Ayer me di cuenta de una cosa. En el tiempo que en mi horario está dedicado a mi lectura espiritual, diez minutos al día, he leído durante tantos años sobre infinidad de temas. He leído vidas de santos, obras de espiritualidad, sobre las virtudes, etc, etc. En mis lecturas teológicas, lo mismo: historia de la Iglesia, liturgia, cuestiones morales, etc, etc. Pero me ha venido a la mente que tengo que leer más sobre Dios. Es decir, que tengo que buscar libros que me hablen de Dios directamente.
Es cierto que todos los libros de espiritualidad y teología, en el fondo, trata acerca de Dios. Es verdad que todas esas lecturas llevaban a Dios y hacían referencia a Dios, sí. Pero ahora siento en mi alma que debo estudiar y reflexionar más sobre Dios directamente.
No sobre lo que Dios quiere de mí, o la Ley de Dios, o la glorificación de Dios, o lo que sea, sino que he de descubrir cosas nuevas sobre Él mismo. Siempre damos por supuesto que conocemos a Dios, y ciertamente le conocemos nosotros los cristianos. Pero debemos recomenzar nuestra inmersión en Él, como si nada conociéramos. Con el entusiasmo de sumergirnos en una materia nueva. Con la ilusión del primer día.
No es que quiera repasar lo que ya sé, que también, sino que lo que realmente deseo es conocer cosas nuevas de Dios. Quiero sorprenderme. Y sé que Él está deseando sorprender a todo aquel que venga con el espíritu de un estudiante que llega el primer día a la escuela.
Miércoles, 19 de junio
Padre Fortea
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Rufo González Pérez
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Sor Gemma Morató
Religión Digital
Jose Gallardo Alberni
Francisco Baena Calvo
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.