Don Camilo no es un personaje hierático en lo alto de un trono sacro. Es un personaje que se arremanga su sotana negra y anda entre charcos, que mueve cajas, que barre la iglesia, que hace de todo. No hay un solo momento en que diga: yo no me he hecho cura para esto.
Además, la figura de don Camilo es la de un hombre normal. La sobrenaturalidad se construye sobre la normalidad. Sobre una psicología normal, sobre las virtudes, sobre la ausencia de complicaciones.
Después están sus conversaciones con el Cristo de la parroquia: toda una escuela de oración.
El genial Guareschi, el novelista, hizo de Pepone (el alcalde comunista) no un demonio, sino un ser humano que nos muestra también sus virtudes. El escritor, como quien no quiere la cosa, nos enseña a ver al ser humano que hay detrás de la ideología, nos hace reparar en su nobleza, en su buen corazón. El Cristo de la parroquia en ningún momento habla contra Pepone. Por el contrario siempre le pide a don Camilo que vea todo lo positivo de este otro hijo suyo.
Por último está el otro gran personaje de la novela: el pueblo. Resulta difícil darse cuenta si estamos en España o en Italia. Son pueblos idénticos, curas idénticos, arquitectura exactamente igual. De hecho, en esa época, eran iguales también los pueblos de Portugal, Francia y Grecia. En aquel entonces, todos esos países formábamos una unidad secular en la que sólo la lengua nos diferenciaba. El Mediterráneo con su clima, su agricultura, su legado común, vivísimo, nos identificaba.
El pueblo de don Pepone es una sociedad católica ideal. Las verdades de la Ley de Dios y las leyes de la Naturaleza forman una unidad indiscutida. Puede haber pecados personales, pero el ser de las cosas no admite discusión.
Esos pequeños pueblos mediterráneos regidos bajo las leyes de la agricultura, que eran una gran familia, sociedades igualitarias de gente sencilla, venían siendo lo mismo desde la noche de los tiempos hasta los años 70. Quiero insistir en el igualitarismo de esos pueblos. Esa sociedad que se muestra en las películas de don Camilo ya no existe. Ha desaparecido completamente y ya no volverá. Para bien y para mal ese mundo se transformó completamente a partir de la década de los 70 del siglo pasado. Hace tan poco.
Esas pueblos, en los que había también pecado, no obstante eran sociedades sobre las que había triunfado el Evangelio.
Seguiré mañana.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo