Hay un polaco con el que vivo que lleva varios días pidiéndome que le acompañe a rezar a la Cripta de los Papas, para rezar un rato delante del sepulcro de Juan Pablo II. Siempre hay gente rezando delante de esa lápida. Delante de las otras, no. Pero delante de la de Juan Pablo, siempre hay gente arrodillada. En invierno, a una hora normal, nunca hay menos de diez personas rezando.
Hay un australiano que siempre habla y se mueve como Rex Harrison. Esto los anglosajones lo llevan en la sangre: ceremonia, clase, prudencia, ni una palabra más alta que la otra.
Los italianos son todo vivacidad, movimiento, picardía, chistes y gesticulación con las manos. He catalogado unos treinta gestos esenciales con las manos en una conversación normal.
El coreano escucha. Te mira con los ojos abiertos mientras el flequillo lacio le cae hasta las cejas. Nunca hace comentarios personales. Responde a las preguntas y, como un gato, siempre pasará sin hacer ruido.
Los africanos son variados.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal