Blog del Padre Fortea

Cosas graciosas que me han pasado en la vida

16.11.17 | 16:24. Archivado en Con clave


Le he dejado a Bruno Moreno mi teléfono por si quiere llamarme para charlar sobre la discusión teológica que hemos tenido sobre Amoris Laetitia. Me imagino que se habrá sorprendido de que haya dejado mi teléfono en una sección de comentarios, pero mi teléfono siempre ha sido público. Desde siempre he seguido la política de que el que quiera hablar me llame, sea quien sea. Cuando en el obispado me han preguntado a quién deben dar mi teléfono, siempre les he dicho que se lo den a todo el mundo.
Eso tiene sus inconvenientes. Hace más de diez años, una mañana recibí una llamada en un tono muy extraño. El hombre que estaba al otro lado del aparato me hablaba, pero yo no entendía nada. Mi interlocutor colgó al cabo de quince o veinte segundos.
Al cabo de media hora, volví a recibir otra llamada. De nuevo no entendía nada este otro individuo. Y se repetía ese tono de voz que no era nada normal, era como misterioso. También él colgó al cabo de medio minuto, sin que yo pudiera hacerme idea de qué pretendía.
En la tercera llamada, el otro, en vez de colgar, sí que accedió a responder a mi curiosidad. Resulta que alguien había colocado mi número de teléfono en una página de contactos con la foto de un sujeto sin cara, pero repleto de músculos que, evidentemente, no era yo. Durante la mañana recibí un buen número de llamadas y ninguna de ellas por motivos religiosos.
Mire la foto. Al ver los abdominales no necesité ir al espejo para ver si eran los míos. Tal vez los tenga así y estén sepultados bajo la grasa. Tampoco recuerdo tener esos pectorales. Es más, recuerdo no haberlos tenido nunca así. 

Quizá debería haber accedido al encuentro en cada llamada, concertando una sola hora, para reunirlos a todos y así rezar el rosario todos juntos.
Advertencia final: No me hago responsable si algún apóstol del rosario lleva a cabo este tipo de ?modo de apostolado?.


Monahli-sa

15.11.17 | 23:49. Archivado en Con clave




La voz de un monstruo

15.11.17 | 22:51. Archivado en Con clave

Hace poco tiempo hemos podido conocer cuál era el tono normal de Hitler cuando hablaba. Siempre le habíamos escuchado en discursos, pero no conocíamos su voz cuando estaba en una conversación normal. Pero una vez fue grabado charlando con el comandante en jefe de las fuerzas de Filandia:
https://www.youtube.com/watch?v=YC_yWfLENvg
Es muy interesante la grabación, porque Hitler no sabía que estaba siendo grabado. Me ha sorprendido comprobar que su voz no era tan aguda ni chillona como yo pensaba. De ningún modo me esperaba una voz tan grave ni tan bien impostada. Tampoco me esperaba que su tono fuera tan normal. Eso sí, es un monólogo de doce minutos: cara demostración de lo que él considera que es un diálogo.
Hitler era malo. Pero, a diferencia de lo que aparece en todas las películas, no siempre andaba chillando. Por lo menos, no todo el día. Ni tampoco andaba con ojos de loco en todo momento. Conclusión: hay algunas películas que no son del todo fieles a la Historia.............................................................
Y ahora la sección habitual de Amoris Laetitia.
Cierto comentarista llamado Jorge Javier escribía ayer:
No entiendo porque tanta discusión. Las Sagradas Escrituras lo dicen claro: El que repudia a su mujer, y se casa con otra, comete adulterio. ¿Qué más hay que agregar?
Quizá tal vez sea porque Jesús añadió una pequeña clausula sin importancia: A no ser en caso de impureza sexual. Ya vemos que Jesús empieza por agregar algo.
Me imagino que podemos considerar que también agregó algo cuando que después añadió: Lo que desatares en la tierra?
Las Sagradas Escrituras también añaden el llamado privilegio paulino. Eso sin contar con que las Sagradas Escrituras también mandaban lapidar a la mujer adúltera. Querido Jorge, eso también lo decían las Escrituras y muy claro. Pero Jesús agregó algo.
Dirás que Cristo sí que tenía autoridad para hacerlo. El petit probleme es que es Él mismo el que otorga, como ya hemos dicho, el poder de atar y desatar.

Pues sí, Jorge, pues sí, creo que hay algo más que agregar. Y, de hecho, así lo ha hecho el sucesor de Pedro con el consentimiento de la mayor parte de los sucesores de los Apóstoles.


No hay más

14.11.17 | 20:09. Archivado en Con clave


Estoy buscando hasta debajo de las alfombras a ver si me he dejado alguna sotana por comentar. Todos me han pedido más posts sobre la Historia de mis sotanas, pero lo siento: éste era un campo sobre el (y lo sabíais) no podía seguir escribiendo de forma indefinida.
Me han pedido que pusiera nombre a las sotanas. Eso lo pensé y me parece razonable y de gran valor histórico:         -las dos sotanas primitivas            -la sotana del sastre inicuo            -la sotana-alba para el verano (producciones sra. de la parroquia)            -la sotana tipo Roma-cara-calurosa            -la sotana tipo Trastevere-barata            -la sotana carmelita


Réplicas y contraréplicas al lado de Amoris Laetitia

14.11.17 | 15:38. Archivado en Con clave


He leído la réplica de Bruno Moreno a mi escrito acerca de Amoris Laetitia, también he leído el artículo de Nestor Martínez sobre mis posturas teológicas. Creo que no tiene sentido que me enzarce aquí, ahora, en una defensa de los puntos, uno por uno, que he sostenido. Siento que es más provechoso levantar la vista y dar por mi parte un mensaje de acuse de recibo.
Sostengo profundamente la existencia de la verdad, con minúscula. Por tanto, rechazo toda forma de relativismo. Porque creo en la verdad, creo en todos y cada uno de los artículos del Depositum Fidei.
Sostengo, siempre y en todo caso, que el adulterio es un mal. Pero recordemos que la diferencia, a veces, entre lo que es adulterio y lo que no lo es radica en una sentencia de un tribunal eclesiástico. Radica en la sentencia de tres hombres, sobre los cuales el Magisterio no me obliga a pensar que descanse sobre ellos ningún carisma de infalibilidad, ni siquiera uno pequeñito. No sólo eso, basta un informe de un psicólogo que esté equivocado, para provocar un juicio erróneo de la situación.
El adulterio siempre es un pecado. Pero tengo plena fe en la autoridad de la Iglesia, cuando se produce una sentencia. La sentencia puede estar errada, pero el cónyuge no se equivoca si se somete en conciencia a esa sentencia. Podría, pero no quiero ahora, sacar todas las conclusiones teológicas de lo que acabo de decir. Pero habría que ser muy corto de luces para no sacar todas las conclusiones.
Más que desplegar esas conclusiones, por otra parte evidentes, me interesa mucho más profundizar en la cuestión del cambio de paradigma teológico. Un tema realmente apasionante. Aunque no será hoy cuando escriba sobre ello.
Pero sí que quiero decir que, nos demos cuenta o no nos demos cuenta, nuestra fe se mueve en el seno de ciertos esquemas mentales y teológicos. No importa si eres una campesina de la región de Moscú (Podmoskovie) del siglo XVI o si eres un dominico holandés de 1970, lo quieras o no, te mueves, piensas, sientes, dentro de esa arquitectura teológica que configura una verdadera mentalidad. La fe es la misma. Pero en la misma fe crece Torquemada y Häring. Todos estamos muy convencidos de que nuestra defensa de la fe es la defensa pura, sin aditamentos, de esos dogmas inmarcesibles. Pero no conocemos nuestros prejuicios. Somos todos más inflexibles de lo que nos parece. También yo. El relativismo, por el otro extremo, no es la solución.
¿Qué significa ser fiel? Gran tarea la de determinar con milimétrica precisión dónde empieza y dónde acaba el Depósito de la Fe. La precisión del teólogo para delimitar milimétricamente la línea donde acaba el dogma. En mi tesis doctoral éste fue un tema que me vi obligado a abordar con mucha extensión, por algunas de las hipótesis que yo planteé.
¿Qué significa ser fiel? ¡Qué impresionante es la labor de la Congregación para la Doctrina de la Fe! Con razón, con toda razón, ese edificio podría tener la apariencia de una fortaleza con varias murallas. Pero a condición de que los hombres que allí trabajan se repitieran cada cierto tiempo que nadie, tampoco ellos, puede librarse de la existencia de esa mochila de prejuicios. De ahí, que sólo se puede condenar lo que de ningún modo no puede más que ser condenado. Ay si se usara la autoridad que descansa en esa casa para ir más allá, para condenar lo que Cristo no querría condenar. Nunca insistiremos suficientemente en la responsabilidad de esa tarea celestial.

Algunos comentaristas de blogs, fieles al rigor de una mentalidad que tiene semejanzas con la jansenista, condenan y condenan. Con dureza, porque son duros. Ellos dicen que se ven obligados, pero no es así. Allá vosotros. A mí me juzgará el Dios de Amoris Laetitia, no la figura todopoderosa que imaginan algunos amantes de la tradición que creen que el número de los salvos es muy reducido.

A mí no me juzgará ni Galat ni Lefevbre. A mí me juzgará un Padre que siento reflejado en los escritos de san Francisco de Asís o en los del Papa Francisco.


Historia de mis sotanas (suplemento final)

13.11.17 | 19:57. Archivado en Con clave


Os confieso que, aunque aquí ponga fotos de don Camilo, cuando vi alguna de sus películas en mi infancia y juventud, me aburrieron profundamente. Las he valorado siendo ya sacerdote. En su momento, sólo me producían tedio.
Pero menos mal que todavía no existían las series de santos de la RAI, viendo ese producto de la serie B por antonomasia podría haber apagado cualquier rescoldo de vocación.
El caso es que el domingo, al salir de la misa de 7:00, me han pedido que alargue un poco más mi Historia de mis sotanas. Nadie me dijo ni una palabra de mis dos sermones sobre la Jerusalén Celestial que me han llevado tanto tiempo preparar: nada, ni una palabra. Tantos desvelos para que, al final, sólo les interese lo de las sotanas. Muy bien, muy bien, reconozco que tiene su interés tanto para el ateo como para canónigo, tanto para el cura progresista como para el laico seguidor de Galat.
Bueno, sí, en mi vida, lo reconozco, hubo dos sotanas más: las blancas. Las hubo y las hay. Con tanto viaje por latitudes tropicales, acabé haciéndome una sotana blanca. Era la sotana del tipo Trastevere-200 euros. Como la misma sotana en color negro ya me había dado buen resultado, era una apuesta segura. La que me lo vendió, me comentó que el comprador anterior de ese tipo de sotana había sido un sacerdote de la India. Era, según ella, un hábito talar fresquísimo y cómodo. Y no me mintió.
Eso sí, todavía tengo fresco en la memoria (en un viaje a El Salvador) que me vino a buscar al aeropuerto un señor en una camioneta y alguien había dejado algo manchado de grasa de coche sobre mi asiento. Cuando me levanté, descubrí que una gran mancha negra estaba en mi espalda. En esos momentos, cuánto me alegro de no estar provisto de poderes dictatoriales: hubiera flagelado yo mismo al conductor.
Con los años, le pedí una ancianísima monja clarisa que hiciese en color blanco y algodón la sotana que he llevado en los dos últimos años. Si la otra sotana blanca era cómoda, ésta ya fue el summum. Es que ni me enteraba de que llevaba sotana. Qué cosa tan cómoda.
Cuando estaba en el seminario, si hubiera pensado en el tema, que no lo hice, habría imaginado que tendría dos sotanas toda la vida. Dos por si tenía que lavar una. Pero que las iría remendando, año tras año, hasta mi jubilación. No se me pasó por la cabeza que yo engordaría. Ciertamente eso y que sería calvo son dos cosas que ni se me pasaron por la cabeza. Tampoco pensé que mi sotana se decoloraría. Y tintarlas significaba estropear las camisas blancas que llevo debajo. Recuerdo que tras la lluvia me saqué la sotana y pensé si me habría metido una sepia debajo de mis ropas.
Tampoco pensé que llegaría un día que no tendría ni un solo sastre de sotanas a mi alrededor. Tampoco pensé que me dedicaría al tema de los demonios. Hay tantas cosas que no pensé. 

El caso es que ahora, a mis casi 50 años, echo la mirada atrás y me doy cuenta de que he tenido más sotanas que esposas tuvo Salomón. Pero, ahora sí, ya he llegado al punto perfecto y ya no deseo más.


Historia de mis sotanas (cuarta parte)

12.11.17 | 18:30. Archivado en Con clave


Hoy llegamos al final de esta larga historia. Le pedí a las carmelitas de mi ciudad que me hicieran una sotana de algodón 100%, amplia, con mangas anchas. La religiosa me repitió 80 veces que no se hacía responsable de lo que saliera, que era la primera sotana que hacía en la vida, que no le iba a salir bien y todo eso. Yo le iba respondiendo: Sí, sí, tranquila, tranquila, bien, bien, sí, sí?
La sotana fue un éxito completo, un éxito redondo, rotundo. Qué comodidad, qué tacto tan agradable, qué fresca era. Me ha estado sirviendo de forma fiel durante dos años. Pero la próxima que me haga ya no será de algodón y sólo de algodón: el color se deteriora. Eso hizo que sólo durara dos años. Dos años de llevarla diariamente y bajo el sol del verano, bastante ha durado, no me quejo.
Ya he comprado la tela para la siguiente. En Ribes & Casals me aseguraron que esta tela seguirá tan negra como ahora como al final. La tendera me ha asegurado que su negritud está completamente garantizada. Es de triacetato. Me ha dicho que es una fibra natural que la extraen de la madera.
Lo más gracioso es que había quedado a comer con dos dentistas. Así que allí estaban los dentistas y el cura discutiendo acerca de las bondades y desventajas de la lana frente al algodón con fibra, o este último frente al triacetato. ¿No te parece que este negro es menos negro que éste? ¿No te parece que esta tela hace demasiados brillos?
Yo era amigo de la dentista, el otro era compañero de promoción. Cuando llegara a casa y le preguntara su mujer qué había hecho, le contestaría: ?He acompañado a un cura a escoger la tela para su sotana?.
¿¡Queé¡?, exclamaría. Es lo último que piensas que tu marido ha podido hacer durante la mañana.


Historia de mis sotanas (tercera parte)

12.11.17 | 00:18. Archivado en Con clave


Toda historia de mis sotanas se entiende mejor si tiene en cuenta un detalle. Hasta los años 70, había varios sastres que conocían muy bien el oficio y te podían asesorar. Pero cuando en el año 2002, más o menos, me vi en la necesidad de buscar una sotana más fresca, me sentí totalmente desasistido. El único sastre que quedaba en Madrid se había jubilado.
Daré otro dato que ilumina esa situación: cuando yo me ordené, en mi diócesis sólo había cuatro sacerdotes que llevaban sotana. Don Manuel (del hospitalillo), don Valentín (en Torrejón), don Francisco (el notario) y don Felipe Taravillo (de Loeches). Cuatro sacerdotes no daban para mantener en funcionamiento un sastre. Pero unos años después, de esos cuatro sólo quedaba uno.
O sea, que lo de las pruebas con señoras de la parroquia no era tacañería ni afán de novedad, sino pura necesidad. Bien es cierto que mucho después me enteré que había uno en Toledo. Pero entonces no lo sabía.
Lo cierto es que para esas alturas yo ya me iba a Roma a hacer el doctorado. Me fui con varios propósitos. Uno de ellos era que, nada más llegar a Roma, me compraría una sotana y esa sería la que llevaría. Visité varios comercios y escogí la que me pareció mejor: aunque debo decir que todas me parecieron iguales y todas tenían el mismo precio.
Lo único que le insistí al señor que me atendió era que me vendiera la más fresca. Me aseguró que me vendía la más fresca que había en Roma y en parte de la Cristiandad. Pero no. Era imposible ir todo el día enfundado en esa sotana. Hago notar que estábamos en agosto y en mitad de una ola de calor que parece ser que no era normal.
Yo iba con la idea de mortificarme, de ofrecer al Señor todo ese calor, la penitencia? pero aquello fue imposible. No era cuestión de resistir. Sencillamente, era imposible.
Afortunadamente, en octubre, encontré un comercio muy humilde en el Trastévere que fue mi salvación. Costaba la mitad de precio que las otras y sí, por fin, ¡por fin!, era una sotana de tela que se podía llevar. Tenía más algodón y no tenía entretelas. Llevé esa sotana sin interrupción durante los cuatro años en Roma y los tres siguientes. Pero ninguna alegría es permanente. Toda felicidad en la tierra es perecedera. Desgraciadamente, siete años después, la sotana cada vez era más gris que negra. No sólo eso, en algunos trozos era más negra y en otros más gris. Hubo que ir haciéndose a la idea de que ninguna sotana dura para siempre. Ninguna.
Traté de aferrarme a esa sotana con todas mis fuerzas. Consulté en tintorerías. Ya no tintaban ropa. Traté de tintarla yo mismo. Pero cada vez que la lavaba volvía a perder el color. Dos veces que comenzó a llover, me encontré con que me fui al convento con una sotana negra y regresé a casa con una sotana gris y la camisa blanca de debajo con grandes manchas negras.

Y así llegué a la última sotana, la que me hicieron las carmelitas. Pero esa historia la contaré mañana, fiesta de san Nilo y san Josafat. Un día óptimo para acabar esta historia.


Historia de mis sotanas (segunda parte)

10.11.17 | 15:08. Archivado en Con clave


Las situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas. Así que le pedí a una señora de la parroquia que tomara el patrón de un alba y le pusiera un cuello de sotana. Voy a pasar por alto una serie de experimentos previos de los que prefiero no hacer memoria. Yo no tenía ni idea de costura y se me ocurrieron algunas ideas peregrinas. Cuando uno no tiene ni idea, los resultados son previsibles.
Esos monstruos de tela se los regalé a la parroquia de Santa Trinitá dei Pelegrini de Roma, para que los emplearan con acólitos si un día no tenían suficientes sotanas. Quiero dejar claro que el párroco los miró extendidos y me agradeció mucho el regalo. Muy necesitado debía de estar.
Como decía, la sotana hecha con un patrón de alba, pero con cuello de sotana ya fue un claro avance hacia la meta correcta. La nueva sotana era fresca, amplia y cómoda. Hubiera sido la solución perfecta, sino hubiera sido porque todo el mundo que tenía confianza me decía que parecía una toga de juez. Allí descubrí que lo que valía perfectamente para un alba, no valía para una sotana. Perseveré con ese ?hábito talar? no poco tiempo. Pero cuando me miraba al espejo reconocía que tenían razón. Una conclusión clara que saqué de este episodio de mi vida es que cuando todo el mundo está de acuerdo en algo suelen tener razón. Por más que digan que la verdad no es una cuestión de votos, esto suele ser así.
Para más inri, dada la vida feliz que llevaba, dadas las muchas alegrías que me deparaba la vida parroquia, yo había engordado. Resultado: las dos primeras sotanas ya no me cabían. Vamos, que no me cabían de ninguna manera. A veces me preguntaba cómo llegué a caber en esas prendas. ¿Mi cuello era tan delgado? Es que no me cabían ni los brazos. Durante un tiempo, llegué a pensar que quizá tenía más músculo. Pero si era un músculo, desde luego era un músculo blando. Sabía que esa foto de Juan XXIII en mi sacristía era una mala influencia. Pero poner una pintura de Pío XII no arregló por sí sola la situación.
Y la situación era que las dos primeras sotanas ya no me cabían, la del sastre inepto nunca me pudo caber y la cuarta sotana parecía una toga. Era una sotana parroquial (hecha por una señora de buena voluntad), no se le podía pedir mucho.
Hice un quinto intento. La misma señora de la parroquia. Tuvo que descoser una de las sotanas primitivas. Pero, total, ya no entraba en ella. De perdidos al río. Esta sotana la llevé muy poco: era un potro de tortura. Tenía mil fallos. Estrecha por la espalda, no podía levantar los brazos del todo, la tela era pura fibra, hubo que ensanchar el cuello y poner un gancho en el extremo para cerrarlo con una presilla. Operación ésta dificilísima, realmente ardua. La señora me aseguró que con el tiempo lograría hacerlo sin necesitar tanto tiempo.
A estas alturas llegué a una conclusión, una conclusión que se caía por su propio peso, una conclusión que era evidente: cuando fuera a Roma (iba a ir a hacer el doctorado) me compraría una sotana. Ya estaba harto de soluciones de señoras jubiladas. ¡Hacer una sotana no era lo mismo que coser un mantel para el altar de la iglesia! Cuántos experimentos, cuántas incomodidades, para llegar a esa conclusión.

Y así llegamos a la sotana romana, pero ésa es una historia que contaré mañana que es la fiesta de san Martín de Tours.


Historia de mis sotanas (primera parte)

09.11.17 | 20:50. Archivado en Con clave


Cuando estaba yo en mi primer año de pastoral (yo estaba recién salido del cascarón del seminario), fui a que me hicieran una sotana. Me dijo el formador del seminario que en Pamplona había dos sastres. Toqué el timbre de aquél al que me dijo que iba él. No os podéis imaginar la emoción, la novedad, la alegría de entrar en aquella sastrería situada en un piso del casco viejo. ¡Había llegado el día! Recuerdo perfectamente partes de la conversación mientras me tomaba medidas o me mostraba telas. Creo que cada sotana me costó 50.000 pesetas.
Aquellas dos sotanas estaban muy bien hechas, fueron muy resistentes y ejercieron su función durante años. Pero, cuando fui nombrado para mi segunda parroquia, me di cuenta de que era imposible estar en una iglesia moderna de ladrillo y tejado metálico con esas sotanas. Mi primera iglesia había sido un templo antiguo del siglo XVII, fresco incluso en verano. Pero esta segunda iglesia en verano era literalmente una sauna. Incluso en mangas de camisa, al mediodía en julio, el calor estaba al borde de lo resistible por cualquier ser humano.
Fui al sastre de Madrid, el de la Mutual del Clero, el que había allá por el año 2001, más o menos, un hombre entrado en años. Y le pedí que me hiciera una sotana amplia hecha con el material más fresco posible. Me aseguró que dentro de esa sotana estaría fresco como en Siberia. Eso sí, la sotana no estaría lista hasta pasado medio año.
Aquel viejo pícaro siempre tenía lista de espera que iba de medio año (en el mejor de los casos) a nueve meses. Siempre era así, como había comprobado años antes, cuando le pregunté cuanto tardaría en coser una sotana.
La razón de esa espera era que aquel sastre de ningún modo quería enseñar a nadie a hacer sotanas. El modo de mantener el monopolio en Madrid era no tener ningún ayudante que pudiera aprender el oficio e independizarse. Él trabajaba en la Mutual del Clero, en sus mismos locales. ¿Cómo ser permitía esa situación? Muy sencillo, los que tenían que tomar las decisiones sobre aquél sastre, evidentemente, no debían tener que esperar nueve meses. Ésta es una corruptela de hace casi un cuarto de siglo, así que ahora la puedo contar.
Esta vez me sometí a la espera, muy a mi pesar, pero me sometí. Cuando me probé la sotana, no me di cuenta de que la tela para nada era fresca, tenía en su composición muchísima fibra. Segundo, el alzacuellos no entraba en el cuello. El sastre me dijo que eso no tenía ninguna importancia, que le pusiera un poco la plancha y estirara, y que ya vería como se ensanchaba.
Eso era falso, totalmente falso. Por supuesto que había medido mi cuello nueve meses antes, pero no tardaría en descubrir qué había pasado. Lo siguiente que noté es que no podía realizar determinados movimientos. La sotana había sido hecha para alguien más pequeño que yo y reutilizada para mí.
Fui con mi sotana a quejarme, cuando llegué descubrí que el sastre se había jubilado. Aquel hombre astuto, efectivamente, había reutilizado una de las últimas sotanas que alguien no recogió y me la había encasquetado, a sabiendas de que él se marchaba ya.
Cuando llegué le expliqué a su sustituto, un chico joven, que la sotana no la podía utilizar por la razón que he explicado. Pero el nuevo sastre me dijo que, claro, que él no tenía la culpa y que aquella sotana requería rehacerla de nuevo entera.
Tenía razón. Encima, sea dicho de paso, el nuevo sastre era un desastre total. Debió ponerlo el anterior dándole unas pocas lecciones, justo antes de marcharse y con el deseo de que todos añoráramos al anciano sastre.
Se corrió la voz y yo mismo lo comprobé. Le encargué un trabajo muy pequeño, un pecherín para llevar con americana negra, cuando llevaba clergyman. Y cuándo le pregunté cómo se sacaba el alzacuellos, me respondió laconicamente:
-No, va pegado con pegamento.
Con perplejidad, pregunté:
-¿Y cómo se lava entonces?
Se quedó sorprendido. No se le había ocurrido que habría que lavarlo.
Con mucha paciencia, le expliqué cómo eran los pecherines clericales. Le di tiempo para que lo hiciera, todo el que me pidió. Le llamé, por fin me dijo que ya estaba hecho.
-Paso el jueves -le dije.
Cuando fui esa semana, me dijo sin ningún embarazo, con suma brevedad:
-Ha venido un sacerdote esta mañana, le ha gustado y se lo he vendido.
-¡Pero si yo he venido desde Alcalá de Henares sólo para recoger esto!
Se quedó en silencio. No mostraba la menor pena, todo he de decirlo. Me despedí de él. No me he vuelto a acordar de este sastre hasta el día de hoy que escribo este post.
No tengo ni idea de qué fue de ese sastre. Pero por todo el clero de Madrid, Alcalá y Getafe se corrió la alarma roja costurera. Lo hizo tan bien ese sastre que dos o tres sastres, no de la Mutual, se animaron a hacer sotanas en los siguientes años.
Me hubiera gustado ver por un agujero los pardillos que cayeron en sus manos y los berrinches que debió haber en esos locales. Aquello era el lejano año 2001, cuando todavía reinaba en América Bush I y el euro sustituyó a las pesetas.

Seguirá mañana.


El cántico de Simón

08.11.17 | 23:37. Archivado en Con clave

Tengo un amigo catalán de ascendencia judía. Él es cristiano, aunque (como es lógico) se siente orgulloso de sus raíces. A él van dedicadas estas imágenes de san Simeón, el anciano que recibió la profecía de que no moriría sin ver al Mesías. 
La Historia de todo un pueblo se condensa en ese momento sublime en que él, en nombre de todo el pueblo, lo toma en brazos en el Templo. ¿Qué emoción debió sentir en ese momento? Para mí, la última pintura es la que refleja mejor el modo en que se sintió embargado por los sentimientos de que la espera había llegado a su fin.
Y entonces exclamó:
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»





Un capitel (antiguo) y una gárgola (moderna) que demuestran que el arte religioso puede ser formidable y alejado de simplismos infantiles

07.11.17 | 22:08. Archivado en Con clave


El arte moderno religioso se ha caracterizado por tratar a los fieles como si fueran unos imbéciles.


Hoy un post para canonistas, esa laudable raza eclesiástica

07.11.17 | 15:43. Archivado en Con clave

Padre tengo una duda:
En cuanto a la excomunión al señor Galat, él se ha escudado en que el código de derecho canónico dice que un obispo que sostiene una herejía queda automáticamente excomulgado, y que un excomulgado no puede excomulgar a nadie. Por tanto, como los obispos que lo excomulgaron a él han dicho herejías, entonces Galat no está excomulgado. ¿Es esto cierto? Sigo pidiendo por el milagro de que Galat deje su terquedad.Gracias padre, Dios lo bendiga.firmado X
Estimado señor:
Mientras el obispo donde Galat tiene la residencia no le excomulgue, ese anciano no está excomulgado. Sus errores y su llamamiento al cisma son indudables. Pero la autoridad de los obispos ha preferido llamarle al arrepentimiento, mejor que expulsarle formalmente de la comunión de la Iglesia. Pero Galat de hecho ya está fuera de la comunión de la Iglesia.Ahora bien, ese argumento que esgrime Galat es contradictorio.
-Todo hereje que ha habido en la Historia ha creído defender la ortodoxia. -Todo hereje que ha sido excomulgado por la autoridad eclesiástica alegaría que esa autoridad eclesiástica no tiene jurisdicción sobre él por estar excomulgada, ya que defiende algo distinto de lo que afirma el hereje excomulgado.
El argumento de Galat, tantas veces repetido, es indefendible. Si Galat tuviera razón, ningún hereje se consideraría excomulgado.
Un cordial saludo.Padre Fortea

Quiero añadir una cosa más para los canonistas que leen este blog, pues aquí entran hippies y canonistas. Siempre me ha parecido que el canon 194 es peligroso. El canon (acortándolo) dice así:
Queda de propio derecho removido del oficio eclesiástico: (?) quien se ha apartado públicamente de la fe católica o de la comunión de la Iglesia.
Yo, humildemente, sugeriría que se cambiase. Pues, en el caso de alguien que se aparte públicamente de la fe, podría dar lugar a dudas acerca de a partir de cuándo ese apartamiento público provocó actos inválidos: por ejemplo, nombramientos u otros actos administrativos.
Desde la época en que estudié la licenciatura en Derecho Canónico, llegué a la conclusión de que las censuras latae sententiae fueron creadas con buena intención (la de evitar el pecado), pero rara vez cumplen esa función. Si la cumplen es como excepción; la experiencia así lo demuestra. Y, por el contrario, sí que suponen un obstáculo para obtener el perdón de la confesión.
No logran más que rarísimamente evitar el pecado y sí que son un verdadero obstáculo psicológico a la hora de obtener el perdón: confío en que se debata no ya el hecho de cuáles deben ser los delitos con esa pena, sino si es conveniente que exista esa misma pena latae sententiae.
Además, las censuras son una fuerte (casi dramática) llamada de atención para la comunidad. La existencia de una cierta abundancia de excomuniones automáticas crea justo el efecto contrario: acostumbrar a los fieles a ellas. Encima, para acabar de arreglar el asunto, salvo cuatro supuestos, son de carácter bastante técnico y con múltiples pequeños detalles que hay que tener en cuenta para que tengan efecto. Eso provoca que la mayoría de los confesores no se conozca esa lista. Y, realmente, es una lista llena de vericuetos.

Es preferible que todo quede en la calificación moral de pecado sin enzarzarse en cuestiones que para nada ayudan a la persona que comete esos pecados. Es más sencillo que si la autoridad considera que debe excomulgar a alguien lo excomulgue de forma pública y ya está, sin más laberintos.


Dos hipótesis para la interpretación de las pinturas de la Iglesia de Alaiza

06.11.17 | 23:56. Archivado en Con clave


Hace dos días, El País se hizo eco de las pinturas de una iglesia de Álava que son un gran misterio. Los frescos son del siglo XIII o XIV. Cubriendo todo el ábside de esta pequeña iglesia de la localidad de Alaiza hay un programa iconográfico que resulta incomprensible por qué está allí, ¡en el ábside!
¿En qué cabeza medieval cabe colocar unas pinturas extrañísimas que representan un castillo siendo atacado en el centro de ese lugar? Ninguna referencia a Dios ni a Cristo ni a los santos. Sólo infinidad de figuras que representan a caballeros y soldados. He dicho, además, pinturas extrañísimas, porque ese estilo no lo había visto nunca. Algunos autores hablan del ?gótico lineal?, pero el gótico lineal es muy distinto. Esa obra es verdaderamente única en su especie. Lo más parecido lo he visto en las pinturas murales del Castillo de Alcañiz, pero incluso ésas son muy distintas.
Las teorías que he escuchado no me convencen. Algunos han mencionado que pueden ser fruto de una secta. ¿Pero qué secta no coloca ni a Dios ni a Jesucristo en el centro?
Le he dado vueltas al asunto me gustaría ofrecer mi opinión. No soy historiador del arte, pero a estas alturas de mi vida he visto suficiente gótico como para poder exponer mi opinión con la seguridad de que soy razonable. Y después de haber leído lo que he podido sobre esta iglesia y estas pinturas y no haber encontrado a nadie que hablara de ninguna de las dos hipótesis que voy a explicar es por lo que me atrevo a decir algo.

Sea dicho de paso, me siento muy contento de mi artículo sobre la Puerta del Filarete del Vaticano. En fin, retornemos a Alaiza.
Hay que partir del hecho de que jamás en una iglesia, en el ábside, se colocaría una escena profana. Eso no es posible. Partiendo de ese axioma, tengo dos como las posibilidades más realistas.
Primera posibilidad, la Hipótesis del aprendiz que practica:El aprendiz pintó la parte de la bóveda y paredes adyacentes al ábside. Se ve en esa mano un artista que está comenzando, inexperto. Hay más de improvisación personal que de copia de patrones previos. Por eso, se le permitió sólo ornamentar esas partes menos nobles. Dejando el ábside para una mano experta, que haría, mejor o peor, algo parecido a lo que hemos visto en tantos pueblos pequeños.
Pero bien el patrono o el maestro que le acompañaba le permitió seguir practicando en el ábside. La técnica del fresco no se puede practicar sobre un pergamino, hay que experimentar la técnica sobre cal en una pared. El patrono tal vez le dejó que practicara allí, a sabiendas de que todo iba a ser cubierto de un fresco normal.
Pintó en el ábside precisamente, porque ésa iba a ser la superficie que iba a ser cubierta sin duda. Ese espacio se convirtió en su cuaderno de borradores. Experimentó, pintó lo que le pareció.
Finalmente, allí acabó habiendo un retablo. Quién sabe si precedido de un tríptico no conservado.
A favor de esta hipótesis del aprendiz que ensaya y practica, está el hecho de que los elementos son inconexos en su temática y no mantienen un orden geométrico. Lo usual hubiera sido dividir ese espacio en tres campos lineales. Cualquier cosa, menos ir añadiendo elementos sin más, uno al lado del otro. Esa división en campos, sí que está en los muros. Lo que favorece la idea de que empezó por ahí, porque ése era el encargo, y lo otro fue una explosión creativa sin programa.
Sin programa, salvo el hecho de tener claro que el castillo iba en el centro. Después, sin ninguna duda, por cuestiones de medidas se ve que añadió los caballeros de la base de la pintura. Por último, ya sin seguir ningún equilibrio de medidas siguió añadiendo elementos y más elementos encima.
Segunda posibilidad, la Hipótesis de cambio de finalidad de ese espacio.Ese ábside tal vez fue construido como obra eclesiástica. Sea ello así o no, lo cierto es que al final se decidió que continuar el resto de la construcción como salón profano de un señor temporal. Hay varios elementos arquitectónicos esenciales a la fábrica de ese edificio que apuntan ligeramente hacia esa posibilidad.
Se decidió colocar una decoración profana. Algo que le fuera querido al noble: un asedio en el que había participado. Pero, al final, con el pasar del tiempo, el edificio acabó siendo consagrado como iglesia. Las pinturas lineales estaban allí, pero se decidió cubrirlas con cal y tal vez colocar un tríptico.


Los comentaristas

05.11.17 | 12:13. Archivado en Con clave


Estimados amigos:
Por favor, no penséis que el hecho de dejar en los comentarios insultos y groserías se debe a que me da lo mismo. No puedo leer los comentarios más allá de una vez al día, y aun así sólo una parte de ellos.
Si borro los insultos, la persona que los puso puede entrar varias veces al día y volverlos a pegar. Evidentemente, yo no puedo dedicar tanto tiempo.
La única posibilidad es la de la moderación previa. Pero entonces ya no habría diálogo entre comentaristas: los comentarios aparecerían una sola vez al día, al final del día. Se acabarían diálogos que en el pasado y en el presente han sido muy interesantes. Además, la moderación previa supone tener que leer todos los comentarios, cosa que no puedo hacer.
Así que os pido que recéis por aquellas personas que nos muestran cómo es su espíritu o su mente.
Este problema se acabaría si Google hubiera habilitado en Blogspot la opción de bloqueo de ciertos usuarios. Pero para tener más visitas en su plataforma, optó por no dar esa posibilidad. Lo hizo a sabiendas de lo que eso significaba. Ésa no ha sido la única decisión oscura de Google en los últimos años.
Lo repito, no me da lo mismo que algunas personas con problemas mentales o malas insulten a los demás y a mí mismo, pero o los ignoramos o ya no habría sección de comentarios. Y, de verdad, que me gusta ver lo que me decís, aunque no pueda leer más que una parte de los comentarios. Cada día miro con interés vuestros comentarios como un verdadero diálogo: diálogo conmigo y entre vosotros.
Oremos por aquellos que necesitan de nuestras oraciones. Dios los ha puesto en nuestro camino.
Un saludo a todos.


Algunas fotos

05.11.17 | 11:31. Archivado en Con clave

Esta foto es del metro de Moscú con el grupo de mexicanos con los que viajé el mes pasado. Hay gente que no le gustan los rusos o que no le gustan los alemanes, ¿pero quién no ama a los mexicanos?

Esta foto me la hice con mi primera parroquia detrás. Je je. Es una broma. Se trata de una de las iglesias que Stalin amablemente decidió no derribar.

Esta foto me la hice en mi último viaje a California. Es un dormitorio situado en una de las torres del Castillo Hearst. Ya sabéis, el millonario en el que se basó Ciudano Kane. Se necesitan dos horas para recorrer esa mansión.

Parte del personal que me acompañó en mis conferencias en Los Ángeles en octubre. Parte del personal y amigos. Porque el Deputy Sheriff (que hay entre ellos) y su esposa (detrás de la cámara) ya los puedo considerar amigos después de tantos años que hemos coincidido en esa gran nación que tanto amo. También está Danny, con el que he viajado, charlado y paseado tantas veces. Gracias, Señor, por tantas buenas personas que has puesto en mi camino.


Hoy habrá otro post

05.11.17 | 11:18. Archivado en Con clave

Un poco más tarde pondré otro post más ligero, porque estos post teológicos (como el que viene detrás) son un poquito pesados para el lector medio. Disculpad pero es que estoy en mitad de un diálogo con mucha gente.


Continuando el diálogo sobre la teología del siglo XXI

05.11.17 | 11:15. Archivado en Con clave


Estimado Néstor:
He visto que has escrito sobre mí artículo acerca del cambio de paradigma y tu artículo veo que está muy trabajado y que merece un intercambio de razones por mi parte. 
http://infocatolica.com/blog/praeclara.php/1711030105-sobre-el-cambio-de-paradigma#more34696
Por favor, no leas mi respuesta como si estuviera enfadado o si despreciara tus razones. De ningún modo, simplemente es un civilizado diálogo sobre una cuestión teológica.
No hace falta insistir en que yo tomo el sentido de la palabra ?paradigma? en el segundo sentido que tu ofreces a tal palabra:
?Cambio sustancial en una doctrina significa que se afirma algo que antes se negaba, o que se niega algo que antes se afirmaba. Es decir, que hay una contradicción entre la doctrina en su estado anterior, y la doctrina en su estado posterior?.
Por supuesto que hablamos de doctrina teológica y que la doctrina de la fe sigue inalterada. Pero en materia teológica sí que hay cosas que antes se afirmaban que hoy se niegan.
Dado que tu artículo atiende mucho al tema de las definiciones, yo personalmente prefiero definir ?paradigma teológico? como ?la teoría que nos ofrece el modo de entender la aplicación de una doctrina de fe?.
No hace falta decir, no lo he olvidado ni un solo momento de mi reflexión en todos y cada uno de mis años de escritura, que cualquier cosa que no sea una evolución homogénea de los dogmas rompería las ?reglas del juego? y haría caer como castillo de naipes toda la construcción teológica de siglos. Como metafísico que me considero, hay que ser congruente: sólo una evolución homogénea de los dogmas mantiene la arquitectura católica. Una evolución heterogénea implicaría una misma destrucción del mismo concepto de verdad. Como amante de Aristóteles, eso para mí es inaceptable e imposible. La fe católica se mantiene si existe la verdad. Las verdades inconmovibles preservadas por la Iglesia son don, no cadenas.
Cuando comentas mi cita: ?La teología como mera recapitulación, como mera profundización, o la teología como reflexión, como pensamiento puro.? Tú, Néstor, añades:
?Y eso de ?pensamiento puro?, aplicado a una disciplina que depende de una base positiva como es la Revelación contenida en la Escritura y la Tradición, y realizada además bajo la imprescindible guía del Magisterio eclesiástico, realmente no se entiende?.  
Por supuesto que para una teología católica se requiere eso. Pero sí que hay tratados de autores (la mayoría) que son escritos al modo tradicional: parte escriturística, patrística, magisterial, etc. Y hay otros autores (los menos) que han intentado llegar con la razón lo más lejos que es posible sin abandonar esos fundamentos de los que hablas.
Hay materias en los que este segundo modo de hacer teología no es posible, por ejemplo un tratado sobre el bautismo. Pero hay otras materias en las que esto sí que es posible: por ejemplo. mi Historia del mundo angélico. Es imposible hacer esto en un tratado sobre la Santísima Trinidad, pero sí que es posible hacerlo en un artículo que trate de entender las implicaciones lógicas entre la naturaleza más profunda del pecado sexual y la existencia de un Ser Infinito. En un libro o artículo como el segundo, pueden aparecer versículos de la Biblia, o citas de los Santos Padres, pero (bajo la guía del Magisterio) el pensador se centra en las capacidades de la razón para ver qué existe o puede existir entre esos dos elementos: Dios y el placer humano.
Volvamos a tu artículo. Néstor, tú escribes:?Se puede decir que el P. Fortea propone como ?paradigma absoluto? al ?entero Evangelio?, según el cual debe ser interpretado y revisado ?el entero conjunto de la Ley?.
No, el Evangelio no puede ser paradigma. El Evangelio es el núcleo duro de verdad, de allí parten las ramificaciones de la razón: las teorías.
Eso sí, estoy de acuerdo cuando afirmas en tu artículo que un paradigma es como una teoría al cuadrado. Sí, un paradigma es una mentalidad, un modo de entender, una manera de interpretar que se aplica a toda una ramificación teórica que surge de ese núcleo duro.
La teología normalmente avanza de manera que hay pequeños cambios. Normalmente siempre es así. Por ejemplo, la teología sacramentaria, la trinitaria, la teología moral fundamental, etc, etc. Lo normal es que el edificio intelectual en cada rama vaya experimentando pequeños retoques por mucho que crezca esa construcción a lo largo de los siglos.
Ahora bien, hay ramificaciones de esa construcción intelectual en las que los retoques ya no son posibles, hay que abandonar un camino y emprender otro. Como tú, Néstor, escribías:
?Un cambio sustancial en una doctrina significa que se afirma algo que antes se negaba, o que se niega algo que antes se afirmaba. Es decir, que hay una contradicción entre la doctrina en su estado anterior, y la doctrina en su estado posterior?.
¿Esto ha ocurrido en la Historia de la Iglesia? Sí, no es lo usual, pero ha ocurrido. Unos Papas justificarán la muerte para el hereje y los teólogos crearán una construcción teológica para avalar esa postura; Santo Tomás de Aquino incluido.
La convivencia del divorciado sine more uxorio en el seno de la segunda familia hubiera sido vista como una negación de facto de la doctrina del matrimonio en el siglo XIX. Si no estás casado, no puedes convivir con una familia que es la tuya.
La doctrina canónica actual de las declaraciones de nulidad matrimonial hubiera sido visto como algo frontalmente inaceptable hace siglos: si te has casado, te has casado, punto final. Lo de la nulidad por inmadurez les hubiera hecho reír a carcajadas. Hubieran dicho que nos tomamos el vínculo matrimonial a broma. El problema es que hay todo un desarrollo canónico que sanciona esas causas. Y pienso que ese desarrollo canónico es verdadero.
La confesión se otorgaba en los primeros siglos en el momento de la muerte a los que habían caído en ciertos pecados. La argumentación era la siguiente: si has renacido en el Espíritu, ¿cómo puedes haber negado a Cristo? Y argumentaban con unos versículos que a ellos les parecía que semejante incongruencia era imposible. Eso sí, en un alarde de generosidad, te permitían que recibieras el perdón antes de morir.
San Agustín enviaba al infierno a todos los niños no bautizados. Al infierno eterno, sufriendo, no al limbo. Su postura sería seguida por infinidad de teólogos medievales que, en conciencia, estaban convencidos de que afirmar otra cosa era negar la autoridad de las Escrituras. Cuando apareció la teoría del limbo, eso ya fue un grandísimo alivio para muchos. Pero la teoría agustiniana se creyó la tesis ortodoxa durante muchos siglos por infinidad de autores. ¿Quién hubiera osado escribir lo contrario? Es un ejemplo de cómo en un tema determinano se dijo negro y después se dijo blanco.
Hasta principios del siglo XX, si un adolescente de dieciséis años realizaba un acto de masturbación, el confesor se sentía obligado a pensar que bastaba ese acto para condenarle toda la eternidad. No exagero, todos los libros de moral de los seminarios eran claros: es un pecado mortal, un solo pecado mortal te condena. Evidentemente, afirmaban eso basados en una construcción intelectual (avalada por la escolástica) y creían que no podían ser católicos si negaban tal cosa. He leído muchas veces en los tratados de moral las argumentaciones de los autores para defender eso que, se notaba, que a ellos les parecía increíble, pero que se sentían en la necesidad de defender eso, porque no veían ninguna escapatoria teológica.
Cuando leí la primera redacción del Catecismo de la Iglesia Católica sobre este tema de la masturbación, me enfadé. Porque pensé que era un modo laxo de negar lo que decían todos los libros de moral. Yo entonces estaba en el seminario. Después de años de ejercicio del sacerdocio, me di cuenta de que el Catecismo tenía razón. Pero esa primera redacción fue objeto de tantas protestas, que fue una de las pocas partes que la Santa Sede cambió para adaptarla a la mentalidad moral imperante. Hoy día, sin duda, ya no se hubiera cambiado.
Dígase lo mismo respecto a la pena de muerte. Cierto que, desde un punto de vista meramente teórico, el Estado tiene esa potestad basado en criterios de mera justicia. Pero teniendo en cuenta muchas otras cosas, pero muchas, lo mejor es oponerse con todas las fuerzas a semejante acto: acabar fríamente con la vida de un ser humano. Aquí hemos pasado de decir blanco a decir negro, evidentemente.
La homosexualidad era vista como uno de los pecados más terribles. Me acuerdo en mis libros modernos del seminario: uno de los pocos pecados que clamaban venganza al cielo. Ahora tenemos una visión más comprensiva de esta realidad. Más comprensiva, porque es más integral. La postura oficial ahora es podéis venir a orar con nosotros, podéis participar de la vida parroquial. Aquí ha habido un cambio de enfoque innegable.
En el campo del ecumenismo no digamos. A nivel teórico no ha habido grandes cambios, pero a nivel práctico el cambio ha sido copernicano. No necesita grandes explicaciones: el Papa Benedicto XVI participando de las vísperas anglicanas en la Abadía de Westminster; participando, no presidiendo.
No, no estamos hablando de pequeños retoques en las doctrinas teológicas, sino de verdaderos cambios en el marco teórico del que penden otras teorías menores. Salvo que uno quiera negar lo evidente, en diversas materias, hemos pasado de decir blanco a decir negro.
Hay, por tanto, dos mentalidades.La mentalidad inmovilista que consiste en pensar que todo sigue exactamente igual y que sólo hay pequeños retoques y profundizaciones en lo ya sabido. La fe permanece inmóvil. Pero la teología, no.La mentalidad dinámica consiste en pensar que hay un fundamento sagrado que es la Escritura y una serie de pilares inconmovibles. Y que nosotros nos movemos entre esos pilares, sobre ese fundamento, bajo la luz del Magisterio. Pero que todo, salvo lo que es de fe, está sujeto a mejora y a cambio. En la Iglesia caben las distintas opiniones, argumentos, la libertad, los nuevos enfoques. La razón es libre para recomponer el edificio teológico cuántas veces quiera y como quiera, mientras se mantenga el Depositum fidei.
En muchos casos, la inmensa mayoría, esas ramificaciones teológicas (de las que antes hablaba) son verdaderas, son expresión de la verdad. En unos pocos casos, esas ramificaciones se han enredado entre sí: tratando de defender unas verdades han entrado en colisión con otras verdades sin darse cuenta.
Conclusión, mi conclusión: El tema matrimonial merece una revisión teológica muy profunda, porque se trata de una institución instrumental, no de un fin en sí mismo. Y hago notar que no niego la indisolubilidad. Pero, en mi opinión, hay campo para emprender esa reflexión eclesial. Dígase lo mismo, respecto a los pecados en material sexual. La sexualidad es una materia sui generis dentro del campo moral. No estoy afirmando que lo que era pecado ya no lo es, ni que todos los libros de moral estén equivocados. No estoy diciendo eso. Pero ciertamente cabe un cambio de enfoque, un cambio general del marco teórico con el que hemos abordado toda esta materia.

En fin, me despido de ti Néstor, encantado de haber dialogado contigo y defendiendo tu derecho a que no estés de acuerdo con mi postura. Tú y yo tenemos la misma fe y ambos somos ortodoxos, no tengo la menor duda. 


Hoy he puesto la calefacción un poco por primera vez

04.11.17 | 20:12. Archivado en Con clave


Algo sorprendente, hoy ha llovido un poco por la mañana. Estamos ya tan desacostumbrados, que en el hospital todos hemos mirado por la ventana: una chica rumana ingresada acompañada por sus dos amigos, la religiosa franciscana y un servidor.
Hoy en la Plaza Cervantes, dando un breve paseo con un amigo abogado, compañero mío de cuando yo estudiaba Derecho Canónico, un hombre de unos cuarenta y tantos años se ha quedado parado, mirándome fijamente. Yo no le he prestado atención, hasta que ese hombre se ha abalanzado hacia mí, poniendo el pie para que yo tropezara. No lo ha logrado. Pero cuando me he vuelto hacia él, me ha mirado con verdadero odio.
Ese momento hubiera sido muy adecuado para decirle algo santo y espiritual (que le hiciera recapacitar) o para rezar por él. Pero os aseguro que sin ninguna advertencia de mi conciencia (por tanto, no ha habido pecado) sólo he pensado en decirle: ?imbécil?, marcando cada una de las sílabas.
De mi boca no ha salido ni la primera sílaba. Al volverme para continuar mi camino, mi conciencia, por primera vez, por primera vez, me ha advertido que eso no hubiera estado bien.

El post de hoy no es muy teológico. Para que descanséis. 


Copio aquí una carta que he enviado a un lector

03.11.17 | 15:12. Archivado en Con clave

Un lector me preguntaba hoy de forma cordial y amable cuál era mi opinión acerca de la carta que el padre Thomas Weinandy ha escrito al Papa hace pocos días. La leí en su momento, pero hoy le contesté al que me preguntaba: Si la carta la hubiera enviado sólo al Papa, su autor hubiera hecho un acto de virtud. Pues corregir al que se equivoca es un acto virtuoso. O, mejor dicho, corregir al que uno piensa que se equivoca es un acto bueno.
Ahora bien, darle la máxima publicidad a esa carta, ya no es hacer pensar al Papa acerca de en qué puntos puede mejorar. Sino que eso significa mover y agitar a los fieles en contra de él. Y más que esa carta que no es un discurso teológico, sino una verdadera reprimenda en toda regla.
El padre Thomas está en todo su derecho de enviar una carta que sea un sermón al Papa. Pero no está bien mover a la gente contra el pastor.
Si alguien piensa que mi juicio es muy duro respecto a la carta, yo pregunto: ¿Sería un acto virtuoso que el Papa le devolviera con la misma moneda, haciendo juicios igual de duros sobre ese capuchino? No, hacer lo mismo que ha hecho nadie lo vería como un acto virtuoso. Hay bofetadas con la mano y otras con palabras. El padre Thomas alega que tuvo un signo del cielo para escribir la carta. Muy bien, no lo pongo en duda. Pero el signo fue para que le hablara a solas al corazón del Papa, como un hijo a un padre. De ahí que el acto virtuoso se haya convertido en un acto moralmente nada recomendable.

Un cordial saludo.


No os riáis, porque podíamos haber llorado bastante... todos

02.11.17 | 16:33. Archivado en Con clave


Carles Puigdemont y sus consellers, en los pasados días, podían haber llamado a una verdadera rebelión contra el Estado español, podían haber movilizado a todos los nacionalistas a una lucha por todos los medios contra las fuerzas estatales. Y no lo hicieron.
Creo que, en medio de tantas críticas, es justo reconocer que actuaron de un modo muy sensato en los días previos a la aplicación del artículo 155, buscando hacer el menor daño a Cataluña. En política, a nivel regional o estatal, estamos acostumbrados a que los políticos resistan con todas su fuerzas hasta el final, aunque se hunda el mundo.
A los que no son nacionalistas, lo que hizo Puigdemont y los consellers al aplicarse ese artículo les parece que es lo más normal del mundo, lo lógico y lo que tenían que hacer. Pero hay que hacer un esfuerzo por ponerse en la mente de los que piensan de otra manera. Desde esa otra mentalidad, hubiera sido razonable esperar una resistencia numantina con todas las fuerzas. Yo lo esperaba, francamente.
Por eso quiero elogiar públicamente el modo en que el Govern ha actuado. Justo es reconocer que han hecho lo que han considerado que era lo mejor para Cataluña, a pesar de que eso iba a conllevar que les criticaran los nacionalistas y se rieran de ellos los no independentistas.

Es ahora, al ver a un Puigdemont débil, solo, desorientado, sin saber qué hacer, cuando percibo con más profundidad (y mucha compasión) el drama por el que debe estar pasando. Mil veces la tentación le habrá echado en cara que hubiera sido mejor incendiar Cataluña. Pero sus últimos días han demostrado que Carles no era el demonio. Pero, sabedlo, tenía muchas más cartas en la mano de las que usó. Menos mal que estaba Carles y no otro en ese puesto. Sino, el orden constitucional se hubiera acabado por imponer, sí, pero a costa de un inmenso sufrimiento.
Hemos estado al borde de algo mucho más grave de lo que parece. No es el momento de hacer parodias ni de reírse del que ahora aparece débil y abandonado.


Sigue el diálogo sobre Amoris Laetitia, diálogo que puede ser muy provechoso para todos

02.11.17 | 12:13. Archivado en Con clave


He leído en el blog ?Espada de doble filo? el artículo de Bruno M. titulado Sobre la Correctio filialis. 
http://infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/1711010824-sobre-la-correctio-filialis
Este artículo y todos los de este autor me parecen siempre magníficamente fundamentados y de gran provecho. Este laico puede no tener ningún cargo sobresaliente en la Iglesia, pero lo que dice para mí tiene mucho más interés que las palabras de otros más encumbrados en distintos honores.
Su último artículo me ha parecido muchísimo más interesante que por ejemplo la misma Correctio filialis que él comenta. Normalmente, las obras de consenso (para ser firmadas por muchos) suelen ser más frías que la síntesis totalmente personal.
Nada hay en lo que dice Bruno M. en su artículo que no pueda él razonarlo de un modo serio. Él mismo no intenta razonar todas y cada una de sus afirmaciones, pues considera (y estoy de acuerdo) que puede pasar directamente a las conclusiones.
Ahora bien, aun estando de acuerdo con él en el fundamento común (el Magisterio, los dogmas, las Escrituras, la gran obra teológica de siglos anteriores), permítaseme decir que he llegado a conclusiones distintas. Me explico: Bruno M. escribe:
?Estas posturas heterodoxas niegan en la práctica la existencia de actos intrínsecamente malos, convierten la moral en subjetiva, dan carta de naturaleza al divorcio en la Iglesia al permitir la comunión a los adúlteros sin propósito de la enmienda, niegan que Dios dé la gracia necesaria para evitar el pecado mortal, consideran que, en algunas ocasiones, Dios quiere que sigamos pecando, etc?.
Estimado Bruno, con gran razón has escrito en la práctica, porque en la letra no es así. Reconozco que las afirmaciones debatidas (ya tantas veces repetidas) de Amoris Laetitia se da la posibilidad de la bifurcación interpretativa. ¿Voy a resolver la cuestión alegando que todo se soluciona simplemente tomando el camino de aminorar cada afirmación de Amoris Laetitia y de retomar sin más lo anterior? No.
Amoris Laetitia no es un conjunto de elementos incómodos cuya misión sea sortearlos. Tampoco veo la exhortación pontificia como una serie de consejos pastorales frente a una construcción wojtiliana inamovible. Sino que Amoris Laetitia se integra en un movimiento mucho más amplio que trata de ir configurando un cambio de paradigma dentro de la fe católica.
No estamos hablando meramente de pastoral, sino que hay que hacer un esfuerzo por entender que, dentro de las mismas premisas ortodoxas, caben conclusiones que implican un cierto cambio de mentalidad. Alguien, con toda razón, podría decirme, por citar un ejemplo: ?¿Es que puede ser necesario desobedecer la ley moral en algunas ocasiones? ¿Es que puede llegar a ser obligatorio quebrantar los mandamientos a veces??.
Mi respuesta es que nunca hay que desobedecer a Dios. Pero, en ocasiones, el sometimiento a una institución instrumental puede ceder ante otro tipo de obligaciones. Esto lo vio san Juan Pablo II al determinar que, en ocasiones, era mejor vivir sine more uxorio en una nueva familia cuando, por ejemplo, había niños en esa segunda unión. Eso ya fue un cambio muy importante en el modo de entender las obligaciones inherentes a la primera familia y las obligaciones consecuentes aparecidas en la segunda familia. Y ya entonces se hablaba de que sería ?mejor?, pero, en realidad, por más que se evite la palabra, también se podía decir que había verdaderas ?obligaciones?.
En otros casos, con hijos por un lado e hijos por otro, se puede hablar sólo de conveniencia. Imaginemos que la primera mujer (la esposa del sacramento) sigue sola y queriendo que el marido retorne a casa. Pero que la convivencia con la primera esposa va seguir siendo una guerra continua, porque hay un maltrato psicológico de ella contra el marido. En ese caso, por más que ella quiera que él vuelva, podemos afirmar que no es conveniente. Pues hay hijos en la segunda unión y es feliz con la segunda esposa casada con él por lo civil.
Sí, como muy bien afirma Amoris Laetitia, a veces, el que ha desobedecido un precepto puede sentir que no puede volver a la primera familia si faltar objetivamente a obligaciones respecto a la segunda familia. Esto no significa que Amoris Laetitia no crea que Dios no otorgue la gracia para obedecer siempre a Dios. Sino que hay circunstancias en las que obedecer a un precepto no se puede hacer sin entrar en conflicto con otro precepto.
Éste es un ejemplo de cómo ciertas afirmaciones de Amoris Laetitia se pueden entender de un modo heterodoxo (afirmar que Dios no da la gracia necesaria) o de un modo ortodoxo (afirmar que hay obligaciones frente a obligaciones). Pero querer clarificar todo dejándolo perfectamente atado iría contra el mismo espíritu de la exhortación que pretende ir más allá de la creación de una nueva casuística.
Por eso la clarificación no se puede hacer al modo escolástico que querrían algunos, sino que hay que entender que se pretende un cambio de paradigma. Es el entero conjunto de la Ley el que debe ser entendido en cada caso según el sentido común, la caridad y, en definitiva, el entero Evangelio.
No es que a partir de ahora la ley pasa a ser sólo un ideal, un cierto modelo teórico. No. Pero tampoco debemos aplicar la ley de un modo frío, automático, inhumano, sin discernimiento, sin corazón. El mismo san Juan Pablo II permitió la convivencia sine more uxorio en casos como los citados. Eso ya fue un cambio.
Y es que hasta la misma cabeza (no sólo el corazón) entiende que la ley, aun siendo muy santa, requiere de un cierto discernimiento de las situaciones. Esto no se aplica sólo al caso de los divorciados, no se aplica tampoco solamente a la sexualidad, sino que debe aplicarse a la entera construcción de la ley moral y canónica.
Bruno M. escribía:
?A esto hay que añadir que la presentación de la negación de la moral tradicional como un ?desarrollo? o una ?evolución? de esa moral ha dado lugar a un clima en el que la moral entera de la Iglesia parece ser susceptible de cambios radicales, al hilo de las ?sorpresas? del Espíritu Santo, como muestran últimamente los casos de la pena de muerte o la guerra justa?.
Me alegra que haya puesto esos dos ejemplos en concreto, porque iluminan la cuestión de un modo utilísimo. Lo que ha dicho el Magisterio, en siglos pasados, sobre la pena de muerte o la guerra justa era verdad. Pero, hoy día, entendemos que debemos unir a esa verdad magisterial una compresión mucho más profunda de esas realidades morales. ¿Merece el asesino de cien personas ser ejecutado? Por supuesto, sería verdaderamente justicia. ¿Es ilícito para el Estado hacer tal cosa? Por supuesto que no sería un acto ilícito. Pero en los últimos cincuenta años nos hemos dado cuenta de debe primar la verdad de la compasión, del respeto a la vida, la verdad del espíritu del Evangelio frente a una mera verdad escolástica basada en silogismos.
Respecto a la guerra justa, otro tanto. Antes la cuestión se hubiera planteado como un mero: ¿el acto de reacción es ajustado a justicia o no? Hoy día entendemos que en el conflicto latente entre Corea del Norte y Estados Unidos hay que buscar el bien de los ciudadanos norcoreanos tanto como el de los propios. Un gobernante cristiano debe ver a ambas masas de población con el mismo amor y buscar su bien. Incluso ante un acto puntual de agresión norcoreana, el juicio de un gobernante debe ir más allá de un mero juicio acerca de la licitud tal como lo plantearía Tomás de Aquino o Francisco Suárez. ¿La verdad ha cambiado? ¿Ya todo es relativo? ¿Hay que negar el magisterio anterior? No, pero ciertamente hay cambios de paradigma dentro de la vida de la Iglesia. No ya una mera corrección, sino todo un nuevo modo de entender una parte del Magisterio.
De lo contrario, seguiríamos admitiendo teóricamente el uso de la tortura por parte de la Inquisición; el único cambio que sólo admitiríamos serían adaptaciones en una verdad ya manifestada de manera pontificia. Sólo admitiríamos que ahora no sería conveniente aplicarla. Sería una adaptación sólo pendiente de la conveniencia. Frente a eso, hubo un cambio de paradigma. Hasta los teólogos más tradicionales se dieron de lo imperioso que era un cambio de paradigma y no sólo de añadir correcciones.
Bruno escribía:
?La doctrina dogmática de la Iglesia se ha relativizado hasta tal punto que la Reforma protestante, condenada por más dogmas que ninguna otra herejía en la historia de la Iglesia, puede ser considerada públicamente por un obispo como un ?acontecimiento del Espíritu Santo? y los heresiarcas iniciadores de aquella revolución anticatólica como ?heraldos del Evangelio", dignos de homenajes y elogios?.
Vale la pena comentar esto, porque los mismos patrones interpretativos se pueden aplicar a las consecuencias diocesanas de Amoris Laetitia. La Iglesia como tal no ha dicho que la división sea un acontecimiento del Espíritu Santo, sólo lo ha dicho un obispo. La división entre cristianos nunca puede ser un acontecimiento gozoso del Espíritu de Dios. Tampoco la iglesia ha dicho que los heresiarcas sean heraldos del Evangelio, sólo lo ha dicho un obispo. Tanto Amoris Laetitiacomo la conmemoración del 500 aniversario de la ?Reforma? pueden dar lugar en algunos a la interpretación errónea de que eso supone una disolución de la verdad, o que se puede relativizar la santidad de los preceptos.
Lo importante es entender que caminamos hacia un cambio de paradigma, porque en muchos otros campos (vg. la pena de muerte, la guerra justa, el ecumenismo o, incluso, ciertas prácticas sacramentales como la confesión sólo al final de la vida) ya ha habido cambios de paradigma en el pasado.

La versión de Bruno M. me parece ajustada en teología, moderada, y con un gran respeto eclesial. Ahora bien, me gustaría llamar la atención al hecho de que, dentro de la ortodoxia, cabe un replanteamiento del tema moral en el campo sexual y matrimonial (son dos asuntos distintos).
Nunca hablo de los silogismos o la escolástica de un modo despectivo. Pero lo que se nos ha ofrecido en los últimos años, me parece que completa de forma más humana, más adecuada, lo que teníamos hasta ahora en los manuales.

La escolástica está en el origen de lo que hoy día se considera ortodoxo y que sin duda es ortodoxo. Pero hay otros enfoques que también entrarían en el actual marco dogmático-magisterial. Negar esto, como han hecho las versiones más extremistas de oposición (no la de Bruno M.), supone una poda del árbol de lo teológicamente posible que implica una determinada comprensión del avance de la Teología: véase el sermón de Jorge de Burgos en El nombre de la rosa en su elogio de la eterna recapitulación. La teología como mera recapitulación, como mera profundización, o la teología como reflexión, como pensamiento puro. 


Más sobre la conmemoración conjunta del aniversario del luteranismo

01.11.17 | 16:25. Archivado en Con clave


Llamativa la protesta de varios jóvenes dentro de la catedral de Bruselas contra la celebración ecuménica que concluía el año de aniversario del inicio del luteranismo. Soy comprensivo incluso con el celo de esos jóvenes.
Pero, queridos jóvenes, no celebramos esa fecha, porque no celebramos la división: conmemoramos esa fecha unidos a los luteranos, que no es lo mismo. Hemos necesitado 500 años para poder reunirnos a orar juntos en ese aniversario.
No es una falsa unión, como algún autor decía. Es una unión verdadera en el amor. Hay comunidades católicas en las que hay total acuerdo en la verdad, pero en las que falta amor. Aquí hay una verdadera unión en el amor y en la verdad. Estamos de acuerdo en la verdad que nos une. Y reconocemos el derecho de los otros a seguir el camino que en conciencia crean que es el adecuado.
La verdad es una y seguirá siendo una y no podrá ser más que una. Pero el derecho a que cada alma siga el camino que en conciencia cree que debe seguir, cómo se lo vamos a quitar si se lo ha dado Dios.
Nosotros reconocemos el pecado que ha habido en el inicio del luteranismo. Ellos reconocen el pecado que había dentro de la Iglesia Católica; no poco precisamente. Y ese mutuo reconocimiento ya no nos lleva a la confrontación, sino a reunirnos a orar juntos.
El sello que planea emitir el Estado Vaticano (conmemorando el aniversario de la Reforma) me parece muy bien. Durante generaciones se hablará entre nuestros hermanos protestantes de ese sello, de esa muestra de amor, de comprensión del bien que hay en el otro. Ahora mismo, los encuentros para orar y alabar a Dios, para escuchar la Palabra, suceden en muchos lugares del mundo de forma regular y estable. Muy bien.

Entiendo a los que piensan que les están quitando el suelo bajo sus pies, a los que piensan que vivimos una traición. Sí, hay una mayor comprensión dentro de los mismos dogmas. En el 500 aniversario de la Reforma, hemos ofrecido las dos partes un admirable espectáculo al abrazarnos con toda sinceridad.


Viernes, 17 de noviembre

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  • Padre Fortea Padre Fortea

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