No sé de dónde han podido aparecer, pero unas pocas gotas de agua me han provocado hoy un verdadero desastre.
Una de mis más pacientes y constantes aficiones de mi vida es la caligrafía artística. Afición pacífica y negra como la tinta. Afición de sutiles trazos mientras escucho música sinfónica.
Y hoy, precisamente, he acabado una obra que es una de las que más tiempo me han llevado hacer. Ésta en concreto me ha costado más de veinte horas acabarla. Lo sé porque, aunque la iba desarrollando a base de trocitos de tiempo, iba apuntando el tiempo que invertía en ella. No sólo han sido las veinte horas, sino los días y días que me ha llevado a ratos sueltos reunir ese tiempo. Pues salvo dos excepciones que he hecho en mi vida, todos los dibujos los he realizado a base de ratos libres tras acabar mi trabajo. Eso significa que las obras se eternizan, se prolongan en el tiempo como un río sin fin. Pero la caligrafía sabe de paciencia.
Y hoy, por fin, acababa la obra. Me quedaban exactamente diez minutos y ya la concluía. Cuando, de pronto, descubro que unas pocas gotas de agua habían caído sobre la mesa en la que apoyaba el dibujo.
Realmente el dibujo no entró en contacto con el agua de la mesa. Ni siquiera estoy seguro de que esas gotas estuvieran sobre la mesa. Lo único seguro es que usé un papel para apoyar la mano mientras acababa unos detalles en una iluminación lateral de estilo románico-abstracto. Un papel para apoyar la mano se pone cuando no se quiere que el sudor de la mano pueda manchar el papel blanco.
Lo que no sabía es que sobre ese papel es donde habían caído las gotas. Al apoyar mi mano sobre el papel, el agua entró en contacto con las líneas escritas a tinta que había debajo. Pequeños movimientos de la mano y del papel produjeron el desastre.
Cuando acabé de hacer mi trabajo, levanté el papel distraídamente y, de pronto, no pude dejar de ver el tremendo borrón de tinta corrida en pleno centro de mi dibujo. Veinte horas de trabajo quedaron con una gran mancha desagradable en su centro. Si hubiera sido en otra parte del dibujo, hubiera podido pintar encima. Pero en ese dibujo en concreto no me resultaba posible por la misma estructura de lo escrito y la distribución de las proporciones.
Hubo un momento de impacto, de sorpresa descomunal, de preguntarme una y otra vez de dónde habían salido esas gotas de agua. ¿Qué sucedió entonces? ¿Qué hice? Pues bien, eso os lo diré en el post de mañana.
Los comentarios para este post están cerrados.
Padre Fortea :bueno ,veo que Titivilus esta mas vivo que nunca y ese accidente con un trabajo impecable
y tratandose de un padre ahora tiene un valor increible ese trabajo caligrafico con iluminacion,y tratandose de titivilus tiene que estar en un lugar privilegiado que mejor muestra que titi...existe que esa lamina???es para pensar ...
Un saludo cordial. soy un aficionado al dibujo, la escritura , las plumas y las tintas, en ratos libres practico la
caligrafia "FRAKTUR y la BASTARDA INGLESA son hermosas .
Padre Fortea, con razón Francisco de Asís quemó una canastilla que estaba haciendo a mano, y la elaboración de la cual le distrajo mientras rezaba las horas canónicas.
Trabajo delicado. Requiere atención, y dedicación, acorde a su propio fin.
A veces la circunstancia no exime de culpa a las buenas intenciones
Fortea:
Tras la lectura sosegada de su articulete y observando por el texto su profunda turbación por el accidente acaecido con la tinta china, no se me ocurre frase más idónea que: "Acompaño a Ud. en el sentimiento", aderezada con una frase bíblica de la que tanto gustan algunos clérigos en tiempos de turbulencias ajenas: "No os hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orín corrompen".
Sin embargo, ayer mismo estuve intentando cambiar la zapata de un grifo que goteaba y marcaba los segundos con puntualidad suiza. Y ¡oh dolor! hubo un momento en que un chorro de agua salpicó mi humanidad y, según leo, también su caligrafía artística por el llamado efecto mariposa.
Fortea: Si no fué mi grifo, ni el sudor de su despejada frente, solo resta achacar tamaño estropicio a Belcebú, a quien atribuímos todos los males y nunca se queja.
Jueves, 31 de mayo
Padre Fortea
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo
Pedro Tarquis
Juan Jáuregui Castelo