Hoy gran ceremonia en Roma: entrega de la birreta a los nuevos cardenales. Por la tarde apertura de las grandes salas vaticanas para que la gente pudiera saludar a los nuevos purpurados. Ha sido toda una efusión de hábitos, sotanas, fajines, laicos vestidos impecablemente, trajes típicos de distintas naciones, monjas que iban y venían.
Allí me he encontrado con un sacerdote de mi diócesis, con otro de los viejos tiempos de Navarra, con tres cardenales españoles y un largo etcétera de sotanas negras. Nosotros, los sotanas negras, hemos disfrutado de lo lindo en medio de todo aquel esplendor vaticano. Porque, hay que reconocerlo, que hasta el más ateo de los ateos, hubiera disfrutado de todo aquello. No hace falta fe para reconocer la belleza donde la hay. Y allí, lo humano y lo arquitectónico, los frescos, la guardia suiza, los secretarios, las viejecitas, las familias venidas de África, el anciano cardenal que no podía sostenerse derecho en la silla, formaban un conjunto admirable.
Pero no me hagáis mucho caso, porque ya sabéis que en cuestiones romanas yo no soy muy objetivo.
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Bueno, y ahora, le rogaría al Padre Fortea que tenga la amabilidad de explicarnos su opinión personal a cerca de la noticia que se ha publicado, sobre la admisión del uso del preservativo en determinadas circunstancias y casos, que es, creo, como ha sido expresado por el Vaticano. Yo creo que los parches en odres viejos .... bueno, creo que no me tranquiliza nada que la señora Bibiana Aido se haya alegrado al saberlo. No son relaciones encaminadas a crear familia, son relaciones espúreas, pero .... creo que la Iglesia no debe hacer excepciones, ni expedir bulas a estas alturas de la Historia, creo que es un error, un inmenso error. Sobre todo, porque si se admite el uso del preservativo en cierto tipo de relaciones, se abre una puerta por donde se va a colar el enfado del hermano mayor del hijo pródigo, que reclamará su parte en el reparto de beneficios. Lo dicho, es un paso en falso, muy peligroso. Y es muy mala señal que se alegre la señora Aido.
Que sed tengo, que sed tengo, que sed tengo, que sed tengo, clamaba el niño desde su camita, así estuvo durante dos horas, cuando su madre le llevó un vaso de agua, se oyó, durante las dos horas siguientes, esta cantinela: que sed tenía, que sed tenía,que sed tenía, que sed tenía. Pues eso.
Padresito:
Quien quiera "ser grande y el primero" será "esclavo de todos, el servidor de todos".
Fortea: Comparto la opinión de Ud. que un ateo al ver la hermosura pictórica, escultórica y arquitectónica del Vaticano "disfrutará de lo lindo", según expresión castiza de Ud. ¡Es que los ateos tontos no son, e incluso algunos de ellos también porfían por "tortitas con azúcar como para matar a cinco diabéticos, con su mermelada de cramberries".
El Papa ha dado el visto bueno a la utilización del preservativo, según quién y según cómo. A la vejez, viruela. Y no lo digo por la edad del Pontífice, sino por todos aquellos y aquellas que fenecieron por obediencia ciega y muda a Roma. Y sordos a las recomendaciones médicas. Ya no podrán reclamar al maestro armero.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
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