Blog del Padre Fortea

¡Desmitologizadores del mundo, uníos!: el endemoniado de Gerasa (I)

01.02.12 | 20:23. Archivado en Con clave
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Santiago Mata me ha pedido que escriba algo sobre el sermón que le escuchó a un anciano jesuita de la calle Maldonado, predicando sobre el evangelio del endemoniado de Gerasa.

Pues, vamos a ver, primero de todo quiero felicitar sinceramente a ese hijo de San Ignacio, por decir que probablemente no había endemoniados, sino enfermos mentales. Y es que en los años de Juan Salvador Gaviota lo que hubieran predicado era que de ningún modo había endemoniados. Del absolutamente no de los tiempos de El Principito, hemos pasado al tampoco pongo mi mano en el fuego.

Pero es que ayer leía a Picaza (siempre erudito, siempre sabio, siempre mesurado, pero que no es Ratzinger) que hablaba sobre el mismo tema y decía: Quizá no haya Diablo (en sentido ontológico), pero y que tal y que cual. O sea, que esto ya empieza a ser completamente fashion. Lo de Bultman y su pandilla de desmitologizadores ya suena a aquella época de antes de Internet. Recordad, Verazo Azul, Mazinger Z, Starky y Hutch. Ahora a un veinteañero de la Play Station no le vengas con rollos raros de un escritor alemán de los años 70. Lo de los demonios lo entiende, además tiene ocho carteles de Iron Maiden y varias figuritas demoniacas de juegos de roll en su habitación. Pero lo de los desmitologizadores le suena a la época de Leonidas Breznev, le suena a Hegel, a Kant o a algo peor.

Y es que durante unos cuantos años, algunos curas leídos aprendieron lo de sustutuir cada historia que se contara en la Biblia por una historia de tipo freudiano-histórico. Es decir, lo mismo que si ibas Freud, te tumbabas en su diván y le decías: estoy bebiendo mucho whisky. Y él te decía: no, en realidad bebe whisky porque lo que quiere es matar a su padre. Y no valía que le dijeras: ¿pero no será simplemente que me gusta el whisky? De ninguna manera, te insistía él, usted quiere matar a su padre. Y te contaba un cuento chino, una novela corta, que explicaba cómo a través de ocho simples pasos (irracionales) habías pasado de ser traumatizado por un perro en tu infancia a beber mucho whisky, con el Complejo de Edipo por medio.

Pues lo mismo con la Biblia. Cualquier historia sustitutoria salida de la imaginación del exegeta era verdadera, menos lo que nos había llegado de aquella época antigua. Schlieman encontró las ruinas de Troya con una idea revolucionaria, algo que no se le había ocurrido a nadie: a ver si los datos geográficos que nos cuenta Homero son verdaderos.

Bueno, seguiré mañana. Y a ver si aterrizo un poco en el tema. Lo que pasa es que es tan bonito irse por las ramas.


Jueves, 31 de mayo

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