El óculo de la Cátedra de San Pedro en el Vaticano lo he visto infinidad de veces. Tiene al Espíritu Santo en su centro. Nunca me ha gustado ni ese óculo, ni el conjunto de figuras que llenan el ábside.
Pero hace unos días estaba enseñando esa parte a un noruego amigo mío, y me preguntó mirando al óculo: ¿eso es el ojo de Dios?
En seguida le dije que no. Pero después me quedé pensando. La idea era original. Extraordinariamente original. Eso sólo se le puede ocurrir a alguien que viene totalmente de fuera, a alguien totalmente ajeno a nuestros esquemas iconográficos. Pero el concepto era interesante, muy interesante: tratar de representar no una figura, sino la visión de la Divinidad.
Viernes, 1 de junio
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