Blog del Padre Fortea

Acerca de la declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos

31.10.17 | 14:12. Archivado en Con clave

Muchas webs tradicionalistas han acusado al Papa de luteranizar la Iglesia. Permítaseme un apunte personal para entender cómo veo los encuentros y declaraciones que ha habido en este año entre luteranos y católicos.
Cuando estudié mi licenciatura en teología en la especialidad de Historia de la Iglesia, tuve un profesor jesuita que nos intentó hacer ver lo positivo de Lutero. Tampoco ocultó lo negativo, pero nos trató de hacer entender lo positivo de su persona y escritos. Yo fui muy contrario a la forma de enfocar las clases de ese profesor. Incluso fui soberbio en el modo en el que me dirigí a él, ahora lo reconozco. En ese momento, me parecía estar defendiendo la verdad: Lutero era malísimo y punto final.

Yo tenía 26 años. A esa edad cualquier inmadurez y radicalismo se puede todavía excusar.
Las clases de su semestre pasaron, pero con los años se produjo, en mi reflexión personal, una profundización en la teología de la Carta a los Romanos. Y, entonces, fui entendiendo que, aunque Lutero hubiera roto con la Iglesia, su insistencia en la fe que salva era verdadera. Por supuesto que hay que entender esa doctrina de la fe de acuerdo a la ortodoxia de la Iglesia. Pero, al mismo tiempo, sí que es cierto que sin la obra de Lutero no hubiéramos entendido esa doctrina en toda la radicalidad de san Pablo. Habíamos tenido quince siglos, y ésa era una verdad en la que no se insistía demasiado: cuando era central en san Pablo. Es verdad que la doctrina estaba en la Carta a los Romanos, pero siempre había sido leída con tantos ?peros?, con tantos condicionantes, que quedaba muy eclipsada y atenuada.
Esa verdad del Nuevo Testamento de la fe que salva se sentía por parte de los celosos pastores que debía ser tan glosada, que expresada en estado puro parecía una herejía. Era una verdad en la que convenía que no se insistiese demasiado en ella.
En quince siglos, la encontramos en muchos autores católicos previos a Lutero. Pero hallamos esa verdad divina bajo capas y capas de comentarios humanos. Era como una verdad que debía ser encerrada con varios cerrojos, porque sería sino malentendida. Después de Lutero, todavía más cerrojos para no parecer hereje.
Lutero hizo lucir en toda su verdad la doctrina de la justificación. Y eso ha tenido una impresionante influencia en los autores católicos, sobre todo del siglo XX. Es decir, de los teólogos que han podido leer a Lutero ya sin prejuicios.
No estoy diciendo, resulta claro, que no haya errores en las obras de Lutero. Por supuesto que los hay. Pero también hay toda una doctrina, una lectura de san Pablo, una visión de la justificación, que haríamos mal en no valorarla en toda su bondad. Además Lutero reflexionó de un modo teológicamente muy profundo sobre el tema. No era un mero predicador.
La visión de unas comunidades cristianas que han vivido de la Palabra, que se han sentido justificadas por la fe en Cristo, ha sido muy interesante para la teología católica. Sin ellos, podríamos haber teorizado acerca de cómo podía haber sido el cristianismo quitando algunos de nuestros pilares. Su existencia ha sido una existencia en la vida centrados en la gracia, en la justificación gratuita, en la Voz de Dios que habla en la Biblia. Los luteranos, los grupos protestantes, han producido muchos frutos del Espíritu. Negar eso sería cerrar los ojos.
Que nadie por defender la ortodoxia, niegue lo evidente: los tesoros de los luteranos, los frutos que hay en sus comunidades; así como el provecho que nuestros teólogos pueden obtener y han obtenido del diálogo con su teología.
Los que claman que el papa Francisco está luteranizando la Iglesia no han entendido nada de este mensaje de diálogo, de amor, de querer que todos los cristianos nos sintamos miembros de una única familia.
¿Que me podría fijar en todo lo negativo de la vida y obra de Lutero?, por supuesto. Me leí con lentitud y detención los dos magistrales tomos de la biografía de Garcia-Villoslada. Eso fue en mi juventud. Después seguí leyendo y reflexionando. Al final, llegué a las conclusiones del Papa Francisco.
Ahora llega el momento de reconciliarnos con los luteranos, aun a sabiendas que sostenemos doctrinas distintas. Pero desde la diferencia y en el reconocimiento de la diferencia, amémonos ya, oremos juntos ya: reconciliémonos. No les pedimos que reconozcan lo que nosotros consideramos sus errores. Ellos no nos piden que reconozcamos lo que consideran nuestros errores. No es una reconciliación en el error. Sino una reconciliación en la verdad común y en el amor que nace de la verdad común. ¿Quién critica eso? Los de siempre. Siempre están allí, asomándose por la esquina, los de siempre.
Algunos querrían hacer de la Iglesia una especie de burbuja de Amish católicos petrificados en el siglo XIX, porque en los comienzos del XX ya hay doctrinas que les parecen que empiezan a resquebrajar su visión sentimental de la ortodoxia.
Algunos querrían que la Iglesia Católica fuera regida al modo del consejo del Watchtower de Nueva York para todos los testigos de Jehova:  unas consignas tajantes, uniformes y que vigilen que no se forme ningún puente con nada ni nadie que no sea 100% puro o lo que se considera puro.

Una cosa es que los dogmas sean expresión de la verdad y que, por tanto, sean pilares que no pueden cambiar. Y otra cosa es ese amor por la petrificación de la teología y las puntillas en los roquetes.


Frontón del Congreso de los Diputados

30.10.17 | 14:31. Archivado en Con clave

 

Hace unos pocos meses, tuve una conversación con un buen amigo catalán sobre el procés. Él es una bellísima persona, culto, sensato e independentista. Para mí es una delicia siempre hablar con él. Pero, en un momento dado de nuestra conversación, le dije: ?Mira, te aseguro, que si hay una ruptura por las malas con el estado español, desde un punto de vista económico la independencia es imposible. Salvo que uno esté dispuesto a un hundimiento económico que nunca sería menor a la pérdida del 20 o 25% del PIB?.
Eso al profano le puede parecer poco, pero tendría consecuencias concretas verdaderamente muy lamentables para el día a día de un ciudadano medio catalán. Consecuencias que podría habérselas desgranado en detalle, porque el experimento ya se ha hecho en Rusia y Ucrania.
Yo no soy nacionalista, pero si lo fuera, estaría enfadadísimo contra un govern que si hubiera esperado cuatro años podía haberlo conseguido todo. Pero que empujado a la fuerza por los partidos nacionalistas situados a su izquierda ha hundido completamente el procés durante más de veinte años o quizá toda una generación. Ahora ya es jaque mate.
La única reacción posible de los más radicales es la calle. Y cuanta más calle, más se frotarán las manos en La Moncloa. Ahora sí que cuanto peor es mejor para Madrid.
Aunque el apoyo hubiera sido del 90% al procés, la ruptura económica por las malas era sencillamente imposible. Cuando en el 2015 me preguntó un amigo sacerdote qué podía pasar si no había rescate de la Unión Europea a Grecia, mi respuesta fue sencilla: Un día irás al cajero automático y no saldrán billetes.
Un mes después pasó exactamente eso. En una semana más de petrificación del flujo monetario, los aviones no hubieran tenido combustible en el aeropuerto de Atenas, no hubiera habido pan en la panadería, los negocios hubieran ido cerrando sin poder seguir asumiendo más pérdidas. Los griegos más entusiastas estaban tranquilos porque pensaban que siempre les quedaría el turismo. Pero el turismo era imposible sin una moneda y sin un sistema bancario. Y ellos ya no tenían más euros, y una moneda propia valdría como los billetes del Monopoly. El país podía ser todo lo bello que quisieran, pero sin sistema financiero en marcha no habría turismo. Así de claro. Las playas sin bancos se quedan vacías. Las islas griegas sin bancos sólo tienen como habitantes a las cabras.
Tsipras aseguró que jamás aceptaría las condiciones de Bruselas. Hizo un referéndum y el Pueblo le apoyó por abrumadora mayoría. Una semana después, Tsipras estaba en Bruselas con el sombrero en la mano firmando un acuerdo mucho más duro que el que había rechazado y además lo firmó dando las gracias por haber sido tan compasivos. No hubo ninguna negociación: los técnicos se limitaron a poner el papel delante y a indicarle dónde tenía que firmar. Fueron las conversaciones más breves del mundo. Pudo volver a casa esa misma tarde.
La caída económica de Cataluña en caso de ruptura por las malas hubiera sido mucho peor, porque Cataluña tiene una economía mucho más desarrollada. Cuánto más compleja, moderna y desarrollada es una economía, más brutal es la caída en caso de pánico total, porque el dinero se multiplica en ese tipo de economías y en caso de colapso el default es más impresionante. En el caso de Cataluña, el agujero hubiera sido mucho más grande que en el caso de una bancarrota de Albania o Macedonia.
La independencia por las malas era, por tanto, imposible. De ahí que resultara inmoral ilusionar a las masas con lo imposible. Inflamar a millones de personas con un discurso que sólo llevaba a la confrontación para después volver al punto de partida, o mejor dicho: más abajo del punto de partida.
Mi amigo, persona más que razonable, seguro que diría: sólo pedíamos un referéndum. De acuerdo, pero un referéndum no aceptado por las dos partes implicadas no llevaba a ningún lado. Los resultados, en esas condiciones, no significaban nada y, aun así, el govern siguió adelante. Y siguió adelante y adelante, contra viento y marea, hasta que se dio cuenta de lo que era evidente desde el principio: que una sociedad económicamente desarrollada del siglo XXI no se puede independizar por las malas como si fuera una tribu húngara de Transilvania.

Ahora ha llegado el momento de construir el bien común y de tener en cuenta a la mitad de la población, los catalanes no nacionalistas. En un choque de trenes, si es el todo contra el todo, si es la ley de la fuerza, hay que ponerse del lado de la Ley. Lo contrario implicaría una lucha que acabaría siendo sangrienta. Eso sí, con poca sangre, porque la maquinaria militar y policial se impondría cómo se ha impuesto siempre en las barriadas de Estados Unidos cuando ha habido tumultos. Por eso, hasta muchos nacionalistas han comprendido que, dadas las circunstancias: la Ley. 
Por el bien de los catalanes, ha llegado el momento de ser realistas y entender que sólo el imperio de la Ley sin titubeos evitará una aventura callejera de cócteles molotov que no llegaría a ningún lado, sino sólo a sepultar el nacionalismo, durante toda una generación, confinándolo en las elecciones a ser siempre la oposición.


Una corrección que he hecho a uno de mis libros

30.10.17 | 10:44. Archivado en Con clave

Después, más tarde, escribiré otro post. Esto sólo son unas líneas aclaratorias. Sólo quiero advertir, a quien le pueda interesar, que he hecho cambios importantes en varias páginas de mi libro La luz de la diaconía. Me ha llevado mucho tiempo de reflexión entender el cambio que hizo Benedicto XVI en un canon del Código de Derecho Canónico, al hablar de si los diáconos participaban o no de la función de Cristo como Cabeza de la Iglesia.El libro que se publicó en papel en Colombia hace un año ya no se puede cambiar. Pero la versión digital de Biblioteca Forteniana ya está cambiada. Es curioso, un cambio de un par de líneas en el canon ha provocado cambios radicales en varias páginas de mi libro. Y he necesitado meditar el tema mucho tiempo para dar mi brazo a torcer en un tema que ahora me parece ya por fin claro.
La conclusión es que todos creemos estar en posesión de la verdad. Por más que afirmemos que somos flexibles y abiertos a cambiar nuestras posiciones, después eso no es tan así. Todos estamos más cargados de prejuicios de lo que pensamos. Lo he comprobado en mí mismo en esta cuestión teológica sin mucha importancia.Sea dicho de paso, el cambio de opinión me ocurrió gracias a un artículo que me envió un lector. Artículo que estuvo esperando meses y que leí en uno de los viajes de autobús por Georgia.


Mi opinión sobre el proceso de independencia de Cataluña: implicaciones morales

29.10.17 | 15:23. Archivado en Con clave


Hay un tema sobre el que, hasta ahora, he querido mantener silencio: la declaración de independencia del Parlament. Lo hice, ante todo, porque no me quería meter en cuestiones políticas. ¿Pero esta cuestión de la independencia tiene implicaciones morales? Sin ninguna duda, sí.
Como preámbulo quiero dejar claro que si un pueblo conquistado u oprimido quisiera ser independiente con el respaldo del 90% de la población sería un derecho evidente.
La cosa se complica si un pueblo con esa mayoría quiere ser independiente sin haber sido oprimido ni invadido. Cataluña ha participado de las mismas cargas y ventajas que el resto de las regiones integrantes de España. Cataluña ha participado del proceso de creación de España en plano de igualdad con respecto a las demás regiones de la península. Uno puede defender el nacionalismo si lo desea, pero no bajo la premisa de la opresión. No está más oprimida Edimburgo que Gerona.
La cosa se complica si el apoyo a la independencia no es cosa de una amplia mayoría, sino sólo de una escasa mayoría. Pero es que ni eso fue así. Los partidos independentistas dijeron bien claro que las elecciones catalanas del 2015 serían de facto un referéndum. Y los resultados dieron unos resultados claros: el 51,7% de los votos fueron a partidos no independentistas.
La mayoría de los catalanes dijeron ?no? a la independencia. Después, por el reparto por circunscripciones ese número de votos produjo una ligera mayoría de escaños. Muy pequeña, pero suficiente para tener la mayoría absoluta. Seguir adelante con el procés implicaba avanzar contra el parecer de la mayoría de los votantes. Había que aferrarse al reglamento de reparto de escaños para dar la espalda al hecho objetivo de la manifestación de la voluntad del Pueblo.
Estoy de acuerdo con ambas partes en que no había posibilidad de diálogo ni de acuerdo: un territorio o es independiente o no lo es. Llega un momento en que ya no cabe más autonomía y se llega a un límite máximo en el que o lo uno o lo otro.
Si el gobierno de España hubiera permitido un referéndum, como sucedió en el Reino Unido, no habría habido ningún problema. Pero con Moncloa habiendo manifestado su posición de forma absoluta, sólo cabía el choque de trenes, el choque entre un poder y otro poder, entre una fuerza y otra fuerza.
A eso se añadió que el Parlament aprobó el referéndum incumpliendo sus propios reglamentos. La lista de incumplimientos no es breve. Llegó un momento en que el Consejo de Garantías Estatutarias (el TC catalán) alzó la voz para advertir por unanimidad de la ilegalidad de los procedimientos respecto no ya a la Constitución Española sino a la propia legalidad que regía los procedimientos del Parlament. El escándalo fue tan absoluto que el Letrado Mayor pidió a la presidenta de la cámara la palabra para dirigirse a los parlamentarios, para al menos advertirles de la mera cuestión legal. La presidenta no se lo permitió.
Esa cuestión de los incumplimientos del reglamento motivó que un parlamentario independentista, Joan Coscubiela, se alzase con un rotundo llamamiento:
No quiero que mi hijo Daniel viva en un país donde la mayoría pueda tapar los derechos de los que no piensan como ella.
No importó para nada. La mínima mayoría de escaños actuó como una apisonadora, produciendo un referéndum cuyos resultados, de antemano, ya se sabía que no iban a ser la solución a la cuestión. Pero es que incluso aceptando por buenos los resultados oficiales el resultado era que no se podía seguir adelante:
El 1 de octubre del 2017 votaron 2.286.217 personas (una participación del 43% del censo). El 'sí' obtuvo 2.044.038 votos (90,2% del voto válido), por 177.547 del 'no' (7,8%) y 44.913 en blanco (2%). También hubo 19.719 votos nulos.
¿Qué significa esto? Dado que los constitucionalistas boicotearon al 100% ese referéndum, hay que entender que esos datos del referéndum reflejan poco más del 50% de los votantes totales del censo.
Dicho de otro modo, los resultados indican que sería algo más del 22% del electorado total el que estaría a favor de seguir adelante con el procés. Pero con constatación de que para muchos está claro que no es lo mismo nacionalismo que soberanismo. Lo cual se vio en que el 7,8% y el 2% de los nacionalistas no están por seguir esa dirección.
Puigdemont no es el demonio. Debemos evitar a toda costa demonizar al que no piensa como nosotros. Y porque creo que es un hombre honesto, se tomó su tiempo en analizar los resultados.
Los resultados no eran satisfactorios. No había amplia mayoría. Probablemente ni siquiera mayoría en un referéndum normal. Si la ruptura era por las malas, la economía iba a caer en pánico. Cataluña quedaría aislada de una Unión Europea que querría hacer de ese nuevo país un ejemplo para los que quieran seguir por ese camino. Sí, Puigdemont se lo pensó, sin duda: ¿declaración de independencia, pero suspendiéndola? Pero los que le empujaron hacia delante volvieron a presionarle y la declaración de independencia se produjo.
¿Como sacerdote, me parece que este procés es un acto moralmente neutro? Honestamente, considero que no. La virtud de la prudencia indica que una ruptura de la legalidad como ésta no estaba justificada. Porque, una vez que se produce un quebrantamiento tan grande del imperio de la ley, las cosas se pueden descontrolar. La inmensa mayoría de los nacionalistas son personas sensatas, honradas, que defienden de un modo pacífico sus ideas. El problema viene que cuando uno pone en marcha esta maquinaria resulta casi imposible que mil, dos mil o diez mil jóvenes no se descontrolen. Se abre la caja de los truenos y después no se puede cerrar. ¿Habrá muertos en barricadas formadas por los antisistema? Sin ninguna duda, quizá cuatro o cinco, pero los habrá.
Un puñado de muertos, una Cataluña completamente dividida, una población sembrada de odios, y más personas en el paro que vivirán de las ayudas durante años. Todo esto podía haberse evitado. Nadie, moralmente hablando, ha criticado la decisión del ejecutivo escocés con su referéndum. Uno estará de acuerdo o no, pero moralmente es aceptable. Pero el camino tomado por el govern, dados los previsibles graves peligros que implica, sí que es moralmente rechazable. Después no vale decir: ?¿Quién sabía que iba a pasar esto??, al ver las barricadas y los cócteles molotov.
Se me dirá que no critico a Rajoy por sus decisiones. Yo no hubiera tomado las decisiones de Rajoy. Pero el Presidente de la nación ha hecho con Cataluña, lo que un presidente de una Cataluña independiente hubiera hecho ante una secesión de Gerona. Si hay un choque frontal de trenes, las fuerzas de seguridad deben estar del lado del Estado de Derecho. Lo contrario sería el caos. 
El Estado español hubiera cedido ante un 70% de población a favor de la independencia, dijeran lo que dijeran las leyes. Pero con el 50% esa opción tomada por la Generalitat implicaba arriesgarse a crear graves desórdenes de orden social para nada. Esta partida de ajedrez estaba destinada al fracaso. El problema es que aquí los peones son seres humanos.
Es cierto que si eres de un partido radica de izquierdas siempre abogas por crear una cierta cantidad de caos para después sentarse a negociar con el Estado. Pero yo ya sabía, conozco bien este tablero de ajedrez, que cuanto más caos haya, más se cerrará en banda el Estado. 
Hay que rezar para que los capítulos más oscuros de esta historia no se escriban antes de las próximas elecciones. ¿Es posible un estallido social? Sí. Por eso las decisiones de los gobernantes de la Generalitat han sido moralmente un error. Y por eso escribo como sacerdote, para decir sin ambigüedades que moralmente los riesgos que ha asumido Puigdemont no son aceptables. 
La existencia de España no pertenece al Evangelio en el que creo. ¿Pero quién puede declarar la independencia con los votos del 43% del censo? ¿Quién puede hacer eso con tranquilidad de conciencia? 

Deseo lo mejor a los catalanes: ¡lo mejor! Y precisamente porque amo a Cataluña, arriesgarse a que esa tierra se inflame en llamas, estando la población dividida al 50%, ha sido un acto moralmente irresponsable. 


