Lo mas curioso del parroco canadiense en cuya parroquia me alojo, es que se convirtio de un modo la mar de sorprente. El era un judio que entro en una iglesia a buscar a un amigo, y fue alli donde de pronto al mirar la Eucaristia recibio la fe. Por esa razon ahora es muy devoto de la Eucaristia.
Por una de esas casualidades que tiene la vida, el estudio el doctorado en Roma y vivio justamente en el mismo collegio donde yo vivo. Un collegio donde solo hay cuarenta sacerdotes. Casualidades.
Canada tiene un algo que me atrae. Quiza sean los bosques, quiza el frio. Tiene ese algo de tierra primigenia, de regiones salvajes. Me vienen a la mente las escenas de bosques impenetrables, de bosques como los de los antiguos barbaros escandinavos que descendieron por Centroeuropa. Todo es pura fantasia, porque de momento Canada para mi es el aeropuerto, iglesias, pasillos enmoquetados (aqui todo esta enmoquetado) y unas viejecitas hablando en un frances dulce y claro.
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Padresito:
Casualidad y causalidad no son primas hermanas. Distan tanto entre sí como alegría de alergia, perjuicio de prejuicio u obispado de avispado.
Frère Fortea, Frère Fortea,
Dormez-vous? Dormez-vous?
Sonnez les matines! Sonnez les matines!
Din, dan, don. Din, dan, don.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
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Alejandro Córdoba
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Asoc. Humanismo sin Credos
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Francisco Margallo