Cuando llegue a la casa le tire una cosa a Luigi, el perro, pensando que se lanzaria a la carrera moviendo la cola y me la traeria. Pero por el contrario me miro como diciendome: se supone que tengo que ir a por ella?
Si, era un perro dotado de una gran dignidad. Era como una especie de lord ingles en version canina.
La primera noche que dormi alli, me advirtieron los duegnos que el perro podia abrir la puerta de mi habitacion y subirse a mi cama. En los dias siguientes comprobe que el perro se ponia de pie y podia abrir puertas. De hecho cada vez que tenia hambre se daba un paseo por la despensa. Una vez se zampo de una sentada una caja de galletas.
Pero lo que mas me admiraba era su amor por su toalla. Cualquier cosa la tomaba con flema britanica, pero que no se te ocurriera tocar su toallita. La toallita que custodiaba celosamente en su nido.
Con los seres humanos he visto que sucede lo mismo, son muy simpaticos, te sonrien, pero ay de ti si se te ocurre jugar con su toallita. Ahora mismo me acuerdo de dos de mi gremio a los que les toque la toallita, jamas me lo perdonaron.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Manuel Mandianes
Pedro Tarquis
Religión Digital
Juan Fernandez Krohn
José de Segovia Barrón
Alejandro Córdoba
Ana Bou
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Margallo