Amoris Laetitia: seguimos dialogando

28.10.17 | 14:53. Archivado en Con clave

Hoy voy a transcribir aquí un correo que recibí hace dos días. Me parece una carta de verdad muy buena. Al final, añadiré yo unas líneas. Por supuesto, oculto toda identificación del autor, aunque he dejado constancia de su nacionalidad. Los subrayados son míos, no del autor de la carta.
Estimado Padre:
Créame que a diario sigo esta apasionante disputatio sobre la la ortodoxia de Amoris Letitia. Más allá de los ataques personales, me quedo con el saludable debate, en que los defensores de la ortodoxia son como el primogénito enojado de la parábola del hijo pródigo (Lc 15,25-30), mientas usted intenta ofrecer la visión del padre que quiere ver de vuelta al hijo descarriado.
En mi humilde opinión, y desde la visión de un lego en Teología, creo que el problema estriba en el prejuicio cognitivo de los lectores en razón del autor de la exhortación apostólica, hasta incluso de carácter inconsciente -como creo que han incurrido los venerables cardenales de la dubia-: es concebir que Su santidad, al ser jesuita, redactó la exhortación insuflado en el probabilismo, laxismo, casuismo, o derechamente "jesuitismo". Debo confesar que lo digo por experiencia propia: así leí los párrafos polémicos de Amoris Laetitia en una primera oportunidad, no recuerdo bien si fue a fines del año pasado o a inicios de este año.
Sin embargo, una vez al oír en misa la lectura del Evangelio según san Juan sobre la mujer samaritana (Jn 4,7-29) -que, por lo demás, el Papa la cita en la repetida exhortación (nn. 64, 289 y sobre todo 294)-, me hizo entender con mayor humildad la exhortación: no es el resurgimiento del casuismo, sino el fomento de un itinerario, de aproximar a los que están en situación "irregular" hacia la plena comunión con Dios, sin que por eso se profane a los Sacramentos.
Por ejemplo, y tratando de responder a la primera de los dubia, la nota 351 (n. 305) considero que ha de entenderse como la invitación del sacerdote a la aproximación de los sacramentos, y primeramente hacia la reconciliación; si el divorciado vuelto a casar y cuyo primer matrimonio fue celebrado canónicamente y no está disuelto, bien podría arrepentirse de su situación, logrando una contrición perfecta en ese momento... desde luego, podría ocurrir que esa persona, después de su confesión y durante cierto lapso, vivir con su conviviente sine more uxorio y, por consiguiente,  si no añade otro pecado en su vida, estaría en la debida disposición de cuerpo y alma para recibir la Eucaristía. 
Mas puede ocurrir que tal contrición perfecta sea temporal y, tiempo después, vuelva a vivir more uxorio por diversas circunstancias, incluso sin que haya intención de violentar la ley, sino por tratar de evitar el quiebre sentimental con la actual conviviente. Es, pues, indispensable que el sacerdote sea un amigo cariñoso que la invite a esa persona a acercarse al estado de gracia -máxime si la invitación se extiende a ambos concubinos-, luego a sostenerlos en dicha gracia hasta lograr que esa persona o ambas, sin daño a la familia irregular que formó o formaron con posterioridad, se sostengan en ella, es decir, actuando siempre según la libertas maior que expone san Agustín.
La interpretación espiritual del Evangelio citado (sobre todo alegórico y moral), en mi falible opinión, nos arroja luz sobre esto (Jn 4,16-26): Cristo, en vez de censurar a la samaritana por su concubinato, primero le convida a beber de un agua que jamás le causará sed y sólo después alude indirectamente tal amancebamiento, pero otra vez sin reproche. Si bien el Evangelio no da más detalles sobre esa mujer, sin duda expone a Nuestro Señor como maestro antes que juez, un anfitrión que nos convida a su casa, a pesar de estar sucios y sin el traje adecuado para entrar en su Palacio, pues entre el umbral de la puerta y la mesa del comedor, hay un pasillo donde el convidado, si así lo quiere, llegará limpio y bien vestido a sentarse a la mesa del Señor; porque no es posible sentarse en la mesa sin estar antes limpio y bien vestido.
A mi modo de ver, las gradaciones de responsabilidad a que alude Amoris Laetitia (n. 301 y ss) son, simplemente, hipótesis donde el sacerdote puede aprovecharse que la circunstancia de los concubinos no está fundada en el dolo o la culpa, sino -perdóneme la licencia, estimado Padre- en un hecho fortuito sobreviniente: así, es más fácil la enseñanza de la Ley Divina, pues los concubinos no la recibirán con desdén o suspicacia -como lo haría el concubino contumaz-, sino con apertura de aprender y corregir. Por algo el Papa precisa que, la comprensión por situaciones irregulares no supone, en modo alguno, la enmienda o derogación del mandato divino:  "La tibieza, cualquier forma de relativismo, o un excesivo respeto a la hora de proponerlo, serían una falta de fidelidad al Evangelio" (n. 307). 
Es un texto profundo, y por lo mismo hay que leerlo en su conjunto e interpretarlo en su contexto, y siempre teniendo presente la segura guía de la Revelación, de la tradición y del Magisterio, ya que si lo interpretamos aislando los pasajes, claramente veremos el sesgo casuista y revolucionario. Ante ello, quizá me ayudó mi deformación profesional como abogado, al recordar un viejo adagio del derecho romano: "Incivile est nisi tota lege perspecta una aliqua particula eius proposita iudicare vel respondere" (Es injusto juzgar o responder atendiendo a una pequeña parte de la ley sin haber atendido a la ley entera).
Perdóneme Padre por esta licencia en escribirle... son sólo aproximaciones de un humilde lector suyo, que me da pudor escribir en los comentarios de los lectores. Si dije alguna estupidez, discúlpeme.
Saludos cordiales desde Chile,

Contestación mía
Estimado sr. X:

Permítame decirle que yo, en un primer momento, también tuve un acercamiento no positivo al texto. Después, llegué a una conclusión parecida a la suya, que usted tan brillantemente ha sintetizado: No es el resurgimiento del casuismo, sino el fomento de un itinerario.
Tiene usted toda la razón. La exhortación se puede leer como una apoteosis del relativismo, o se puede leer desde el amor a la ley objetiva, al magisterio anterior. Si san Juan Pablo II hubiera escrito esta exhortación al final de su vida, como coronación pastoral de sus encíclicas, hubiera sido un texto muy alabado.
Y como usted muy bien dice, la exhortación no debería generar una interminable listas de casos con sus remedios, sino que se trata del espíritu con que afrontar muchos casos, muchísimos casos.
Un cordial saludo.
Padre Fortea


Soberanía

28.10.17 | 00:12. Archivado en Con clave


Desde un punto de vista meramente jurídico, resulta apasionante el concepto de soberanía. Está fuera de toda duda que ese poder reside en el Pueblo. Es un poder perfecto, es la autoridad por encima de la cual no hay otra autoridad.
Las relaciones entre Derecho y Soberanía son interesantísimas si las analizamos desde la mera lógica: el poder constituyente del Pueblo debe ser irrestricto respecto a cualquier ley, de lo contrario no sería un poder constituyente.
De ningún modo quiero que se lean estas reflexiones a favor o contra nadie. Son sólo reflexiones en abstracto. Lo digo con toda sinceridad, no estoy pensando contra nadie. Continuo.
¿Si el poder soberano es fuente de la Ley, cómo puede someterse a una ley previa? ¿Pero si el poder constituyente no se somete a la razón, en que se diferencia del desorden? Su legitimidad, sin duda, dependerá de su sometimiento a la razón. Con lo cual hay una ley escrita o no que supone el fundamento que otorga licitud a ese poder constituyente. Sin esa ley escrita o no escrita, cómo distinguir el legítimo poder del Pueblo del que no lo es.
Y mucho más cuando todo poder constituyente se levanta, se pone en pie, frente a otro poder previo que supone un orden: llámese monarca, poder de ocupación, oligarquía opresiva, metrópoli?
La soberanía implica poder, fuerza, capacidad. La soberanía tiene que estar clara. De lo contrario, la situación pronto se puede convertir en una lucha entre sujetos que creen poseer tal fuerza. Ningún enfrentamiento será peor que el de dos grandes poderes que se crean ambos dotados del poder supremo que otorga la soberanía: la autoridad frente a la autoridad, la jerarquía de poder frente a la jerarquía de poder. Por la soberanía se estará dispuesto a morir y a matar. 

Si prescindimos de países concretos, de situaciones particulares, si pensamos en términos totalmente abstractos, dirimir fríamente esta cuestión sólo con la lógica resulta un ejercicio muy interesante.
Por favor, no se piense que estoy refiriéndome de forma ladina a la situación de Cataluña y España. Deseo sólo reflexionar sobre el concepto. ¿Qué hace lícito el poder constituyente de las Trece Colonias frente a la Corona Inglesa, o el de Argentina frente a España, o al de Ucrania frente a Rusia? ¿Qué regla de oro permite dirimir en abstracto el único delito del que se ponen a favor tanto jueces como policías? 
Todos creemos tener claro el entero marco jurídico que regula la soberanía basada en el sentido común. El problema es que millones de personas creen tenerlo claro en un sentido y otros millones de personas creen tenerlo claro justo en el sentido opuesto. 
Veo que verdadero nudo de la cuestión está en la irrestricción del poder constituyente respecto a una ley previa que restrinja ese poder, y al mismo tiempo en la necesidad de que ese poder se base en la razón, expresada o no en un sistema legal. De lo contrario, el poder popular (sin necesidad de ninguna secesión) podría apelar a su carácter soberano para entrar, una y otra vez, en esa situación constituyente.


Novgorod, la primera ciudad rusa

26.10.17 | 14:55. Archivado en Con clave


Como sé que os gustan los episodios de mis viajes, os voy a contar uno. En mi último viaje por varios países, todas las guías que tuvimos fueron muy buenas. Todas? menos Olga. Esta rusa comenzó por hacernos un elogio de la era soviética: todos tenían trabajo, el Estado te daba un piso, etc. Yo no abrí mi boca. Pero cuando fuimos a Novgorod, sólo nos enseñó la fortaleza. Y no quiso llevarnos a ver las iglesias antiquísimas que había junto al río, alegando que ya no había tiempo.
¡Habíamos hecho más de cuatro horas de viaje para ver sólo una cosa durante poco más de una hora! Se le pidió expresamente tal cosa, pero no quiso hacerlo.
A eso hay que añadir que no quiso que celebráramos misa en la iglesia católica de la ciudad. Estaba en el programa, pero se negó alegando lo mismo: No hay tiempo. En ese momento, forcé al máximo las cosas: Insistí en la misa. Pero como ella era la que habló por teléfono con el párroco, por su cuenta le dijo que llegaríamos a una hora que era imposible. (Tuve que celebrar en el hotel a la vuelta, por la noche.)
Al mediodía, nuestra "querida" Olga nos llevó a un restaurante vacío, no había ni un comensal, y donde el menú era exactamente el mismo que el día anterior. Como nosotros pagábamos esa comida, no estaba incluida en el viaje, le pedimos ir a otro restaurante donde hubiera otro menú. No dijo nada, pero eso le desagradó totalmente. Probablemente, porque en ese restaurante tenía comisión. No quiso ayudarnos a encontrar otro restaurante. Cada vez que le pregunté qué otros restaurantes había en la ciudad, me respondía con otra pregunta.
Al final, le dije que nos llevara el autobús a la calle principal y que parara donde viéramos un restaurante. No voy a relatar los detalles, pero estuvo boicoteando la comida hasta el último momento. Eso sí, cuando llevábamos una hora de viaje, nos dijo que bajáramos allí en un lugar, porque no habría otra parada hasta llegar al hotel. Yo le sugerí que, dado que el viaje había durado cuatro horas, sería mejor hacer la parada a mitad de camino. Pues no. Hubo que parar donde ella dijo, tras solo una hora de viaje.
Todo el día había estado con un tono enfadado e, incluso, grosero. Eso sí, en el largo viaje, tomé el micrófono e hice un discurso de media hora cuyo tema era el comunismo. Fue un discurso tremendo, lacrimógeno y durísimo de veinte minutos, sin prisas, con largas pausas. Pequé, porque veía como ella se cocía en su salsa y no podía decir nada, y yo seguía echando más leña al fuego, ella crispaba las manos y yo daba tranquilamente otra vuelta con la cuchara. Dije tales cosas que no dudo que Lenin debía estar revolviéndose en su tumba.
Pero pequé, porque discretamente, muy discretamente, miraba de reojo su cara, ella estaba en el primer asiento, y veía como estaba como una olla a presión y yo decía: Vamos a subir un poco más el fuego.


Blogs que inquietan las almas

25.10.17 | 12:21. Archivado en Con clave


La religión, en esencia, trata de nuestra relación con Dios. La religión sustancialmente trata de Dios. El amor, el ser y el Ser, el conocimiento de las implicaciones que tiene ser, el conocimiento de lo que significa que exista un Ser Todopoderoso?
Si la teología la entendemos a la defensiva, casi como si perteneciéramos a un club de futbol, si todo esto lo entendemos como si de lo que se trata es de meter goles en la portería contraria, no vamos a tener los ojos abiertos para percibir lo correcto, lo valioso, lo benéfico de las otras personas que han reflexionado, sean de la teología de la liberación, luteranos, Barth o Marciano Vidal, la teología feminista o las antiguas y modernas reflexiones musulmanas.
Muchos de los grandes autores teológicos del siglo XX y tantos otros eran hombres en continuo diálogo con los escritos ortodoxos y con los mejores autores protestantes. Eran hombres abiertos con los ojos atentos a ?los otros?. Cuando uno lee a toda esa corriente centroeuropea o al dr. Rowan Willians, y uno lee a monseñor Lefebvre y similares, uno se da cuenta de que son dos mundos distintos, dos universos teológicos. Y no es fácil establecer puentes entre la apertura y la cerrazón, entre el pensamiento puro y la teología que se encierra en sí misma. Entre la teología que busca nuevos enfoques y la que se limita a repetir, recopilar y defender el bastión con lo que ellos creen que es una loable pasión.
Sea dicho de paso, san Juan Pablo II apostó decididamente por un teólogo de signo inequívocamente aperturista: un profesor llamado Ratzinger. Podía haber optado por conservadores aparentemente más seguros, pero no lo hizo.
Me escribía una persona a mi email:
Padre Fortea:Si usted dedica varios años a reflexionar sobre el infierno y a escribir un tratado al respecto, ¿eso cambia el infierno? Si lo que usted piensa acerca del infierno difiere de lo que otros han pensado sobre el tema, ¿eso significa que los otros están equivocados?, ¿hubo que esperar hasta que usted naciera y escribiera para conocer la verdad?
Creo que lo que significa es que la teología es una seudociencia. Si como usted dice, la teología cambia y evoluciona, es porque se basa en la imaginación de los teólogos, de los hombres. Es por eso que en los libros de teología se dice: ''Es lo que el teólogo tal llama...'' ¿De dónde sacó ese teólogo ese nombre y esa interpretación?: de su imaginación. Y al mismo tiempo, otros teólogos pueden llamar a lo mismo con otros nombres e interpretarlo de modos distintos.
Usted se ha erigido en defensor de Bergoglio, un hombre que ha enseñado cosas que usted mismo le corregiría a cualquier bloguero. ¿Eso no lo hace pensar?
Si los católicos se escandalizan por lo que Bergoglio enseña, ya que ese hombre dice que todo lo que habla y escribe es magisterio, ¿significa que hubo que esperar hasta que Bergoglio naciera y enseñara para conocer la verdad?
Mi respuesta fue la siguiente:
Estimado lector. Yo sólo creo en las Escrituras y en el Magisterio de la Iglesia. Los dogmas y la Tradición forman parte de ese Magisterio. Las demás cosas son opinables. Mientras yo me mueva respetando esos pilares de la fe, nada tengo que temer.
Pero si usted me pregunta si la comprensión que tengo de la existencia en un estado de apartamiento definitivo de un ser racional respecto del Ser infinito es distinta de la que tenía san Agustín, le contesto que sí.
Ambos creemos esencialmente en el mismo concepto. Pero san Agustín, santo Tomás de Aquino o san Alfonso María de Ligorio enfocaban esa realidad de un modo que no es el mismo que el mío. Añadían elementos accidentales que ellos consideraban ineludibles, pero que hacían de ese estado algo (en mi opinión) algo más cruel de lo que es.
A estas alturas de la comprensión teológica, puedo estar seguro de que ciertos elementos bíblicos respecto al infierno eran imágenes y sólo imágenes.
Pero eso no es sólo respecto al infierno. El Dios sustentador del infierno de Tomás de Aquino era un ser más inflexible y cruel que el Dios de Rahner o Benedicto XVI. Creían en el mismo Dios, pero con enfoques distintos. El Dios de san Agustín era el Dios que implacablemente aplicaba la ley objetiva de un modo que no puedo dejar de considerar cruel.
El Dios del Papa Francisco y el de Torquemada (que no es una figura mítica) es el mismo, y la fe es la misma. Pero el enfoque de la religión de ambos es notablemente distinto.
Sacerdote católico en chino es:
?????

?Maestro-que-apacienta-en-la-doctrina-del-Señor-del-Cielo?


Conversaciones teológicas en un rincón de Internet

24.10.17 | 15:44. Archivado en Con clave


Jorge Alberto escribió este comentario a mi post acerca de los teólogos amateurs: ¡Ay, qué paciencia hay que tener con el Fortea espontáneo!
No, querido Jorge, no. Mis libros te pueden gustar o no, tienes todo el derecho a ello. Pero lo que he dicho, en lo que es el campo de mi especialidad, no es espontáneo. Me dedico a mis libros sobre los ángeles, demonios, posesión, exorcismo, el infierno como trabajo. Algunos se han dedicado a los enfermos, otros a los pobres. Yo he actuado en conciencia respecto a lo que sentía que debía hacer con mi vida. De ahí que, al respecto, no albergue remordimiento alguno.
Podría haber escrito un gran tratado monumental con todas las referencias posibles de los santos padres, de los grandes teólogos, acerca de este tema. Pero si he escrito Historia del mundo angélico o Las corrientes que riegan los cielos ha sido precisamente porque en mi trabajo he querido superar lo que hubiera sido una mera labor de recopilación. No se trataba de recopilar, sino de reflexionar e ir más allá.
Así que Jorge, a estas alturas de mi vida, te puedo asegurar que mi teología puede ser cualquier cosa, pero no espontánea.
Te quejabas de que afirmara que hay teólogos amateurs. Mira, yo puedo estar de acuerdo con unos autores o no estarlo. Pero he admirado mucho a grandes pensadores con los que no he estado de acuerdo. Y es que se nota a la legua, en cuanto uno lee un libro o un artículo o escucha una conferencia, quién se dedica a esto de modo profesional y quién lo hace fruto de una impulsion transitoire.
Después añadías: Con Balthasar evoluciona la teología porque la corrompe siendo hereje. Más confuso no puede ser. Los libracos de los herejes son legión.
Me imagino que desconocer que san Juan Pablo II lo elevó a la dignidad cardenalicia, siendo presbítero. Según se dijo poco después de su muerte, el teólogo había declinado tan gran honor (el más alto), no considerándose digno, y fue el Papa polaco el que le tuvo que insistir, diciéndole que lo quería a él en el Sacro Colegio.
Por si fuera poco, los elogios del siguiente Papa, fueron todavía más abiertos. Como se puede comprobar, como botón de muestra en este link:
https://www.ignatius.com/promotions/balthasarbooks/benedictpraiseshub.asp
Pero quiero acabar con un apunte extremadamente positivo. Ayer un comentarista, Alfonso, puso un comentario tan precioso que no me resisto a copiarlo :
A veces es muy ilustrador la forma de denominar que usan otras culturas, muy lejanas y distintas a la nuestra. 

Por ejemplo, siguiendo con el tema del post de hoy, sacerdote católico en chino es:

?????
(Ti?nzh?jiào mùshi)
?Maestro-que-apacienta-en-la-doctrina-del-Señor-del-Cielo?
Alfonso, sencillamente: ¡bravo!


Sigo con el post de ayer sobre los inquisidores amateurs que recorren Facebook a lomo de sus borriquillos

23.10.17 | 14:49. Archivado en Con clave

La buena teología, la gran teología, y la de los teólogos domingueros del Facebook se diferencian como la ilustración de ayer y el dibujo de hoy. Aunque el autor del dibujo de hoy no acabe de ver la diferencia.
Los ejemplos de ayer muestran como los buenos cristianos siguen rodeando de cariño y respeto al Papa Francisco. Hay otras ovejitas que se han ido por caminos más raros. Y en esos caminos algunos corderos han aprendido a ladrar. A ladrar contra los pastores, a pesar de saber que hay pastores de los pastores. Pero esos laicos con blog ya no se fían de nadie, salvo de sí mismos.
Si existe el protestante que toma la Biblia y la interpreta a su manera, existe el tradicionalista que toma el Magisterio y lo interpreta a su manera. Lo de vivir y sentir la fe en una comunidad no va con ellos. Ellos son faros, guardianes, profetas, el rebañito de los pocos que se dan cuenta que todos los demás se han equivocado. Todo esto = a secta.
¿Qué responden a esto? Pues responden que es la Iglesia Universal la que es una secta, que es lo que siempre han dicho los sectarios. Y, encima, te añaden que los laicos tienen el derecho de corregir a los pastores. Por supuesto. Pero toda corrección se debe hacer siguiendo las normas elementales de la caridad, el respeto y la sumisión a una autoridad (la de los pastores de la Iglesia) que no es mundana.
Estos te dicen que los cardenales son una secta, que son masones, que son reptilianos y encima quieren darte la dirección para que les envíes una caja de bombones y una botella de sidra.

Y así ese treintañero dice públicamente que yo he sufrido una instigación del demonio, y se queda tan pancho. Pues para que te enteres, ¡yo nunca he sentido ninguna instigación del demonio! A mí no me ha instigado nunca. Al revés, me ha dicho que soy muy bueno y que siga por este camino.


Ay, qué paciencia hay que tener con los inquisidores espontáneos

22.10.17 | 14:44. Archivado en Con clave

Me gustaría ahondar un poco en el tema de la teología en general y sus enfoques. A nadie se le escapa que este tipo de reflexiones, en el fondo, son un intento mío para que la gente entienda que el Papa Francisco no es un hereje (como dicen algunos extraviados) sino simplemente el Sumo Pontífice nº 266 de la Iglesia Católica, o el 265 sucesor de Pedro, obsérvese que es un número menos.
En la teología no cabe todo, hay expresiones de la verdad que tienen la exactitud de una fórmula matemática:
Las tres personas de la Santísima Trinidad son un solo Dios.Asesinar al inocente es un pecado grave.Los sacramentos son siete.
Hay dogmas más complejos, como el proclamado en el Concilio de Calcedonia acerca de que en Cristo hay dos naturalezas sin que haya confusión, ni división, ni separación entre ellas. Dogmas que requieren de explicación pausada, pero que expresan la verdad de un modo preciso.
No, en la teología no cabe todo, no todo es verdad. Ahora bien, sería un error creer que la teología sigue como en la época de la epístola de León Magno a Flaviano. Quien lea los enfoques de Trento y quien lea a Ur von Balthasar verá que la teología ha evolucionado. No escribe de la misma manera el autor de Rerum Novarum que san Juan Pablo II.
Por eso, cuando algunos amateurs enarbolan una frase suelta como si fuera una espada o una piedra en una honda frente al Papa, frente a ciertos cardenales, pues ?me llama mucho la atención?, por decirlo de un modo ultracaritativo.
Escribía un señor de mediana edad en su Facebook este comentario a mi último post sobre el infierno:
Qué importa lo que usted piense y crea y cómo pueda entender. Lo que de VERDAD importa es lo que DICE Y ENSEÑA JESUS.
Ja, ja, gracias, gracias. Fíjese, no se me había ocurrido. Pero, bueno, créame, todos lo que queremos es profundizar en lo enseñó Jesús. Te aseguro que buscamos sólo la voluntad de Dios.
Otro, un treintañero, escribía también en facebook:
El Padre Fortea, seguramente por instigación del demonio, dice que el concubinato no es pecado.
Aunque semanalmente recibo muchas instigaciones del demonio, francamente no dije tal cosa. Estoy seguro.
Aunque este ardiente joven olvida que todos los autores tradicionales de antes del Vaticano II afirman que la ignorancia invencible en los segundos principios morales cabe durante largo tiempo. El padre Royo Marín pone varios ejemplos. Sin ninguna duda, dos personas pueden estar de total buena fe conviviendo maritalmente sin que cometan ningún pecado. El pecado subjetivo requiere conciencia de estar cometiendo pecado.
Ya ves, querido Flanders, cuando vayas al más allá, te puedes encontrar con que hasta Homer Simpson te está esperando con un ramo de flores a la entrada. Algunos torquemadas tal vez se encuentren a la entrada con Lutero y Buda en la puerta de entrada. Y es que, como le dijo Morfeo a Neo en Matrix: El destino no está exento de cierta ironía.
Nota de un crítico: Más le valdría a Fortea citar más el Génesis que a Mátrix.


Los populismos

21.10.17 | 23:40. Archivado en Con clave

Para los amantes de las curiosidades, aquí está el vídeo del encuentro nazi en Nueva York en 1936. Llegaron a reunir a 22.000 personas en el Madison Square Garden:https://vimeo.com/237489146
Yo conocía escenas de este encuentro, pero nunca pude ver el encuentro entero, hasta esta noche. Resulta impresionante pensar que la Historia pudo haber tomado otro rumbo.
También sorprende las tonterías que se dijeron en ese encuentro por parte de los oradores. Pero no hay que olvidar que, en su momento, decenas de miles de personas las creyeron. ¿En que otros errores caeremos en el futuro?Churchill ya lo dijo: Los fascistas del futuro serán llamados antifascistas.
Otra curiosidad es que el general Erich Ludendorff, que aparece junto a Hitler en una famosísima foto y le apoyó en su putsch de 1923, después se dio cuenta de quién era y escribió a Hindenburg cuando le nombró canciller a Hitler, diciéndole:

"Le prevengo solemnemente que ese fanático llevará a nuestra Patria a la perdición y sumirá al país en la más espantosa de las miserias. Las futuras generaciones le maldecirán en su tumba por lo que usted ha hecho".


Teologia, libros, los libros que reflejan la realidad del mundo espiritual

20.10.17 | 22:21. Archivado en Con clave

Cuando iba yo hoy al hospital por la mañana y cuando volvía después, iba pensando en una cosa, todo el tiempo en un solo tema: en el infierno. Ya os dije hace tiempo que estoy dándole vueltas a un futuro libro mío para dentro de un año o dos. Un libro que sea la síntesis de la reflexión de mi vida acerca de la condenación eterna.
Mi pensamiento sobre este campo aparece desperdigado en varios de mis libros. Finalmente, toda mi evolución la reuní y recapitulé en mi libro Las corrientes que riegan los cielos. Un libro feliz del que me siento satisfecho. Pero ahora llega el momento, o así lo siento, de ir más allá de esa obra. Siento el impulso de realizar una síntesis final.
Os puedo asegurar que, según entendamos el infierno, así enfocamos la moral. No digo que cambie el objeto de la teología moral, pero sí el enfoque. La concepción de cómo tiene que ser el infierno la he ido cambiando a través de mi vida. Ha sido un camino que realicé a solas: entre los que no creían en su existencia y los que se limitaban a repetir lo ya dicho.
La concepción que tengo ahora del infierno es muy distinta de la que tuve en el seminario. Es un viaje que he realizado sin compañía. El infierno tiene que ser de una determinada manera en sus líneas generales, porque existe en el ser de un Dios infinitamente bueno. El infierno tiene que discurrir en un determinado cauce. Jamás nos excederemos en confiar en la voluntad de Dios de hacer lo menos dura posible la existencia de los condenados.
La comprensión lo más perfecta posible del estado de alejamiento definitivo de Dios permea nuestro entendimiento de la gravedad o no de los pecados sexuales, del concepto de ortodoxia, del modo en que afrontamos la dicotomía conservadurismo-progresismo o fidelidad-compasión, por sólo poner algunos ejemplos; aunque estos no en vano.
No es lo mismo defender la ortodoxia pensando que la más mínima transgresión nos arriesga a las llamas eternas, que profundizar en la ortodoxia bajo la luz de un Dios paternal y nada inquisitorial. Un enfoque es el de las iglesias orientales ortodoxas. Otro enfoque es el de la Iglesia Anglicana; no pensemos de un modo simplista que la Iglesia Anglicana no busca y ama la ortodoxia de la fe, la ortodoxia en la teología. Pero, aunque ambas iglesias buscan la verdad, evidentemente, lo hacen desde enfoques distintos.

Una Trinidad que aborrece lo inquisitorial nos lleva a buscar la verdad de la Teología de un modo exquisito, pero sin tensión. En algunos defensores de la verdad, hay tensión, una mala tensión. Dios no es inquisitorial. Dios no es como piensan muchos de sus ?defensores?.


Blade Runner a secas, y Blade Runner segundas-partes-nunca-fueron-buenas

19.10.17 | 16:13. Archivado en Con clave


Las dos fotos de los jefes de las corporaciones son el perfecto ejemplo de Blade Runner I y Blade Runner II. El segundo malo, Wallace, podéis ver en la foto de abajo cómo es teatral, exagerado, histriónico. Dice cosas que intentan, en vano, ser muy profundas. El primer malo, Tirrell, habla normal, actúa de un modo normal y nunca dice nada especial, se conforma con ser él mismo.
La gran literatura, un gran guion, huye de buscar los grandes momentos a posta, las grandes frases. Estas cosas llegan por sí mismas. Cuando hay una gran historia, los grandes momentos aparecen sin pretenderlos, casi diría que sin poder evitarlos. Porque el autor intenta contenerse, el guionista busca evitar el efectismo. Pero las historias magistrales desembocan en esos momentos supremos de forma irremediable.
Toda la trama de El Padrino I acaba simplemente en que la cámara, desde fuera del despacho, observa (hasta que se cierra la puerta) cómo ?la familia? le besa la mano al hijo de Vito Corleone. Eso es todo. No hay necesidad de más.
Toda la trama de El Padrino III acaba en el mafioso muriendo en el jardín. Un final de una elegancia muy difícil de superar.
No puedo dejar de constatar que los que veneramos la memoria de Blade Runner I, en realidad, admiramos la impresión que nos produjo hace treinta años ese prodigio. Todo envejece.
Por la mañana, vi la mitad de Blade Runner I (durante el desayuno y el almuerzo) y por la tarde vi la segunda parte. Y no podía dejar de pensar en lo mucho que ha envejecido Harrison Ford. La mala segunda parte, para mí, se transformó de esa manera en una historia (real) acerca del paso del tiempo. ¿Tanta agua ha pasado ya debajo del puente?, me decía a mí mismo cada vez que aparecía Harrison. Y yo mismo me sentía un poco Nexus 6.

Tras ver Blade Runner II, compruebo que pocas películas son La Misión. 


Blade Runner 2049: no me convence

18.10.17 | 20:58. Archivado en Con clave


Iba a seguir hablando de mi viaje a Rusia, pero la actualidad manda: Blade Runner. Aviso, esta crítica no contiene ningún spoiler; ni siquiera alguno pequeño. Comencemos, me aburrieron casi tres horas de película llena de tantos momentos de relleno. Además, en esta película, los replicantes pasan a ser algo así como superhéroes que pueden atravesar paredes. Afortunadamente, no les salen rayos por los ojos. Todavía no. En la tercera parte, no descarto que estén dotados de superpoderes.
Lo que le falla a esta película es un detalle nimio: el guion. El guion y que las escenas, muchísimas, no me acaban de convencer en su verismo. Todo en esta cinta me ha parecido muy irreal. Y especialmente la oscuridad de las escenas. La poca luz de muchos planos de la primera parte la veía justificada y parecía natural. En muchos entornos de esta segunda parte, no tiene ninguna razón de ser. La mayoría de los diálogos tampoco tienen mucha luz que digamos.
Después, como el guion es pobre, se suple sembrándolo con abundantes luchas físicas. Cuando no hay mucho que decir, lo mejor es que los protagonistas ocupen el tiempo en interminables peleas de puños. A jugar por lo desagradables que son numerosas escenas de enfrentamientos a mort el director debe ser de los convencidos de que la letra con sangre entra.
El trailer mostraba a un nuevo sucesor del dr. Eldon Tyrell que parecía decir cosas profundas. Al final todo su mensaje es que hay que atrapar a los replicantes y matarlos. Sí, en definitiva, la segunda parte se resume en eso y sólo en eso: quedan replicantes sueltos hay que cazarlos. Pues vaya. Para este viaje no necesitábamos alforjas.


Rusia

17.10.17 | 22:24. Archivado en Con clave

Por fin he visto Rusia con mis ojos. Por fin he paseado por la Plaza Roja, ese lugar mítico de mi adolescencia. Jamás pensé, a esa edad, que llegaría a transitar por las calles de esa capital misteriosa casi Hitchockniana, el lugar de donde partía la oscuridad de una nueva Esparta.
Conociendo los datos macroeconómicos, me sorprendió ver tanta prosperidad en Moscú. Toda la Federación Rusa tiene un PIB igual al de España, sólo que ellos son 144 millones de habitantes. Y la realidad es peor, porque el 10% de la población posee toda la riqueza. Dejando el 13% para el 90% de los rusos. Por ejemplo, en España la clase media posee el 52% de la riqueza.
Pero con independencia de los gráficos, lo cierto es que en Rusia hacía frío. Menos mal que me traje mi grueso y pesado manteo de lana. Allí, a finales de septiembre, ya era invierno.
Moscú en mi imaginación tiene el aura de una ciudad de frontera, la ciudad del norte profundo, una metrópolis salvaje en medio de llanuras inacabables de bosques y nieve. Es como si un gran secreto siempre estuviera oculto en el subsuelo de la ciudad.
Las ciudades europeas siempre han estado interrelacionadas en la Historia, tienen un pasado común, estéticamente tienen elementos familiares. Moscú son ?los otros?, los lejanos, los de las tierras de los osos. En la Edad media, la empalizada de madera y tierra protegía a sus gentes de los animales salvajes.

Y allí estaba la iglesia de san Basilio, colorida, impresionante. Extraña en sus formas. Dos de nuestras acompañantes mexicanas eran la viva imagen del frío. Una con la boca tapada con la bufanda, con su gorro de lana, resistiendo la mordedura del aire. La guía y otros rusos ni notaban la temperatura. Por supuesto, casi todos los días nos esperaba un plato caliente de borsch, la típica sopa rusa de remolacha. Seguiré describiendo el viaje.


Hoy por la tarde pondré otro post, pero ahora os dejo algunas fotos de mi viaje.

17.10.17 | 07:58. Archivado en Con clave

A esta foto la titulo Selfie en avión.

Esta foto es delante de la fachada de la catedral ortodoxa de San Petersburgo. Efectivamente, no parece una iglesia ortodoxa. Y es que es tan fría por fuera como por dentro.

Esta foto la hice con unos iconos de esa catedral. Francamente, no tengo ni idea de qué me hizo pensar que ése era un buen lugar para hacer una foto. Ni idea.

Esta foto me la hice en Georgia. Tengo detrás una réplica del edículo del Santo Sepulcro. La capucha la llevo puesta porque hacía realmente frío. Georgia no es Acapulco.

Otra visión de ese mismo sepulcro. Los dos turistas seguro que son alemanes.

Ésta es la sede del patriarca de Georgia. No es la catedral, pero cada iglesia importante tiene una gran sede para él. Es de madera, como todas las de ese país.

Lo que tengo detrás es el Partenón de Atenas. Hacía sol, mucho sol, por eso llevo la birreta. Pondré más fotos esta noche. Ahora tengo que marchar a la capellanía.


Creo que hoy martes pasaba algo en Barcelona

15.10.17 | 23:44. Archivado en Con clave


Antes de enviaros a todos al infierno por seguir mis ideas jesuíticas, y, lo que es peor, por seguir las líneas de Amoris laetitia, me gustaría alegraros un poco la vida que os quede por aquí con estos dos chistes:
Un rabino, un sacerdote y un pastor entran en un bar. El barman los mira y exclama: ¿Qué es esto? ¿Un chiste?
Éste otro sólo se entiende en inglés:Un monaguillo pregunta acerca de los tristes sucesos en un convento. El párroco le contesta: Well, it's nun of your business.
Bueno, el segundo no ha sido muy bueno. Hasta yo lo reconozco. Una cosa más, agradezco a todos los comentaristas sus desvelos. Si su perseverante vigilancia, este blog ya se hubiera precipitado hacia los duros abismos del anglicanismo.


Amoris laetitia: reflexiones para aquellos a los que mi palabra les ofrezca alguna luz en la duda, en los dubia, en la oscuridad personal o de pareja

14.10.17 | 19:30. Archivado en Con clave

¿Es el Papa un traidor y un relativista por enseñar cosas como éstas?
Punto 308Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna. Pero creo sinceramente que Jesucristo quiere una Iglesia atenta al bien que el Espíritu derrama en medio de la fragilidad: una Madre que, al mismo tiempo que expresa claramente su enseñanza objetiva, «no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino».
Nota 364Quizás por escrúpulo, oculto detrás de un gran deseo de fidelidad a la verdad, algunos sacerdotes exigen a los penitentes un propósito de enmienda sin sombra alguna, con lo cual la misericordia se esfuma debajo de la búsqueda de una justicia supuestamente pura. Por ello, vale la pena recordar la enseñanza de san Juan Pablo II, quien afirmaba que la previsibilidad de una nueva caída «no prejuzga la autenticidad del propósito».
Evidentemente no. Y esos párrafos se cuentan entre los más polémicos de la exhortación.
Hay toda una enseñanza en la Biblia respecto al sábado y al hombre, respecto a la santidad de la Ley y los silencios de Dios respecto a ciertas transgresiones. En los autores morales más reconocidos de antes del Vaticano II, resuenan las palabras del Papa de forma anticipada.
Hay actos que son en sí mismos desordenados. Pero Dios está pidiendo, a través del Papa, un enfoque que no sea rígidamente inflexible respecto a casos que se acercan al sacerdote en busca de consejo.
Creo que debemos combatir el relativismo, pero no tanto que neguemos la enseñanza de Dios respecto al sábado y al hombre. Creo que la ley divina respecto al matrimonio es santa, pero considero que debe aplicarse bajo el espíritu de Amoris laetitia.
En el antiguo esquema universalista regido por moldes en exclusiva, moldes que se aplican de un modo automático y ciego, el hombre casado que se va con prostitutas cada semana (y así durante años), se confiesa y puede comulgar. El hombre que vive en amor y fidelidad a la misma mujer desde hace treinta años sin estar casado no puede comulgar.
El Papa nos pide una reflexión. No está diciendo que la pareja del segundo caso esté dentro de la ley. Pero pide a los confesores con la autoridad de Pedro que examinen el caso con toda la delicadeza que merece, no que apliquen un rodillo sin más.
La petición del Papa de ningún modo se reduce al tema de la comunión. Lo que se nos pide es un entendimiento más profundo de esta realidad multiforme descrita en la exhortación. Entendimiento que no se reduce al caso de los divorciados, sino que va más allá, que se aplica a muchas otras realidades.
¿Es eso una traición al Evangelio? A mí me parece que está en la línea de las enseñanzas de Jesús.
Los movimientos de ?corrección? al Papa (personales y colectivos) se han convertido en muchos casos en acciones que tenían mucho menos interés en dialogar con buen espíritu con el Romano Pontífice cuanto en hacer presión para que ?reconociera un error?. Lejos de constituir en un diálogo fecundo, no pocos de esos movimientos públicos han nacido como meras acciones propagandísticas. Los dubiade los cuatro cardenales son la mejor configuración de los puntos de fricción entre los dos enfoques de un mismo magisterio. Pero la buena síntesis que ofrecieron esos cardenales quedó empañada por su carácter público, las amenazas de correcciones formales y otras cosas.
Se podían haber presentado los dubia de otra manera, con otro espíritu. También los redactores podían darse cuenta de que no era tan difícil buscar la compatibilidad de los enfoques de un mismo magisterio. Buscar citas de colisión no era tan difícil.
¿De verdad que un asunto con ramificaciones personales tan trágicas puede buscar resolverse con un ramillete de citas? Prima ante todo buscar el espíritu del Evangelio, el espíritu de las enseñanzas de Jesús. Los moldes son santos, las leyes divinas son inalterables. De acuerdo. Pero ahora hagamos todo lo posible para hacer la vida lo más agradable posible a nuestros hermanos. Y sobre todo a hermanos situados en casilleros en los que no hay ninguna salida.
Puede parecer muy rudimentario lo que digo, pero todo este asunto se ha convertido en una lucha por el ?molde? y por el ?casillero?. Unos afirman que el molde santo es irrompible, no admite agujeros. Y otros afirman que no pueden salir de su casillero vital de amor y fidelidad.
Yo jamás diré al que está fuera del molde que está dentro de la ley. Si se está dentro, se está dentro. Si se está fuera, se está fuera. Yo, confesor, no puedo cambiar la ley de Dios. Pero en ocasiones concretas sí que puedo dejar a alguien en la buena fe. En determinados casos sí que puedo dejar que alguien afronte el juicio de su caso directamente con Dios.
Pongo un último ejemplo: Supongamos que una persona de oración, ortodoxa, realmente buena, me dice en el confesonario que el Vaticano II es una traición, que es obra de la masonería, etc, etc. Y por más que intento convencerla de que está equivocada, no lo logro. Puedo en su caso llegar a la conclusión de que más vale dejarle que viva sus últimos cuatro o cinco años de vida en paz y que ese asunto en concreto lo juzgue Dios en el más allá.
¿Vale esta decisión para todos los que nieguen la validez del Vaticano II? No. Pero en algún caso en concreto se le puede dejar en un error abrazado con todas las fuerzas de buena fe sin crear una turbación que sería para peor. ¿Es esto relativismo? No. ¿Exigiría yo a la SSPPX que aceptara el Vaticano II? Sin ninguna duda. ¿Y esa persona en concreto? No. ¿No hay contradicción entre ambas decisiones? No.

Conclusiones
¿Pueden comulgar los que están en pecado mortal? No.
¿Pueden comulgar los adúlteros? No.
¿Hay casos concretos que pueden asimilarse sin más a la fornicación y el adulterio? Con toda sinceridad, pienso que no.
¿Voy a decir que no hay ninguna transgresión en los casos que están fuera de la ley santa? No.
¿Puedo dejar en la buena fe a algunos casos determinados examinadas todas las circunstancias? Después de Amoris laetitia, la autoridad de Pedro me tranquiliza diciéndome que sí, que a veces eso es lo mejor.


Fe de erratas

14.10.17 | 07:03. Archivado en Con clave

Por error, sin ninguna voluntad por mi parte, puse dos veces un "no" donde tenía que haber un "sí" en el post anterior. Amoris laetitia y Veritatis Splendor son compatibles.

Lo curioso es que me di cuenta de mi error en la redacción al leerlo por segunda vez y lo corregí antes de publicar el post. ¿Por qué apareció la versión errada en el post? No tengo ni idea.

Al menos el post claramente iba en una línea que no encajaba con esa errata. Ya he corregido el texto.


Diálogo virtual con un buen sacerdote

13.10.17 | 22:52. Archivado en Con clave


Estimado don Leandro Bonnin:
Vaya por delante de que tengo la impresión de que es usted un sacerdote bueno y fiel a la Iglesia. Su defensa del magisterio es encomiable y estoy seguro de que la hace con la perfecta convicción de honrar al Señor de esa manera.
Ahora bien, ahora mismo hay un magisterio con dos perspectivas: la de Splendor Veritatisy la de Amoris laetitia. ¿Son esas dos perspectivas incompatibles en un solo magisterio? Desde el punto de vista meramente de la razón: sí. Otra cosa es que en el análisis pongamos el corazón, los sentimientos? Pero si se plantea dentro de la más estricta y fría razón, sí son incompatibles.
Yo mismo, durante muchos años, repetí fielmente lo que enseñaba el magisterio wojtiliano sin añadir ni quitar nada. Pero cuando apareció el Papa Francisco sentí que sus palabras ofrecían un nuevo enfoque a algo que había sentido en lo más íntimo de mi ser desde el principio de mi sagrada labor de guiar a las almas.
Cuando yo estaba en el seminario, mi formación moral bebió solamente de las fuentes del padre Royo Marín, Nolding y Prummer. También leí a san Alfonso María de Ligorio, y ya entonces me pareció muy duro y rígido. No olvidemos que san Alfonso a sus contemporáneos les parecía demasiado laxo. Ya él fue una evolución.
En el padre Royo Marín (al que admiró con todas mis fuerzas), encontramos casos que se engloban totalmente en la línea del Papa Francisco. Por citar sólo un ejemplo, habla del caso del confesor que en el momento de confesar a un moribundo conjetura razonablemente que el penitente no va a devolver una gran cantidad de dinero que robó y que quiere dejar a sus hijos. Mi admirado dominico afirma que en ese caso, si ve buena voluntad y arrepentimiento en todo lo demás, no mencione el tema o sólo lo saque a colación como consejo pero no como obligación. Como dice el padre Royo, no debemos hacer que el pecado material se convierta en formal.
En otro momento de su obra habla del hombre rudo que pone medios anticonceptivos para no tener descendencia. Si prevé que no se va a arrepentir y está en esa convicción de buena de fe, el padre Royo dice que no se le diga nada o que se le mencione a modo de consejo.
Podría seguir con más ejemplos. Los grandes moralistas ya pusieron mucho más que las primeras piedras en este camino sobre el que ahora el Papa quiere que se reflexione.
Volvamos al ejemplo que puse de la pareja de novios que llevan ya casi veinte años de fiel y amoroso noviazgo-marital porque su economía es de miseria y sin ninguna posibilidad de conseguir un hogar propio. Yo no he dicho que no estén incumpliendo la ley. Ahora bien, su situación puede encuadrarse por parte del confesor en la doctrina más tradicional de los grandes moralistas anteriores al Vaticano II.
No se trata de que siempre y sin excepción habrá que recordar la Ley. A veces, puede ser lo mejor no mencionar la Ley como si ésta fuera condición sine qua non para lograr el eterno amor divino. Esto es Amoris laetitia en mi modesta opinión.
No se trata de que siempre, absolutamente siempre, habrá que mencionar la Ley como condición para la salvación, aunque ello se haga con amor y caridad. No. San Pablo nos enseña como la misma ley puede ser piedra de caída. La misma ley puede provocar un rebote que aleje de Dios.
¿Estoy diciendo a esa pareja que no hay transgresión alguna en lo que hacen? No. Ciertamente hay una transgresión objetiva de la verdad sobrenatural acerca de esa acción. Pero Amoris laetitia nos lleva a considerar que habrá casos en los que un análisis ulterior debe sobreponerse al mero molde en el que se recoge la ley. Insisto, algunos casos. Amoris laetitia no significa que las barreras se levantan para que cada uno haga según su conciencia. Eso no lo dice el texto.
Pero, sin ninguna duda, afirmo que hay casos en los que una transgresión objetiva no se corresponderá con una culpabilidad subjetiva. La acción ciega del confesor puede hacer verdad el dicho de que el remedio (a veces) es peor que la enfermedad.
No es cierto que el Papa Francisco ha concedido que los adúlteros puedan comulgar. Eso no es cierto. El que afirma eso es un falsificador. El Papa ha pedido que en casos muy delicados examinemos los casos delicados uno por uno, pudiendo dejar en la ignorancia a algunas personas. Yo mismo estoy haciendo una simplificación, pues Amoris laetitia es más amplia y añade más matices y detalles. Pero lo que he dicho puede ser un buen resumen de la parte conflictiva.
El buen padre Leandro lleno de celo escribía:
El padre Fortea contradice directamente la enseñanza de la Iglesia. Si esos novios se unen carnalmente fuera del matrimonio, cometen fornicación: nada más que decir.
Le entiendo, padre. Yo mismo soy el primero en defender la verdad objetiva de la ley. Ahora bien, ¿los hijos de Adán cometieron incesto? Según su argumento, si esos hermanos se unen carnalmente cometen pecado de incesto: nada más que decir.
Podría alegar más casos (pero el post ya es muy largo) de pasajes bíblicos en los que ese nada más que decir sí que encuentra un Dios que nos enseña la santidad inalterable de la Ley, pero posteriormente la misma enseñanza que subyace en la exhortación del Papa.
Yo no digo que no haya actos intrínsecamente desordenados. Actos en los que las circunstancias eximentes no cambian su esencia. Pero le pido don Leandro que entienda que ni Kasper ni Schomborn son herejes al pedir un análisis eclesial más profundo que vaya más allá del mero análisis de si una acción se adecua o no a la ley.
Si logramos hacer ese análisis sin relativizar la ley, si lo logramos sin dejar de llamar pecado a lo que es pecado, podemos hacer un gran bien a muchas almas.


El regreso, después de un viaje, antes de otro

12.10.17 | 22:14. Archivado en Con clave


Hoy he llegado a España de mi largo viaje por Rusia, Georgia y Grecia. Ya he colocado mi ropa en los armarios y otra parte todavía la tengo que meter en la lavadora. Mi periplo os lo iré contando en los próximos días. Son muchas las cuestiones que me habéis planteado en mi blog, en mi correo y de otras maneras. Pero entre todas ellas, hay una que pienso abordar la primera de todas tras mi regreso: y es la corrección que el sacerdote don Leandro Bonnin me hizo cuando escribí mi post sobre los que firmaron la llamada ?corrección filial al Papa?.
Lo primero de todo, los autores de la corrección movieron los hilos en varias webs de noticias católicas de todo el mundo, para que se supiera que se preparaba una noticia muy importante para el próximo domingo. La cita puede no ser literal, porque la transcribo de memoria. A eso se añadió la contratación de un dominio web, la traducción a varios idiomas y los titulares más grandilocuentes acerca del asunto cuando la noticia salió a la luz.
Cuando leí los nombres de los firmantes, permítaseme decir que hacer un poquito de broma no ha sido de los peores pecados que he cometido en mi vida. Hasta con Galat fui mucho más duro. Pero no descalifiqué a ninguno de los firmantes. Ni siquiera al párroco de Hunkun-lu-lu. Ya venía enseñado del ?incidente Galat? y quería irme a la cama con la conciencia tranquila.
Mañana, don Leandro, iré al meollo del asunto, al contenido. Hoy ya estoy un poco adormilado por el viaje. Le enviaré los posts a su correo cuando estén. No me parece mal un intercambio de argumentos al respecto.
Sea dicho de paso, ya hice una exégesis del pasaje de la corrección de san Pablo a san Pedro:
http://blogdelpadrefortea.blogspot.com.es/2017/01/

Y defiendo (y pienso que con razones) que el texto leído con todos sus matices no afirma lo que muchos quieren hacerle decir. 
En la foto se me ve bajando del avión (bajando, aunque parece que subo) y se me ve con algo menos de peso; y con un extraño crecimiento capilar que todavía no me explico.


El color, la composición de la escena, el equilibrio de los elementos

11.10.17 | 15:43. Archivado en Con clave

Ahora mismo tengo tres libros en mente y uno en la bodega. Estoy revisando el caso de Marta, poco a poco, sin prisas. Son 600 páginas que fácilmente se pueden convertir en 700 cuando acabe la revisión. Los tamaños en mis libros Times New Roman 16, interlineación 1,5.

El otro libro que voy fabricando poco a poco es un libro sobre el infierno. Es pura teología, será breve, denso, sin citas, sólo reflexiones. Este libro lleva a acumulando material desde hace tiempo. Seguirán acumulándose las capas de nieve sobre él, capas de inspiración.
El tercer libro es la novela sobre el Apocalipsis. De este no he escrito ni una línea, pero es sobre el que más pienso. Es curioso, el estudio exegético debía haberse publicado a la para que la novela, como fundamento de la novela. Y, sin embargo, el estudio exegético ya ha sido publicado en papel por Paulinas en Colombia, y de la novela no he escrito ni una línea.
Mi cuarto libro es la novela sobre san Pablo, ya he acabado el primer viaje, 600 páginas. Tiempo es lo que me falta, no ganas. Pero este libro, a diferencia de todos los otros, sí que me requerirá una dedicación exclusiva durante varios meses, sin interrupciones, sin viajes. Y ahora no dispongo de ese oasis temporal.

Os he compartido mi agenda de trabajo. El primer libro que saldrá será el del caso de Marta. 


Ese momento en que Wolsey se toca el collar y le hace una pregunta

10.10.17 | 15:37. Archivado en Con clave

Ese momento en que el cardenal Wolsey le pregunta a Moro si él sería desearía ser canciller. Welles le da un aire insuperable: contenido, minimalista. Imposible decir más con menos. Y todo en un tono tan creíble.
Las impresionantemente bellas (como pocas veces las he visto) letras iniciales que puse hace unos cuantos posts, las saqué de este lugar. El cual te permite hojear el entero documento. ¡Bendito siglo XXI!
http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b52000996s/f603.image.r=Lettre.zoom
Cosas como ésta jamás las imaginó el autor de Blade Runner o de Espacio 2001.

Y esta obra cisterciense es de las que más me entusiasman: sencillez, esencialidad, magistral belleza de las figuras que contienen las letras iniciales o que las rodean o que salen de ellas.


Otra vez A man for all seasons

09.10.17 | 15:32. Archivado en Con clave

Os pongo un vídeo que resulta interesante sobre Un hombre para la eternidad. A pesar de haber visto tantas veces esa película, hay varios aspectos en los que no había reparado. Detalles que demuestran que la gran obra de arte que es:

https://www.youtube.com/watch?v=7mrR6tyvq30
Una cosa más: Hay que tener mucho cuidado en cómo responder a las cuestiones que plantea Amoris laetitia. Según como se responda, Moro hubiera muerto por nada. Podría decirse eso, aunque no sería exacto. Porque no olvidemos que Moro en la cuestión matrimonial siempre se sometió al juicio del Papa. Él fue condenado por no aceptar el Acta de Supremacía. Es decir, murió por el primado de Pedro.


Qué haría yo sin el 7º arte

08.10.17 | 15:29. Archivado en Con clave

Hace tiempo ya hablé acerca de este momento, de este inmenso momento, de la historia del cine: la desactivación de HAL 9000. Os pongo los links a ambos momentos en dos lenguas. No es necesario que veáis toda la escena. Basta sólo medio minuto. Lo interesante, en mi opinión, es que el actor español ofrece una voz mucho más interesante para un personaje que es sólo la voz.
La voz de Hal en inglés es más frágil, más tierna. https://www.youtube.com/watch?v=c8N72t7aScY
La voz de Hal en español tiene más profundidad. Invita mucho más a preguntarse cosas acerca de la psicología que hay detrás. La psicología tras la voz en inglés es más plana.https://www.youtube.com/watch?v=an8_D73m2rE
Algo parecido ocurre en La misión. La voz del cardenal y sus entonaciones son mejores en el doblaje español que en el original inglés. Sea dicho de paso, la formidable interpretación de Tomás Moro en el doblaje español de Un hombre para la eternidad se ha deteriorado y es imposible recuperarla.
He visto la escena del diálogo entre el cardenal Wolsey y Tomás Moro en Wolf Hall. Prácticamente es la misma escena que aparece en el comienzo de Un hombre para la eternidad. Pero la versión moderna no tiene ningún interés: cero. Es un ejemplo de cómo dos minutos de filmación en una obra antigua y con menos presupuesto puede ser una obra maestra, y la versión moderna ser totalmente anodina.
Aquí tenéis la versión de Wolf Hall:
https://www.youtube.com/watch?v=7oG1YX9F1Lg
Desgraciadamente, esa conversación ya ha sido sacada de youtube. La razón es la gran demanda que hay de esa película. Sólo os puedo ofrecer las escenas previas a esa conversación entre el cardenal y Moro:
https://www.youtube.com/watch?v=Jxu-aXi3D-o

Pero no nos olvidemos que esta obra no es una película, sino un verdadero milagro. Por eso sería injusto hacer comparaciones con el resto de películas de la Historia, que están a un nivel claramente inferior.


Wally

07.10.17 | 15:26. Archivado en Con clave


Hoy es un post cortito, porque os va a llevar un tiempo hacer la tarea que contiene si queréis hacerla. A ver si encontráis a Wally. Un pequeño problema, está en un escenario de 360º:
http://www.justpano.com/images/where-is-waldo-360-version


Qué belleza rodeando una letra

06.10.17 | 15:24. Archivado en Con clave

¿He criticado yo en mi post a alguien? Sí. He criticado y he hecho broma acerca de aquellos que previamente habían sido condenados por los obispos. Si los sucesores de los Apóstoles les habían ya condenado (de un modo otro), yo me unía a su juicio. En un caso, critiqué a una persona (sobre la que todavía no había un juicio episcopal) porque sus críticas contra la Iglesia en general y los obispos en particular eran continuas y abiertas y todos las habíamos escuchado.
También reconozco que he hecho algunos comentarios sobre Trump. Pero eso pertenece más al tono jocoso de este blog que a una crítica agria. A mí Trump me parece genial. O si no genial, al menos, único en su especie. Si me lo encontrara, os aseguro que le trataría con toda la cortesía con que siempre he tratado a los ediles, alcaldes y otras autoridades.

Si me encontrara con Pablo Iglesias, podéis estar seguros de que le trataría con todo respeto y amabilidad. Por eso la postura del cardenal Osoro con Carmena me parece prudente y adecuada. 


De aquellos que se pasan la vida corrigiendo a los pastores

05.10.17 | 15:23. Archivado en Con clave


Sigo con el post de ayer. En la Iglesia, hay unos maestros. No es maestro el que se autotitula ?maestro?, sino el que lo es. Serlo o no serlo depende de varios factores que no es el caso ahora analizarlo.
Hay una cierta confusión con el lícito derecho a la crítica constructiva y el ilícito acto de la crítica destructiva de la que habrá que dar cuentas.
Si con la palabra hago daño a un pastor, tendré que dar cuentas. Por supuesto que me dirán algunos que sin esa crítica no se hubiera sabido lo que estaba sucediendo con la pederastia. No es lo mismo criticar a un clérigo si es culpable de pederastia, de asesinato, de robar al vecino o de conducir en estado de embriaguez, que criticar su fe, criticar agriamente sus decisiones de gobierno eclesial, o criticar su modo de celebrar misa.

El que hace daño de obra o de palabra a quien sea tendrá que dar cuentas ante el Pastor de los pastores. El que juzga a su hermano, incluso con el pensamiento, tendrá que dar cuenta ante el Juez Supremo. Algunos están convencidos de estar purificando a la Iglesia y su labor se reduce a ir reduciendo el respeto de los fieles hacia sus pastores. Qué distintas ser verán las cosas en la otra vida. Desde luego, les aseguro que serán juzgados como ellos juzgaron. Y que el daño que produjeron recaerá sobre sus almas y no saldrán del purgatorio hasta que paguen la última moneda, hasta la más pequeña.


Qué figuras lineales que salen despedidas desde la letra inicial

04.10.17 | 15:18. Archivado en Con clave

Jesús lo explicó bien claro: la corrección fraterna debía hacerse al interesado y a solas. ¿Cuántos de los que critican a los pastores de la Iglesia les han dicho lo que pensaban obedeciendo este mandato de Cristo? La inmensa mayoría no.
?¿Y si no me escucha a mí que soy un laico profético, a mí que soy un laico que sé de estas cosas, a mí que sé muy bien cuál es la fe de mi Iglesia, entonces tengo derecho a criticarle públicamente??. La respuesta, sin ninguna duda, es no.
Si todo el mundo puede criticar a los pastores convencido de que se trata de un acto lícito y aún meritorio, el resultado es que todos los laicos que ?crean saber? criticarán públicamente a los encargados de dirigir a la grey.
Además, las críticas llegarán furibundas exigiendo que se vaya a un lado. Mientras otros fieles igual de furibundos les exigirán ir hacia el otro lado opuesto. A algunos quizá les parece que es un gran avance que la Iglesia se convierta en una jaula de grillos, con todo el mundo gritando, con todo el mundo exigiendo que se haga lo que cada vecino piensa sería muy bueno. Sin duda una situación así no es deseable.
La crítica eclesial debe hacerse según los cauces eclesiales. En el Ejército siempre se hace de esta manera. Un coronel puede llamar a su despacho a un sargento y decirle que hay cauces para expresar sus disconformidades, pero que un oficial no puede convertirse en un continuo foco de creación de mal ambiente. Lo mismo vale para una empresa. El empleado que destruya la unión y el buen clima entre los miembros de la plantilla deberá atenerse a las consecuencias. Siempre ha sido así y es natural.
¿Va a haber menos menos respeto, en la Iglesia que en el Ejército o una empresa? Deberíamos superarlos, pero no quedarnos por debajo. Hay unas virtudes humanas, una prudencia, que deberíamos superarlas por elevación en la familia eclesial, no al revés.

Ninguna sociedad, ningún grupo humano, se puede mantener cohesionado sin un respeto hacia los que dirigen, coordinan o supervisan; ni siquiera una sociedad filatélica. 


Qué S tan admirable

03.10.17 | 15:17. Archivado en Con clave

Otra cuestión que ha causado sorpresa en algunos católicos es esta cuestión que me preguntaba un lector:
A uno le enseñan en el catecismo que Cristo es el hijo único de Dios, y que nosotros nos hacemos hijos de Dios y hermanos en Cristo por el bautismo.
Si como el Papa afirma en el video, todos somos hijos de Dios, entonces cuál es el objeto del bautismo? No creo que el Papa haya querido significar esto; por ello, le ruego que nos aclare este punto. Ya sus aclaraciones sobre la recomendación papal de no hacer proselitismo me fueron de gran utilidad. Estoy seguro que sus aclaraciones sobre este punto también serán muy iluminadoras, no solo para mí sino para todos los que lean su blog.
Todos los seres racionales somos hijos de Dios. No somos una cosa, somos personas y procedemos de otro ser personal. Esa relación es como la de un padre y un hijo. Eso vale para los ángeles y los humanos.
Lo que sucede es que por el bautismo nos hacemos hijos también por la gracia. Por el acto de la creación del alma somos hijos por el ser que recibimos de Él. Por el bautismo somos hechos hijos de Él por la gracia. Es decir, somos hijos en cuanto a la naturaleza (en un momento) y por la sobrenaturaleza (en otro momento).

En un sentido, todos los hombres somos hijos de Dios y hermanos. En otro sentido, el de la gracia por el bautismo, pasamos a ser hermanos de una familia sobrenatural.


¡Qué B!

02.10.17 | 15:16. Archivado en Con clave


Como son muchos, realmente muchos, los que ya me han hecho esta pregunta, he decidido escribir algo en mi blog:
Quisiera pedirle el favor de que se refiera en su blog  al video del Papa "Todos somos hijos de Dios", pues entiende uno que él dice que todos adoramos al mismo Dios, y yo creo que la Santísima Trinidad es muy distinto a Buda, por mencionar el caso más extremo.
Asímismo, le enseñan a uno en el catecismo que Cristo es el hijo único de Dios, y que nosotros nos hacemos hijos de Dios y hermanos en Cristo por el bautismo.
Si como el Papa afirma en el video, todos somos hijos de Dios, entonces cuál es el objeto del bautismo? No creo que el Papa haya querido significar esto; por ello, le ruego que nos aclare este punto. Ya sus aclaraciones sobre la recomendación papal de no hacer proselitismo me fueron de gran utilidad. Estoy seguro que sus aclaraciones sobre este punto también serán muy iluminadoras, no solo para mí sino para todos los que lean su blog.
Estimado lector, con gusto atiendo su petición. Los cristianos (todos), los judíos y los musulmanes adoramos a un Ser del que afirmamos que es infinitamente bueno, todopoderoso y que retribuirá a las almas tras esta vida. Por eso, en esencia, adoramos al mismo Ser.
Hay diferencias en los detalles, pero en esencia es el mismo Ser. Cierto que a la esencia de Dios podemos añadir detalles en los que discrepamos. Lutero, sin duda, añadía pinceladas personales a la figura de Dios según su propia teología. Pero también lo hacían san Agustín o santo Tomas, san Francisco o san Felipe Nerí. Pero todos adoraban la misma figura. Incluso Torquemada adoraba al mismo Dios que la madre Teresa de Calcuta.

Si los detalles accidentales anularan la esencia, cada cristiano adoraría a un Dios único distinto. Seguiré mañana con la segunda cuestión.


Hace años decidí viajar desde mi casa

01.10.17 | 19:00. Archivado en Con clave


Sí, cada ciudad es un mundo. Hay que vivir en ella para entender esa gran verdad. La verdad de lo superficial de un viaje de un día a una ciudad. Hay más mundo del que podemos recorrer. Hace muchos años que yo sentí más placer en recorrer mundos literarios que el mundo real. 
Lo cual no es óbice para que varias veces al año salga fuera del castillo que es mi pisito de cien metros cuadrados. La vida es demasiado corta para un mundo tan grande: para el mundo físico y el literario. Pero no hay que ser ambiciosos.

Hay otro viaje, que es el que realmente importa, que es el viaje hacia el interior de Dios. Sólo tenemos una vida para recorrerlo. Es este viaje el que eclipsa todos los demás viajes que se me han pasado por la cabeza. Es el viaje supremo. Y es un recorrido que comienza en esta vida. 


Sábado, 16 de diciembre

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  • Padre Fortea Padre Fortea

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