Hoy la misa estacional se celebraba en la Basílica de Santa María la Mayor. Un cuarto de hora de paseo por el centro de Roma y otro cuarto de hora ascendiendo el monte Esquilino hasta llegar al grandioso templo. Con una bolsa en la mano conteniendo un alba, una estola y mi breviario en latín.
La misa bonita. Cabildo de ancianos canónigos con bonete negro, cardenal vestido de coro en su reclinatorio, procesión con una reliquia de la Santa Cruz, coro a varias voces, monjas, peregrinos, es decir, había todo aquello que se espera en una liturgia basilical.
Donde yo me sentaba, no se entendía bien el sermón. Quizá alguien cuya lengua nativa fuera el italiano sí que lo hubiera entendido, pero yo por más que me esforcé no captaba el sentido de ninguna frase. Eso unido a que estaba situado en un sillón, en un ángulo donde la gente no me veía, y al run rún de la voz de anciano predicador, un venerable canónigo de voz débil, provocó en mí un sopor invencible.
Debo hacer notar que esa noche, me quedé más rato de lo que debía buscando la exégesis espiritual del capítulo 40 del Génesis sobre las bendiciones de Jacob a sus doce hijos, en conexión con las bendiciones de Moisés en el Deuteronomio antes de entrar a Canaán.
Semejante festín bíblico supuso una reducción del tiempo que tengo fijado para soñar, y esas cosas se pagan.
Pero debo decir con toda sinceridad, que durante el apacible sermón mi cabeza ni una sola vez cayó hacia un lado delatando mi estado interior. Me mantuve con una compostura irreprochable. Pero las entonaciones italianas llenas de suavidad que escuchaba desde el ambón, situado éste fuera de mi campo visual, ejercían en mí el efecto de un maternal arrullo, de una nana a la que no era posible resistir.
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Ahora que ha probado su propia medicina, usted ha entendido que los fieles que escuchan el sermón dominical pueden estar en “Otra parte” que no es el tercer cielo. Y buscando la exégesis de cosas tal vez más terrenales ¿Qué hacer frente a esto? Hay que desconfiar hasta de los que se sitúan en los primeros bancos, y ponen cara de entendidos, preguntando antes del comienzo del sermón al presunto enamorado de la luna ¿Qué nos dice la primera lectura?. Tampoco deben escapar los que se sitúan en los últimos bancos, a estos se les increpa estirando el cuello y elevando la mirada: ¿Se escucha allí al fondo?. Una forma de amenaza solapada consiste en pasearse con el micrófono, y mientras se habla, se detiene, y se mira fijamente a aquel feligrés que se halla con la mirada perdida, o intentando descifrar el significado de las filigranas de los mosaicos que se hallan en el piso. Seguiremos informando.
"Me mantuve con una "impostura" irreprochable"". Lo que son las palabras, ¿verdad? El Cardenal de Viena y su Catedral de San Esteban, Su Eminencia Christoph Schönborn, por delante de la Iglesia.
"Hicieron desaparecer el cuerpo de Jesucristo aún vivo y si nos falta el cuerpo no podemos probar que Jesucristo murió realmene en la Cruz, tal vez consiguieran ponerle a salvo de los Judios en cualquier país lejano del Oriente". San Pablo, Corintios 11 dice así, "Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva".
(Todavia no han cargado las misas del mes de Abril en Archimadrid. Y en muchas diócesis aparece en portada el Sr. Obispo y tal vez, en cualquier lugar perdido, las lecturas de la misa del día, si es que cuentan con ellas). "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros".
"No hay amor más grande que dar la vida por los amigos". Cierto, Señor. Debió ser muy grande y muy bonito. Felicidades.
Viernes, 1 de junio
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