Blog del Padre Fortea

Domingo de Resurección

31.03.18 | 23:54. Archivado en Con clave

Ya he vuelto de celebrar la Vigilia Pascual. En el convento la celebramos más pronto que en el resto de las parroquias. Gracias, Señor, por poderla celebrar otro año.


La tarde previa a la Vigilia Pascual

31.03.18 | 14:03. Archivado en Con clave


Acabo de almorzar en el sillón de mi casa, bacalao y un sándwich vegetal, mientras veía un documental de National Geographic sobre la tumba de Cristo. Un documental nuevo y aburrido como él solo. Ya no espero nada de Natgeo, pero nada.
Ahora escribo este post, después rezaré la hora nona. Prepararé mi sermón de la Vigilia Pascual. Iré al hospital a visitar algunos enfermos y allí haré la oración de la tarde y rezaré mis vísperas. A ver si me da tiempo antes de ir al hospital a ver otro trocito de La Pasión de Gibson.
A las 20:30 tengo que comenzar la misa en el convento. Ya he preparado el punzón. Uso un punzón porque me gusta inscribir la cruz, letras y números sobre la cera del cirio. También incrusto cinco granos de incienso. Con el punzón hago unos agujeritos. Con los años descubrí que era necesario recubrir con un poco de plastilina esos granos, de lo contrario se caían. Por más que los presionara, no se incrustaban en la cera tan dura. Antes se quiebra el grano que se encaje.
No me gustan nada esas pelotas de golf que algunos curas clavan en el cirio. En mis parroquias siempre he comprado cirios completamente blancos, sin pintar. Si alguna vez en algún convento me han dado un cirio pintado, he hecho la inscripción en la parte blanca del reverso del cirio.
Después de la ceremonia, gozaré de una magnífica cena con una familia ecuatoriana. Una cena para festejar la resurrección de Cristo.
Tengo sobre la mesa un papelito rectangular para colgar de la cruz del altar durante este tiempo de Pascua. Siempre pongo un papel con un versículo en esa cruz. Un pensamiento, una idea, que me guste tener ante mis ojos durante la misa. Todavía no he escogido el versículo.
Qué frío hacía ayer por la tarde y noche. Un verdadero zarpazo del invierno. Viento fuerte y nubes cargadas de lluvia. Pero ya se sabe que marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso.
La cartela de la Cruz que he puesto hoy es la del crucificado de Velázquez.


Sábado Santo

31.03.18 | 00:22. Archivado en Con clave

He aprovechado mucho la misa del jueves santo y el oficio del viernes santo. Con los años noto, claramente, que me meto más en la liturgia, que estoy más concentrado. Cuando era más joven estaba más tenso. El domingo de Ramos comencé a predicar acerca del primer canto del Siervo Sufriente de Isaías que aparece en el profeta Isaías. Mi idea era, durante toda la Semana Santa, ir recorriendo con la predicación los cuatro cantos del Siervo Sufriente. Pero, al final, me he quedado en el primer canto a pesar de abordarlo en cuatro sermones.
Como otros años, he colocado el copón en una sala del convento, se ha cerrado con llave la puerta y he colocado un sello. Con un cordón ha quedado anudado el picaporte y una argolla. Me encargué de hacer un sello en relieve para este día. Ya son tres años que lo hacemos. Pero el sello que cuelga del cordón no es de lacre, sino de otra materia para mayor facilidad.
He estado viendo en youtube la ceremonia del Viernes Santo en la Catedral de Colonia. Una liturgia de una belleza inigualable. Nunca he leído nada de ese cardenal, pero me transmite la sensación de que es un hombre muy sabio. Transmite la sensación de ser un obispo que gobierna su diócesis con serenidad y justicia.
En fin, os participo mis sermones de estos días por si queréis escucharlos:
1521 Contraposición entre el discípulo de Isaías y Judas Iscariotehttp://www.ivoox.com/1521-contraposicion-entre-discipulo-isaias-y-audios-mp3_rf_24965007_1.html
1522 El Siervo Sufriente de Isaíashttp://www.ivoox.com/1522-el-siervo-sufriente-isaias-audios-mp3_rf_24965083_1.html
1523 El Siervo Sufriente de Isaíashttp://www.ivoox.com/1523-el-siervo-sufriente-isaias-audios-mp3_rf_24965265_1.html
1524 El Siervo Sufriente de Isaíashttp://www.ivoox.com/1524-el-siervo-sufriente-isaias-audios-mp3_rf_24965464_1.html
1525 El Siervo Sufriente de Isaíashttp://www.ivoox.com/1525-el-siervo-sufriente-isaias-audios-mp3_rf_24965706_1.html


Viernes Santo

29.03.18 | 22:46. Archivado en Con clave

Perdonad, pero con el día que he tenido hoy (escribo en la noche del Jueves Santo) solo os puedo ofrecer poco más que estas fotos del almuerzo tras la misa crismal. 

En esta mesa caben casi todos los sacerdotes en activo en la diócesis. Hay más de cien en la foto hasta el fondo. Hago notar que la persona que se ve en mangas de camisa blancas es un seminarista, y que el único clergyman no negro, sino azul que se ve en esta foto, pertenece a un sacerdote colombiano que sigue llevando camisas clericales de color claro. 

Las vestimentas negras reinan en esta diócesis. En color negro reina en toda su negritud entre el clero de Alcalá. Y el número de sotanas en esta comida se ha multiplicado por cuatro frente a otras comidas. Esta es una galería del obispado. La comida la contrataron a una empresa. Y fue una comida muy buena. 


Anotación de la tarde

28.03.18 | 14:35. Archivado en Con clave

Mañana hablaré de la comida de la misa crismal de mi diócesis. Hoy solo diré que todo ha resultado satisfactorio y más que satisfactorio. Satisfactorio en todos los campos. Y estamos felices. Si esta nota la está leyendo alguien de la curia diocesana, lo repito: los curas estamos gozosos.

Nota: No conviene correr riesgos y manifestar felicidad cuanto antes. Nunca se sabe quién puede leer un post.


Hoy hemos celebrado en mi diócesis la Misa Crismal

28.03.18 | 13:00. Archivado en Con clave








Aseguro a mis lectores que este post lo escribí en la noche del martes, aunque lo voy a programar para que se publique el miércoles a las 15:00. ¿Por qué hago esta aclaración? Porque mañana, miércoles, celebraremos la misa crismal en mi diócesis. Y tras la misa comeremos juntos todos los sacerdotes.

Pues bien, para el clero de otras diócesis que me lea, y sin que sea una crítica para mi diócesis (porque escribo el post el día anterior), quiero dejar claro que estoy totalmente a favor de que las diócesis den una buena comida a sus sacerdotes ese día. De mi diócesis no tengo ninguna queja, salvo el postre. Ese horrible postre que nos han dado año tras año.
La única comida del año entero en la que estamos todos los sacerdotes es esa, la de la misa crismal. Y esa comida es también como un recuerdo de la cena de Jesús con sus apóstoles. La comida de ese día debe tener un carácter festivo, no puede ser una comida normal, corriente y moliente. Ahorrar ese día no tiene ningún sentido. Por lo menos no tiene un sentido virtuoso.
Esa comida, además, es un detalle de la diócesis hacia sus sacerdotes: ¡es una muestra de cariño! La gente no va a las comidas de empresa a comer, va a un acto social. No estamos en la posguerra española del hambre. Estamos en el año 2018, para simplemente comer uno se queda en casa. El almuerzo tras la misa crismal tiene, sin ninguna duda, un sentido eclesiológico.
¿Y los pobres? En la época de Jesús estoy convencido de que también había pobres. Pero la última cena con los apóstoles fue, sin ninguna duda, una buena cena. 
Alguna diócesis puede tener la tentación de ser ?ahorrativa?. Pero basta ver en Internet lo barato que resulta un buen cattering de empresa. Yo ahora he estado mirando varias empresas de cattering, cartas y precios. De hecho, me ha abierto el apetito y ya me iba a dormir. Hay magníficas ofertas de menús por 20 euros.
Estoy viendo un finger lunch que es una delicia y lo peor es que hay hasta fotos. Más vale que cierre esa página web de inmediato.


Las maldiciones

27.03.18 | 13:47. Archivado en Con clave

Bueno, ya está en Biblioteca Forteniana mi opúsculo sobre las maldiciones intergeneracionales. Se titula Los hijos de vuestros hijos.
http://bibliotecaforteniana.blogspot.com
Como ya os adelanté, no es una obra a favor de ese concepto de ataduras que los padres, con sus pecados, producen en los hijos. En fin, hoy no digo más porque ya tenéis esa obra si deseáis seguir profundizando en el tema.
Me gustaría pensar que mi teología respira optimismo. Que está transida por la seguridad de un Ser Todopoderoso que mantiene la bondad en el orden que ha creado. A veces, los esquemas preconcebidos forman un bosque que no nos deja ver ese Padre que, además de ser Dios, es nuestro mejor amigo. En mi forma de ver las cosas, había poco lugar para maldiciones intergeneracionales y para maldiciones en general.


Anotaciones durante la mañana

27.03.18 | 09:09. Archivado en Con clave


Qué barbaridad, no cesan las erratas respecto al nombre de mi venerado don José María García Lahiguera. Ahora me hacen notar (y con razón) que su primer apellido era García.
Lo reconozco. Otra corrección justa que se me ha hecho es que puse ?acceso? cuando el sentido del texto claramente indicaba que yo quería decir ?absceso?. No, no había un juego de palabras en el que quisiera yo decir que aquello era el ?acceso a la enfermedad?.
Esto no es el post de hoy. Solo una anotación al lado del camino de la mañana. Vuelvo ahora a corregir erratas. Esta tarde publico aquí el libro sobre las maldiciones.


Después diré por qué pongo esta foto

26.03.18 | 15:47. Archivado en Con clave

Ya he corregido el error que se me señaló en los comentarios. (Los comentarios de este blog, ese reino de caridad y amor, donde los conejitos y los trolls retozan en perfecta armonía.) He comprobado que, efectivamente, ese obispo se llamaba don José María Lahiguera y no ?La Higuera? ni, peor todavía, ?De la Higuera?, como llegué a llamarlo. Pero recordad que si algún día se me atribuye un post sin erratas, no es mío. Mi sello personal son las erratas y las comas caóticas. El estilo proepiscopal es otro descarado sello de la casa.
Otro comentarista se alegraba de mi anterior post, manifestando su temor acerca de que no me diera cuenta de las cosas. No, tranquilo. Me doy cuenta de las cosas, pero ya sabes que no hago críticas de los eclesiásticos si sus cuerpos no están descansando en el cementerio desde medio siglo antes. En el caso de monseñor Tarancón he acortado el plazo por el evidente interés histórico que podía suponer un análisis de su labor eclesiástica. Mi opinión sobre la actualidad, con gusto, la ofreceré dentro de cincuenta años y me gustaría estar aquí para darla: El blog del centenario padre Fortea, established 2006.
Pero no os dejéis engañar por mi retorcido gusto por las ceremonias ultrapontificales, porque no soy de los que piensan que la postura más buena es la antigua por ser antigua. ¡Cuántos clérigos funcionarios hubo antes del Vaticano II, cuántos obispos-grandes-señores hubo en tiempos anteriores al Concilio II, etc, etc! Tampoco estoy a favor, ya lo he repetido numerosas veces, que en que la teología se reduzca a erudición y recopilación.
Y si vamos más atrás, ya me he referido en otros posts a la catastrófica situación del episcopado francés en el siglo XVII y XVIII. Cualquier situación episcopal actual es preferible a aquella situación en que los mercaderes se habían hecho con el dominio total del Templo.
Reducir la teología al magisterio y la patrística significa desconocer la gran creatividad de la Baja Edad Media. Época, sea dicho de paso, en la que no existió ningún escrúpulo por hacer añadiduras en la liturgia de la misa. Tengo en mente varios ejemplos, pero este post ya se está alargando.
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La foto la pongo para recordar a los señores obispos que la cruz pectoral se lleva a esa altura y no sobre el pecho. Sobre el corazón tiene más simbolismo, pero hace siglos que se dieron cuenta de que, estéticamente, quedaba mejor que llegara un poco más abajo.
Y otra cosa, donde esté una cruz pectoral como de ese estilo, que se quiten otros artefactos de corte más moderno. A mi lo moderno me va mucho, sobre todo en gastronomía. Pero en cuestión de cruces pectorales, no.

El citado portador de la cruz nació en !1956! Y yo parezco su padre o su abuelo. No pierdo la esperanza de que con la edad se me vaya poniendo su cara.


Dos fotos, dos modelos de Iglesia: mons. José María La Higuera y el padre Llanos, jesuita

25.03.18 | 15:06. Archivado en Con clave


Después de la cena de ayer y después del almuerzo de hoy, he escuchado la dicción límpida, verdadera música para mis oídos, de don José Guerra Campos, santo y sabio obispo que lo fue de Cuenca. O felix diocesis. Pocas veces se puede afirmar de alguien que da una conferencia que su mismo hablar (con independencia del contenido) es verdadera música. Pero si su entonación es magistral, el contenido forma una unidad perfecta con la forma.
http://www.ivoox.com/podcast-podcast-guerra-campos_sq_f197485_1.html

¡Y pensar que la archidiócesis de Madrid pudo haber caído en manos de un obispo como este o de don José María de la Higuera! Qué distinta hubiera sido la evolución de la iglesia en toda la nación. Qué sucesión benéfica de causas y efectos hubieran dado lugar. Ay, Pablo VI, qué buena persona eras, qué hombre tan espiritual, pero qué pésimas decisiones tomaste al hacer nombramientos.
Ahora ya han pasado suficientes años como para poder exclamar en voz alta: ¡Escoger a Tarancón pudiendo nombrar a La Higuera!
Sin duda los ángeles del cielo se quedaron con la boca abierta. Pero Dios calló. Pablo VI, no te juzgo lo más mínimo. Pero qué objetivo es el hecho de que buena parte de los problemas eclesiales que vinieron después tuvo su triste origen en esos lamentables errores. Pudiendo escoger al santo que además era sabio, se escogió al moderno por ser moderno.
¿Qué hubiera sucedido si dos santos de esa talla, monseñor Guerra y La Higuera, si esas dos luminarias, hubieran sido colocados en lo más alto del candelabro eclesial para dar luz, para ofrecer una guía segura, para hacer ver el camino en mitad de la oscuridad de los años 70 y 80? Ellos se daban cuenta del rumbo que habían tomado las cosas en las grandes facultades de teología. Nuevas corrientes que se infiltraron en los despachos curiales a base de nombramientos. Un nuevo rumbo que repercutiría en los cinco continentes.
Había en los años 70 una generación episcopal de mentalidad ortodoxa y espiritual que eran conscientes del cambio que se estaba operando. Los que les siguieron no son tan culpables, ya eran de esa otra mentalidad? nueva.
Hubo una serie de obispos curiales formados en el amor a la ortodoxia, acostumbrados a poner los ojos en los santos, hombres espirituales y obedientes, que se tuvieron que dar cuenta totalmente del cambio de guardia que se estaba produciendo. Llegaron clérigos jóvenes, amantes de la novedad, de la modernidad. Los valores cambiaron. Los resultados fueron patentes. Los desastres inexcusables.
Muchas veces, os lo aseguro, me he preguntado acerca de la cuestión de la responsabilidad. Dejo ese asunto totalmente en manos de Dios. Yo siempre me esfuerzo en pensar que hubo buena voluntad, ignorancia, que quedaron engañados por la situación, por el ambiente. Pero el tema de la pedofilia solo es el síntoma de esa gangrena espiritual. Solo es el acceso purulento más visible de una enfermedad interna. Es la parte que se ve de la ruina que no se ve.
Ecclesia reformanda en medio de una generación en la que sigue habiendo tarancones y lahigueras. Hay una lucha callada, silenciosa, entre la ortodoxia y la heterodoxia, entre el espíritu y la carne. También ahora como en los años 70 y 80.
Hay que alejar de nosotros el juicio interno, la crítica, hay que estar unidos a los pastores. Pero la lucha no ha acabado ni acabará hasta que la Jerusalén Celeste descienda sobre la tierra.


Autoridad y poder: el procés catalán

24.03.18 | 14:44. Archivado en Con clave


Sobre el tema del procéscatalán ya se ha dicho, por parte de todos, todo lo que se podía decir. Pero me gustaría añadir un pensamiento más.
Hay muchas opiniones en una democracia, muchas teorías, muchas formas de ver las cosas; hay anarquistas y sujetos de extrema derecha; sujetos que no creen en el Estado y otros que anhelan la creación un estado totalitario. Pero solo uno entre todos tiene la capacidad de enviar a alguien, con uniforme o sin él, pero que, tras identificarse, comunique fríamente y de forma concisa: ?Queda usted detenido?.
En eso se concreta la soberanía. Al final, solo el poder judicial, investido por la autoridad y el poder que le da la soberanía, puede hacer eso. Lo demás son deseos, hipótesis, votaciones, papeles, discursos, anhelos.
Un magistrado, durante un largo paseo nocturno, hace dos años, me comentó el pensamiento de Schmidt que escribía que, al final, el poder constitucional último reside en la capacidad para declarar la situación de excepción. Qué gran verdad.
Del mismo modo, frente a todas las declaraciones y manifestaciones, la realidad de un policía comunicando ?queda usted detenido? resulta un hecho insoslayable.


Hemos dejado el poder en buenas manos, me siento tranquilo

23.03.18 | 14:35. Archivado en Con clave


A Putin se le mueren los espías desertores, pero jamás se me ha ocurrido pensar que tenga que ver con un oscuro designio de Moscú. No, no. Más bien lo veo como algo propio de este mes de abril. En abril siempre mueren espías desertores. Es un mes muy propicio. Creo que en junio les toca a los periodistas críticos.
Además, el ministro de exteriores ruso atribuye la muerte de los exespías a la melancolía por la propia tierra, y no le falta razón. Mientras que lo del millonario disidente Berezosky es algo que se investiga. Pero a cualquiera se le pueden morir los malos rusos expatriados, ¿no se le murió un fiscal a Kirchner? ¿Y acaso pensamos cosas raras entonces?
A un tirano se le muere un espía o un millonario disidente o un fiscal o un periodista crítico o todos juntos, y ya están los mal pensados de siempre. ¿Es que uno no puede tiranizar un poco sin que vengan los envidiosos (que los hay en todas partes) a pensar cosas raras? Seguro estoy de que aquí lo que hay es mucha envidia. Sí, Vladimir, perdona que te lo diga: pero te tienen envidia. Cuando te vi luchar a torso descubierto con ese tiburón, supe que te tendrían envidia.


Los doctorados honoris causa

22.03.18 | 10:25. Archivado en Con clave

He aconsejado la construcción de este edificio como residencia para un obispo que han nombrado. -Mira, es mejor que con esta construcción dejes claras unas cuantas cosas desde el primer día.-¿No te parece pretencioso?-Tú lo mereces.-Eso es verdad.............................................
Acabo de ver las fotos de cierto eclesiástico recibiendo varios doctorados honoris causa. Vaya por delante que ese es un cardenal por el que siento admiración, verdadera y auténtica admiración. Sobre todo, por su saber teológico, pero también por la bondad y humildad de su persona.
Ahora bien, qué sentido tiene que ciertas universidades otorguen doctorados a alguien que ya está situado muy por encima de esos honores. Dicho de otro modo, hace tiempo que he observado que muchas universidades otorgan este tipo de distinciones sin darse cuenta de que su honor ya está fuera de lugar, que llega tarde, muy tarde, que ese reconocimiento ya no le añade nada a la figura homenajeada.
En este tipo de casos, como en los doctorados honoris causa a Umberto Eco, el interesado recibe la noticia con el fastidio de saber que hay que hacer un hueco en su agenda, con la sonrisa forzada de tener que agradecer la noticia, pero consciente de que lamentablemente hay que desplazarse hasta esa localidad. Recibió 25 doctorados de este tipo.
 A menudo da la sensación de que es la universidad la que quiere concederse el honor de tener a esa persona durante un rato. He visto las fotos del homenajeado siendo ayudado a colocarse otra toga, otra más, con otro birrete sobre su cabeza, otro más. (Pocas cosas son más estéticamente frankenstenianas que los birretes académicos. Parecen diseñados por un mono loco o borracho.) Es la universidad la que cae en el espejismo de concederse a sí misma un honor. ?Señoras y señores, hemos caído en la cuenta, con veinte años de retraso, ahora que todos lo saben, que esta persona merece nuestros aplausos?.
Muchas de esos profesores e intelectuales homenajeados escribieron sus grandes obras muchos años antes. El honor lo merecían veinte años antes. Entonces sí que hubiera sido un gran honor, entonces sí que le hubiera hecho ilusión al interesado. Pero hay un criterio muy objetivo para determinar si es verdad lo que estoy diciendo: ¿otorgárselo ahora le va a producir el más mínimo júbilo al interesado?
Siempre el dudoso interés de colocar otra medalla más, como los rusos, en una pechera en la que ya no caben más condecoraciones. Los norcoreanos siguen por el pantalón. Siempre el dudoso interés de conceder doctorados honoris causa basándose en el periódico y en la televisión. Por una vez en la vida, una universidad podría otorgarlo al que lo merece cuando lo merece, por muy desconocido que sea, cuando eso todavía le puede hacer ilusión al homenajeado. Se que lo que digo es revolucionario, pero ¿y si los doctorados honoris causa se pudieran conceder por razón de la excelencia?


Este es el Cordero de Dios

21.03.18 | 14:44. Archivado en Con clave


En los próximos días deseo que estos versículos sean mi fuente de meditación. Deseo repetirlos durante el día. Y, especialmente, durante la misa:
See, my servant shall prosper;he shall be exalted and lifted up,and shall be very high.
Just as there were many who were astonished at him,so marred (dañar, estropear) was his appearance, beyond human semblance, and his form beyond that of mortals,
so he shall startle (asustar, sobresaltar) many nations;kings shall shut their mouths because of him;
for that which had not been told them they shall see,and that which they had not heard they shall contemplate.Isaías 52
En las semanas pasadas, he estado muy atento a meditar la parte de la misa en que digo Este es el Cordero de Dios a la luz de los versículos de Isaías acerca del Siervo Sufriente.
Y, concretamente, durante la misa, me imaginaba esos versículos pronunciados por Nicodemo (Lawrence Olivier) en la versión de la vida de Jesús de Zefirelli. Rememoraba en silencio el tono con que él recita esos versículos cuando ese miembro del Sanedrín se apoya junto a una pared derrumbado ante la visión de la profecía de Isaías cumpliéndose.


Diario de alguien que escribe libros

20.03.18 | 18:00. Archivado en Con clave


Sí, es la protagonista de Alien. Aunque, como ya habréis adivinado, no está a bordo del Nostromo, sino en el papel de Isabel la Católica. Todos los españoles aumentaríamos gustosos la cuota que pagamos mensualmente a la Casa Real por verla vestida así a Leticia. 
El libro El caso de Marta, de momento, queda aparcado en cuanto a su publicación. La razón son ciertas cuestiones que tienen que ver con un determinado eclesiástico. No es el exorcismo en sí mismo el que plantea problemas, sino lo que hubo alrededor. Para que no penséis mal, quiero dejar claro que la persona que montaría en cólera no es mi obispo ni ningún obispo mío trasladado a otra diócesis. Tampoco es ningún el arzobispo de Madrid, ni el actual ni el emérito.
Por una de esas carambolas que tiene la vida, un eclesiástico que es el que menos tiene que ver con la historia (su nombre ni siquiera aparece ni una sola vez) es el que se ha convertido en el obstáculo más grande para su publicación. El problema es que la parte que habría que sacar del libro es sustancial para la historia. He dado a leer el libro a mis más íntimos. Todos me han aconsejado que posponga la publicación.
Ninguno me ha dicho que quite la parte problemática. La historia de lo que sucedió o se cuenta o no se cuenta. Hay partes que pueden extraerse sin problema. Pero hay unas pocas cuestiones que son los verdaderos pilares del libro. Es imposible sacar uno de esos pilares sin que la obra se derrumbe. Habrá que esperar.
En otro orden de cosas, aunque también sobre libros, el opúsculo que estaba acabado es el de las maldiciones intergeneracionales. De hecho, hasta lo había enviado a mi querido corrector argentino para que me pasara la lista de erratas. Pero ayer y hoy, para completar, leí unas lecturas que consideré complementarias. Y me he encontrado con que una frase de una sesión del Concilio de Trento destruye uno de los fundamentos de mi obra.
He estado leyendo toda la mañana libros y artículos. Sorprendentemente, sobre la transmisión del pecado original, yo había llegado a la misma conclusión que monseñor Ladaria, en su Teología del pecado original y de la gracia. Ladaria es una de esas personas por las que tengo auténtica y sentida admiración.
Pero debo reconocer que la frase propagatione non imitatione de Trento no acabo de ver cómo compaginarla con lo que yo pensaba: un pecado que se transmite no ontológicamente sino históricamente. He leído a O´Callagham (que fue profesor mío) y a otros muchos y me tranquilizan: puedo mantener mi interpretación. Incluso José Miguel Arráiz se manifiesta partidario de la propagación de una mera carencia y solo eso. Pero no sé, la fórmula de Trento, su tenor, creo que le da la razón a Irraburu.
El opúsculo estaba a punto de salir, pero ahora tengo que pensarlo más. Dejando aparte el tema de la concupiscencia, ¿realmente nacemos con una mancha? ¿O esa mancha es una mera carencia?
Sea lo que sea, aceptaré lo que diga la Iglesia. Y ya antes de mi reflexión me abrazo a Trento. Demasiadas veces me han tratado de insultar por la calle gritándome ?tridentino?, como para ahora revolverme contra una sola de sus líneas. Además, bastantes pecados he cometido en mi vida, como para ahora condenarme por el pecado original.


Una escena cotidiana en el Palacio de la Zarzuela

19.03.18 | 14:24. Archivado en Con clave


Esta escena cotidiana ha sido captada en palacio hace dos días: porque somos reyes parlamentarios, no anarquistas. El nuevo modelo ha sido escogido por Leticia como el modo óptimo para ocultar sus "kilos de más". Observo que el águila sigue allí, muy mal. Aunque Felipe ha alegado que más que preconstitucional, es ante-preconstitucional y que, por lo tanto, no está contemplada por la ley. Froilán a los pies. Jaime Peñafiel, como siempre, ha criticado el peinado de la reina.

Mis felicitaciones a Putin por la prórroga de su? ?magistratura?. Me imagino que la autoconcesión de otro mandato por otros veinte años permite pensar en planes de jubilación a largo plazo. Hacienda soy yo, le contestó Putin cuando el empleado le comentaba ciertos problemas fiscales de su plan de pensiones.
Mis felicitaciones a Theresa May (Perfida Albión) por dejar todo como estaba antes, a base de prórrogas de dos años. Que al final será como quedará el entero asunto cuando acaben los dos años. Sabía que, en definitiva, así iba a suceder. Theresa, sin citarlo, en el fondo ha expuesto el final de El Gatopardo: Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie. Por eso he sido siempre tan anglófilo. Insisto en que dentro de dos años se hará otra prórroga a la que no se le llamará ?prórroga?.
Mis felicitaciones a Trump por ir dando señales de que va a despedir a Mueller, el que le investiga por el tema de la madre Rusia. Claro que sí. Qué se habrá creído ese, ¿que te va a tratar como si fueras un Richard Milhous cualquiera?


Post sobre cuestiones melómanas: la manía por los melones

19.03.18 | 14:09. Archivado en Con clave


En la foto se me ve corrigiendo erratas de mi último libro. Como he visto lo mucho que os gustan las disquisiciones melómanas, os participo el email que me ha enviado, esta mañana, un amigo mío, profesor en cierta universidad catalana, siempre me gusta mantener la intimidad:
Como me propusiste que te enmendara en cosas de música, lo hago con todo el cariño del mundo. Bach estaba obsesionado con la música idiomática, es decir, hecha para un instrumento específico a solo (sin ningún tipo de acompañamiento) En las sonatas y partitas para violín (1000-1006), a la que corresponde la 1006, se llega al extremo de la famosa Ciacona en Re m, una verdadera animalada en la que a un instrumento como el violín se le da un trato de órgano. Lo mismo hizo con el cello o el traverso barroco (la partita en La m para flauta sola) Si Bach llega a escuchar esos pastiches en los que se añade un clave u otros instrumentos a la partitura los hubiese corrido a gorrazos. Este tipo de cosas nacen del horror vacui romántico, emparentado, en general, con el mal gusto inherente a la ópera del siglo XIX.
Te envio un audio de una interpretación historicista, de Sigiswald Kujken, con un violín barroco. Es casi seguro que no te gustará. En todo caso, Bach lo pensó para ese instrumento, no para uno de moderno.
Notarás varias diferencias: 1) está medio tono por debajo de las que propones tú, es decir, está afinado a 415 Hz, como se hacía hace 250 años para que no se rompieran las cuerdas, no a los 440 o 442 Hz habituales hoy; 2) suena mucho menos brillante, debido a que las cuerdas son de tripa, no de metal; 3) el fraseo es diferente, debido a que el arco barroco es muchísimo más corto que el moderno (el arco Tourte) y, en consecuencia, la "respiración" es más corta; 4) notarás que no hay vibrato contínuo. En el Barroco, ese recurso casi nunca se utilizaba, entre otras cosas porque el violín no se sujetaba como hoy (no tenía mentonera) sino de una forma que, en caso de efectuar una vibración con los dedos de la mano izquierda, haría peligrar su estabilidad.
Tengo varios violines originales del siglo XVIII, casi todos alemanes y uno francés. Ya te enviaré fotos para que veas las diferencias morfológicas.
Bueno, yo creo que no es necesario abundar más. Es un monstruo de egolatría: yo, yo, yo. Para nada observamos el lógico respeto a la libertad del otro. Además, su email está plagado de generalidades. Es la típica colección de lugares comunes creada quién sabe con qué oscuro propósito.


Hoy post para melómanos: como siempre Bach

18.03.18 | 16:30. Archivado en Con clave

La foto (la he encontrado hoy) es de unas conferencias en Houston. Ya he hablado en este blog de mi fascinación por la BWM 1006. Bach no siempre es Bach. Tambien Johan Sebastian, cuando no tenía tiempo, rellenaba. Pero, entre sus grandes obras, hay montañas que descuellan en la cordillera. La de hoy es una de esas. Si un ángel hubiera bajado del cielo y hubiera compuesto una música totalmente sobrehumana, una música escuchada en las esferas celestes, probablemente hubiera escrito algo como la BWM 1006.
Esta versión tiene una sonoridad y un vigor perfectos:https://www.youtube.com/watch?v=O29wyYDxkIA
Esta la considero algo inferior, peca un poco en los agudos y en algunas poquísimas notas falsas que se deslizan:https://www.youtube.com/watch?v=YaE0OT-cIOk
Esta versión tiene más vigor que la precedente y la materializa la partitura con algunos aciertos de los que carece la anterior, más simple. No olvidemos que es Kremer el que toca:https://www.youtube.com/watch?v=pFF_qS65LAM
Y aquí está la versión de Perlman, es realmente buena, pero me inclino por la de Kremer:https://www.youtube.com/watch?v=kKQ_GyelRsc
Esta la pongo como curiosidad, como descanso. Como el que está catando vinos y toma un poco de agua a la mitad. No tiene más interés que la anécdota:https://www.youtube.com/watch?v=7aLlvkxfUL4
Esta sí que es una versión sustancial. Y es que la partita me parece que se realza tocada por varios instrumentos. Y esta versión es magnificente. La prefiero a todas las anteriores:https://www.youtube.com/watch?v=AVcM-Lw0elk
En este scrolling de esta música aparece la adaptación de Rachmaninov. Una adaptación que desmejora totalmente la obra. Ahora bien, resulta interesantísimo el vídeo para comprender la complejidad de la obra:https://www.youtube.com/watch?v=W_vJ790xt44

Pero si el vídeo anterior era útil para entender la obra, en este scrolling de solo de violín es como mejor se percibe la arquitectura:https://www.youtube.com/watch?v=uoqFH-i7jYY
Y, por último, la mejor. Tiene unos matices, una contundencia que mejora lo conseguido en cualesquiera otras versiones. Su tiempo es el justo. La riqueza de instrumentos dota a la misma partitura de unos sentidos (sobre todo trágicos) que se pierden los solos de violín o de laud. Me parece una interpretación que resultará casi imposible de mejorar, porque llega a una perfección que parecía imposible tras Kremer o Perlmann:https://www.youtube.com/watch?v=KUqvCr7SOok
Esto de la música es como un predicador que predica con sentimiento, con convicción, y sus palabras nos conmueven, tocan nuestros corazones. Otro predica y nos deja fríos. La música de Bach, como ya se dieron cuenta hace siglos, no es solo música. Él nos habla de un mundo celestial que nos describe de un modo que solo puede hacer el que lo ha sentido en su corazón. En Bach su música es una religión, por eso se negó siempre a componer ópera. En él la música es una religión. En Bach la música es religión; y la religión se hace música.
Después, a una gran distancia, detrás, todos los demás músicos. Esta semana he escuchado especialmente a Purcell y a Rameau. También, con gran placer, a compositores actuales como Arvo o Desplat. Pero quizá solo los palos, los muchos palos y humillaciones, que recibió en vida el modesto Bach, lleno de estrecheces, son los que destilaron la música que mejor ha expresado la alegría de Dios.
Quizá era totalmente necesario preservarle en vida de la fama y de una vida cómoda. ¿Supo que era el mejor músico de la Historia? ¿Sabía que sus partituras eran la cima de toda la composición? No tengo la menor duda de que es imposible componer este tipo de sinfonías, como la partita de hoy, sin ser consciente de que no había escuchado nada comparable. Solo la oración y la adoración pudieron preservar a este serafín de la música de una soberbia que hubiera corrompido su persona y, finalmente, su música.


Comentarios de este día

17.03.18 | 14:43. Archivado en Con clave


Ayer vi una película formidable, qué bien me lo pasé: Cien años de perdón. ¡Y es Española! Hacía meses que no veía una película tan buena.
Otra noticia, y esta sorprendente, es que ha dejado de llover unas horas. Llevamos días y días bajo el agua llevando una vida anfibia. Si esto sigue así vamos a tener que hacer rogativas para que pare el agua.
Ya he acabado de escribir mi opúsculo sobre las maldiciones. Estoy en la revisión final de esas casi cuarenta páginas. La próxima semana lo tenéis el libro en vuestras casas.
Mañana tengo misa con la cofradía de Alcalá de los carpinteros. Comenzaré diciendo: ?San José era carpintero. Si él hubiera vivido ahora, haría confesionarios. Así que hablemos de la confesión?.
El dictador ruso sigue preguntándose por qué no va a poder hacer lo que quiera en otros países como lo hace en casa. Su ministro de asuntos exteriores sigue como siempre: Esto son fantasías, tonterías, ningún fundamento, no sabemos nada, propaganda antirusa.
Me recuerda al ministro de información iraquí de Sadam Hussein, cuando decía: Los misiles de crucero no asustan a nadie, los estamos cazando como peces en un río. Cuando le preguntaban de dónde sacaba su información, respondía: Authentic sources, many authentic sources. Pues al ministro de exteriores ruso se le está poniendo cara de Muhammad Saeed al-Sahhaf. Últimamente está repitiendo hasta sus mismos tics faciales.
¿Y de Trump qué diremos? Sigue siendo Trump en estado puro. Trump al 100%. En el caso de Andrew G. McCabe, subdirector del FBI, que es la noticia de hoy, el escándalo de hoy, cualquier gobernante sensato hubiera creado una comisión interna del FBI formada por hombres independientes, absolutamente incuestionables, con el encargo de investigar si hubo algo incorrecto en McCabe y que ellos con total independencia determinaran la penalización si correspondía. ?Lo que ellos determinen, lo aplicaré?, debería haber dicho.
Pero Trump está por encima de eso. Creo en la democracia. Y la democracia en todas partes eleva a trumpos al poder. Lo importante es que la arquitectura constitucional sea lo más perfecta y fuerte posible para que el Estado de Derecho no se resienta lo más mínimo cuando el Anillo del Poder cae en manos del peor Frodo posible.
Felices las naciones cuando el imperio de la ley es tal que unos jueces honestos e independientes pueden enviar a la policía a decir: "Señor Presidente, queda usted detenido".


Los escritores siempre hablando de libros

16.03.18 | 14:09. Archivado en Con clave


Una cosa me quedó por decir de mi post de ayer. Sin ninguna duda el personaje que más quiero de todas mis novelas es don Argemiro de Las corrientes que riegan los cielos. Muchas veces me descubrí encomendándome a él. No sé qué precisiones me haría la Congregación de los santos acerca de pedir la intercesión a un personaje de ficción. Pero don Argemiro es mi personaje favorito de cuantos pululan por mis libros.
Otro personaje me costó una amistad, una de mis más queridas amistades. Es uno de una novela todavía no publicada. Se la di a leer a un amigo profesor de una universidad de Nueva York. Se metió tanto en el personaje que jamás me perdonó lo que hizo ese sujeto de ficción al final de la novela. Mi amigo me escribió una amarguísima carta de reproche y dejó de llamarme para pasear. Nunca más me volvió a llamar. Dejé pasar el tiempo, paseé con él solo dos veces. Me reconoció que se identificó tanto con el personaje que no pudo sustraerse al remolino interior que le provocó el final de la novela: pero nunca recuperé la amistad.
Otro gran personaje, quizá el más grande mis malos, es Vinicianus de la Decalogía, el Anticristo. Durante años, antes de vivir en Roma, era para mí imposible para mí ver la fachada de San Pedro del Vaticano o su interior y no rememorar las trágicas escenas de la parte central de Cyclus Apocalypticus. Desde esa novela, el edificio pasó a estar unido a mi ficción literaria. Os lo aseguro, para mí era imposible mirar al baldaquino y no recordar el discurso final del Cónsul Máximo de la República Europea.
Le doy gracias a Dios, porque yo (como el resto de los escritores) he vivido mi vida y la vida de mis libros. También hay lectores que son tan excelentes en el placer de leer que llegan a meterse en un libro tanto como el autor; doy fe de ello. En mi vida, hay varias novelas y biografías que pasaron a formar parte de mi vida: Valtorta, Memorias de Adriano, Historia de un alma, Yo, Claudio, las obras de santa Teresa de Jesús. Sobre todo, la obra de Valtorta. ¿Qué puedo decir de una colección de libros de 4.400 páginas que estoy leyendo por sexta vez?
Cuando uno lee y relee libros como esos, se me puede dispensar de no ver películas como la última de María Magdalena o de san Pablo. Respeto a los que les gustan. Pero, sencillamente, tengo cosas más importantes que hacer. Prefiero releer la inteligencia de Borges en tres o cuatro páginas, que aburrirme hora y media con un guion para niños.


El selfie, un arte despreciable

15.03.18 | 14:57. Archivado en Con clave


El artículo sobre las maldiciones intergeneracionales espero acabar de redactarlo mañana por la mañana, aunque una misa de celebración por la reversión de las reliquias se yergue justo en mitad del trabajo matutino contra tal propósito. Como ya os dije, va a ser una refutación sin paliativos.
Dos temas dejé de tocar en mi tesis doctoral, por considerar que precisaba de mayor reflexión: el de las maldiciones intergeneracionales y el de los maleficios. Ahora ya quedará solo uno por ser afrontado. Aunque, los lectores de mis libros, ya pueden sospechar que el tema de los maleficios (el día que toque) será enfocado desde una postura minimalista.
Mi artículo sobre las maldiciones será muy corto. Pero allí estará condensada mi reflexión de más de diez años acerca del tema. Desde luego no será una obra muy brillante. Pero hay temas que se prestan a grandes construcciones intelectuales y otros no. Hay que renunciar a la sobreactuación teológica. Y si algo se puede decir en diez páginas, mejor así que en veinte.
Hay obras largas que son extensas porque precisan serlo. Otras están infladas. Otras son monumentos a la erudición, pero sin mucho provecho para el lector.
Yo siempre he deseado para mí mismo un solo libro que fuera mejorando, puliendo y reformando toda mi vida. Un libro que fuera la obra de mi vida. La perfección de una obra que tiene una vida detrás de miles de revisiones durante una existencia. La extensión de mi producción para nada me hace feliz.
Cuando se me pregunta por el número de libros que he escrito, no saben con cuánto escepticismo revelo el número. Una cifra que no tiene mi aprecio, aunque esa cifra es mi vida. La imprecisión de ese número, nunca del todo bien memorizado, es una muestra de mi falta de fe en buena parte de mi producción. Mi libro sobre Dios y su segunda parte sobre la Santísima Trinidad me consuelan. Quizá en ellos he llegado a la cúspide de mi montaña. En el fondo de mi corazón sé (o deseo) que no es así.


Mañana, por fin, podré hablar sobre un tema teológico verdaderamente complicado

14.03.18 | 23:11. Archivado en Con clave


Aunque estoy inmerso, todavía, en la corrección de erratas de uno de mis libros. Creo que mañana voy a hacer un parón para escribir sobre un tema sobre el que me han preguntado infinidad de veces, un tema sobre el que siempre he dicho: no soy especialista en ese campo.
Pero ahora, tras tanto tiempo, creo que ya puedo decir algo. He leído, he preguntado a los que algo sabían, pero, sobre todo, he reflexionado. Una reflexión de años.
El tema es el de las maldiciones intergeneracionales. Lamento deciros a algunos que no creo en ellas. No solamente no hay base bíblica para ellas, sino que, por el contrario, la doctrina bíblica es inequívocamente contraria a esa doctrina.
El tema de las razones bíblicas para mi conclusión ya lo explicaré con detalle. Pero sin necesidad de apelar a ningún estudio exegético, los que lleváis leyendo mis libros desde hace un lustro ya habréis comprendido que toda mi teología conducía a esa conclusión.
Ahora, por fin, puedo afirmar claramente, sin ambigüedades, que no existen las maldiciones intergeneracionales. Desgraciadamente, no puedo decir que no exista ningún tipo de maldición. La enseñanza de la Biblia nos muestra que hay acciones personales o colectivas que conllevan maldición; así como otras, bendición. Pero el concepto bíblico de maldición (como fruto lógico y razonable de nuestras obras) no tiene nada que ver con esa idea misteriosa de unas ligaduras que proceden de maldiciones intergeneracionales. Mañana expondré las conclusiones sobre el papel.


Tanto pelo uno, tan poco el otro

13.03.18 | 22:24. Archivado en Con clave


Cierto comentarista se hacía estas preguntas:
1º ¿A más obispos y más pompas va el difunto más directo al cielo? 2º ¿Qué valor espiritual tienen esas pompas fúnebres para aquellos que buscan a Dios con corazón sincero y no encuentran una comunidad con la que compartir su búsqueda? 3º ¿Responden esas pompas fúnebres a la sensibilidad de la sociedad actual, sobre todo a la de los jóvenes? 4º ¿Son un camino hacia Dios para la mayoría o solo para una minoría de gustos refinados?
He querido dejar tus preguntas sin añadir nada para que los lectores más avispados veían si atinaban a responder. Me gusta poner este tipo de retos a mis lectores. Pero ahora respondo gustoso a tus interrogantes:
1º ¿A más obispos y más pompas va el difunto más directo al cielo? Por supuesto.
2º ¿Qué valor espiritual tienen esas pompas fúnebres para aquellos que buscan a Dios con corazón sincero y no encuentran una comunidad con la que compartir su búsqueda? La comunidad no importa tanto si tienes un protocolo tan bonito, tan cinematográfico, como el que he expuesto. De hecho, el ceremonial descrito es tan bonito que puede suplir la necesidad de un corazón sincero.
3º ¿Responden esas pompas fúnebres a la sensibilidad de la sociedad actual, sobre todo a la de los jóvenes? A la sensibilidad de los jóvenes que escuchan ópera y ven una película de Tarkoski, sí. Pero si te refieres a los jóvenes que se inyectan heroína en la Cañada Real, sin duda también.Dado lo mucho que le gusta Juego de Tronos a Pablo Iglesias, inclúyelo en la lista. Todas estas fantasías neomedievales son del gusto de los jóvenes de hoy en día. Incluso de los que queman contenedores en busca de una república anarquista. De día pueden querer tomar el congreso, pero por la noche están viendo este tipo de películas tipo Señor de los Anillos.Pero si te refieres a los jóvenes que leían a Marx y Bloch en los años 70, lo siento, pero ya no existen.
4º ¿Son un camino hacia Dios para la mayoría o solo para una minoría de gustos refinados?Querido, lo de la misa sentados en la hierba en torno a una hoguera y con un vaso de cristal como cáliz, estilo años 80, (yo también sufrí eso), te puede parecer que es el camino de la mayoría. Pero en el siglo XXI eso no convence ni a los chinos. Es más fácil que convenzas a los chinos con una misa tridentina que con tu ?camino de la mayoría?.


Continuamos con el protocolo a la muerte de un obispo

12.03.18 | 19:12. Archivado en Con clave


Este post es una continuación del que trataba del protocolo a la muerte de un obispo. Además de lo dicho allí, se añadirán las siguientes cosas:
ObispoPor un obispo se rezarán cuatro responsos:En la habitación del hospital, tras la muerte, realizado por los sacerdotes presentes. Tras lo cual se levanta acta de su fallecimiento.En la catedral, realizado por el clero presente en el templo cuando llega la noticia.En la sacristía de la catedral, realizado por el cabildo tras la destrucción del sello episcopal.Al llegar el féretro a la catedral, realizado por el clero y los canónigos presentes.
Sumo PontíficeA la muerte de un Papa, tendrán lugar cuatro responsos en la catedral, cada uno en una capilla distinta. Lo realizará el clero presente en el templo. El primero en cuanto llegue la noticia. Los siguientes al acabar el rezo de la hora sexta. Del coro se trasladarán a la capilla que ese día esté designada. También, durante 24 horas, se rezarán todas las horas canónicas del oficio de difuntos.
ArzobispoA la muerte del que es o fue arzobispo de la provincia eclesiástica, se rezará la siguiente hora canónica del oficio de difuntos. Y procesionalmente se dirigirán a una capilla a rezar un responso. No fue pastor de ese rebaño, pero ejerció la influencia espiritual de su ejemplo y consejo sobre los obispos de esa provincia eclesiástica.
SacerdoteDesde que llegue la noticia, durante 24 horas, se rezarán todas las horas canónicas del oficio de difuntos, pero sin los responsos. En las grandes archidiócesis, en que pueda haber muchas defunciones, se rezará solo una hora canónica de difuntos. O, si tan grande fuera la archidiócesis, los canónigos se limitarán, tras la hora canónica que toque del día, a una procesión a una capilla (camino de la sacristía) para rezar un responso.
En las grandes archidiócesis, tales como las urbes que son capitales de naciones, se podría colocar un recuerdo del clérigo difunto en el coro de los canónigos. Por ejemplo, situado a unos ocho metros del asiento del que preside el coro: una birreta o una mitra o un palio o un galero, según el caso. Estos objetos sobre un cojín colocado encima de un pedestal de madera.


Los arcoiris

11.03.18 | 17:00. Archivado en Con clave

Ayer, mientras conducía desde el hospital hacia el convento, se formó un precioso arcoíris. Un arcoíris más chulo que un ocho, de esos que te hacen pensar que todavía hay esperanza para esta sociedad de adolescentes enloquecidos por los móviles, Podemos ganando posiciones (irony) y Kim Jon-un dudando entre si participar en los Juegos de Invierno o destruir Nueva York.
Pero, antes de casi darme un golpe contra la valla metálica de un puente por mirar demasiado ese arcoíris, me pregunté: ¿Por qué la refracción tiene que formar un arco? ¿Por qué no forma una especie de nebulosa de colores como una aurora boreal?
Cuando llegue a casa, lo miraré. Pero después de la misa me invitaron a cenar sushi (conocen mis debilidades) y reímos mucho e hicimos muchas bromas. Resultado: llegué tarde a casa y lo del arcoíris se me olvidó. No solo eso, a la hora de escribir el post, me decidí por uno de esos aburridísimos posts míos que combinaban lo funerario y lo episcopal. No sé qué diría un psicoanalista de la frecuente combinación de esos dos elementos. No creo en el psicoanálisis, salvo como un género de la novela de ficción, pero es un hecho que esta combinación comienza a convertirse en un género de la casa.
Bueno, el caso es que hoy domingo sí que me ha dado tiempo a mirar la cuestión de por qué forma un arco la luz al refractar en las gotas de agua. Y, como imaginaba, el asunto es complicadísimo, de verdad, muy complicado, no exagero:
https://www.youtube.com/watch?v=xkDhQGXqwCM
Yo a la joven física que lo explica le creo. No le creería si intentara convencerme de que la tierra es plana. Y no le creería porque veo que no es plana. (De hecho, cada vez la veo menos plana.) Pero estoy empezando a no creer que la luz y las gotas de agua forman ese arco irreal de colores y que es más bien un producto de mi subconsciente colectivo, una variante de la histeria colectiva. Esa explicación social me parece más creíble que la complejísima explicación de la joven física que, realmente, no hay quién la entienda.
Mañana proseguiré con el tema de los obispos y la muerte.


Protocolo ante la muerte de un obispo: los siete pasos

10.03.18 | 23:43. Archivado en Con clave


Ya escribí en un artículo, que se puede encontrar en mi libro Ex scriptorio, que lo ideal es que los obispos eméritos continuaran en la diócesis una vez que su renuncia ha sido aceptada. La función eclesial que allí desempeñarían ya la expliqué en su momento.
Pero hoy me voy a dedicar a explayarme en una de esas fantasías pontificales que son tan de mi agrado. Hoy, en concreto, le toca a la cuestión del protocolo que podría seguirse a la muerte de un obispo. Por supuesto que este guion se puede seguir íntegra o parcialmente; o puede no seguirse en absoluto si uno prefiere la sencillez y espontaneidad. Pero, como considero que hay que engrandecer la figura del obispo emérito, allá van estas ideas.
Primero: En la habitación del hospital, nueve sacerdotes (si es posible revestidos con sotana y estolas) realizarán los ritos de la unción de los enfermos en el modo solemne que se describe en mi libro La magna unción final.
Segundo: Tras la muerte, un sacerdote con dos testigos levantará acta de cómo fueron sus últimos momentos, de sus últimas palabras, de sus últimos sufrimientos. Esa acta tendrá dos copias, una se expondrá en la catedral para que todos puedan tocarla y leerla. Esa acta será una obra caligráfica bella, con su sello rojo y su letra inicial. Esa obra pasará después a las parroquias que la pidan. Será un modo de recordar al pastor que ha fallecido. De este modo, se hará patente también la grandeza del episcopado. Esta acta está pensada para que pueda ser leída por los fieles, tocada, pasada de mano en mano. La gente siente gran atracción por este tipo de documentos peculiares.
Tercero: Tras levantar acta, se llamará a la catedral de la diócesis.a. Comenzarán los toques fúnebres de las campanas.b. Un sacerdote u otro ministro, solemnemente revestido, rezará un responso ante el altar mayor. Los fieles presentes en el templo serán invitados a unirse a este responso.c. Desde ese momento, las siguientes horas canónicas (durante 24 horas) serán del oficio de difuntos. Los que las presidan lo harán con capas pluviales negras.
Cuarto: Tras levantar acta, en el hospital, la segunda  llamada será al secretario del obispo. Este hará entrega de los anillos y las cruces pectorales para la sacristía catedralicia. Las mitras y báculos también en el caso de que se hallasen en la residencia. Lo lógico es que los anillos y cruces pasen al sucesor para su uso como símbolo de continuidad o que queden en la sacristía como recuerdo del paso de ese obispo.
La entrega se hará con toda solemnidad, ante el cabildo catedralicio. Además de las cruces y los anillos, hará entrega del sello episcopal. El cual debe ser entregado en la sacristía tan pronto le sea posible al secretario.
El sello de tinta se destruirá completamente con un martillo. Destrucción que tendrá lugar ante el cabildo que hará la función de testigo. En ese momento, se leerá el testamento si lo hubiere. Se acabará con un brevísimo responso.
Quinto: Recepción en la catedral del féretro por parte del cabildo. A partir de ese momento, las horas canónicas se rezarán en torno al ataúd. El féretro será colocado en una capilla, en una nave lateral o en un lugar similar.
Sexto: Traslación del ataúd ante el altar mayor para la misa exequial.
Séptimo: Traslación a la cripta para su inhumación.


Esta foto está tomada en uno de los patios del Louvre

09.03.18 | 21:58. Archivado en Con clave


Hoy no voy a hablar sobre el feminismo. Tampoco sobre el feminismo radical. Ni siquiera sobre el ultrafeminismo radical. No es mi deseo tocar, otra vez, el tema de una sociedad dominada por los pasteleros.
Sería mucho más agradable, hablar de mis lecturas. Desde hace más de dos años he intentado leer sobre Dios, y no sobre las cosas de Dios. No ha sido fácil. Primero, porque no hay muchos libros que valgan la pena. Quizá los haya y no los he encontrado. Segundo, tampoco he sido muy disciplinado en este propósito de búsqueda.
También cabe la posibilidad de que sí existan esos libros, pero no los haya encontrado por un exceso de disciplina por mi parte. No voy a adentrarme en este tortuoso camino mencionado. Prefiero no pensar que esos libros no existan, pero los haya encontrado, aun sin disciplina en afanarme en esa búsqueda.
Lo que sí que está claro es que hoy he acabado de ver (por segunda vez) Los mundos de Coraline. Simplemente, divertissant como dirían los franceses. Si queréis cine con mayúsculas, podéis ver este link que os ofrecerá mil sugerencias:https://www.youtube.com/watch?v=Ycf1fcom6So
Hoy también me he enterado de que una de mis obras está en la tienda situada en la cripta de la Basílica del Santuario Nacional de Washington. (Creo recordar que estaba situada en la cripta.) Mientras yo escribía esas páginas en mi casa, escuchando música, no me imaginé que esas líneas acabarían en esa cripta.
Otro tema sobre el que hoy no hablaré es acerca de lo comprensivo que soy con el comportamiento humano. Por ejemplo, ayer me insultó un grupo de feministas que se manifestaban delante del Ministerio de Justicia. Para nada me enfadó esa situación. Esas cosas seguirán sucediendo dentro de mil años. También sucedieron hace mil años.
El pasado martes una parroquia de Torrejón me regaló un jamón por mi conferencia. Hoy he visitado el dentista. Visita brevísima que solo me ha reportado buenas noticias. He almorzado y cenado de vigilia. Me queda una hora para acostarme. Debo emplear bien mi tiempo.
Ah, si queréis aterrorizar a vuestra suegra o queréis hacer pasar miedo a vuestro inspector de hacienda, podéis ver este vídeo:https://www.youtube.com/watch?v=EzRHGS-HUdE


Me gusta el feminismo y estoy totalmente a favor de castigar a los no feministas

08.03.18 | 19:54. Archivado en Con clave


No tendría que hacer falta que yo dijera que estoy a favor de la completa igualdad entre hombres y mujeres. Pero como siempre hay lectores un poco menos inteligentes que pueden hacer castillos en el aire basándose en que no se ha dicho algo, lo asevero como prólogo: a favor de la completa igualdad.
Ahora bien, no tengo la menor duda de que el radicalismo de algunas integrantes del movimiento feminista se extenderá progresivamente a cada vez más capas de la sociedad, hasta hacerse general. Esas radicales necesitan un enemigo. Eso de dar puñetazos en el aire resulta aburrido.
Hoy por la mañana, en la calle San Bernardo, cuando me dirigía hacia la Gran Vía a almorzar con una buena amiga, hemos pasado delante de unas treinta manifestantes feministas de la CNT. Al pasar ante ellas, se han reído y me han insultado; yo he seguido mirando hacia el frente con flema británica. Resulta irónico que quienes pretenden buscar la igualdad insulten a un ser humano por el hecho de ministrar en una confesión religiosa.
Estoy completamente seguro de que, con el pasar del tiempo, este tipo de feminismo exigirá a los legisladores que apruebe algún tipo de ley que castigue el hecho de que nuestras normas religiosas no nos permitan conferir el sacramento del orden a las mujeres.
Estoy seguro de que llegaremos a ver el día en que se exija, por ley, a los representantes de cada diócesis una declaración institucional acerca del tema. O llegaremos a ver que cada mujer que quiera entrar en el seminario y no sea admitida ponga una demanda judicial por discriminación ante los jueces. Estoy convencido de que unos diez años nos separan de esa idílica situación.
Todo buen ideal es susceptible de convertirse en excusa para la represión y la limitación de libertades. Se puede construir un régimen fascista basado en la búsqueda del pacifismo. 
Por supuesto que también se puede erigir un estado neonazi cimentado en la urgente necesidad de combatir el fascismo. Con imaginación uno puede imaginar una nación cayendo en el abismo de una dictadura basada en el ballet y la música de Debussy. Es posible, incluso, una sociedad enteramente dominada por los pasteleros.


El asesino que todos conocemos

07.03.18 | 22:40. Archivado en Con clave


El exespía ruso Sergei Skripal y su hija han muerto en el Reino Unido. Todos sabemos quién ha ordenado su muerte. No hay ninguna necesidad de mencionar su nombre. Si eso hubiera ocurrido en España, el Código Penal determina en su artículo 139:
Será castigado con la pena de prisión de quince a veinticinco años, como reo de asesinato, el que matare a otro concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:1.ª Con alevosía.
No importa que la orden se dé en el extranjero, no importa que el asesinado haya sido un espía, no importa que el que dé la orden sea un jefe de estado. El asesino, una vez capturado por la Ley, deberá ser castigado con una pena que va de quince a veinticinco años.
Su asesino no se esconde. Se pavonea, fanfarronea, habla como lo haría un capo de la mafia. Él se considera por encima de la ley. ¿Está convencido de que nunca tendrá que dar cuentas? Por supuesto que no: vive con miedo. Todo homicida vive con miedo. Sabe que, antes o después, todos sus asesinatos pueden recaer de golpe sobre su cabeza.
Desde luego a este asesino, como a todos los hijos de Caín, se le nota el miedo en la cara. Fanfarronea, pero lo hace a duras penas ocultando su inseguridad. Las palabras de Jesús se le aplican en toda su verdad: Porque todos los que toman la espada perecerán a espada (Mt 26, 52).
Los ojos del homicida traslucen su sufrimiento interior. Cuando da mano a otros, sabe que su mano está manchada de sangre y piensa que los demás pueden ver esa sangre. Por eso se siente avergonzado, se siente siempre humillado, porque él sí que ve esa sangre y no puede dejar de pensar que los otros la ven.
Del futuro de esa persona solo se puede asegurar una cosa: la sangre de los inocentes recaerá sobre su cabeza. Antes o después, la justicia de los hombres o la de Dios le alcanzará. Hasta ese momento, solo le queda cada día sufrir el temor de que esa hora se acerca inexorable. Porque los demás no lo vemos, pero todo asesino siente que la hora de la sentencia se acerca. Que Dios se apiade de su alma, porque su vida en la tierra desde luego que está bien colmada de tristeza.


Más es menos: los ataúdes

06.03.18 | 23:01. Archivado en Con clave


He estado mirando en Internet fotos de funerales de obispos. Resulta llamativa la afición a colocar objetos sobre los ataúdes, como ya comenté en otro post. Es como si el ataúd fuera un imán gigante que atrajera ?cosas?.
Un ataúd desnudo es perfecto en sí mismo. Contiene toda la significación en su misma simplicidad. En el campo estético como en el simbólico, muy a menudo, menos es más.
Ahora bien, si el organizador siente una imperiosa necesidad de dejar algo sobre el féretro de un eclesiástico, me atrevo a sugerir que ese algo sea dejado sobre un cojín a los pies del féretro.
El cojín es mejor que sea amplio y plano, y que esté situado sobre un podio trapezoidal de madera. Es mejor que sobre ese cojín haya un único objeto, solo uno. Me atrevo a dar la siguiente sugerencia:
Un galero, si allí está el cuerpo de un cardenal.Un palio, si el difunto es un arzobispo.Una mitra, si es un obispo.Una estola, si se trata de un presbítero.Una estola plegada, en el caso de un diácono.
Si el difunto es un romano pontífice, yo pondría una mitra.Insisto, o ningún objeto (que casi me parece mejor) o solo uno.
He mirado las fotos de los funerales de los prelados del Opus Dei, más que nada porque ellos suelen tener muy buen gusto. Y los de la prelatura, con acertado sentido, no colocan nada encima de la tapa del féretro. Probablemente, en el futuro sí que lo harán, porque las malas ideas son de suyo difusivas.
Lo que sí que pido es que el Vaticano intervenga, para que los escudos episcopales sean más ?adecuados?. Hay algunos escudos que son de juzgado de guardia. Prácticamente todos los escudos anteriores al siglo XX son perfectos. Varían entre la calificación de bonitos o muy bonitos. Pero, a finales del siglo XX, se conculcan todas las reglas de la heráldica. Cuando, en realidad, hay reglas hasta para hacer una conserva de tomate. Al Papa, le he preparado ya un borrador de documento, cuyo título podría ser Heraldicam necessitatem o también Chaos magnum. Cierto es, que, de todas las reformas que requiere el episcopado, la reforma heráldica es la más urgente.


Monseñor Guerra Campos, ora pro nobis

05.03.18 | 14:20. Archivado en Con clave


Me encanta quebrantar la ley cuando esta todavía no se ha aprobado. Ya se entenderá al final del post a qué me refiero. Después tendré que obedecerla, porque no me gusta pagar multas.
He seguido escuchando la voz inimitable de ese gigante que fue el obispo de Cuenca, monseñor Guerra Campos. Un detalle que no mencioné ayer es que, aunque sus charlas no son largas, duran menos de una hora (charlas, no sermones) se nota que sinceramente pide perdón por alargarse. Ese es un detalle que se nota que lo dice en cada charla sintiéndolo de verdad. ¡Pedir perdón por alargarse en una conferencia cargada de datos, perfectamente estructurada y dotada de una rara hondura teológica! Acostumbrados como estamos a oradores fatuos que se alargan sin ningún pudor sin decir otra cosa que generalidades, me quedo sorprendido de esta humildad. ¿¡Siente alargarse!? ¡Pero si queremos que siga más rato!
Siempre pasa lo mismo, es inacabable el conferenciante tedioso. Cuanta menos calidad tiene una conferencia, dad por seguro que se alargará más. Y, por el contrario, el que tiene palabras de oro siente alargarse.
Pero no es ya el contenido, sino su tono. Las palabras de este obispo tienen una musicalidad que es una delicia escucharle. Su tono es inimitable. Es el tono de los santos. O eres así o no puedes hablar así.
Las charlas son sobre el régimen de Franco. He aprovechado aquí para hablar del tema, porque, como ya he dicho otras veces, en pocos años acabará aprobándose una ley que prohíba defender las bondades de ese régimen. Y yo estaré totalmente a favor esa ley. Porque ese régimen hizo tanto daño a poder del infierno sobre este país, que no me extraña que el Diablo le siga odiando con toda su saña casi medio siglo después y, si pudiera, querría borrar hasta la memoria de su existencia.
Así que una ley de imposición de la verdad sobre el régimen de Franco criminalizando cualquier disenso tiene todo mi apoyo, porque me parece totalmente razonable. España está moralmente ya dispuesta para una ley así. Esa ley será el mayor homenaje que se podrá hacer al régimen cristiano nacido de la última cruzada que ha visto Occidente. Si el demonio odia tanto a Franco como para emanar una ley como esa, cualquier elogio a ese tiempo histórico resulta superfluo.
Acabo con las palabras de Juan XXIII, cuando ya llegaban a sus oídos tantas quejas de curas (que después se secularizaron) sobre la cabeza de ese régimen confesional. El Papa, en 1960, le dijo al vicario apostólico Fernando Poo: Franco da leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es buen católico, ¿qué más se puede pedir?


Don José Guerra Campos, tiene usted otro admirador más

04.03.18 | 21:21. Archivado en Con clave


Hoy y ayer he vuelto a escuchar varias charlas de don José Guerra Campos, obispo de Cuenca (1973-1996). Las charlas están aquí:
http://www.ivoox.com/podcast-podcast-guerra-campos_sq_f197485_1.html
Su voz es de una calidez sin igual. Uno le oye hablar y se da cuenta de que es un hombre humilde. Sus razonamientos son realmente férreos; el acero de la verdad. Qué nitidez la de su pensamiento: un pensamiento siempre claro, siempre honesto. No hay en el discurrir de su exposición trampas intelectuales. Tampoco hay paja en sus charlas. Los que le conocieron tuvieron la clara sensación de estar ante un santo.
Su voz, desde luego, es la voz de un santo. En las fotos, siempre aparece tan digno: digno y majestuoso como un santo. Y sus obras fueron de santo. La diócesis de Cuenca, bajo su pontificado, vivió una época de oro. Fue condenado al ostracismo, sobre todo, aunque no solo, por defender a Franco.
La figura gigantesca de este obispo se va apagando en el conocimiento de la gente. Cada vez menos gente sabe quién fue. Pero no importa: un gigante es un gigante por sí mismo. Y don José Guerra Campos lo fue. Hoy día todos los honores son para el cardenal Tarancón. Pero la Historia ha demostrado que el que tenía razón era el obispo de Cuenca.


Mi viaje a París IV

03.03.18 | 13:36. Archivado en Con clave


En el último día visité con mi amigo el Museo del Ejército, situado en la Ecole Militaire. A mi entender, ese museo padece un exceso de material no del todo bien administrado por los organizadores. Además de un extenso memorial (extenso y lamentable) dedicado al General De Gaulle: un memorial audiovisual. Y estas cosas nunca suelen salir bien. Cuando me muera, si queréis hacerme un memorial, os sugiero algo tangible, algo como el mármol. Pero los audiovisuales... Además de que dudo que un arqueólogo encuentre un audiovisual dentro de mil años.
Anexa a la Escuela Militar está la tumba a Napoleón. No sé por qué, pero esa tumba nunca me ha impactado, estéticamente hablando. Tiene todos los elementos para hacerlo, pero me deja totalmente frío. En el arte, hay que evitar los excesos. El sepulcro de Napoleón y su rotonda no pasa de ser un intento fallido. Las tumbas de Enrique II de Inglaterra y Eleonor de Aquitania sí que convencen en su digna sobriedad. Ese monarca inglés tenía dinero para haber levantado algo al estilo de Gengis Khan. Pero se dieron cuenta de que, en esta vida, el tamaño no lo es todo.
Incluso los sepulcros papales, cuando han sido muy aparatosos y amplios, han resultado poco convincentes. Yo, por eso, si fuera cardenal, dispondría para mi entierro todos los detalles para que una enfurecida masa de 5 Stelle (el Podemos de Italia) me arrojara al Tiber.
El caso es que esa noche llegué a mi casa y aquí descansé, dedicado a corregir erratas de mi libro El caso de Marta. Pero, aunque trabaje en mi casa, ahora he vuelto a comprobar que París existe más allá de las muchas novelas que me hablaron de ella.


Mi viaje a París III

02.03.18 | 14:01. Archivado en Con clave


Un día entero para el Louvre. Fue un festín de belleza. Los dos grandes patios de estatuas son de una belleza impactante y difícil de superar. Aunque me gustó más el Albert and Victoria Museum de Londres. Es como si ése fuera más variado y tuviera piezas más interesantes; aunque en pintura sea inferior. Y, en mi opinión, el mejor museo del mundo es el Metropolitano de Nueva York. Que conste que el bellísimo Museo Arqueológico de Madrid lo he visitado varias veces con grandísimo placer. Para que no se diga que no valoro lo patrio. Mientras que el Hermitage me parece soberanamente aburrido.
No estuve todo el día, entero, en el Louvre. Por la mañana fui a una iglesia a rezar, y por la noche me fui a misa a Notre Dame. En el mediodía, mi amigo tuvo a bien enseñarme entera y verdadera la sede de la UNESCO, donde comí con su jefe, rodeado de funcionarios de todas las naciones.
Por la noche fuimos a cenar a un restaurante especializado en soufflés. París bien vale un soufflé. Haciendo cola en el museo, delante de la preciosa pirámide de Cristal, charlé largo rato con un encantador matrimonio canadiense bajo un frío putinlandio. Un saludo desde aquí a ese matrimonio.
De verdad que hacía un frío tal que podrían haber criado pingüinos en el Parque de las Tullerías. Os aseguro que esos días, solo por el frío, Napoleón bien hubiera podido perder 4.000 o 5.000 soldados de su Grand Armée por las calles de París.
Mi calva se congeló esa noche por el frío en un vendaval a -4º delante del ayuntamiento. ¡Y la birreta en mi maleta! 


Mi viaje a París II

01.03.18 | 14:43. Archivado en Con clave


Al día siguiente, me dediqué a ver el Museo del Louvre. Quiero decir que dediqué a ello todo el día, mañana y tarde, hasta que me fui a misa a Notre Dame. Mi amigo parisino tenía reuniones en la agenda y no pudo acompañarme ese día. Cuánto me hubiera gustado tener a mi lado a cierto escritor catalán (de cuya amistad me enorgullezco) para escuchar sus comentarios. El museo acompañado de mi amigo escritor hubiera sido una excursión mucho más formidable. La presencia de una sola persona te cambia un cuadro, una pintura o un museo.
Siempre me impresionó La coronación de Napoleón. Es una pintura que he contemplado y analizado parte a parte. Y, por primera vez, pude ver el original. El título que le puso el pintor fue La consagración de Napoleón, pero nunca le doy ese título, porque Napoleón no quedo nada consagrado con tal acto de autoglorificación. Josefina que tan devotamente se arrodilla ante su marido, pronto descubriría lo infiel que era el amor de aquel ególatra enamorado de sí mismo. El cuadro es apasionante, porque lo pintó un ?creyente? en Napoleón. En ese sentido, es formidable asistir a la candidez de esa versión oficial.
Mucho se podría decir de ese cuadro y lo he dicho en otros posts. Pocos saben que este cuadro tiene su réplica en el lienzo deFrancois Gérard, La coronación de Carlos X (1827). El segundo cuadro es más bello, tiene una técnica y un colorido muy superiores, y es igual de monumental. El cuadro de Napoleón rezuma orgullo y malos sentimientos, transferidos por el pintor a los eclesiásticos. Mientras que el cuadro de Carlos X, es alegre y optimista.
Como dirían los jóvenes de ahora, con una expresión que me encanta: ?En el cuadro de Napoleón, hay mucho mal rollo?. Y Bonaparte se empeñó en pasear ese mal rollo por España y por todo el vecindario, llegando hasta Putinlandia. Donde, por cierto, ni invadiéndolos aprendieron a hacer soufflés.


Sábado, 26 de mayo

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  • Padre Fortea Padre Fortea

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