Os aseguro que disfruto tanto haciendo mi tesis, que me cuesta dejar mi mesa de trabajo para bajar al comedor al almuerzo. Siempre que miro al reloj, exclamo: ¡No es posible! ¿Ya se ha pasado otra mañana?
Las horas vuelan con una rapidez inusitada. Y eso que cada cuarto de hora hago una pequeña parada de unos segundos para elevar mi alma hacia a Dios. A veces, me concentro mucho y sólo me hago consciente del tiempo una hora después.
En mi mesa de trabajo, tengo un papel. Y cada cuarto de hora dibujo una muesca en una línea. Al cabo de la mañana, veo la línea y me hago la ilusión de pensar que he mezclado la sal de la oración con el trabajo.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal