Respecto a las caras, todos dicen lo que impresionaba el rostro de la Madre Teresa de Calcuta o el de Juan Pablo II. En foto siempre me ha llamado mucho la atención el venerable rostro del hermano Roger de Taizé.
El rostro del Dalai Lama siempre me ha parecido que manifestaba que era una buena persona, buena y sencilla.
El de George Bush nunca me ha parecido el rostro de un asesino, ni el de una persona cruel, ni siquiera el de una persona buena. Siempre su rostro me parecía el de alguien que era bueno, pero inconsciente de sus acciones, como un niño. No, no era un monstruo, a pesar de la abominable repercusión de algunas de sus acciones.
Sadam Husein tenía un rostro opaco, pétreo, sin vida, pletórico de crueldad. Como el del Ayatoláh Jomeini.
Viernes, 1 de junio
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