He conocido la traición, la crítica, los malos sentimientos. Pero les he perdonado a todos. La razón, una de ellas, es observar lo maravilloso que es el mundo y lo pequeña que es esa persona que no nos quiere bien. El mundo que Dios ha creado es demasiado grande, demasiado hermoso, para fijarnos en que esa persona está amargada y expande alrededor de sí nubes oscuras de lluvia y tristeza.
Pero es cierto que hay personas que si pudieran hacerte daño, te lo harían, te lo intentan hacer.
No hay que dejar que eso penetre en ti. El mal, los malos sentimientos, tienen que rodearte, pero tienen que resbalar como el agua.
Cuando no deseas nada, cuando no deseas ser considerado, ni respetado, cuando lo único que deseas es ser feliz con Dios los años que te queden en este mundo, entonces esas personas las ves en su pequeñez.
Jueves, 16 de febrero
Padre Fortea
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
Manuel Mandianes
Urbano Sánchez García
Josemari Lorenzo Amelibia