Hoy he comprado dos relojes digitales. Uno grande para la habitación, otro pequeño para mis viajes. El reloj grande es porque me gusta ver claramente la hora, sin tener que entornar los ojos, sin tener que adaptar mis pupilas a pequeños dígitos.
Me gusta ver pasar el tiempo. Es un placer. Me gustan los relojes digitales porque me gusta saber la hora exacta. Con las manecillas de los analógicos siempre pierdo tiempo, mi cerebro precisa de un par de segundos para interpretar posiciones, para ver si está más cerca de una marca de minuto o de otra. Este reloj encima me dice que ahora estamos a 18 grados. Y es el primero que me dice en números grandes a qué día del mes estamos.
Los que me conocen, saben que nunca tengo muy claro a qué día del mes estamos. No sé porqué, pero es un dato que siempre se me va de la mente, aunque lo mire varias veces al día. No es infrecuente que tenga confusiones, incluso, con el día de la semana.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal