Como ya dije, estoy en Carolina del Norte. En los dos aeropuertos en los que estuve ayer pensaba en que San Pablo en sus viajes vio un buen numero de puertos. Los aeropuertos actuales no son diferentes de los antiguos puertos. En los muelles donde antes estaban las embarcaciones, ahora estan las aeronaves. Incluso el gran corredor central con aviones a ambos lados o a un lado, recuerda la disposicion de muchos puertos.
La gente que pasea por la terminal con sus maletas, es como la gente que paseaba con sus bolsas antes de embarcarse. Lugares donde venden comida y bebida. Gente sentada esperando. Todo igual.
Incluso todas las cajas y apartados y vehiculos menores entre los aviones recuerda en todo al ambiente de un puerto.
En esas terminales rezo, leo la Biblia, paseo. Es bastante pesado ir de terminal en terminal solo, pero predicar siempre requiere un cierto esfuerzo. La gente que me escuche un rato no imaginara que para predicarles he tenido que pasar un dia entero de viaje: primero de Scranton a Detroit, despues de dos horas de espera de Detroit a Greensboro. Mareos, turbulencias, estrecheces, maletas arriba, maletas abajo, y mil cosas mas anexas a los viajes.
Pero todo es para mi una alegria, porque nos hemos hecho sacerdotes para predicar. Y alli donde nos llamen debemos ir.
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En la foto que ilustra este post se te un ve un poco menos gilipo11as que en la que ilustra el anterior, siendo la misma.
Padresito:
En cierta ocasión charlando con un sacerdote le pregunté: -¿Cuánto tiempo dedicas a la preparación de la homilía?.
Él me respondió: -"Nada, eso queda en manos del Espíritu Santo".
Dada la confianza existente entre ambos, no pude por menos que replicar: -Actuamos de modo análogo. Tampoco yo juego a la lotería, pero pido al Cielo que por lo menos me toque el segundo premio.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo