Blog del Padre Fortea

El fanatismo dentro de casa

31.05.16 | 15:43. Archivado en Con clave

Desde la pregunta ¿a que Dios adoro? Si vamos descendiendo, pregunta a pregunta, podemos ir dando respuestas menos acertadas. Las respuestas menos acertadas, poco a poco, van dando lugar a verdaderos errores. Los pequeños erorres, al final, nos llevan a que los inquisidores cristianos recorran Europa.
Pero eso es el final del camino. Sin llegar al final, alguien metido en el campo eclesiástico, encontrará toda su vida, de vez en cuando, en colegas y a todos los niveles, esos resabios de fanatismo en cualquier recodo del camino. Aquí y allá te encuentras con trabajadores del Evangelio que  por el Evangelio están dispuestos a hacer no pocas cosas contra el espíritu del Evangelio.
Por supuesto que esto no es lo general. Pero compadezco al que se encuentre con un pedazo de materia oscura en medio del prado eclesial. Comprobará que la más pegajosa oscuridad, la que más sarpullidos le provocará a la víctima, no es la maldad pura ?de esa hay poca-, sino la mediocridad. Esa mediocridad mezclada con el bien es una combinación muy desagradable. Si fuera mal y sólo mal, sería más fácil identificarla y anularla. El problema es la proporción adecuada de mediocridad del sujeto y su convicción de estar haciendo lo correcto cuando justamente está haciendo daño a alguien. Si a eso le unimos una cierta cantidad de bien (virtudes, oraciones, fe), tenemos un espacio eclesial (personal o grupal) que tiene toda la probabilidad de pasar desapercibido, de mimetizarse con el ambiente.
Este post puede parecer muy abstracto, pero las historias que hay detrás de él son muy concretas. Al final, en la Iglesia, en la universidad, en una empresa, en el arte, en todas partes, las personas con fe resisten, porque saben que hay una justicia final. Es más fácil vencer a Hitler que al mediocre. El mediocre, como las pilistras, tiene una capacidad de resistencia sencillamente épica.

Post data: Gracias a la persona anónima que me ha provisto de los textos litúrgicos que pedí en un post precedente. Gracias de verdad.


Quién es Dios, quién es el demonio

30.05.16 | 22:48. Archivado en Con clave


Si respondemos bien a la pregunta quién es Dios, podremos enfocar acertadamente la respuesta a la pregunta quién es el Diablo. Aquél que crea en un Dios primitivo, cruel, iracundo, vengativo, tenderá a tener una visión igual de simplista respecto al demonio.
Muchos se rién de mí, considerándome el cura de los demonios con una sonrisita burlona. Se imaginan unos seres parecidos a los goblins o a los brownies escoceses o a los gremlins del folclore. Soy comprensivo con ellos, porque la edad me ha hecho comprensivo con los prejuicios de esos de mis congéneres, al fin y al cabo, unos pobres bípedos implumes.
Pero hemos de entender que mi reflexión acerca del demonio la hubiera podido hacer perfectamente un ateo. Una vez que comprendemos el concepto de Ser Absoluto, podemos preguntarnos las posibilidades de existencia de un ser cerrado absolutamente al Ser Infinito. Es una especie de matemáticas con conceptos.
No tengo constancia de que otro humano con sotana haya jugado tanto a este ajedrez celestial como yo. De la valoración de todas las jugadas posibles (el tablero es el ser) dan fe mis libros, escritos menores y conferencias. Lo cierto es que si respondemos correctamente a la pregunta de quién es Dios, a qué Dios estamos adorando, qué Dios es posible -sólo un Dios es posible-, entonces las posibilidades se acotan extraordinariamente.
En mis libros, he llegado a la conclusión de que del mismo modo que sólo un Ser Infinito es posible, del mismo modo la cerrazón al Bien Absoluto sigue unas reglas tan fijas como las matemáticas. Sólo es posible un tipo de ser condenado eternamente. Se multiplique este tipo por millones o no, y esos individuos se sumerjan más en el abismo del Mal o menos. Todo esto me parece formidable: la altura de las cumbres del Bien y la profundidad de los abismos del Mal.
Pero eso sí, si alguno persiste en su ateísmo, calificando destempladamente de trogloditas a los que crean que hay algo más que esas células y esas moléculas, les dejaremos en el sueño de su razón. Sin duda, Dios no será muy duro con ellos. Sólo hay que tener cuidado de que no se hagan daño a ellos mismos y a otros. La Historia demuestra lo dados que son al uso de la guillotina. El siglo XX ha sido prolijo en ese tipo de mentes científicas guillotinitas.


Catolicismo

29.05.16 | 23:39. Archivado en Con clave


Catolicismo. ¿Qué es el catolicismo? No voy a contestar esa pregunta. Pero lo primero que debemos preguntarnos es cuál es nuestra idea de Dios. ¿A qué Dios estamos adorando?
De cómo respondamos a esta pregunta, quedarán respondidas otras muchas. El judaísmo y el islam responden de una determinada manera cada uno de ellos, y de allí se sigue una teología diferente. Conozco sus respuestas y consecuencias, sus razonamientos intermedios. El ritualismo y exclusivismo de los judíos depende de esa pregunta inicial. La crueldad de los ayatolás pende de esa primera cuestión. Ambos dependen de esta cuestión: ¿a quién estoy adorando?
Uno de los elementos esenciales del catolicismo es su flexibilidad. Todo puede entrar en el catolicismo, a diferencia de otras formas del cristianismo. Todo puede ser integrado en él, salvo lo absolutamente inintegrable.
Un teólogo católico se puede preguntar cualquier cosa, se puede plantear con honestidad todos los argumentos a favor y en contra de cualquier punto sin ningún límite. Santo Tomás de Aquino es un inmejorable ejemplo de ello. No necesito decir nada de Agustín de Hipona en el siglo V. No es éste el momento de hablar de Von Balthasar o Rahner en el XX.
Transmitimos una fe, pero nos podemos plantear intelectualmente todos los argumentos en contra sin que la Divinidad nos castigue. Dios no castiga la posibilidad de pensar. El intelecto es libre en el catolicismo. Nosotros abrazamos al disidente, dialogamos con él. Amamos a la persona del disidente.
Decir eso significa inexorablemente que alguien nos eche en cara la Inquisición. El catolicismo reconoce sus errores. Reconocemos nuestros fallos y tratamos de no repetirlos. Nos está prohibido echar tierra sobre la materia oscura presente en nuestra arquitectura celestial.
Nuestra concepción de Dios nos ha llevado a construir una religión que es muy distinta de la de la mayoría de los pastores evangélicos o de la cerrazón a la modernidad de no pocos ancianos obispos ortodoxos.
¿Qué es el catolicismo? Sin ninguna duda, la evolución querida por un Dios comprensivo, benévolo, que ama hasta a los ateos, que ama a los disidentes teológicos, que no amenaza con la condenación eterna con la frecuencia de algunos de sus siervos, que no truena con la facilidad con la que lo hacen algunos de sus predicadores. Adoramos a un Ser que es el creador de una religión razonable, que abraza a los pecadores, que perdona más que sus clérigos. Creer en el catolicismo es creer en una religión que evoluciona dentro de unos pocos dogmas. Es creer en la lógica, en el orden, en una Humanidad que es afortunadamente pluriforme.

Antes he dicho que no iba a responder a la pregunta qué es el catolicismo. Creo que todo depende en esencia de responder a la pregunta de a qué Dios estamos adorando. Profundizando en esa cuestión del Ser Infinito y viendo el panorama humano de las religiones, se comprende por qué puedo decir con seguridad, con orgullo, con felicidad que soy católico. 


Consulta acerca de las comidas y los maleficios

28.05.16 | 22:59. Archivado en Con clave


Hace poco recibí la siguiente consulta.Apreciado Padre Fortea:
Mi nombre es X, soy sacerdote diocesano, con X años de ministerio. Soy de El Salvador, Centroamérica. estoy de párroco en un pueblo con una tradición indígena muy grande. Durante este tiempo se ha desarrollado una labor pastoral por parte de la Renovación Carismática. Se ha hecho mucho bien, aunque siempre hay mucho que hacer. En este pueblo, llamado X, abundan en muchas gentes  las creencias en maleficios y magia blanca, que mucha gente piensa es para curar enfermedades o males.
Me ha tocado iluminar con ayuda de sus ponencias estas realidades. Sin embargo, mi duda es sobre si el diablo o un maleficio puede entrar por las comidas. Ya que a veces cuando la gente realiza celebraciones, rezos o velaciones se acostumbra dar comidas y algunos lo que hacen es botar ese plato. Yo les digo que eso es un acto malo por la falta de cortesía. pero en realidad siempre tengo esa duda: ¿si el demonio o la influencia del mal podría entrar en una persona por la comida?  
Espero no incomodar con este mail, pero en mi diócesis no hay un exorcista o un hermano en el ministerio que tenga una respuesta a mi pregunta.
Que el Señor bendiga su Ministerio.

Estimado hermano:
Trataré de darte mi humilde opinión.
-El asunto se planteó en la comunidad de Corinto (véase I Cor 8 y 10) y mi pequeña explicación en Un Dios Misterioso (pg 52-54). La conclusión es que San Pablo enseña que se puede comer sin preocuparse:
Si un infiel os invita y vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de conciencia(I Cor 10, 27).
Y expresamente habla, justo antes, de la comida ofrecida a los ídolos que él dice que es comida ofrecida a los demonios.
-¿Significa esto que los maleficios no tienen efecto? Para que un maleficio tenga algún efecto, tiene que permitirlo Dios. Los servidores del Mal pueden hacer cien maleficios o mil. Ni uno tendrá efecto si Dios no lo permite para nuestra santificación.
-Yo creo que los maleficios ni siempre tienen efecto, ni nunca, sino sólo a veces. Cuando Dios quiere permitir un mal para nuestro bien.
-¿Cómo protegerse? Lo que protege es la cercanía a Dios, es decir, la vida espiritual: misa, rosario, lectura de la Sagrada Escritura, adoración al Santísimo Sacramento, etc.
-¿Son buenas las oraciones de protección contra el demonio? Es bueno y beneficioso orar a Dios, a la Virgen, a los ángeles y a los santos para que nos protejan contra los ataques de los demonios. Da lo mismo que la oración sea una fórmula hecha o una oración improvisada. Úsense las medallas que más devoción den. Pero una medalla basta. El número no aumenta la protección.
Si tienes alguna duda más sobre este punto, dímelo. Esta respuesta la publicaré en mi blog, porque es mucha la gente que está muy preocupada por este tema. Yo como de todo sin ningún temor: Dios es mi padre y me protege.
Otra cosa distinta es que alguien sin protección de Dios coma algo maléfico y Dios permita que le suceda un mal demoniaco para así forzar a que esa persona (tras un largo calvario) vaya a un exorcista y así cambie de vida y se acerque a la vida espiritual. Eso ha sucedido en el pasado, sí. Pero eso no debe provocar ya el miedo en toda la población.
Un cordial saludo.
Padre Fortea


Ayuda (litúrgica) de los lectores

27.05.16 | 23:26. Archivado en Con clave

Las peticiones que he hecho en este blog siempre me han dado un magnífico (e inesperado) resultado gracias a la amabilidad (nunca suficientemente encomiada) de los lectores. Hoy os quiero pedir si me podéis encontrar los cuatro cánones de la misa en un archivo Word, PDF o en página web.
La razón es que quiero hacer un libro para las grandes ocasiones donde sólo aparezcan los canones de la misa: en grandes páginas, con letras iniciales y algunas cosas más. Un libro que tenga un aire muy medieval, con muchos detalles.
Pensaba hacerlo todo a mano, pero voy a tardar  una eternidad. Si el texto lo tengo ya, tardaré muchísimo menos y el resultado va a ser muy digno al fin y al cabo.
He buscado ese texto por todas partes, pero no es tan fácil encontrarlo. Si además de los cuatro cánones, encontráis las variantes del canon V, mejor todavía. ¡Gracias! Basta que me pongáis el link en los comentarios de este post o que lo enviéis a fort939@gmail.com
La foto que he puesto hoy es de un folio de un misal de la época de San Pío V.
Me gustaría tener un misal cuyas anotaciones marginales fueran expresión de mi amor por el Santo Sacrificio. Un misal en que sus letras capitulares hablaran. Folios grandes que expresaran la grandeza del acto de dirigirse a Dios. Venga, a ver si me ayudáis un poco.


Un Vaticano frente a los vaticanos posibles

26.05.16 | 23:47. Archivado en Con clave


En los dos días pasados reflexionaba acerca de los vaticanos posibles. A alguno le parecerá que mi reflexión era más estética que teológica. Cuando era estudiante de teología mi pensamiento estaba centrado en los conceptos. Ahora comprendo mucho mejor la relación entre estética y teología es más profunda de lo que entonces imaginé. Normalmente, quizá siempre, la solución más estética es la teológicamente más correcta.
Los años me han vuelto más comprensivo con los heterodoxos. Aunque me atrevo a pensar que ahora amo más la ortodoxia que antes. Los años me han hecho más flexible, mucho más flexible. Pero mi amor por la verdad no ha disminuido. No me he vuelto relativista, no, tranquilos. Pero me parece que ahora comprendo mejor el querer de Dios respecto a nosotros. La frase de ser más papistas que el Papa, podríamos aplicarla a Dios. Algunos quieren ser más rectos que Dios.
No he escrito las anteriores líneas pensando ni en Amoris laetitia ni en ninguna cuestión moral. Lo he pensado en abstracto. Mi pensamiento tenía en mente más bien la teología en general.

Lo repito, no creo en el relativismo. El relativismo es, desde un punto de vista lógico, un camino imposible. En pasados post he puesto la foto de Rowan Williams por la sencilla razón de que le admiro. Es un hombre profundo, muy profundo, que ha buscado la verdad. Puedo diferir en algunas conclusiones a las que él ha llegado. Pero me siento muy cercano a su persona, a su mentalidad. 
Sea dicho de paso, la relación que ha existido entre ese arzobispo de Canterbury, el Patriarca de Constantinopla y Benedicto XVI es algo que no ha dejado de sorprenderme año tras año. Era una relación teológica casi idílica. Rowan ha renunciado, el Patriarca ya está muy anciano. ¿Cuántos años tendrán que pasar hasta que haya una sintonía tan perfecta, tan respetuosa?


Reflexiones sobre Neovaticano II: la Iglesia puede seguir muchos caminos

25.05.16 | 14:26. Archivado en Con clave


He releído mi post de ayer. Sus erratas ortográficas son la prueba de que, a veces, tengo poco tiempo y no puedo hacer ni una segunda lectura. En ese sentido, mis post sí que son verdaderamente pensamientos: espontáneos y no repasados.
 Pero volviendo al tema de ayer, en todo esto, veo una simetría muy notable con la biología. La cual crea ranitas pequeñas y encantadoras, aunque también colosales dinosaurios que son el asombro de hasta donde se puede llegar en el desarrollo de las leyes que rigen la anatomía. Dios ha creado la rosa y la secuoya, el faisán y el gorrión.
No tengo la menor duda de que la Iglesia no seguirá un camino único. También es curioso que una persona como yo, que llevo una vida nada encorsetada por el ritualismo, me complazca en crear ese tipo de construcciones inmateriales ceremoniales que tantas veces he expresado aquí.
Releyendo el post de ayer, puedo explicar más un punto. Yo no abogo por una Curia que va por libre, por una Curia autónoma, no. Pero la Curia no es un órgano al servicio del Santo Padre. La Curia está al servicio de la Iglesia bajo el gobierno del Santo Padre, que no es lo mismo.
Es decir, sin cambiar el estatus eclesiológico de la Curia, podemos tomar decisiones que le concedan una presencia más sustancial en la Iglesia (sin mandar más sin intervenir más), o hacer de ella un órgano casi invisible que apunta de forma casi exclusiva a la persona del Santo Padre.
Es decir, del mismo modo que no me gustaría una Iglesia centralizada, tampoco creo que lo ideal sea una curia vaticana centralizada. Honestamente, lo digo con sinceridad, no creo que ahora lo sea. Pero debemos profundizar más en una especie de eclesiología de la Santa Sede. Hay tenemos las excelentes declaraciones del Cardenal Müller cuando dijo con toda razón: No me eligieron para ser una copia servil del Papa.
Lo que he dicho en este post puede parecer innecesario. Pero de estar en ese puesto de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe una persona u otra, cambiaría la actuación ante cuestiones verdaderamente esenciales.
¿La curia vaticana que tenemos ahora es la única curia posible? La respuesta es no. Se pueden hacer más cosas que simplemente elegir a las personas. Aquí quiero recordar modestamente mi libro El león y las llaves o una novela mía con cuya escritura disfruté mucho: Torres góticas. No creo que haya tampoco muchos sacerdotes que le han dado tantas vueltas al tema de la líneas teológicas que pueden regir el desarrollo de la Santa Sede. 

Aunque, lo reconozco, yo en eclesiología tiendo subconscientemente un poco al medievalismo y a un cierto arqueologismo.


Reflexiones sobre Neovaticano: reimaginando la cabeza de la Iglesia

24.05.16 | 14:31. Archivado en Con clave


El post de ayer tuvo mucho éxito. Nunca volveré a dudar de vuestras aficiones funerarias. Vuestras perversiones de carácter pontificio, a veces, me preocupan. Aun así, me gustaría hacer algunas reflexiones posteriores. ¿Creo que la Iglesia en el futuro será ritualística, rígida y llena de formalidades? No.
Mi opinión es que la Iglesia será todo lo que pueda ser. Es decir, que desplegará todas las posibilidades de su ser, desde la sencillez más absoluta hasta la magnificencia más extrema, desde el mayor minimalismo posible dentro de la ortodoxia al barroquismo más desbordado pero todavía dentro del sentido común.
Y aunque creo esto, en mi obra Neovaticano exploro una posibilidad que no he leído en ningún otro autor. La posibilidad de diferenciar de forma clara algunos elementos eclesiales que ahora están mezclados, mezcla que les obliga a andar a la par y a mantenerse en un razonable término medio.
En mi libro quedaban diferenciados la persona del Santo Padre, la Curia Romana y el enclave del Celio. En Neovaticano la Curia no se agranda más en sus dimensiones ni atribuciones, pero sí que adquiere una presencia eclesial más clara, más sustancial. No manda más ni interviene más, pero queda más claro que la Curia no es una mera extensión del pontífice, es más como un órgano del cuerpo. Algo así como lo que ha dicho el cardenal Müller. Aunque no lo haya dicho tan claramente como yo sí que puedo decirlo.
Pero para acabar de hacer más interesante el panorama de lo posible, en mi obra la Curia está enclavada físicamente en el centro del Celio. Distinguiéndose completamente entre la Curia y el Celio.
De esta manera, proponía en Neovaticano una Curia que era un elemento estéticamente a medio camino entre el Papa (que puede optar por vivir del modo más sencillo posible en el Vaticano) y el Celio que por su naturaleza era el escenario planetario de grandes liturgias y un entorno propicio al desarrollo de rituales y protocolos.
Creo que la relación dinánica entre estos tres elementos sería apasionante. La persona del Papa que será lo que quiera ser con toda libertad: sencillo o barroco, ritual o espontáneo, tradicional o innovador. La Curia como organo de servicio a la Iglesia a través del seguimiento de las directrices de gobierno dadas por la persona del Santo Padre. Una Curisa cuyos miembros contarán con gran margen de libertad para seguir una línea estética u otra, una línea papal o una línea más célica. Y, finalmente, el Celio como entorno de la Curia y que tiene un encargo muy concreto dentro de la Iglesia, el encargo de formar un verdadero microcosmos cultual.
Estas diferencias estéticas pueden ser símbolo también de diferencias de aproximación a los problemas y cuestiones eclesiales. Por citar un ejemplo, la posibilidad de un Papa reformador, una curia más tradicional y un Celio totalmente conservador.

Neovaticano me pareció una obra de experimentación eclesial. La hipótesis de una compartimentación de la Cabeza de la Iglesia: la persona del Santo Padre, sus colaboradores que forman la Curia, y el escenario donde se desarrolla la actividad de esos dos primeros elementos. Escenario que en Neovaticano pasa a ser un elemento sustancial.
Este momento, pensando estas cosas tan importantes, es el momento perfecto para comerme una pizza mediana de pepperoni, aceitunas negras y pimiento morrón. Compruebo que el capítulo de Los Simpson es, lamentablemente, repetido. Muy repetido.


Protocolo a la muerte de un Papa

24.05.16 | 00:15. Archivado en Con clave

Tres días atrás, hice una pequeña añadidura a la más loca de mis obras, la más excesiva: Neovaticano. Era el protocolo, dividido en diez pasos, que se seguía en ese libro cuando moría un sumo pontífice en el Celio. Os participo esos diez pasos. Tomaos esta orgía ritualística con cierta indulgencia, a partir de los 45 años mis neuronas comenzaron a ejercer sus funciones de un modo progresivamente más caprichoso.
Levantamiento del acta: En cuanto el médico advierte que el Romano Pontífice ha fallecido, se llama a un protonotario apostólico para que levante acta oficial de la muerte. El protonotario con dos testigos le golpeará con un martillito la frente llamándole tres veces por su nombre de pila. Si no contesta a la tercera vez, se levantará acta en el mismo dormitorio.
Toque de las campanas: Sólo una vez que el acta esté firmada por los tres y sellada, el protonotario dará orden para que las campanas del basilicarión tañan con el toque fúnebre. Éste será el modo de anunciar al mundo la muerte del obispo de Roma. Todas las campanas del Celio se le irán uniendo paulatinamente. Desde ese momento, la Guardia Romana irá cambiando sus uniformes por los de luto.
Traslado de los símbolos: Dada la orden de tocar las campanas, el protonotario recoge tres objetos que siempre deben hallarse en el apartamento papal: el Anillo del Pescador, las Llaves Petrinas y los sellos pontificios. El protonotario, escoltado por treinta soldados de la Guardia Romana, se dirigirá al archivo del Claustro Central con esos objetos.
Primer responso: Mientras tanto, se reza el primer responso en el dormitorio papal. Responso solemne en el que participan unos quince clérigos, y cuyas ceremonias y plegarias está especificadas en todos sus detalles en un bello ritual de grandes páginas. Ese primer responso queda a cargo de los sacerdotes más íntimos y los que están presentes en el palacio en ese momento.
Despliegue de los pendones negros: Acabado el primer responso, mientras suena el tañido fúnebre de las campanas, el Prefecto de la Casa Pontificia da orden de que se cuelguen los largos pendones negros de las ventanas del palacio. Acto seguido se hará lo mismo en las ventanas del edificio de la Curia y en los dos grandes arcos de la fachada del Basilicarión.
Anuncio desde el balcón: Tras extender los pendones, el Prefecto de la Casa Pontificia saldrá al balcón de la Archibasílica a dar la noticia al mundo de viva voz. La plaza del Basilicarión se ideó para dar avisos al orbe, por eso se da la noticia desde allí, comenzando el anuncio con las palabras latinas: Vere Papa mortuus est.
Destrucción de los sellos: En una sala del edificio de la Curia, ante testigos, el protonotario levantará acta de la destrucción de los sellos. Sobre el acta se sellará por última vez con el sello de tinta y con el sello seco, para que el acta muestre en el futuro que eran los sellos auténticos. Acto seguido, a la vista de todos, se destruirán allí mismo con el martillo ritual que se emplea para llamar a la puerta del Basilicarión.Tras eso, en una cámara acorazada, se guardarán el anillo y las llaves petrinas. El anillo no se destruye, pues no sirve para sellar. El día previo al inicio del cónclave, tanto las llaves como el anillo se llevarán al Claustro Cardenalicio.Acabado el primer responso, saldrán todos. Se quedarán las personas encargadas de limpiar el cuerpo del difunto y revestirlo con amito, alba y cíngulo.
Segundo responso: Cuando esté revestido con esa vestidura que simboliza su bautismo, interrumpirán la vestición para que entre el segundo grupo de clérigos que rezará el segundo responso. De este segundo responso se encarga la comunidad de frailes benedictinos del Claustro Central. Tras ello le revestirán con el resto de ornamentos pontificales.
Tercer responso: Al acabar la vestición, entra el tercer grupo de frailes que reza el tercer responso. De este responso se encargan los frailes cistercienses del Claustro Central. Finalizadas esas oraciones, se traslada el cuerpo al vestíbulo del Palacio.
Sellado de los apartamentos papales: En ese momento se sacan los elementos médicos del dormitorio así como las sábanas. Y sin más dilación, un protonotario sella las dos entradas a los apartamentos papales. Las dependencias papales de los tres palacios apostólicos del Celio sólo tienen cada uno de ellos dos puertas de entrada a las dependencias papales. Esas puertas son cerradas con llave, después se corre una cinta por los pomos de bronce y sus extremos se sellan con un sello metálico. Las llaves las custodiará un protonotario hasta que haga entrega de ellas al Camarlengo.Acabados estos diez pasos, se considera finalizado el protocolo inmediato a la muerte de un pontífice y ya comienza el luto de los novemdiales.         Este protocolo tiene una particularidad, si el sumo pontífice muere entre las 00:00 y las 8:00, el anuncio del fallecimiento no tendrá lugar hasta las ocho de la mañana. La razón es que no tiene ningún sentido despertar a todos los habitantes del Celio con las campanas, ni tampoco privar del sueño a las numerosas personas necesarias para poner en marcha todo el protocolo explicado. Con el, así llamado, respeto del silencio de la noche se evita también que muchos periodistas tengan que estar haciendo guardia toda la noche para dar la noticia. Sin contar con que siempre hay personas en sus casas que sin duda irían retrasando un poco más el irse a la cama, por la curiosidad de esperar a ver si dan la noticia.
Para evitar todas estas cosas, si el Papa muere en ese intervalo de tiempo, los presentes rezarán un responso y se irán a dormir. A la mañana siguiente, el Prefecto de la Casa Pontificia avisará al protonotario apostólico para que levante acta de manera que el anuncio se pueda dar exactamente a las 8:00 en punto con el tañido de campanas. Ni siquiera hay razón para que el protonotario tenga que levantarse en mitad de la noche. No pasa nada por el hecho de que corran rumores por el Celio o el mundo antes de esa hora. Estos sólo se confirmarán o no a la hora determinada con el toque fúnebre de las campanas, seguido del despliegue de los pendones negros de las ventanas del Palacio.


Esos prejuicios posconciliares, cuando nos libraremos de ellos

22.05.16 | 23:06. Archivado en Con clave




Ayer hablaba de un modo jocoso de algo serio, los símbolos. Si me lee alguien del Vaticano, le pediría que reparara en un pequeño detalle: las fotos de las ceremonias papales en San Pedro del Vaticano nunca salen con el color, textura y definición con que aparecen las fotos, por ejemplo, de la ceremonia de apertura del parlamento británico.

Cualquier experto en fotografía podrá explicar la diferencia de calidad entre unas fotos y las otras. Desde hace años no deja de sorprenderme la dureza y frialdad de las fotos vaticanas, sin que vea que eso tenga visos de arreglarse. Sin contar con el carácter artístico de las fotos inglesas citadas como ejemplo no tiene nada que ver con el tono anodino de las fotos de las ceremonias papales.
Dejando aparte el tema de las fotos, después está el mismo uso de los símbolos. El uso de estos en el parlamento británico es magistral. En Roma, son muchos los fallos que he mencionado en este blog (y los que no he mencionado) que no resistirían una comparación.

Pero hay dos diferencias radicales entre la monarquía inglesa y los encargados de determinados asuntos pontificios. Una diferencia me la guardo en mi augusto pecho, la otra es que en Roma se tiene todavía la sensación de que como hay muchos pobres en el mundo, tampoco hay que pasarse en esto de la belleza, aunque eso suponga simplemente cambiar las texturas de las fotos.


Tarde feliz

21.05.16 | 21:16. Archivado en Con clave


Ah, que tarde tan agradable almorzando con una familia de amigos. La deliciosa tarta de calabacín con piñones recién sacada del horno, la tierna merluza con guarnición de almejas y la mejor tarta de manzana que he tomado en mi corta vida no son nada al lado de las placenteras horas que he pasado con ellos charlando y bromeando. Horas felices con su hija mediana de diez añitos (creo) sentada junto a mí en el sofá y reposando, de tanto en tanto, su cabecita sobre mi pecho mientras hablaba con sus padres. Sólo he echado de menos un gato ronroneante que acariciar mientras estábamos de sobremesa en ese sofá.
En un momento dado me han preguntado qué libro mío aconsejaría para una niña de esa edad: ¡Summa Daemoniaca!, he respondido sin dudar.
Como a mí no me gusta el vino, hasta han tenido el detalle de comprar una botella de Agua de Vichí que es el agua más rica de toda la península. Creo que como agradecimiento debería escribir alguna obrita corta para niños. No sé, una historia de cardenales o algo así. A los niños les encantan las personas vestidas con trajes raros. Los cardenales pueden servir.
Precisamente por eso he llevado mi sombrero, para que la niña jugara con él. A los infantes les gustan mucho los sombreros. A veces pienso que mi sombrero clerical lo he comprado más bien para solaz de los niños. Lo que les gusta.
Todos somos un poco niños. Por eso creo que el Papa Francisco se debería dejar de escrúpulos y ponerse todos los complementos papales. Como el Kent (de Barbie), todos los complementos. Debería hacerlo pensarlo en todos los niños del mundo que somos nosotros.
También es verdad que no le pega. Parecería puro teatro, un postizo. Hay personas a las que les pega una tiara y otras no. Como decía mi abuela: A fulano le pega eso como a un santo dos pistolas. No, ciertamente al Papa actual no le pega.

Post Data: ¿Se puede no querer a un cura con una cara tan tierna como el de la foto? Hasta Podemos se va a replantear su relación con la Iglesia tras ver la foto.


Heredarás el viento

20.05.16 | 21:37. Archivado en Con clave


Me alegro mucho, muchísimo, de que un juez haya permitido asistir al partido de mañana con la bandera independentista, la estelada. La Justicia no está para obligar a los demás a hacer lo que piensa la mayoría, sino para obligar a todos al imperio de la racionalidad. La Justicia sólo se debe a la razón, no al número de votos ni a la estadística ni a la defensa de los valores más ampliamente aceptados.
Estoy tan convencido de eso, que no tengo la menor duda de que nosotros los sacerdotes debemos ser los primeros en reconocer que gustosamente estamos sometidos a los tribunales. ¿Qué otra cosa podemos desear más que que se haga justicia, aunque sea condenándonos? Nadie está excluido de ello, ni los obispos ni los arzobispos ni los cardenales. El Papa sí porque vive en un país independiente. Así que a él, como excepción, desde un punto de vista meramente jurídico, sólo le juzgará una justicia que no es la de este mundo.
Pero el resto debemos enorgullecernos del sometimiento al Estado de Derecho. Y por eso sufro al ver cuando se hiere a la Justicia. Cosa que sucede en todos los países del mundo, en todas las épocas, porque la Justicia siempre ha estado y está amenazada.
El ciudadano medio de todas las naciones no suele amar la justicia de su país. Porque el ciudadano común piensa que los tribunales están ahí para darle la razón. Y si la propaganda les azuza sabiamente, si se les toca los resortes adecuados, a los ciudadanos lo que les gusta es la turbamulta, el linchamiento, ¡la mano dura!

El Pueblo ejerciendo como juez siempre ha sido una de las expresiones más deleznables del fascismo de izquierdas. Los dictadores siempre han estado encantados de esos tribunales populares. Nunca les han fallado. 
Sinceramente, me hubiera gustado ser juez. Nunca he deseado ser ni astronauta ni marino ni policía ni actor ni músico ni cantante ni buzo. Pero sí que hubiera disfrutado siendo juez. Sea dicho de paso, tengo una novela titulada El juicio que puede ser leída en Biblioteca Forteniana. Una novela muy bonita por cierto.


Qué bonito es cuando los curas nos reunimos todos juntos

19.05.16 | 23:44. Archivado en Con clave


Hoy hemos tenido una comida todos los sacerdotes de la diócesis por ser la fiesta de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. ¿Qué conclusión eclesiológica he sacado de este día? Pues la de que al clero nos persigue la tarta barata de bizcocho y nata vayamos al restaurante adonde vayamos. No importa en qué local de restauración nos refugiemos, allí nos estará esperando esa masa compacta de harina rellena de colesterol color blanco.
Pero ésa ha sido la única nube gris en medio del cielo azul primavera de este día. Primero de todo, celebro muchísimo el lugar donde nos hemos reunido: ha sido un acierto total. El clero se ha hecho lenguas de lo atinado de la elección. Son pocas las veces que nos reunimos para celebrar algo. Hacerlo donde lo hemos hecho, un lugar moderno y bonito, ha sido una magnífica elección llena de gusto. Un local sin lujos, pero agradabilísimo.
Además, nos hemos reunido bajo una carpa. La idea de tienda tenía para todos nosotros evidentes reminiscencias bíblicas. La comida, ¡otro acierto! Nada caro, nada que nos averguence ante nuestros feligreses. Pero sin ser caro el sitio ha suscitado la unánime aprobación de coadjutores y capellanes, de vicarios episcopales y canónigos, de los del Opus y de los del Camino. La dieta no era la del rey Baltasar: salmorejo de primero, y carne guisada de segundo. Todo presentado muy bien.
Ni un palabra puedo decir de lo que haya precedido a la comida, yo tenía guardia en el hospital. Pero al clero sencillo, noble, hecho a estrecheces, hoy, gracias a la comida, se le veía contento, se le veía reír y contar chistes. Desde este humilde post felicito a los que han tomado la decisión gastronómica. Pero el postre, ese postre, ¿qué hay que hacer desde este blog para que no vuelva a aparecer en el menú?
Hace cuatro días tomé un flan delicioso. No era un flan normal, era la Gioconda del mundo del flan. Otra posibilidad, humilde pero honrada, es el arroz con leche. Hasta preferiría una simple taza de chocolate marca Ram antes que esa tarta masónica de todos los años.


Tratar de ganar tiempo cuando el Destino ya viene a por ti

18.05.16 | 22:34. Archivado en Con clave

Hoy estamos en Venezuela. Este blog no podía no acompañar a todos esos millones de personas que están haciendo Historia. 
Debe ser una sensación muy intensa la de que las tablas del suelo se te están hundiendo bajo los pies. Que te mueves y mueves, pero todo se está viniendo abajo. Ese momento en que sabes que no hay ningún punto firme en el que te puedas apoyar, ninguno sobre el que te puedas mantener de pie.
Siempre puedo negociar, siempre puedo ceder en algo. Hasta que llega ese impresionante momento en que no hay nada que negociar, en que ya nadie pretende que cedas nada.
Esa hora del reloj en que ya no tienen demasiada importancia las órdenes que des, porque ya nadie obedece tus órdenes. Ese día en que te quedan pocos leales y esos pocos leales se han convertido en traidores. Vivir en un país en el que todos son traidores. Esa angustiosa sensación, nunca antes experimentada, de vivir en un país que se ha convertido en un gigantesco coto de caza con una sola presa.
Haber estado convencido de que siempre te quedan muchas puertas por las que escapar dignamente a otros lugares lejanos, y descubrir que esas puertas están cerradas por dentro. Todas las puertas de salida están cerradas porque vivo en un mundo de cobardes. Vivir en un mundo de cobardes sin poder salir de un país de traidores.
La experiencia de tantos bastiones inexpugnables caídos nos recuerda que las agonías de los regímenes nunca son largas. No importa las locuras que esté dispuesto a hacer un monstruo, no importa el baño que se quiera dar, la Historia señala lo fugaces que son los últimos momentos, como todo se precipita, como todo estaba más a la vuelta de la esquina de lo que parecía.
Siempre recordaré, hasta el menor de los detalles, a Ceausescu moviendo los dos brazos en su último discurso, tratando de hacer callar a la multitud. Sus gestos de impotencia, sus ojos que veían lo que jamás pensó que vería. Desde ese balcón fue directamente a un helicóptero. Pero ya era tarde. Después de tantos años era tarde. Pudo haber cambiado las cosas durante años, pero no en el último día.
Este tipo de gente siempre se refugia en un cuartel militar. Sin darse cuenta de que ya es demasiado tarde. 


Historia del galero cardenalicio

17.05.16 | 23:24. Archivado en Con clave


Durante años he tratado de resolver una duda cuya respuesta no encontraba en ningún libro: ¿en qué posición iban las borlas cuando los cardenales portaban el galero? Año tras año he mirado pintura tras pintura de todas las épocas para resolver esta cuestión: ¿las cinco filas de borlas iban colgando en la espalda o sobre el pecho?
En los últimos años la respuesta a esta pregunta me iba quedando clara. Pero los cuadros y grabados no acababan de darme una prueba definitiva, pues los que mostraban con claridad donde iban las borlas eran demasiado tardíos. Mientras que las tablas e iluminaciones más antiguas mostraban bien el galero, pero no las borlas.
Pero, por fin, tras ver la tabla del siglo XV, atribuida a Diego de la Cruz, titulada Virgen de la Misericordia con los Reyes Católicos y su familia ya todo está claro. Esa tabla es la prueba definitiva. Así que paso a dar las conclusiones.
Primero se llevó el galero sin borlas como símbolo del cardenalato. Pero un sombrero con ala tan amplia tiene el inconveniente de que el viento lo echa a volar con facilidad. Eso sucede con incómoda frecuencia incluso con el saturno clerical que es mucho menos ancho. A poco viento que haga, los sacerdotes llevaban y llevan el saturno sobre la cabeza pero ligeramente sujeto con una mano.
Así que pronto el galero llevó un cordón en la parte delantera. No un cordón ceñido a la barbilla, lo cual es incómodo. Sino un cordón que colgaba del pecho. Con eso el sombrero quedaba sujeto si había un golpe de viento y nunca caía al suelo. A menos que la dirección del viento fuera exactamente desde las espaldas hacia delante. Pero si se desviaba un poco de esta dirección, la barbilla detenía el cordón, y el sombrero caía de nuevo sobre las espaldas.
Con el paso del tiempo, el cordón se embelleció con una borla. Sin duda, al principio, fue sólo una y grande. Era una mera cuestión ornamental. Después se añadieron algunas borlas más, sin establecerse un número fijo. La razón de que tuviera más borlas el galero se debía a que, al ser un sombrero grande, era preferible llevar algo que hiciera de contrapeso al galero si éste se echaba a la espalda. Ya que, de lo contrario, el sombrero se iba hacia abajo y el cordón quedaba incómodamente pegado a la barbilla y haciendo presión sobre ésta.
Pero si el número de borlas superaba al peso del galero, entonces el galero quedaba pegado al cogote de un modo estético,  un modo tantas veces reflejado en las pinturas. Pero el numero de franjas de borlas nunca debió superar las tres filas. ¿Por qué? Pues porque más allá de tres filas, las borlas ya no son distinguibles formando una melena única por mero efecto de la gravedad.
Además, el problema no es que las filas ya no sean distinguibles, sino que, además, esa melena de borlas acaba siendo demasiado larga. Por muy pequeñas que sean las borlas, esa ristra llegaría hasta las rodillas. El resultado es incómodo y nada estético. Sin contar con que una melena así acaba arrastrándose a menudo, sea porque el cardenal se arrodilla, sea al poner y quitar el galero de su cabeza.
Por eso, mientras el galero fue una prenda usada, los cardenales o llevaban un cordón acabado en una única borla o tres filas con seis borlas en total.
Pero alguien tuvo la idea de establecer una correlación heráldica entre las franjas de borlas y el rango eclesiástico. El simbolismo era ingenioso y bello, tuvo universal aceptación.
La solución más equilibrada para crear ese símbolo heráldico fue la de colocar las borlas alrededor del escudo en dos ristras. No hubiera sido lo mismo colocar una sola ristra a un lado. El resultado hubiera sido desequilibrado estéticamente hablando.
En el siglo XV, cuando el origen de todo esto ya estaba muy olvidado, fue cuando comenzaron a aparecer galeros que llevaban dos ristras de borlas. La realidad imitó a la heráldica. Pero si observamos los cuadros del siglo XV y posteriores, queda probado que cuando un cardenal llevaba puesto un galero éste tenía sólo un cordón sin borla, o con una borla o con tres filas como máximo. Las tablas en las que aparecen galeros con las cinco filas, son tablas que muestran el galero colgado de una pared o en otro lugar que no es la cabeza del purpurado.
Y es que el galero con dos ristras de borlas era inmanejable. Sencillamente se trataba de un objeto carente de equilibrio. Además, si las borlas hubieran caído por la espalda, las ristras hubieran ido arrastrando por el suelo. Si se ponían sobre el pecho, su peso inclinaría el galero hacia delante. El asunto, se mire como se mire, no tiene solución.
El galero en el siglo XX se había convertido en un símbolo usado únicamente en la imposición de ésta insignia al neocardenal. Pero en esa época ya no se usaba fuera de esa ceremonia. De hecho, la parte del capelo en la que se metía la cabeza era tan pequeña que sólo estando completamente quieto se mantenía ese sombrero en su sitio.

Otro aspecto curioso de todo este asunto es que la vida imitó de nuevo a la heráldica, y algún obispo italiano usó su galero episcopal. Debió pensar: si aparece en los escudos es que alguna vez se usó. Cuando, en realidad, los obispos y los arzobispos nunca habían usado un sombrero tan amplio como el capelo. El cual por su forma era una insignia cardenalicia, con o sin borlas. 
Pero no sólo eso, sino que los contados obispos que se animaron a usar alguna vez galero lo usaron con dos ristras de borlas. Afortunadamente, esta imitación de la heráldica totalmente inaudita en la Historia no tuvo apenas seguidores.



He vuelto de Silos

16.05.16 | 22:09. Archivado en Con clave


He venido ayer de dar dos charlas en la abadía de Santo Domingo de Silos. Algunos leen El nombre de la rosa, a mi me toca, de tanto en tanto, recorrer esa novela en la realidad. Capítulos de edificios reales con monjes reales.
Una charla la di a los oblatos, la otra a los monjes de la comunidad. No es éste ni el lugar ni el momento de explicar que es un oblato.
Ha sido una estancia agradabilísima en medio de una comunidad de más de treinta monjes. Es curioso, en los rostros de algunos monjes se notaba de modo especial como brillaba la luz de la bondad y el recogimiento en Dios.  Una comunidad de almas moviéndose alrededor de un claustro que es una obra de arte perfecta. Un exponente de belleza tan admirable que me extraña que no haya sido derribada. Siempre hay algún progresista para el que el claustro se interpone entre él y sus sueños.
Pero si el claustro era una gran obra de arte, había algo más interesante que el claustro. Como le decía hoy a un amigo profesor de universidad: Lo más interesante de un monasterio es su comunidad. Cada comunidad de monjes es un microcosmos completamente único e irrepetible. 
También conocí a la gata de la comunidad. Encontrada por los montes cuando era una cachorra y recogida caritativamente. Ella se encarga, sobre todo, de patrullar la huerta.


Ayer repartimos cinco jamones en premios. Eso sí, en un universo paralelo.

15.05.16 | 12:23. Archivado en Con clave


La foto de hoy es para mi dentista. Siguiendo con el tema de ayer, lo que no me imaginé al escribir el artículo de La catedral de San Agustín era que, sin yo pretenderlo, ofrezco una bella visión de lo que eran las funciones de los diáconos en el siglo V.
Una de las razones por las que no me importó dedicar tanto tiempo a informarme de cómo era la vida eclesial del final del Imperio Romano, era que eso beneficiaba a la novela sobre San Pablo que sigo escribiendo. Reconozco que, al final, no ha sido tan útil. El siglo V está demasiado lejos de la generación apostólica.
Año tras año voy llenando huecos en mi deseo de saber cómo fueron esas primeras generaciones del cristianismo. Lo que ahora sé no tiene nada que ver con lo que sabía cuando tenía veinticinco años de edad. El único problema es que ahora veo con claridad que cuando por fin haya llenado sustancialmente los huecos más importantes, ya será el momento de morir. Cuántas veces ha pasado esto en la Historia. Por eso ahora valoro tanto la ciencia de los especialistas ancianos que han dedicado toda su vida a conocer algo. Y eso que en algunos ocurre una carrera en sentido inverso, una carrera con dos corredores: uno corre en el sentido de seguir aprendiendo, y otro corre en el sentido de ir olvidando.

Hay ancianos que llegan hasta el final con la vista de su intelecto claro. Otros, sin embargo, se hayan inmersos serenamente en esa doble carrera que siempre gana el segundo. También esto es una enseñanza acerca de la vanidad de las cosas, de la fugacidad de todo. Yo lo acepto. Es el orden de las cosas. Y en ese orden está Dios. La alternativa a la existencia de un orden divino es la selva, el caos como única regla, el azar como único timonel, el sufrimiento sin consuelo, sin esperanza.


Hoy hay un premio al que encuentre algo en la foto

14.05.16 | 12:18. Archivado en Con clave


La foto es de una concelebración en la catedral de Toledo. Hay un juego muy divertido que es encontrar a Wally. Podéis jugar a encontrarme en la foto. En un universo paralelo, regalo un jamón a cada uno que me encuentra. Lastima que yo no crea en universos paralelos. 
Hace más de un mes os dije que iba a escribir un post acerca de cómo era la catedral de San Agustín, el santo obispo del siglo V. Lo que en un primer momento no iba a pasar de tres o cuatro posts se ha transformado en un extenso artículo de 70 páginas que va a ser publicado en la Revista Augustiniana. Reconozco que llegó un momento que el interés que tenía por el asunto se transformó en fascinación: conocer la Iglesia en un lugar concreto y un momento determinado, ¡el norte de África en el siglo V!
Podéis descargaros como siempre el artículo en la Biblioteca Forteniana:
http://bibliotecaforteniana.blogspot.com

Debo insistir en que cualquier reclamación de un jamón como premio debe ser remitida a un universo paralelo.


Vicarius Christi

13.05.16 | 22:44. Archivado en Con clave


No sé si tengo algún lector en Burgos. Pero este domingo, Dios mediante, me daré un buen paseo por la ciudad. Si alguno quiere contactar conmigo, puede llamarme al 630 52 31 51.
Por lo demás, hoy he leído varios artículos más sobre Amoris laetitia. La moda de este mes de mayo, seas panadero o fontanero, es escribir un comentario a la exhortación papal. En semanas pasadas he leído articulos valiosos de tipo técnico de gran peso teológico. Que precisamente por su tecnicidad no han tenido ninguna difusión. Pero no me resulta de igual interés escuchar a una legión cristianos molientes dando un sermón al Papa. 
Cuando un gran teólogo escribe, los años de conocimiento de la ciencia teológica se notan. Cuando la formación de un bloguero se reduce al Pan de San Antonio, todo se queda en un sermón. Nunca me imaginé que hubiera tantos jonases recorriendo la Nínive vaticana. Si todos esos hornos de celo se dedicasen a la misión ad gentes, evangelizariamos todas las islas de la Polinesia en un mes.
Pero no. Estos son misioneros de cardenales y curas, reconvertidos este mes a una nueva faceta de predicadores papales. Ahora el mundo que hay evangelizar es el Santo Padre. Menos mal que no leen con el mismo criterio el Evangelio, sino las consecuencias serían torquemadianas.
A ver, capullitos de alelí, cada vez que hay una frase que admite dos interpretaciones, ¿qué interpretación pensáis que le ha querido dar el Papa: la católica o la menonito-luterana? Espero que no hagáis lo mismo al leer a San Pablo.

Recordad que somos una familia, que tenemos que estar unidos, que el malrrollismo está condenado desde el Levítico a la Carta a Filemón.


¿De qué sirven vuestra ortodoxia y vuestros ritos si vuestro corazón respira agresividad?

12.05.16 | 14:11. Archivado en Con clave

Cuando hace dos días escribí mi post acerca de ciertas declaraciones acerca del Camino Neocatecumenal, un comentarista (contrario a mi post) me dijo: Padre Fortea, trátese de elevarse más allá de lo eclesiásticamente correcto.
No, querido AC, no. El camino siempre es la Iglesia. No juzguéis y no seréis juzgados. Yo mismo, no pocas veces, he sido juzgado públicamente por comentaristas, por algún blog y hasta por algún sacerdote. Afortunadamente, mi vida no será juzgada por un comentarista de blogs, tampoco por ningún sacerdote.
Ay de mí si juzgara al más sencillo y humilde de los laicos. Incluso aunque lo hiciera dentro de las paredes de mi corazón sin que nada saliera por mi boca. Mucho peor si vierto sobre su persona juicios públicamente. Tendría que dar cuentas de ello algún día.
Yo no me preocupo de los que se erigen en jueces míos, tengo quien me defienda. 


Esos cristianos enfadados

11.05.16 | 14:20. Archivado en Con clave


Hoy es un post pensado sobre todo para los párrocos que me puedan estar leyendo. Siempre me ha parecido mal el caso de los sacerdotes que, al acabar la misa dominical insisten una y otra vez con cajas destempladas en que no se puede hablar en el templo. Esta lucha está perdida desde el principio. Cualquier éxito en esta materia no durará más allá de unas pocas semanas, y eso tras mucho insistir.
Es cierto que el templo debe ser un lugar de silencio y recogimiento en el que resuena el sonido de la liturgia de las oraciones. ¿Pero sólo debe resonar eso? En mi opinión, no.
Es totalmente humano que, tras una misa dominical, los familiares se abracen, se besen, que los vecinos y amigos se saluden. Querer exigirles que salgan en perfecto silencio, unos al lado de otros, hasta la puerta es desconocer la naturaleza humana. Los cristianos se han saludado con naturalidad en las pequeñas iglesias de pueblo y en las catedrales, en la Edad Media, en el siglo XVIII y en todas las épocas.
Este aspecto social, familiar y humano debe ser aceptado por el pastor como una necesidad psicológica. No debe ser solamente permitido, sino aceptado como algo lógico tras una hora de silencio y oración.
La iglesia es lugar de adoración, pero también un lugar donde la comunidad se saluda y salen juntos afuera. Esto no es una corrupción, sino algo que se ha hecho desde los primeros tiempos. Dejar que se saluden, que se abracen, que pregunten por éste familiar o el otro, que la abuela haga arrumacos al niego, es seguir haciendo algo que proviene desde la época de los primerísimos cristianos.
Cierto que el sentido común indicará al párroco cuando ya va siendo el momento de ir sugiriendo con amabilidad que sería mejor continuar la conversación fuera. Pero, en general, sobre este punto hay que tener manga ancha. No se han visto durante toda la semana y ahora tienen ganas de saludarse. Insisto, eso no supone ningún desprecio del lugar santo.
El interior de la iglesia, desde siempre, ha sido el lugar donde se han dado las catequesis, donde el coro ha ensayado, donde el párroco ha enseñado a los visitantes las bellezas de ese templo.
Hace muchos años, en mi segunda parroquia, me acuerdo de una gran colaboradora que no me decía nada, ni una palabra, hasta salir fuera de la iglesia. Me di cuenta de que lo hacía por amor a Dios y respeté su idea sin decirle nunca nada en contra. Pero resultaba algo bastante artificial.
¿Hay alguien que vea innatural que el párroco y los fieles vayan comentando cosas mientras van saliendo de la iglesia? Lo natural es siempre lo mejor. Cuanto hagamos las cosas con la mayor naturalidad mucho mejor. Dios no suele estar en lo raro y artificioso.
Por otra parte, la experiencia de los sacerdotes es que la gente que viene a misa en los días de diario sí que suele guardar silencio antes y después de la misa sin necesidad de hacer la más mínima advertencia. Sobre esto no digo nada, porque es así en todas las parroquias. Las personas que vienen todos los días a misa, llegan antes para esperar en oración la misa y se quedan haciendo la acción de gracias. Incluso los que no vienen nunca a misa, se sienten sorprendidos por ese ambiente de oración y lo respetan.
Lo que sí que hay que cuidar los domingos es que la gente guarde silencio antes de la misa. Normalmente eso es así en todas partes con pocas, poquísimas, excepciones. Si no fuera así, aquello parecería un teatro. Pero esto no suele provocar problemas, el sentido común ya indica lo que se debe hacer.
Pero si alguna señora sorda está dale que te pego hablando con la vecina en una iglesia en silencio antes de la misa, nunca el sacerdote debe acercarse y regañarle: ¡¿es que no sabe que está en la iglesia?! No, esto sólo provoca acritud en el reprendido. No olvidará el episodio nunca, ni en veinte años. Lo que se debe hacer es indicarle con cierta sorna que todos nos hemos enterado de que a su hermana le han quitado un juanete del pie.
Si se le dice esto con una sonrisa, con afecto, la persona se limitará a preguntar: ¿lo ha oído? Y no se lo tomará a mal. Y dejará de hablar totalmente, de forma espontánea, sin haberla regañado. Es más, cuando esto me ha tocado hacerlo, hago el comentario sobre el juanete del familiar o la venta de un automóvil viejo de modo que me oyen los de los bancos de alrededor o toda la iglesia si es pequeña. De esta manera es como si hubiera dado una enseñanza para todos, pero una enseñanza agradable, no áspera. La gente no es tonta y capta el mensaje. Para qué decir las cosas amargamente, cuando logras el mismo resultado con bondad.
El resultado es que en mis tres iglesias este asunto nunca me ha dado ningún problema, manteniéndose un silencio que a mí mismo me sorprendía estando tan lleno el templo. Lo digo completamente en serio, andando por el pasillo central hacia la sacristía, varias veces me he sorprendido de cómo podía haber tanto silencio con el templo tan lleno.
De donde se comprueba, una vez más que el párroco debe conseguir las cosas con miel, no con hiel. Pasadles este post a algunos párrocos si veis que se sienten obligados por respeto a Dios a reñir a algunas ovejas de su rebaño. Ellos lo hacen con buena intención, pero es un error.

Y sirva este post para tantas cosas de la Iglesia universal. A muchos, les parece que la Iglesia no hace nada en muchos asuntos que requerirían un puñetazo sobre la mesa. Hay gente muy dada a arreglarlo todo con un grito y con un golpe sobre algo o alguien. Y siempre sacan a colación el pasaje de Jesús con el látigo. Ante esto, el párroco viejo suele sonreír benévolamente y ser comprensivo con este celo, con esta abundancia de celo.


Declaraciones de mons. Schneider sobre el Camino Neocatecumenal: desde luego nunca llueve a gusto de todos

10.05.16 | 13:30. Archivado en Con clave


Ayer leí las declaraciones de monseñor Schneider contra el Camino Neocatecumenal. Unas declaraciones llamativas en las que los llega a calificar de caballo de Troya en la Iglesia así como dice de ellos otras cosas bastante lamentables. Mi primer movimiento fue no decir ni una palabra sobre el tema y que nadie se enterara de algo tan triste como es que un obispo ataque con la palabra a una parte de la Iglesia.
Pero después me di cuenta de que podemos aprender algo importante con ocasión de este hecho: no debemos responder con la misma moneda, no debemos devolver golpe por golpe. A ese obispo hay que quererle, respetarle y dejar que la Santa Madre Iglesia haga lo que tenga que hacer. 

Yo no deseo ninguna humillación ni ningún castigo para ese obispo, pero el Padre de los obispos, ciertamente, va a tener que hablar con él, amorosamente, como padre, porque algo pasa en su alma.
Pero debemos meditar sobre las palabras de ese obispo. Qué diferencia entre sus declaraciones y el tono amoroso de Juan Pablo II en el vídeo de ayer, cuando dice: No tengáis miedo. La dulzura de Dios, el acogimiento, la ternura, frente a otros discursos que no son los de las bondadosas palabras del Evangelio.
Yo sé muy bien cómo van a reaccionar las personas del Camino Neocatecumenal: con amor. Estoy seguro de que en sus comunidades no se permitirá criticar a la persona de ese obispo.
Resulta triste cuando uno trata de atacar para defender. Cuando uno piensa que la Iglesia no se da cuenta de algo y es uno mismo el que va a tener que arremangarse y hacer de salvador de la Iglesia. El yo, siempre el yo. Para algunas almas llega un momento, el final de un largo camino personal, en que uno ya no se siente un siervo indigno sino un héroe de la ortodoxia. Deja uno de ser un niño ante su Madre, para considerarse un sabio. Si alguno afirma saber algo todavía no tiene el conocimiento necesario(1 Cor 8, 2).


Una medusa gigantesca

09.05.16 | 15:55. Archivado en Con clave


Los comentarios que escribís a mis post los leo. Por ejemplo, dejo constancia de que, a partir de ahora, me queda claro que Borges es porteño, no bonaerense. Os leo, aunque, a veces sólo tengo tiempo para subir una pequeña parte de ellos. Pero a mi post sobre los yogures caídos en el supermercado hubo tres comentarios que merecen ser subidos al post:
Anónimo, 8:49 pmPobre padre.Con lo bueno que es.Manchas blancas como su alma.Dios le bendiga.
Anónimo, 10:29 pmMe quedo con lo tierno de la imagen, las dos chicas de la caja intentando limpiar al padre.
Creo que el Señor quiso regalarle ese gesto de ternura.
Y un comentario de una tal Estuarda Visita de Benito:Me temo que su atávico machismo no ha hecho sino atraer y crear una icónica imagen muy impregnada en el subconsciente de todos los machistas: las pobrecitas limpiando el pringue del señorito. Si llego a presenciar la escena, les suelto: pero niñas, que se quite el solito las manchas, que no es manco. Esta escena es icónica, Fortea, muy icónica.
El tono es muy parecido al de mi madre al de la intimidad. Pensaría que es ella, sino fuera porque ella nunca ha entrado en ninguna web de Internet. Incluso su teléfono móvil sigue siendo una tierra inexplorada de la que sólo sabe pulsar el botón para comenzar una conversación y cortarla.Cambiando de tema, os pongo esta bonita canción del link de abajo. Pero lo más bonito es el tono de voz de Juan Pablo II de las primera palabras que aparecen en el vídeo:
https://www.youtube.com/watch?v=K3jD3EWiRdg
No creo exagerar al afirmar que es uno de los tonos de voz más bellos que he escuchado nunca. Un último consejo: Si la señora que va delante de vosotros en la caja del supermercado, apila yogures sobre la cinta, unos encima de otros, ¡alejaos! Yo, instintivamente, en cualquier situación de la vida, ya doy un par de pasos hacia atrás en cuanto veo a una mujer con yogures naturales en sus manos.


No fue el azar el que hizo que casualidad y causalidad sean tan palabras tan parecidas

08.05.16 | 14:01. Archivado en Con clave


Hoy he recibido un agudo comentario de un profesor de universidad amigo mío al post de ayer:
Siguiendo con tus exquisitos pensamientos borgianos (no del papa Alejandro VI, no, sino del escritor) e interpretándolos a contrario: en la medida en que se basa en un culto al azar, la ludopatía es quizás la forma más sofisticada de ateísmo.  Ergo, el reverso exacto de una iglesia no es un conciliábulo satánico, sino un bingo. 
Clarifiquemos las cosas. Primero, mis méritos alejandroséxticos son mucho más admirables que mis pequeños esfuerzos por seguir literariamente a ese asceta bonaerense.
Pero sí que estoy totalmente de acuerdo en que toda rebelión contra un Ser Infinito se basa en el concepto de azar. Nunca lo había pensado, nunca lo había oído, pero tienes razón.
Cualquier victoria parcial frente al Orden se basa en la esperanza en un resquicio en la sucesión de causas. De lo contrario, no se buscaría un espacio de auto-nomía allí donde ni hay resquicio ni lo puede haber.
Azar es la ausencia de causa. Eso no significa que cada elemento individual no posea su causa. Pero el azar se basa en la consideración de que el conjunto de elementos han iniciado un obrar carente de causa y, por tanto, de finalidad. Azar se puede definir como:
Combinación de circunstancias que no se pueden prever ni evitar.
Desde el momento que tienes infinito poder, cuando te retiras de algo, te retiras porque quieres, luego ya hay un acto de voluntad. Y te retiras de lo que sabes que va a suceder. Si encima el poder infinito va  unido a una bondad infinita, no es posible un absentismo divino: existen los mosquitos porque Dios ha sido lo ha querido/permitido, existe sobre el mundo un número finito de mosquitos (ni uno más ni uno menos de los que Él determina), este mosquito está aquí porque así se le ha permitido/querido.
Eso implica, ya lo expliqué en otro post (el de la mariposa y el emperador) que una picadura de mosquito puede cambiar el destino de un imperio haciéndolo mucho más grande o permitiendo que sea destruido por tribus vecinas.
La conclusión cae por su propio peso: no hay que despreciar a los mosquitos. Pero me gusta mucho más pensar en otros escenarios como el que un futuro imperio centroasiático puede resurgir porque un autor colocó (tal vez sin querer) una A más en una palabra, o que puede caer porque hoy amaneció con sol, o porque el número de rayas de una cebra en concreto era par. Hay sucesiones de causas en las que estas cosas podrían ocurrir. Aunque no las conozcamos, muchas han ocurrido. 
No me costaría más de cinco minutos pergeñar las líneas fundamentales para que una cebra en un determinado momento sea causa de lo dicho; o, en realidad, en el que la mira. Y eso sin caer en el lugar común, casi vulgar, de volver a repetir que una sola célula que no se malignizó (en el cuerpo de un niño de cinco años) fue la causa del III Reich. 


Moviéndome en medio de la causalidad

07.05.16 | 17:56. Archivado en Con clave


Ayer hablé de una sucesión de acontecimientos. Había otras sucesiones posibles de causas: en una podía perder una mano, en otra acababa (unos años después) como copríncipe de Andorra, en otra podía acabar decapitado, en otra soy encumbrado a las alturas curiales de una diócesis de Nigeria para caer de un modo miserable unos años después, en otra perdía un ojo, en otra me llevaba un perro a casa. 

Recuerdo una vez en Bogotá, estuve a punto de perder mi ojo derecho al cerrar la puerta de un coche. No caí en la cuenta de que la puerta, aquella extraña puerta, no acababa recta, sino que tenía una pronunciada curva hacia afuera. Seguro que no fui el primero en comprobar que esa puerta no tenía un diseño normal y que acababa en una peligrosa punta acerada. El resultado fue que tuvimos que ir corriendo al hospital con la cara totalmente ensangrentada y tuve que recibir varios puntos. Cuatro centímetros fueron la diferencia entre seguir viviendo con dos ojos o uno.

Por eso, no es ninguna broma, sobre nosotros penden millares y decenas de millares de sucesiones de causas y efectos cuyo resultado puede ser la muerte hoy mismo, dentro de dos horas, de un modo habitual (tráfico) o de un modo que era difícil de prever (una mala caída hacia atrás por un resbalón).

Como explicaba ayer, cayeron en la caja del supermercado sobre mi pantalón varios yogures. Pero podía haber caído la muerte sobre mí. ¿Por qué una sucesion de causas frente a otra? Si creemos en Dios, hubo una expresa elección. Sucedió eso (los yogures) porque no podía haber sucedido otra cosa.

Si creemos que existe Dios, puede haber millones de papeletas en el bombo, pero nuestra mano siempre saca el número determinado por más que revolvamos el contenido del bombo. Incluso el número de papeletas es indiferente: siempre sale el número decidido por el que controla todos los programas del supuesto azar. Si lo pensamos, en realidad, el número de papeletas siempre es infinito. 

Resulta llamativo, pero sale el número determinado aunque no metas la mano en el bombo. Si existe un Ser Infinito, una de las varias cosas imposibles es el azar. El bombo, en ese sentido, siempre está amañado por el amor, la justicia, la paciencia o la venganza divina. Por eso, ayer fueron yogures y sólo yogures, naturales.


Causalidad

06.05.16 | 15:00. Archivado en Con clave


Ayer se cayó un paquete de yogures naturales de la cinta de la caja del supermercado. Los yogures cayeron cuando la cajera pulsó el botón para que las mercancías avanzaran en la cinta. La culpa fue de la clienta, de mediana edad, que no tenía ni grandes conocimientos de arquitectura ni un cierto sentido común para saber qué cantidad de cajas se pueden apilar.
Desgraciadamente los yogures cayeron de una forma muy concreta que provocó que se abrieran. Normalmente no se abren. Se abollan, pero no se abren. Pero esta vez, sí. Yo, en ese justo momento, estaba agachado desenganchando una cesta para la compra que estaba dentro de otra. Los yogures me salpicaron toda la pernera del pantalón llegando las manchas blancas hasta la camisa.
 El yogur era natural. Las manchas blancas sobre mi clergyman negro no dejaban de tener una cierta belleza por el contraste. Por más que me dieron primero papel para limpiarme y después toallitas húmedas, seguí quedando sucio. No sólo estaba manchado, sino que, además, me sentía sucio.

Yo que había sido testigo de la escena, encima no podía encontrar a nadie a quien culpar. Sólo me cabía culpar al azar o a una conjunción premeditada de causalidades basada en la existencia de un Motor Inmóvil. Desde una visión neoplatónica del evento, todo era pura apariencia. Vistas desde el ámbito supralunar de las almas de las esferas, esas manchas tenían poca entidad. Pero aquellas condenadas manchas se resistían a pesar de las atenciones de las dos cajeras con sus toallitas.


Cuestiones matrimoniales: vivimos una interesante época de discusión teológica

05.05.16 | 14:28. Archivado en Con clave


Me gustaría continuar el post anterior. Todos los canonistas aceptan que el matrimonio rato y no consumado se puede disolver. Disolver, sí, no anular. Ahora bien, yo no veo gran diferencia entre la existencia del vínculo sagrado matrimonial si se ha consumado el acto sexual o si no se ha consumado. Entiendo qué significa la existencia de un compromiso irreversible y ratificado por Dios. Pero nunca he acabado de comprender por qué una mera cuestión como el acto sexual puede cerrar las puertas a un acto autoritativo pontificio.
La actual legislación canonística es clara. Pero no veo que la actual canonística agote las posibilidades de ejercicio posible de la autoridad apostólica.
¿En qué se concreta todo esto? En una conclusión muy clara: en la cuestión matrimonial yo estaré a lo que diga la Iglesia. Creeré lo que la Iglesia me diga que crea. No haré ni enseñaré lo que la Iglesia me diga que no lo enseñe o no lo haga.
Ahora mismo hay una cierta discusión teológica no cerrada sobre algunos puntos. Lo cual no es raro. Hay en otros muchos campos cuestiones sobre las que cabe el debate teológico. Estamos inmersos en una lucha de argumentos que atañe a la interesántísima relación entre el ser y el obrar. En esta civilizada batalla teológica entre caballeros, yo me he posicionado claramente (por razones exegéticas y teológicas) en la postura de que eclesialmente se puede hacer más de lo que hasta ahora se estaba haciendo.
No me enfado por los que no piensan como yo. Respeto sus posiciones y atiendo a su razones. Debemos mantener este debate dentro de los límites de la cortesía, sin caer en lo personal. Es fácil descalificar al otro. Es más difícil escuchar y tratar de comprender las razones del otro.
El Papa Francisco no es un hereje como alguna que otra alma inquisitorial va predicando por los cruces de caminos. Por otra parte, tengo la mayor admiración por el cardenal Muller. Sapientísimamente dijo que no le eligieron para ser una copia servil del Papa. Bravo. Tenía un alto concepto de él como teólogo, pero su declaración le pone muy alto también como persona.
En este tema los teólogos, no deben ser serviles. El mayor servicio que ahora se puede hacer a la Iglesia es trabajar por la verdad. La verdad acerca de un tema complejo, por eso ha sido algo tan debatido. Lo que nos debe animar es la búsqueda de la verdad dentro de la obediencia a la Iglesia. Por favor, no nos descalifiquemos, tengamos caridad para todos. Todos creemos estar en posesión de la verdad. Todos queremos que los otros sigan nuestras conclusiones. Pero fue el Señor el que quiso que en la Iglesia hubiera diálogo, confrontación de posturas teológicas, discusión fraterna.
Claro que si yo fuera Papa, todo esto se acabaría: gobernaría a golpe de decreto. Como me encantaría poder enviar a algunos como párrocos a un pueblo de Siberia o a alguna isla de Papua.
Si yo fuera Papa, le preguntaría a mi confesor: ¿Pero no me puedo vengar sólo un poquito?


Aplicar mis pensamientos a, digamos, ciertas cuestiones

04.05.16 | 22:37. Archivado en Con clave


Sería interesante que yo desgranara en este post un resumen de las razones que defienden la dificultad de afirmar que el Papa no puede hacer algo. Sería interesante, no lo voy a hacer. Por lo menos, hoy no. Pero permítase decir que una cosa es afirmar la imposibilidad del poder pontificio respecto al SER, y otra muy distinta respecto a ese poder papal y el OBRAR. El ser no se puede cambiar. No sólo el Papa no puede cambiar la verdad que emana del ser de las cosas, sino que en muchos casos ni siquiera Dios puede. Dios no puede hacer que 1+1 no sea igual a 2. Ni el poder infinito del Señor puede evitar la dictadura del principio lógico de no contradicción, por poner un ejemplo, aunque no sea cualquier ejemplo.
Ahora bien, no es tan sencillo (aunque algunos crean que sí) afirmar que el Papa no puede hacer esto o lo otro respecto a cuestiones que tienen que ver con la voluntad divina. Los ejemplos que puedo poner sin salirme de los libros bíblicos son muchos. No los voy a exponer aquí, porque podrían poner en dificultades la fe sencilla de algunas almas.
Yo no me estoy refiriendo a nada en concreto (por lo menos en este post, no), sino que hablo en general. Pero hay que tener cuidado, pues varias veces en mi vida me he encontrado con algunos que (afirmando ciertas cosas para defender una verdad de fe) no se daban cuenta de que estaban  limitando las posibilidades divinas dentro del campo de lo lícito.

En mis líneas no me he referido a nada concreto. Pero algunos de mis lectores pueden aplicar mis pensamientos a, digamos, ciertas cuestiones.  


La Última Cena

03.05.16 | 23:33. Archivado en Con clave


Consultas frecuentes respecto a ciertas terapias alternativas

02.05.16 | 09:41. Archivado en Con clave


Estimada señora: Le ofrezco mi opinión sobre esos temas que me pregunta. Es mi opinión, otros pueden con toda licitud tener otros enfoques más restrictivos. La verdad es que la Palabra de Dios nos da los criterios claros acerca de lo que es compatible o no con nuestra fe.
Yoga: Si sólo es practicar gimnasia y aprender a relajarse, no es pecado. Pero difícilmente se quedará en eso, sino que con la excusa de esa gimnasia fácilmente se introducirá una filosofía budista que tiene partes incompatibles con el cristianismo.
Reiki: Hay personas que tienen un don en las manos, y pueden aliviar dolores y cosas similares pasándolas sobre una parte del cuerpo. En eso no hay pecado ni peligro. Pero con mucha frecuencia a ese pasar las manos se le unen otras cosas que son claramente esotéricas.
Homeopatía: En esa escuela no hay nada ni mágico ni esotérico ni heterodoxo. Yo la he analizado con algo de detención y pienso que no sirve para nada. La homeopatía en una rama equivocada de curación. Pero no tiene nada incompatible con la fe en Jesús.
Quiroprácticos: Eso no tiene nada contrario a la fe cristiana. Hay quiroprácticos que ayudan mucho en problemas de huesos y músculos. El problema es encontrar a un buen quiropráctico y no a uno que se haga pasar por uno de ellos.
Flores de Bach, aromaterapia, piedras que curan: No creo que esto cure nada, pero no es peligroso para el alma. No creo en las supuestas revelaciones que se dice que tuvo Santa Hildegarda sobre piedras que curan. Pero, al menos, no hace ningún daño creer en propiedades naturales de las piedras.
Acupuntura: No sé si es útil o no, pero no es algo contrario al cristianismo.
Hipnosis: La veo peligrosa, yo jamás me pondría en manos de un hipnotizador. Realmente no sabemos como funciona. Muchísimo peor son las llamadas regresiones. Allí sí que pueden manifestarse espíritus a través de los cuerpos.
Espero que esto pueda ser de alguna utilidad a todos los que me preguntan sobre estos temas.


Esta foto no es de la Venezuela chavista

01.05.16 | 09:56. Archivado en Con clave


He visto como Maduro ha ido a visitar al Papa y se han quedado un rato hablando a solas. Maduro, ese bigotudo mandarín que reina sobre un país mucho menos vasto que su ego y cuyo petróleo surge de la tierra menos negro que su conciencia. ¿Qué le hubiera dicho yo a este Jabba el Hutt en la soledad de un despacho papal?
La primera idea que surge de forma natural es hablarle como padre, aconsejarle que busque un país que le ofrezca asilo, que pacte una salida lo menos deshonrosa posible, que busque una villa siciliana en la que envejecer como en el final de El Padrino III. Aconsejarle, suplicarle, hacerle ver que ya sólo es una cuestión de tiempo.
¿Pero encender todos los interruptores de la luz serviría para algo ante un ciego que no ve absolutamente nada? Podemos deducir razonablemente que no. Decir esas cosas sólo serviría para que se marchase enfadado y que se vengase volcando su ira contra personas concretas de la iglesia venezolana.
La otra posibilidad, quizá la más prudente, la más realista, es ser amable con él, poner cojines aterciopelados bajo su enorme cu-erpo, y tratar de lograr alguna pequeña cosa concreta. Me parece a mí que, dada la situación, esta segunda opción es la única que tenía alguna posibilidad de lograr algo.
La primera opción parece más heroica, más admirable. Pero, al fin y al cabo, no hacemos las cosas para quedar bien en las páginas de la Historia, sino para lograr algo en el mundo real. Lograr algo o no lograr nada. El mundo real o el mundo de los ideales.

Yo hubiera llevado a la oración qué hacer. Hubiera pedido a muchas personas que rezaran para que Dios me inspirase acerca de qué era lo mejor. Pero la razón indica que en este caso concreto y en el de Gadafi, la prudencia no aconsejaban hacer gestos bruscos con esa bomba de relojería con patas. Así que el Papa ha hecho lo mejor dadas las circunstancias. (Yo aquí siempre a favor de la estructura.)
Es muy fácil hacer de profeta en un edificio renacentista de Roma, es muy triste pasar unos años en una cárcel de Venezuela. He oído que hay cárceles de Venezuela en las que en el desayuno en vez de mantequilla, te ponen margarina no del todo fresca.


Domingo, 23 de julio

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