Blog del Padre Fortea

Dios es exhuberante

17.02.12 | 19:15. Archivado en Con clave

La foto es de la nevada en Roma hace unos días.

Es cierto para los que amamos la parte material de la Iglesia, que siempre debemos estar atentos a no poner nuestro corazón en las cosas más que en el Espíritu. Las cosas tienen que llevarnos al Espíritu, no pueden convertirse en obstáculo. Tenemos que estar atentos, eso es cierto, y no bajar la guardia.

Debemos recordar, como un comentarista mencionó, que en el Antiguo Testamento Dios dispuso que el Sumo Sacerdote no pudiera entrar en el Sancta Sanctorum sin las ropas pontificales. Este pensamiento es muy profundo.

Otro comentarista dijo que esto era fácil decirlo comiendo tres veces al día. Pues lo siento, pero tengo mucha legitimidad para hablar de esto, porque aunque como tres veces al día, dada la dieta que me he autoimpuesto para perder peso, te aseguro que paso mucha hambre, pero mucha hambre. Ahora mismo os puedo asegurar que hasta los indios de La Misión comían más y mejor que yo. Yo me siento con hambre y me levanto con hambre de la mesa, pero no me quejo, lo mío es sufrir en silencio.

Pero no nos despistemos con el gran argumento de las tres comidas, alguien ayer muy inteligentemente dijo: no es oro todo lo que reluce. Sí, lo corroboro, todo lo amarillo no es oro. La gente suele estar bastante desentrenada en distinguir cuentas de vidrio de diamentes y rubíes.

Os puedo asegurar que el 95% de las cruces que llevan los obispos son de cobre u otro metal similar. Además, las pocas cosas que son de oro en la Iglesia, sólo tienen un baño de oro. Los ignorantes creen que vendiendo esas cosas de la catedral de su ciudad África podría ser alimentada durante un par de generaciones. Mucho me temo que se saca más vendiendo los grifos de cobre de las fuentes. La preciosa custodia de mi primera parroquia era muy bonita, y antigua, pero lo que rodeaba el aro central eran cuentas de vidrio, que no hacían nada mal efecto. Vendiendo esas cuentas de vidrio no creo que sacáramos mucho.

Los ornamentos litúrgicos suelen venderse muy caros en las más prestigiosas casas de venta de estos productos. Pero en la inmensa mayoría de las casullas se echa de ver la amorosa mano de una monja. Bien es cierto que estas monjas, a veces, están más dotadas de amor que de gusto estético. La tendencia de las monjas a las flores, las puntillas y a las frases típicas que hablan del amor (normalmente bordadas en colorines) es impresionante e invencible. Por otra parte, sea lo que sea que cosan, indefectiblemente, llevarán una espiga y un cáliz.

Mi sotana, la que llevo todos los días, desde la mañana a la noche, costó 200 euros. Me ha durado dos años y medio años llevándola todos los días a todas horas, lavándola en la lavadora y sufriendo mil perrerías sobre sus resistentes telas. Sólo ha requerido un pequeño retoque de mi madre sobre el cuello que se deshilachaba por detrás.

El cuello blanco que llevo también tiene tres años (lo compré con la sotana) y sigue tan blanco como el primer día.

Después, quiero confirmar que es totalmente cierto el viejo proverbio chino que otra comentarista decía: No tlae tike no cambial lopa.


Jueves, 31 de mayo

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