Blog del Padre Fortea

Don Camillo y don Pepone

07.02.12 | 19:54. Archivado en Con clave
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Hace un mes vi (de forma abreviada) una película de don Camilo que me pasó un compañero sacerdote italiano. En la cena, otro sacerdote me comentaba que en su parroquia una cosa que hacían de vez en cuando era ver una película de don Camilo con los jóvenes y comerse una pizza después. Una forma típicamente italiana de pasar la tarde, le he dicho, extremadamente italiana. Es la cosa más italiana que he oído nunca.

Después, por la noche, he estado pensando en la película que he visto. He tenido mucho tiempo para pensar, puesto que nuestras santas monjas siguen poniéndonos legumbres para cenar. Tienen todo el día para ponernos judías. Pero piensan que de algún modo las judías nos ayudarán a conciliar el sueño. Concretamente nos ponen una cosa muy italiana que se llama farro, y que son como unas lentejas-judías pequeñitas y blancas.Y ya tengo yo muy comprobado que existe una relación directa entre un plato de farro para cenar y dos horas de imsomnio. De hecho estoy escribiendo este post habiéndome levantado de la cama, son las dos de la mañana. (Ya he dicho también que este post lo escribí hace un mes)

Bueno, como iba diciendo, le he dado vueltas (en mi lecho) a la película y he llegado a varias conclusiones. La primera conclusión es que cada vez tengo más manía al cura guay (joven, guapo, conocedor de las tecnologías, con un blog, dos cuentas de facebook y tres de twitter, activo, dinámico y todo eso, ah, y además simpático) y por el contrario cada vez me cae mejor la figura del cura don Camilo: cura con panzita, antipático, cascarrabias y con la sotana llena de polvo. Porque la figura de don Camilo es una figura completamente realista, no oculta sus defectos, es un personaje de carne y hueso. De hecho se basa en un párroco real conocido del autor de la novela, cura cuyo nombre me han dicho y que no recuerdo. Pero, al mismo tiempo, el don Camilo de la película tiene sus virtudes. De las cuales no se duda ni entre los afiliados al Partido Comunista del pueblo. Porque sus virtudes son patentes. Además, don Camilo tiene muy clara cuál es su misión en el pueblo del que es pastor. No se pregunta cuál es su identidad sacerdotal. Él sabe muy bien lo que tiene que hacer: visitar enfermos, sentarse en el confesonario, ser fiel a sus labores sacramentales, ser padre de un pueblo lleno de hijos. Es decir, el contacto con sus parroquianos creyentes y no creyentes, en la calle, en la plaza, en el mercado, en las casas. Un contacto que es real, no virtual, una relación humana.

Mañana seguiré.


Jueves, 31 de mayo

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