Como son tantos días y, en realidad, años haciendo esto de la línea y las muescas, debo reconocer que la línea y las muescas se fueron, digamos, complicando. Con el tiempo, la línea fue formando cuadrados, las muescas se fueron haciendo más artísticas. Al final de un día, esta santificación del tiempo formaba bellos cuadrados con horas escritas alrededor. Con el tiempo, los cuadrados se iban insertando unos en otros. Las horas tenían mezcladas jaculatorias, versículos de la Biblia y un sinfín de detalles personales que me servían en orden a santificar el tiempo.
Al final de una semana, veía cómo me había acordado de Dios cada cuarto de hora al menos una vez. Normalmente tampoco más, porque cuando uno se concentra la habitación desaparece y la mente se centra en el objeto de su estudio.
Los que estudiamos en esta bella ciudad, debemos recordar varias cosas:
-dar gracias a Dios cada día por habernos traído aquí
-tener la mesa bien recogida, cuanto más limpia de papeles, objetos y libros, mejor
-tener la habitación en orden, una habitación en orden es reflejo de un alma en orden
-recordar la vanidad de nuestros estudios, todo pasa, lo único que importa es nuestra alma
-paladear el paso del día al ritmo de las horas canónicas
-santificar el día del Señor
-tener un gran escepticismo acerca de la capacidad del ser humano para conocer el Misterio de Dios
-recordar, por más que nos apasione nuestra tesis, que dentro de cuarenta años estará olvidada en el armario del sótano de una universidad
-trabajamos para el olvido, la destrucción y la nada, lo único que importa es el amor, el trabajo una excusa para mostrar nuestro amor a Dios
-no guardar chocolate y galletas en ningún cajón de la habitación, confieso mi pecado
Soy consciente de que hacemos una tesis para saber. Pero existe una tendencia a meramente recopilar datos, a reunir citas. Si hay algo que se suele olvidar es esto, que estamos en Roma para aumentar nuestra sabiduría, nuestra ciencia, la calidad de nuestros pensamientos. Nos centramos tanto en nuestra labor concreta, que olvidamos hacer del estudio de la teología una vida.
En la foto se ve al padre Fortea leyendo con preocupación la última obra de Masiá.
Perdona Masiá que no me haya ocupado de ti, pero es que estaba de viaje. Sabes que te tengo un gran afecto. ¿Qué sería de mí sin las fichas negras en el tablero? (Dado que llevo sotana, tampoco des por supuesto que te puedas apropiar de ese color por las buenas.)
Como tú bien sabes, el tema que discurre por debajo de tus posts, el verdadero gran asunto, la madre del cordero, no está en tal o cual afirmación tuya, en tal o cual apreciación teológica tuya, sino que el verdadero meollo es ¿son los obispos los garantes del verdadero sentido de las palabras de Jesús?
Ése es el núcleo de todo y lo demás son ramas, tú lo sabes bien. Si nuestro Maestro no hubiera dicho quien a vosotros escucha a mí me escucha, también yo sería un Masía más, un Boff más. Aunque si te soy sincero, si no fuera porque creo que los obispos son los custodios de la fe, yo sin duda sería más radical que tú, mucho más radical.
Por eso, dados los presupuestos de los que partes, te admiro. Yo en tu caso hubiera ido mucho más lejos. Ancha es Castilla, hubiera sido el único punto de mi moral. Por eso estoy seguro de que crees, de que eres una persona de fe. Ser jesuita, vivir bajo obediencia, vivir en castidad, vivir en el silencio que te han impuesto, bajo tus planteamientos libertarios, me resultaría sencillamente imposible. Por eso no albergo ningún juicio personal negativo hacia ti, tan sólo de admiración, porque yo bajo tus presupuestos no lo podría resistir.
Pero todas tus buenas acciones, toda tu tolerancia, toda tu bondad, no pueden evitar el que nos preguntemos la gran cuestión: ¿el cristianismo es lo que cada uno cree que es, o es una fe que transmitimos inamovible generación tras generación? ¿Es algo difuso como una poesía, como el azul de una mañana en el campo? ¿O es una enseñanza que debemos conservar, custodiar y transmitir milimétricamente?
Tú sabes que San Ignacio de Loyola me daría la razón, que los jesuitas misioneros del Canadá me darían la razón, que los jesuitas misioneros de Corea me darían la razón. También me daría la razón el apóstol Bernabé o Santiago. ¿A quién crees que daría la razón la Virgen María que se apareció en Lourdes o en Fátima? ¿Y el padre Pío?
Ya sé que tus amigos del centro de la selva amazónica, no. Pero frente a tus amigos, está toda la Iglesia Universal de veinte siglos. Lutero antes de dar su paso, como cuenta en uno de sus escritos, se preguntó: ¿no me estaré equivocando yo frente a los Santos Padres y todos los santos y todos los obispos? Recapacita, no es Camino, ni Rouco el que está contra ti. Nadie está contra ti. Es la fe de veinte siglos ininterrumpidos que te repite y repite a todo el mundo: quien a vosotros escucha a mí me escucha.
He conocido misas en las que todo era rito y misas en las que nada parecía rito. Digo que he conocido misas en las que nada parecía rito, porque he estado en misas en las que todo aun siendo rito y haciéndose según el rito, aun así, tenía tanta vida que parecía improvisado. Hasta el padrenuestro parecía improvisado. Hasta la fórmula de la consagración parecía que se le ocurriera en ese momento al celebrante.
Misas en las que todo es rito, misas en las que nada parece rito. Misas en las que el oficiante parece el Sumo Sacerdote del Templo, misas en las que el oficiante parece un padre judío que nos ha invitado al sabath alrededor de una mesa.
Sí, amo a la Iglesia en toda su variedad. No lo digo por quedar bien ante nadie. Lo digo porque lo siento.
Los asuntos de actualidad interrumpieron las notas que había tomado con ocasión de una misa a la que asistí. Así que para retomar el hilo, escribo de nuevo el post I ,y pongo seguida la parte de hoy a partir de donde digo Por eso entiendo que los griegos.
Sabeís que hice el propósito de asistir en Roma a misa en todos los distintos ritos que existen en la Iglesia Católica. Ya he asistido a varios, y hoy me he dicho: ¿Por qué no voy a una misa tridentina?Así que he asistido a una misa de la Sociedad Sacerdotal de San Pedro, que están en comunión con Roma.Me han dado un bonito roquete para ponerme sobre la sotana y una birreta para la cabeza, puesto que en el coro estábamos tres sacerdotes.
La iglesia era preciosa, antigua. La misa tenía toda la solemnidad de un gran pontifical. Celebrante con dos diáconos y un sinfín de acólitos. Coro, incienso, de todo.Pero a pesar de lo bien que han dicho la misa, a pesar de lo amables que han sido conmigo, a pesar de que estéticamente todo estaba muy bien, todo el rato no podía evitar el pensar una y otra vez que mi corazón pertenece a la misa del Vaticano II.
Si me preguntáis qué defecto he visto a la misa a la que he asistido, mi respuesta es: ninguno.Si me preguntáis qué virtudes y aspectos positivos he visto: os diré que muchos. Sin embargo, ésta es la primera misa a la que asisto en este rito y, pienso, que será la última. Los ritos tienen un aspecto sentimental, que hacen que uno esté unido a ellos. Y para alguien que como yo ha crecido en el rito y el espíritu del Vaticano II, resulta imposible volver atrás.
Por eso entiendo que los griegos estén unidos a sus ritos, los maronitas a los suyos, y los amantes de la tradición tridentina a los suyos. Porque cuanto más conozco todos los ritos que enriquecen a la Iglesia (ritos de oriente y occidente), más siento el Vaticano II, teológica y litúrgicamente, como mi casa.
Creo que el Vaticano II fue una teología, una reforma litúrgica y muchas cosas más, pero ante todo fue un espíritu. Un espíritu de calidez, de rostro humano, de cordialidad, que por supuesto ha existido siempre y en todas las iglesias, pero que brilló de un modo especial en ese momento justo de la Iglesia, el del Concilio. La teología del Concilio se expresa (como en su culmen) en el redescubrimiento de la misa como banquete.
Iba paseando con un doctorando andaluz cerca del Coliseo. Cuando, en medio de la conversación, me ha dicho:-A mí la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía me la dejó clara para toda la vida mi párroco con la Teología del Posikecabe.Puse cara de no entender.
Él con toda tranquilidad continuó diciéndome:Yo era un chiquillo de catequesis de primera comunión. Y tras la explicación del sacerdote, le pregunté al párroco en mi infantil ingenuidad: Oiga, ¿y el que ha creado el sol, el universo, los planetas, Jerez (el niño era de esa ciudad), ¿cómo va a caber allí? (Se refería al sagrario.)El cura le dio un pescozón y le dijo con acento andaluz: Pos sí que cabe.El doctorando actual, un hombre hecho y derecho, me dijo que desde entonces ya no tuvo ninguna duda teológica acerca del tema.
Vía del Corso, la calle comercial por excelencia de Roma, siempre llena de gente que llena las aceras. Muchas veces al meterme en esa calle, he pensado que representa el rio de la vida. Las personas lo llenan como las aguas. Como las aguas, corren, lo llenan todo, discurren y dan vueltas, hacen remolinos, siguen adelante.
La vida llena esa calle cada una de las horas del día: jóvenes, ancianos, gente con prisa, gente de compras, gente de todas las lenguas, sonrientes unos, otros tensos, otros disgustados, otros riendo.
Un indio vende castañas, otro siempre con su pistola de hace pompas de jabón. Las personas somos cómo esas pompas: surgimos, nos elevamos, es fugaz nuestro paso. Todo ese río de vida que es Vía del Corso es un río de pompas, un río que pasa.
De esto ha habido en todas las épocas, tradiciones y regiones del mundo. Seguro que en la época de San Pablo ya había algunos sujetos con ganas de fastidiar al prójimo. De esos siempre ha habido. ¿Conoce usted a algún sujeto que le amarga la vida? ¿Tiene contacto con alguien que parece que se complace fastidiarle a usted precisamente? Bien, no se preocupe: probablemente él seguirá allí mañana, en su sitio. Y lamento decirle que puede ser él mucho más resistente de lo que le parece a usted. Al menos, no lo riegue.
Hay gente con una cierta vocación a fastidiar. El tiempo además hace de ellos unos profesionales. Se saben todos los trucos. Ande con cuidado, no haga ruido. Pase desapercibido.
Si se acerca a usted, diga que tiene prisa.
Abundando más en el post de ayer, me gustaría añadir que los complots mundiales de malos malísimos encapuchados que conjuran y logran el poder supremo, no suelen existir fuera de las páginas de la ficción.
Se podrían señalar algunas excepciones de conjuras que sí tuvieron éxito, pero lo lograron de forma regional, no mundial.
Una de estas excepciones, sin duda la mayor, y a nivel de todo el continente europeo, fue la conjura de los masones contra la Iglesia Católica durante el siglo XIX. Las consecuencias de esta conjura sí que tuvo consecuencias tremendas para la Santa Iglesia Católica.
Pero lo cierto es que la realidad se mueve por otros caminos que los de las conjuras. Las conjuras de los necios sí que son más frecuentes.
El azar sí que suele tener más peso en el desvio de la Historia que las conjuras de grupos minoritarios. Aunque ya se sabe que el azar es un poco difícil de encauzar. La realidad le debe mucho al azar, no tanto a las teorías. Pero las teorías quedan muy bien en los libros. Una buena teoría viste mucho. El papel es muy agradecido, todo lo aguanta con sumisión.
La realidad se parece más que nada a las novelas francesas del siglo XIX, no a los best seller editoriales del siglo XXI.
Vamos que con todo esto lo que quiero decir es que el Colegio Cardenalicio me parece bueno.
En mi viaje por Bogotá con gran sorpresa he leído en un periódico italiano las declaraciones del padre Amorth respecto a algunos cardenales. Creo que es un deber de justicia decir algunas cosas en defensa del Colegio Cardenalicio y del Vaticano en general.
Ojala que todos los cardenales y todos los obispos del mundo fueran verdaderamente santos, hombres henchidos del Espíritu Santo que pasaran cada día horas ante el Santísimo Sacramento, vivieran de la Sagrada Escritura y cuyas virtudes fueran una luz que iluminara a todos los fieles. Evidentemente, ahora como en todos los tiempos, hay prelados más espirituales y otros más terrenales, unos más virtuosos y otros más humanos. Pero de ahí a afirmar que algunos cardenales son miembros de sectas satánicas hay un trecho inaceptable.
A los que hemos orado por posesos durante años de forma cotidiana, se nos acercan innumerables personas que afirman tener visiones, revelaciones y mensajes de Nuestro Señor. Un cierto número de ellos nos ofrecen mensajes apocalípticos y revelaciones acerca de la infiltración del satanismo y la masonería entre la cúpula de la Iglesia.
No hace falta decir que la única postura aceptable para nosotros es suspender juicio ante dones cuyo discernimiento requiere de mucho tiempo, a veces meses para cada uno de los casos.
La segunda fuente por la que se puede llegar a creer que en la cúpula de la Iglesia pulula el Mal en sus peores formas, son las cosas que nos dicen los demonios en los exorcismos. No hace falta decir que saber cuándo un demonio dice o no la verdad es en muchos casos imposible. Podemos saber con mucha seguridad cuándo un demonio dice la verdad en la materia directamente relacionada con el exorcismo. Es decir, número de demonios, nombre de ellos y cosas similares. Pero no podemos tener seguridad en lo relativo a noticias concretas relativas a personas.
El padre Amorth no tiene otras fuentes de conocimiento que las dos que acabo de citar, a sus mismas palabras me remito para esta afirmación. Mensajes similares a través de esas fuentes es algo sabido por mí así como por otros muchos colegas desde hace muchos años. Entre los exorcistas, algunos han llegado a conclusiones similares a las del padre Amorth. Otros, no.
Nuestro Colegio Cardenalicio si lo comparamos con siglos pasados es el más edificante y virtuoso que ha conocido la Historia. Habría que retrotraerse a la época del Imperio Romano para encontrar un cuerpo de electores tan alejados de toda pretensión terrenal como el actual. Los cardenales serán mejores o peores, pero todos tienen recta intención y buscan la gloria de Dios.
Las afirmaciones hay que probarlas, sobre todo cuando se trata de acusaciones tan graves que afectan a la honorabilidad de aquellos que forman parte de la Cabeza de la Iglesia en cuanto que ayudan al Supremo Pastor.
Aunque ahora que lo pienso sí que hay un purpurado que me miró de un modo un poco torvo un día que pasaba por la Piazza Navona, y su nariz era aguileña como la de algunas ilustraciones decimonónicas.
Jueves, 11 de marzo
Padre Fortea
Asoc. Humanismo sin Credos
JC Rodríguez, A Eisman
Juan Fernandez Krohn
Josemari Lorenzo Amelibia
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
José Miguel Núñez
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio Aradillas
Francisco Margallo