Uno de los momentos más felices de los últimos años fue cuando nos llamaron desde Oviedo, de la Fundación, para comunicarnos que el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia de 1998 se concedía al obispo misionero en Bolivia Nicolás Castellanos, al doctor Sanz Gadea que desde la República del Congo se ocupa de la salud de las mujeres, de Vicente Ferrer, protector de los desfavorecidos en la India, y a Muhammad Yunus, el banquero de los pobres de Bangladesh.
Esta candidatura conjunta había sido propuesta por Mensajeros de la Paz, aunque con toda sinceridad, sospecho que nuestra posible influencia como premiados en la misma categoría en 1994, lo tuvo bastante fácil ante este póquer de ases de la solidaridad mundial.
Esa alegría del 98 me volvió hace unas semanas, cuando supimos, yo y el mundo entero que Muhammad Yunus había sido distinguido con el Premio Nobel de la Paz.
Alegría mucha, sorpresa ninguna.
Esa alegría me trajo también recuerdos de momentos preciosos vividos junto a Yunus.
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