas rejuvenecidas para la ocasión. Physical Graffiti es el último gran clásico de la banda; su caótica exhibición del insondable talento de Page, Plant, Jones y Bonham es un auténtico alarde de supremacía y prepotencia en la cumbre de su éxito internacional. De alguna forma pone también fin a los excesos del rock de los 70 y marca el punto en el que esta música dejó de dar más de sí, precipitando la aparición del punk en 1977 y la vuelta al rock de la época anterior a The Beatles. Sin embargo, hasta en su visión más despectiva, Physical Graffiti posee un incuestionable valor. El saber hacer del grupo y su infinita devoción por el blues, el folk e incluso el country lo convierten en un trabajo, si difícilmente visionario, impecablemente interpretado. Le distancia, por lo tanto, de sus predecesores el espíritu aventurero e innovador. Aquí los Zepp se centran en lo que más les gusta y lo ejecutan a la perfección, con una intensidad única. Una gran opción para introducirse en el universo zeppeliano por primera vez.
Manteniendo el exitoso formato de su álbum anterior, Led Zeppelin continúan expandiendo su lenguaje musical en su quinto disco de estudio. Houses of the Holy es un trabajo más relajado, en el que la banda se recrea en las texturas sonors con mayor generosidad. El resultado es brillante en "The Rain Song", una de las cinco mejores composiciones del grupo, con un espectacular arreglo de cuerda y "No Quarter", la trabajada versión final de una canción que venía de tiempo atrás y en la que se luce John Paul Jones al teclado y el bajo. El resto de las canciones exploran nuevos modos de aproximarse a viejas influencias, como en "Dancing Days", un hard rock redondo u "Over the Hills and Far Away", una vuelta de tuerca más al claroscuro zeppeliano con pinceladas de folk y heavy metal. En definitiva, un disco tan redondo como su predecesor, pero más variado e impredecible, lo cual lo convierte en uno de los más reveladores de la intensa carrera de los Zeppelin. Un gran clásico del rock que no renuncia al riesgo y la diversidad.
El disco definitivo de Led Zeppelin. El cuarto trabajo de los ingleses es uno de los LPs más vendidos de la historia con 23 millones de ejemplares tan sólo en los Estados Unidos. También es el álbum que contiene la celebérrima "Stairway to Heaven", una oda de más de ocho minutos que encierra todo el virtuosismo, la mística y los excesos del grupo. En esencia, este no titulado plástico es un compendio de sus tres discos anteriores. Mantiene el torrente guitarrero de Led Zeppelin II en "Black Dog", "Rock and Roll" o la monolítica "When the Levee Breaks", los contrastes de su debut en "Stairway to Heaven", el sentido del humor en "Misty Mountain Hop" y la mística de la campiña inglesa en "The Battle of Evermore" y en la colosal "Going to California", la culminación de sus incursiones en el folk. También nuevos sonidos se abren camino tímidamente, como el funky de "Four Sticks". Sin embargo, es "Stairway to Heaven" la que se ha llevado todos los honores. Los títulos simbólicos pero representativos de mejor canción o mejor solo de guitarra la han elevado a altísimas cotas de popularidad. No es de extrañar teniendo en cuenta la magia embriagadora que desprende su melodía, intacta después de más de treinta años de reproducción constante en las radios de Estados Unidos.
Cuando termina el cuarto disco de Cheap Trick (y su primer directo) podemos, al fin, recuperar el aliento. Porque durante los vertiginosos 40 minutos que dura la colosal actuación, llena de vitalidad, energía, talento y musicalidad, es imposible abstraerse del irresistible ritmo de las canciones del grupo. A pesar de ser ya conocidas por quienes siguieron al grupo en las postrimerías de los 70, sin duda tuvo que sorprender a los asistentes al concierto la nueva visión con la que estos cuatro americanos abordan sus propias canciones. En el caso de "I Want You to Want Me", transforman por completo el tema, pasando de ser una agradable pero insulsa tonada, a ser una fiera que encandila al público con su hipnótica melodía (sin duda una de las mejores del grupo, a pesar de ser "desaprovechada" en su versión de estudio). Conviene recordar que existe una versión posterior en la que se añaden nueve canciones más, limando considerablemente el impacto del álbum. En su formato original de 1979, At Budokan es un firme candidato a ser el mejor disco de rock en directo de la historia.
Uno de los álbumes más célebres de la historia de la música popular. Es el punto de partida del glam rock (un movimiento musical británico de principios de los 70 que se extendió más tarde a grupos como New York Dolls o Mott the Hoople de la mano del propio Marc Bolan y, sobre todo, de David Bowie). Pero más allá de su influencia e importancia, Electric Warrior es uno de los mejores discos que podemos escuchar, una apuesta segura por la música de calidad. No sólo son todas sus canciones himnos imprescindibles, sino que la simplicidad de sus planteamientos, la aterciopelada guitarra de Bolan y los pequeños pero certeros detalles que inundan cada tema hacen de él una experiencia de contacto directo con el verdadero rock & roll. Crudo, directo, contundente, pero al mismo tiempo sutil, elegante y místico. Por citar algunos de sus celebérrimos números, incluye la inmejorable apertura de "Mambo Sun", un momento de recreación estética ejecutado a la perfección en "Cosmic Dancer", el tremendo hit que estuvo a punto de no salir como single "Jeepster", la clásica "Bang a Gong (Get It On)" y la sublime balada "Life's a Gas". Un tremendo documento de una época en la que música significaba algo para la gente.
Su mejor disco desde que debutaran en 1967 y el momento en el que encuentran un camino a seguir después de varios años de experimentos infructuosos. Tan sólo seis canciones componen Meddle. "One of these days" abre el set con un derroche de teatralidad descarada pero efectiva. Las siguientes cuatro canciones conducen al grupo por terrenos más familiares, aunque con momentos de absoluta brillantez, como "Fearless", una de las canciones más importantes del grupo por su repercusión futura. Llegamos entonces a "Echoes", una oda de 23 minutos y medio donde Pink Floyd se encuentran finalmente a sí mismos. Dentro de la revelación general que supone este álbum, "Echoes" es su representación más palpable, ya que muchas de las calmadas armonías que la conforman, se repetirán (con mayor concreción y brillantez) en su próximo trabajo, Dark Side of the Moon. Ése es el álbum que hizo a Pink Floyd subir al siguiente escalón, pero Meddle les dio el impuso necesario para hacerlo.
Todd Rundgren debe ser valorado especialmente por su versatilidad y permanente búsqueda de nuevas fronteras estilísticas, técnicas y líricas. The Ballad es un disco compuesto por doce canciones entre las que se combinan baladas preciosistas, himnos del pop y tranquilas tonadas de espíritu amable, todas ellas tratadas con su inconfundible estilo en la producción. El detalle y el perfeccionismo que llevará hasta límites sorprendentes más adelante, se encuentran aquí en su justa medida para hacer que las canciones resulten coherentes entre sí y enriquezcan el conjunto al mismo tiempo. Es un disco seductor, pero no resulta fácil de degustar y requiere, al igual que el resto de la discografía de Todd Rundgren, una atención constante por parte del oyente para evitar el atragantamiento. Pero el esfuerzo merece la pena. Por debajo de las melodías y las letras está ese trabajo ímprobo de producción que hace que sus canciones estén repletas de sonidos inesperados que reclaman nuestra atención y complementan perfectamente a la melodía principal. Hay muchas razones por las que este disco en un clásico en historia del rock, pero lo mejor es escucharlo y descubrir la propia.
