(Sigue de ayer)
Continuamos nuestro viaje por el pequeño estado: más Guardia Suiza, la única gasolinera del Vaticano, obispos del Medio Oriente yendo y viniendo, el cardenal Kasper con su fajín rojo y abrigo negro, la hilera de coches del presidente polaco abandonando el lugar. Por supuesto entramos a comprar unos sellos. Ninguna visita está completa sin comprar unos sellos. Y después, por fin, nos sentamos en un restaurante. Todos dimos un gran suspiro al sentarnos y todos comimos como náufragos hambrientos.
El dueño del restaurante, un poco pícaro, abusando de que las varias esposas del grupo habían hecho unos pedidos un poco caóticos y contradictorios en un italiano bastante inventado decidió traer comida para alimentar a una legión. Se dieron cuenta de que allí había comida para alimentar a toda la Guardia Suiza y esposas cuando ya hartos descubrieron que las pizzas y platos de pasta seguían llegando.
Fue en ese momento cuando me atreví a decir: os lo dije. Pero es que varias mujeres habían hecho la petición de platos superponiendo las órdenes desde distintos lugares de la mesa y diciendo a todo que sí cuando el camarero preguntaba algo. El camarero era perro viejo, estaba acostumbrado a lidiar con turistas sin conocimiento alguno del italiano, así que tampoco él tuvo mucho interés en recapitular. Sólo yo me hice consciente de la marea de comida que se nos avecinaba. Me limité a advertir tímidamente nuestro exceso. Y a mitad de la comida a indicar un os lo dije.
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¿Y se comieron todo? ¿No pecarían de gula?
He leído su artículo con la anécdota del restaurante y el barullo femenil que parece que se armó. Hay un chiste argentino que dice que iba el guía turístico con un grupo de mujeres...éstas hablaban o cacareaban sin cesar,miraban los lugares sin mirar, no oían la voz del guía comentando cada visita . LLegaron hasta las Cataratas del Iguazú por el norte de Argentina y al arrivar a este monumental espectáculo con el ruido ensordecedor del agua, las mujeres seguían hablando como si nada y el guía turístico les dice:_Bien , si las señoras bajan un poco la voz, oiremos el ruido de las cataratas...Algo parecido se desarrolló en aquél restaurante con el habilidoso camarero y su recomendación.Fuí a varias peregrinaciones y he notado que algunas féminas, olvidan a qué vamos, por qué vamos y qué es en definitiva una peregrinación. Lamentable. Un saludo cordial. Maricarmen García Diéguez
Viernes, 1 de junio
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