Blog del Padre Fortea

Hoy un post para canonistas, esa laudable raza eclesiástica

07.11.17 | 15:43. Archivado en Con clave

Padre tengo una duda:
En cuanto a la excomunión al señor Galat, él se ha escudado en que el código de derecho canónico dice que un obispo que sostiene una herejía queda automáticamente excomulgado, y que un excomulgado no puede excomulgar a nadie. Por tanto, como los obispos que lo excomulgaron a él han dicho herejías, entonces Galat no está excomulgado. ¿Es esto cierto? Sigo pidiendo por el milagro de que Galat deje su terquedad.Gracias padre, Dios lo bendiga.firmado X
Estimado señor:
Mientras el obispo donde Galat tiene la residencia no le excomulgue, ese anciano no está excomulgado. Sus errores y su llamamiento al cisma son indudables. Pero la autoridad de los obispos ha preferido llamarle al arrepentimiento, mejor que expulsarle formalmente de la comunión de la Iglesia. Pero Galat de hecho ya está fuera de la comunión de la Iglesia.Ahora bien, ese argumento que esgrime Galat es contradictorio.
-Todo hereje que ha habido en la Historia ha creído defender la ortodoxia. -Todo hereje que ha sido excomulgado por la autoridad eclesiástica alegaría que esa autoridad eclesiástica no tiene jurisdicción sobre él por estar excomulgada, ya que defiende algo distinto de lo que afirma el hereje excomulgado.
El argumento de Galat, tantas veces repetido, es indefendible. Si Galat tuviera razón, ningún hereje se consideraría excomulgado.
Un cordial saludo.Padre Fortea

Quiero añadir una cosa más para los canonistas que leen este blog, pues aquí entran hippies y canonistas. Siempre me ha parecido que el canon 194 es peligroso. El canon (acortándolo) dice así:
Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: (?) quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia.
Yo, humildemente, sugeriría que se cambiase. Pues, en el caso de alguien que se aparte públicamente de la fe, podría dar lugar a dudas acerca de a partir de cuándo ese apartamiento público provocó actos inválidos: por ejemplo, nombramientos u otros actos administrativos.
Desde la época en que estudié la licenciatura en Derecho Canónico, llegué a la conclusión de que las censuras latae sententiae fueron creadas con buena intención (la de evitar el pecado), pero rara vez cumplen esa función. Si la cumplen es como excepción; la experiencia así lo demuestra. Y, por el contrario, sí que suponen un obstáculo para obtener el perdón de la confesión.
No logran más que rarísimamente evitar el pecado y sí que son un verdadero obstáculo psicológico a la hora de obtener el perdón: confío en que se debata no ya el hecho de cuáles deben ser los delitos con esa pena, sino si es conveniente que exista esa misma pena latae sententiae.
Además, las censuras son una fuerte (casi dramática) llamada de atención para la comunidad. La existencia de una cierta abundancia de excomuniones automáticas crea justo el efecto contrario: acostumbrar a los fieles a ellas. Encima, para acabar de arreglar el asunto, salvo cuatro supuestos, son de carácter bastante técnico y con múltiples pequeños detalles que hay que tener en cuenta para que tengan efecto. Eso provoca que la mayoría de los confesores no se conozca esa lista. Y, realmente, es una lista llena de vericuetos.

Es preferible que todo quede en la calificación moral de pecado sin enzarzarse en cuestiones que para nada ayudan a la persona que comete esos pecados. Es más sencillo que si la autoridad considera que debe excomulgar a alguien lo excomulgue de forma pública y ya está, sin más laberintos.


Lunes, 20 de noviembre

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