Aunque no llegó al éxito de su predecesor Rumours (uno de los discos más vendidos de la historia), el doble disco Tusk (que contiene 20 canciones en sus 70 minutos de duración), amplía el vocabulario musical del grupo y le conduce a nuevas cotas de calidad artística. Su impecable soft rock con influencias del folk y de la tradición pop inglesa sigue presente en las composiciones de Steve Nicks y Christine McVie ("Over & Over", "Think About Me", "Sara", "Sisters of the Moon" y un largo etcétera), pero es el trabajo de Lindsey Buckingham el que marca la diferencia aquí. Su espíritu inconformista le lleva a experimentar con la estructura y el sonido clásicos del pop, llevando las posibilidades musicales del grupo hasta el límite. Sus alucinógenas canciones aportan al conjunto el riesgo y la ambición que faltaba en sus anteriores entregas. Quizá influenciado por los escarceos de Bowie con el avant-garde en 1977 y la obra del propio Brian Eno, Buckingham construye canciones en esencia extrañas para Fleetwood, pero revestidas de los arreglos y la producción típicos de su música, haciéndolas ampliamente accesibles. Aunque haya quedado para disfrute casi exclusivo de sus devotos, ya que el gran público no lo ha asimilado tan bien, es necesario rescatarlo para todos los amantes del pop rock de calidad.
Uno de los discos más redondos de Seger y el más puramente rockero. Sus divagaciones de cantautor de finales de los 60 quedan reducidas a la nada en Seven. Sus nueve canciones son directas, breves e intensas. En ellas cabe el humor, la denuncia, el blues y la balada; todo en poco más de 30 minutos. A pesar de su inmediatez, su gancho y su inmensa calidad, fue un rotundo fracaso comercial, pasando totalmente desapercibido (ni siquiera entró en las listas). Además es un trabajo único dentro de su discografía, ya que ni antes como cantautor ni después como "estrella" del pop, sus discos respirarán tanta autenticidad como éste. Su primitiva simplicidad y su fuerte influencia de los abuelos del rock (evidente la de Chuck Berry en "Get Out of Denver"), hacen de Seven una de las joyas del heartland rock, intensamente influyente en otros rockeros "clasicistas" como Tom Petty o Bruce Springsteen (ambos con mucho más éxito comercial que Seger). Lo bueno, si breve, dos veces bueno.
Con veinte nuevas canciones y 80 minutos largos de duración, The River es un disco imponente. Pero no sólo por sus dimensiones. En él están todas las facetas de Springsteen como compositor: el cantautor comprometido, el salvaje rockero, el poeta intimista y la estrella del pop. Sin embargo, a pesar de ser un álbum tan ecléctico y con tantos temas y ambientes diferentes, jamás pierde la coherencia ni la consistencia. La principal razón de su éxito (tanto artístico como comercial; "Hungry Heart" fue su primer Top Ten) son las excelentes canciones que lo componen y las apasionadas interpretaciones tanto del propio Springsteen como de la E Street Band, ambos en estado de gracia. Dentro de la intensa discografía de Springsteen, The River se sitúa en un periodo de transición; entre los primeros discos, en los que prima la influencia de Dylan y su gran éxito de los 80: Born in the U.S.A. La influencia de románticos del rock & roll como Bob Seger o Tom Petty, reconduce las composiciones de Springsteen hacia un estilo más directo y enérgico pero igual de sincero. Las baladas, románticas unas y desesperanzadas otras, anuncian su próximo trabajo, Nebraska.
Siempre fueron un grupo "revival" de los 60, concretamente del movimiento mod (The Who, The Small Faces...). Sin embargo, hasta Sound Affects, la influencia de aquellos años no es tan patente. Aquí, el grupo explora las posibilidades de la psicodelia desde una perspectiva completamente diferente (no en vano son uno de los grupos más influyentes del punk junto a The Clash, Sex Pistols o Buzzcocks). Pero si hay una influencia clara durante todo el disco que lo hace muy diferente a sus anteriores trabajos, es la de Revolver, de The Beatles (1966). Podría decirse que es un auténtico homenaje al sonido de aquél álbum, a su espíritu experimental y su elaboración cuidada hasta el último detalle (quedando como mera anécdota el préstamo de la melodía del bajo de "Start!", igualita a la de "Taxman", la primera canción de Revolver). El resultado de un trabajo tan elaborado son unas canciones que, una por una son las más irresistibles que el grupo había compuesto hasta la fecha y un sonido amable y sofisticado que transmite a la perfección las reflexiones contenidas en las letras. Una joya del pop de todos los tiempos que no siempre es recordada.
El último gran disco de uno de los artistas más visionarios de la música. El camaleónico David Bowie ha firmado varios de los trabajos más arriesgados del rock, buscando siempre nuevos sonidos con lo que ampliar su vocabulario musical y acertando casi siempre. En 1980, ya había recorrido una larga senda: proveniente del heavy mtal, empezó adaptándose a un sonido más elaborado y generó en torno a su figura (o a la de Ziggy Stardust) el moviento glam; más adelante, asumió la influencia de la música avant-garde europea y supo adaptarla para el gran público en dos de sus grandes obras Low y Heroes, ambos del 77, así como en el brillante Lodger (1979). Pero algunas de sus mejores obras no se identifican claramente con ninguna de estas etapas. Son discos de transición entre un estilo y otro. Es el caso de Hunky Dory (1971) y de Scary Monsters, donde Bowie se aparta del experimentalismo de sus anteriores trabajos sin renunciar a su influjo. Es más, lo utiliza de manera mucho más efectiva, porque dispone de un repertorio de canciones mucho más directas, en las que vuelca todo lo aprendido durante la década de los 70 y lo utiliza de una forma mucho más atractiva. Esto hace que Scary Monsters sea al misom tiempo uno de sus discos más accesibles y, al mismo tiempo, uno de los más reconfortantes. Un disco apasionante que es imprescindible descubrir.
Junto con la edición extendida de su directo The Song Remains the Same (tanto en CD como en DVD), la posibilidad de descargar toda su discografía a través de Internet e incluso el disco en solitario de Robert Plant, la salida al mercado de Mothership, la recopilación definitiva de Led Zeppelin, coincide con la reunión del grupo el próximo 10 de diciembre en un concierto homenaje al fundador de su antigua discográfica. El álbum se compone de dos discos en los que se da cumplida cuenta de sus mayores éxitos y de algunas de las canciones más épicas y místicas del grupo (aunque no ofrece una visión muy distinta a la de otras recopilaciones como Remasters). Además, la versión Deluxe, incorpora un DVD con extractos de su concierto homónimo. Un buen punto de partida para adentrarse en el universo de estos dinosaurios del rock.
Después de alcanzar la cima de su carrera musical con Love, Pain & the Whole Crazy Thing en 2006, el cantautor neozelandés Keith Urban hace un alto en el camino para contemplar su obra en un recopilatorio que abarca, por primera vez, toda su carrera en solitario. Es la guinda a un año realmente especial para Urban, recientemente casado con la actriz Nicole Kidman y que ha visto rendirse a la evidencia a muchos de sus críticos. Greatest Hits demuestra la verdadera profundidad de la obra de Keith Urban. Es un disco plagado de canciones impecablemente compuestas y producidas, con unas excelentes interpretaciones de Urban a la guitarra y con un sonido que, tomando la influencia del country y el rock tradicional americano de Bob Seeger o Tom Petty, ha sabido abrirse con éxito al sonido pop sin caer en la cursilería. Un verdadero gran éxito fruto del importante bagaje y el trabajo de un artista, ahora sí, completo. Greatest Hits es la prueba de que Keith Urban merecía el reconocimiento que comienzó a tener en 2006.
Con este EP, R.E.M. hacen su aparición en el mundo de la música. Ya desde el primer instante consiguen un sonido personal, combinando sus perfectas melodías pop (que ya componen con aparente facilidad) con una producción lo-fi, es decir, de baja calidad (típicamente underground). El trabajo de Peter Buck con la guitarra y la forma de cantar de Michael Stipe son ya intransferibles, a pesar de que sus habilidades progresarán mucho en sucesivas grabaciones. Chronic Town es un aperitivo de su primer LP, Murmur, que, sin llegar al nivel de éste, sienta las bases de la estética del grupo. Las clásicas "Gardening at Night" y "Carnival of Sorts (Box Cars)" son ejemplos de las precoces aptitudes del grupo.
Para celebrar el 30 aniversario de su creación, la veterana banda canadiense decidió grabar un EP con algunas de las canciones más influyentes en su carrera (y en la historia del rock en general). Todas ellas son clásicos absolutos. Yardbirds, The Who, Robert Johnson, son sólo algunos de los dinosauros del rock que reviven aquí con una energía y una naturalidad ausente en Rush por muchos años. Una forma original de celebrar su cumpleaños que, además, es su mejor grabación desde 1989. Un despliegue de virtuosismo al servicio de unas canciones geniales, que merecen, sin duda, este homenaje.
Con veinte años de carrera musical y once discos a sus espaldas, los canadienses Blue Rodeo han consolidado su posición de dominio absoluto en el panorama del rock clásico de aquel país. No obstante, su sonido ha ido evolucionando constantemente desde que debutaran en 1987 con Outskirts. Con el paso del tiempo, su encorsetado estilo se ha ido abriendo a la experimentación con nuevas influencias. Small Miracles es un paso más en busca de esa mayor riqueza sonora. Aunque la impronta del heartland rock americano sigue siendo la nota predominante (siendo clara la influencia de artistas como Bob Seger), otras influencias ya exploradas en discos anteriores, como el pop británico de los primeros 60, siguen siendo desarrolladas. A pesar de ello (y de la sorprendente "Together", que explora influencias más exóticas), su sonido no ha cambiado sustancialmente, lo cual hace que el disco mantenga el nivel habitual del grupo y resulte un trabajo de fácil escucha pero gran consistencia.
Es su segundo disco de la década con la E Street Band y sólo el tercero desde Born in the U.S.A. (publicado en 1984). Posiblemente sea, además, el más insípido de todos ellos. Sin embargo, su trabajo no puede ser mejor. De hecho, mejora sensiblemente las forzadas composiciones de Springsteen. Pero se trata de un disco muy estudiado y carente de la vitalidad de sus grandes obras, como The River. A pesar de lo cual sigue siendo muy recomendable. Porque la música no siempre tiene que ser un arte basado en grandes hallazgos creativos. También puede servir para entretener sin niguna otra pretensión. Partiendo de este hecho, es obligado reconocer a Springsteen la habilidad que ha tenido para crear un disco fácilmente escuchable pero trabajado; calculado para gustar al gran público pero suficientemente interesante para ser algo más que un disco cualquiera. En definitiva, un trabajo predispuesto para gustar a sus oyentes pero al que hay que agradecer un buen rato de música.
Uno de los grupos más trabajadores de la actualidad (llevan cinco discos desde 2003), The Fiery Furnaces son además uno de los más originales y sorprendentes. Window City no es su mejor trabajo, pero mantiene la calidad del grupo en un nivel muy alto. Ciertamente no es fácil aproximarse a su música. Su revisionista rock independiente resulta distante en ocasiones, amable en otras, brutal en algunas y siempre extraño. Sin embargo, una vez superada la primera impresión que produce su música, las tremendas melodías que se pierden en los recovecos de sus canciones nos asaltan como una agradable sorpresa, mostrándonos que hay mucho más que escuchar en cada canción que lo aparente. Window City complacerá seguro a sus fans, pero también se ganará la admiración de quien se acerque a él con la paciencia suficiente para aguardar esa impresión final que deja el álbum, totalmente única. De los pocos grupos jóvenes que han mantenido el nivel con el paso de los años.
En la línea de sus contemporáneos The White Stripes y The Strokes, los suecos The Hives tratan de revitalizar el rock de los grandes grupos de los 70. En particular, los suecos le deben mucho a Stooges, el brutal grupo de Iggy Pop. A pesar de que The Black and White Album no consigue mantener el nivel de sus anteriores trabajos, es un disco más deshilachado y un punto más repetitivo, mantiene la impronta del grupo: los contundentes riffs de guitarra, la energía del punk y algo de la estética mod (The Who, The Jam, etc.). Sin embargo, en este álbum, la banda intenta ir un poco más allá y aportar algo más que canciones de dos minutos plagadas de melodías pegadizas. En "A Stroll Through Hive Manor Corridors" utilizan un órgano de los años 60 y en "Puppet on a String" tan sólo se escuchan palmadas y un piano. Además han contado conel trabajo de tres productores diferentes: Pharrell Williams, Jacknife Lee y Dennis Herring. Una escucha entretenida, divertida e interesante.