Blog del Padre Fortea

La toallita

30.04.10 | 21:14. Archivado en Con clave

Cuando llegue a la casa le tire una cosa a Luigi, el perro, pensando que se lanzaria a la carrera moviendo la cola y me la traeria. Pero por el contrario me miro como diciendome: se supone que tengo que ir a por ella?

Si, era un perro dotado de una gran dignidad. Era como una especie de lord ingles en version canina.

La primera noche que dormi alli, me advirtieron los duegnos que el perro podia abrir la puerta de mi habitacion y subirse a mi cama. En los dias siguientes comprobe que el perro se ponia de pie y podia abrir puertas. De hecho cada vez que tenia hambre se daba un paseo por la despensa. Una vez se zampo de una sentada una caja de galletas.

Pero lo que mas me admiraba era su amor por su toalla. Cualquier cosa la tomaba con flema britanica, pero que no se te ocurriera tocar su toallita. La toallita que custodiaba celosamente en su nido.

Con los seres humanos he visto que sucede lo mismo, son muy simpaticos, te sonrien, pero ay de ti si se te ocurre jugar con su toallita. Ahora mismo me acuerdo de dos de mi gremio a los que les toque la toallita, jamas me lo perdonaron.

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El perro, el muffin y yo II

30.04.10 | 03:00. Archivado en Con clave

Este perro se llama Luigi. Como veis en la foto, ayer no exageraba. Yo retiro presto el plato diciendo un NO contundente. La duegna de la casa frente a la escena, estuvo presta con su ipod en hacer una foto.El perro sale un poco movido en la foto porque hubo que captar el momento al instante.

Ayer por la noche, cuando Luigi tuvo suegno se subio a un sofa, tiro con la pata todos los cojines, dio tres vueltas sobre si mismo, como haciendo un nido sobre el sofa, y se echo encima.

Es un perro malcriadisimo. Tiene todos los vicios de un nigno al que nunca se le dice que no. Quiza por eso es tan encantador.

Yo en la casa me tenia que sacar la sotana, porque se me acercaba y me daba unos lametones tales que tenia que echar la sotana a la lavadora.

Era carignosisimo, pero que no se te ocurriera quitarle su mantita. Te grugnia y la agarraba con sus dientes. Yo tiraba con fuerza de ella, sus pezugnas resbalaban por el suelo, pero no la soltaba. Una vez, un poco harto del tema, me dio un pequegno mordisco. Despues lo intento arreglar a base de lametones, pero yo ya le habia retirado mi favor.

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Viernes, 1 de junio

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