Aquí estoy en el salón de casa escribiendo otro post mientras el marido de mi madre ve Shakespeare in love confortablemente sentado en su sillón. Dentro de media hora me espera una visita familiar. Una de esas visitas familiares que tanto se prodigan en Navidad.
No soy amigo de felicitaciones navideñas, pero hoy haré una excepción y escribiré unas líneas con ese propósito.
Y es que en estas fechas me acuerdo de la dulce Sandra, de la amable Marisol, de la eficiente Evelyn, de mi profesor de música don Julio Broto (sacerdote de Barbastro, trabajador, sensato, siempre al pie del cañón), puestos a acordarme de sacerdotes de Barbastro no puedo dejar de mencionar a mi querido don Ramón, sacerdote de San Francisco que ya murió, ha sido el sacerdote que más he querido y admirado.
Me acuerdo en estas fechas también de Francisco el franciscano, alegre presencia ya habitual en mi vida romana, de Nelson amigo bueno que siempre está ahí, de Giocondo y su sonrisa misteriosa.
Ya he vuelto de la visita familiar. Menuda visita. Por segundo año llego a su casa ¿y que hago? Dormirme. No sé que impresión se habrán llevado. Pero ya es la segunda Navidad que al llegar a casa les saludo y tal, me siento en el sofá y me quedo traspuesto. Yo creo que es el run run de la voz del marido de mi madre.
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Yo no veo que diga nada que pueda molestar a nadie. Podría molestarse la madre del padre ( del Padre Fortea ), pero se nota que ella no es, como yo creía la destinataria de estos post, sino que somos nosotros, los lectores, los anónimos lectores del blog. Pues por mi parte, gracias por contarnos sus vivencias, sus meriendas, sus kilos de más, etc.
A mí me adormece la voz de mi suegra, es el somnífero más potente que hay. Un día, era en verano, me quedé totalmente traspuesta, dulcemente traspuerta, en la hamaca debajo de un manzano, y ella no se enteró, pero sí lo hicieron las tías y la prima de mi marido, que estaban a su lado. Cuando me desperté, me habían tapado con una mantita, habían recogido las tazas del café, las copitas de Pacharán, los platos del postre, y como era casi de noche ya se iban. Dormí aproximadamente tres horas y algo más. Y eso siendo la anfitriona no tiene perdón de Dios. O sí. Eso solo Dios lo sabe.
¿El mafido de su madre no es su padre?
Si no es su padre biológico, será su padrastro.
O su señora madre fué visitada por el espiritu santo y nació Vd.
para que se dedicara a espantar a imaginarios demonios?
Mi comentario es para que tome nota de que hay apectos personales
que no interesan a nadie.
Padresito:
Parece que la cosa va de felicitaciones y del señor marido de su señora madre. Primeramente, felicitaciones a Ud., Forteíta, por comentarnos en su Blog lo que Ud. come y cena cotidianamente, los kilos acumulados durante su estancia en Roma, Carolina y Jerusalén, por sus fotografías de cuerpo presente, por los regalos recibidos de Papá y Mamá Noel, y por su promesa de comer sushi en compañía de Masiá, siempre que sea Masiá el paganini del sushi, del avión y del hotel.
En segundo lugar y último, mis felicitaciones por los runrunes melodiosos del señor marido de su señora madre, que transportan a Ud. al séptimo cielo de los sueños. Beatus ille.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo