Como decía ayer, me compré dos relojes. Junto al grande, me compré otro pequeño por 7 euros. ¿No será difícil de manejar?, se me ocurrió preguntarle al joven chino, bastante antipático, que me atendió.
No, no, me respondió. Dentro de la caja están las instrucciones.
Pues bien. En la otra caja, estaban las instrucciones de otro reloj. Y en la caja del reloj pequeño había unas instrucciones incomprensibles. Entre dos hemos tratado de descifrar la falta de claridad de un texto que, en teoría, debía darnos luz. Pero nada. Al final, lo hemos dejado por imposible.
Eso sí, en el collegio no necesito despertador. Las quince campanas de la basílica me despiertan cada amanecer a las 7:30. Es bonito despertarse al son de un carillón de campanas. Sí, no me quejo. Nunca me había despertado con campanas, y ahora ya las echo en falta si no las tengo.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
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