Blog del Padre Fortea

Don Camilo y don Pepone (III)

09.02.12 | 18:37. Archivado en Con clave
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Don Camilo, sin duda, llevó más gente al seminario que todas las campañas vocacionales que se hicieron en las décadas de los años 70 y 80. Y además a los seminaristas les mostró al cura de siempre, al prototipo de párroco común, como un faro con el que orientarse en una época bastante tormentosa, clericalmente hablando.

Era una época en que todos los curas jóvenes se preguntaban qué era ser cura. El dichoso asunto de la identidad sacerdotal, un tema muy setentero. Ya estas cosas nos suenan muy lejanas.

Y allí, en medio del desastre, estaba ese cura sencillo que no era santo, pero que se esforzaba por seguir a Cristo. Detrás de la simplicidad de las películas de Don Camilo está la Mano de Dios. No tengo la menor duda de que Dios, como queriendo coger las riendas, dijo: vamos a hacer unas cuantas películas de don Camilo. Porque en medio de lo que se estaba cociendo en esos años en muchas facultades de teología bolcheviques radicadas en España, Francia e Italia, esas novelas eran un chorro de aire fresco. Eran agua clara en medio de tantas mentes intoxicadas por teorías que llegaban de las turbias aguas de Lovaina y otros reconocidos centros de desviación teológica.

Yo hay cuatro películas en las que veo la Mano de Dios detrás de ellas: Don Camilo (para recordar qué es un párroco), El Exorcista (para recordar la existencia de la posesión), Un hombre para la eternidad (para recordar la unión con Pedro y el valor de la verdad), y Los Diez Mandamientos (para recordar lo que pasó en el Éxodo y que tantos iban a negar enfermos de desmitologización). Después hay otras películas menores que también han hecho mucho bien.

Bueno, me voy a dormir, pues este post lo escribo en la Ciudad Eterna en una noche de insomnio gracias a un plato de legumbres en la cena.


Jueves, 31 de mayo

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