De Estados Unidos me dirigí a Venezuela. Allí me recibió la impresionante cadena de montañas que separan La Guaira de Caracas. Aquella orografía era como un Nueva York del Señor. Montañas, selva, trópico, carretera zigzagueante, bonita comida con gente agradable en la cima.
Caracas me recibió con sus cortes de luz, con la vitalidad de sus calles, con el carácter fuerte de sus gentes, calor, calles pletóricas de tráfico. Pero el tráfico en estos países es un tráfico distinto del de Nueva York. El de Caracas era un tráfico, digamos, tropical: alegre, desenfadado, de gente que se metía por los huecos con sus vehículos. En Nueva York el tráfico es pesado, gris, más amargo, más serio. Sientes que las personas en sus coches están pensando que llegan tarde a algún sitio. Mientras que en los países tropicales, las personas disfrutan del embotellamiento.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
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Religión Digital
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