Ya he llegado a Roma. Llegar a esta ciudad tiene algo de arribar a un seno maternal. El collegio es la casa con una familia de cuarenta hermanos, el hogar de los rituales cotidianos, el centro del que surgen todos los paseos, el scriptorio personal desde cuyos peñascos teológicos atisbo el pensamiento de cuantos me han precedido en los siglos anteriores.
Roma, lugar donde confluyen todos los complots de tantas novelas, yunque donde golpean los ataques de tantos cristianos, sede de tantas oficinas, de tantos archivos. Para cada uno es una cosa Roma, al volver yo encuentro mi hogar.
No sé si os lo he dicho, pero me encanta Roma. Roma veduta, fede centuplicata.
Eso sí, al llegar me estaba esperando la pasta, la misma pizza de siempre, las mismas alcachofas de lata de cada semana. Pero Roma bien vale esas alcachofas.
Otra cosa buena de esta ciudad es Berlusconi. Desde que conozco a Berlusconi la política me ha dejado de parecer aburrida.
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Padresito:
Copia ciborum, subtilitas impeditur.
"Las comidas abundantes embotan la inteligencia". Séneca.
Por tanto, estimo que la bendita alcachofa un día sí y otro también reparará los graves excesos ocasionados por la ingesta de "tortitas con azúcar como para matar a cinco diabéticos, con su mermelada de cramberries", durante su permanencia en Carolina del Norte.
Bueno, venga, vale, para desayunar puede Ud. añadir una hoja de perejil a la alcachofa. Y dos, los domingos y fiestas de guardar.
Fortea for ever.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo