Blog del Padre Fortea

Algunas añadiduras a mi artículo sobre el galero cardenalicio (segunda parte)

13.09.17 | 22:08. Archivado en Con clave

Hoy sigo con el asunto de los galeros cardenalicios que es el campo que más momentos dichosos me ha reportado en mi corta vida. Galat debería considerar el maltrato pontificio a esta insignia cardenalicia como causa suficiente para justificar un posible sedevacantismo, o por lo menos un cierto sedevacantismo de tipo reptiliano.
En fin, prosigo donde dejé el tema ayer. La heráldica eclesiástica duplicó el cordón para mantener la simetría con el escudo episcopal en el centro. En el siglo XV y XVI, algunos galeros comenzaron a imitar a la heráldica.
Pero esos galeros de doble cordón aparecen representados colgados en una pared o en lugares similares, como símbolo. No aparecen puestos en la cabeza. Llevar un galero con doble cordón planteaba notables problemas de equilibrio si se llevaba en la cabeza. Y si se llevaba en la espalda, cosa que no se hizo, ¿cómo se evitaba que las borlas no arrastrasen por el suelo?
Sin duda, a lo largo del siglo XV y XVI algún purpurado (como excepción) llevaría sobre la cabeza un galero con doble cordón, puesto que ya había galeros de esa manera. Pero el doble cordón (que es el que triunfaría) se impuso cuando ya no se llevaban los galeros, sólo se imponían. E incluso después del siglo XVI (cuando ya apenas se usaba el galero), hay representaciones de galeros con un solo cordón.
Por razon de la heráldica, incluso al final de la Edad Media, ya aparece la representación de algún cordón único que se divide (hacia el final del cordón) en dos cordones con ristras independientes de borlas.
El número de las borlas siempre fue una cuestión heráldica hasta el siglo XVI. Prueba de ello es que en el caso de que un galero aparezca colgado en una pared, el pintor lo muestra con los cordones de las borlas perfectamente extendidos (en patrón triangular) como en los escudos episcopales. Mientras que las representaciones no ideales muestran las borlas formando una melena compacta, sin posibilidad de distinguir más allá de algunas filas de borlas, como máximo tres filas.

En fin, por hoy dejo el fascinante tema de los galeros. Aunque os confieso que sólo hay un tema que me interesa más que éste, y es el de apasionante mundo de la leptinotarsa decemlineata.


Lunes, 18 de diciembre

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