Blog del Padre Fortea

Qué bonitos son los sábados. Desde niño, siempre me ha gustado mucho este día de la semana.

17.02.17 | 22:40. Archivado en Con clave


El caso teórico que ponía ayer puede parecer imposible, pero todo puede llegar a suceder. Me acuerdo, hace años, que vi un documental (creo que fue de dos horas de duración) sobre Lyndon B. Johnson. Lo que nadie pudo prever ni imaginar en su carrera era que un hombre del sur como él, alguien que nunca se había destacado por defender los derechos civiles de los ciudadanos de color, alguien al que siempre se le acusó de haber hecho trampas en las elecciones al principio de su carrera política, cuando alcanzó la presidencia del país, luchó denodadamente por esos derechos civiles. Lucho tanto como lo hiciera Kennedy. Lucho como el que más por ellos y con un conocimiento envidiable de Washington y la política. Y es que, a veces, un hombre, al final de su vida, puede tener arranques de virtud nada previsibles.
Aunque no tenga nada que ver, hoy me he quemado cuatro dedos de manera tan grave que he pensado incluso si debía ir a urgencias del hospital. Afortunadamente, Dios ha puesto a mi lado una persona (que no viene casi nunca a la misa) que había pasado por otro caso de quemadura severa y que conocía de manera perfecta todos los protocolos de actuación. He pasado veinte minutos con los dedos en agua tan fría que apenas la podía aguantar. Y después una hora entera con los dedos permanentemente sumergidos en agua con mucho hielo. Después, me he aplicado, una y otra vez, aloe vera cada vez que se secaba sobre la piel. El resultado ha sido óptimo.

Debo agradecer también la actuación de dos personas que han corrido a la farmacia. Y una de ellas a su casa (que estaba lejos) para conseguir el aloe. De verdad que estoy muy agradecido a estos ángeles que me han acompañado. Sin ellos, sobre todo sin José Manuel, las secuelas sobre la piel de esos dedos podían haber sido permanentes para toda la vida. Gracias, Señor, que me has librado.
Ah, la foto. Sí, la foto. La he puesto, porque su cara me recuerda a la del típico catequista resentido al que el nuevo párroco le comunica que sus servicios ya no seguirán siendo necesarios en la parroquia.


Viernes, 22 de febrero

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