Sigue de ayer
La mirada de aquel buen sacerdote ha sido una de las cosas más impresionantes que he visto en las últimas semanas. Toda su vida parecía reflejada en aquellos ojos llenos de una sencillez amorosa como no había visto quizá nunca.
Creo que nunca me he impresionado tanto viendo un rostro como entonces. Le miraba y me daban ganas de besarle la mano como señal de reverencia.
En esos ojos limpios y bondadosos se reflejaba toda una vida de servicio a Jesús. Eran dos lagunas de amor.
Amor y humildad eso era las virtudes que se veían en su rostro. Frente a ellos, me acuerdo ahora de las condecoraciones y de lo que pienso sobre ellas, es decir, que no sirven para nada, que son un trozo de tela con un trozo de hojalata pintada colgando. Mientras que este hombre no necesitaba ninguna condecoración. Su rostro era la mayor condecoración, el mayor honor. Nadie podía quitarle esa condecoración, nadie podía retirarle ese honor, la luz que emanaba se la había impuesto una vida y nadie tenía la potestad de retirar una luz.
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Hoy he experimentado algo maravilloso. Un joven africano que tenía a mi lado le miré y me estaba mirando y de sus bellos ojos brotaba tanta humanidad que por instantes me sentí querido y apreciado. No sabría como agradecérselo y solamente le dije feliz, hasta luego. Era una mirada santa. (yo no entiendo mucho de santos). Pero su mirada rezumaba limpieza, candor. Una mirada de hermano.
Que Dios se lo pague porque no creo que le vaya tan bien como a nosotros. ¡Pobres africanos!
Una condecoración tiene un valor simbólico. Efectivamente no vale nada para aquel que no lo quiere valorar en nada, como tampoco ningún rito tiene ningún valor para el que no quiere. Sería, aparte de una irrisión, una falta de respeto decir que un rito no vale nada, lo mismo para los honores que se conceden con cierta tradición (la militar).
Felicitaciones a Fortea por ser capaz de ignorar el blog de Juan Masiá, No creáis en el demonio. Hace falta carácter.
¿Ganaremos la apuesta del tiempo?
No.
¿Contra quien apuestas?
Contra la tres que es dos, la cuatro y la cinco.
¿Es un desafío?
Si, es que tenemos frío.
Y algo de ilusión: ganarle la partida al frío con el ratón.
Jajajaja
La venganza del ratón.
¡Este tío....!
Me voy A.R.
Las condecoraciones.
Una maleta llena.
Pero no me sirven,
por la herrumbre.
Han perdido su esplendor.
Tomé la Biblia en mis manos y se abrió por un salmo
y leí, leyó:
"Un corazón contrito y humillado, oh Dios, no lo desprecias".
Salmo 51.
El Salmo 116 es continuación del 32 en un sistema que estoy improvisando. La alegría del perdón.
Si, hay gentes cuya mirada rezuma amor y delicadeza y perdón y benevolencia y bendición. La idea que más me ha gustado es esta del perdón. Perdón de Dios. Acostumbrados a perdonar en el nombre de Dios son eso, puro perdón, puro regalo de Dios. Es la mirada de la gracia.
Para otra vez, tómele la mano y déle las gracias.
"Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria".
Venga, Reverendo, péguese al Cristo. Aparece alto y fuerte en el desierto. Vestido de blanco. Irradiando mucha luz. (De la luz ya hablaremos).
"Visión que tuvo Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén, en tiempos de Ozías, de Jotám, de Ajaz y de Ezequías, reyes de Judá.
¡Escuchen, cielos! ¡Presta oído, tierra!
porque habla el Señor:
..........
Y... El pueblo que andaba a oscuras
vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz les brilló".
Viernes, 1 de junio
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Juan Fernandez Krohn
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Asoc. Humanismo sin Credos
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