Ayer cuando vi la maqueta de la antigua Roma tamaño no King-size, sino emperor-size, me quedé pasmado. (Creo que todavía sigo pasmado. Puede que nunca deje de estarlo.)
Apoyé mi barbilla sobre mis puños en la barandilla, y me imaginé qué debieron ver los ojos de San Pedro y San Pablo caminando por esas callejuelas estrechas, llenas de tiendas. Con la maqueta delante, me resultaba fácil poner imágenes a los Apóstoles yendo de tal sitio a tal otro, unas por trabajo, otras porque un judío romano les enseñaba los foros, otras de camino a la sinagoga, aunque pronto debieron ser expulsados.
Me los imaginaba no juntos a los dos Apóstoles, porque no nos consta que coincidieran en Roma. Pero me los imaginaba yendo y viniendo, sorprendiéndose ante el Nueva York de aquellos días. ¿Cómo serían sus vidas en la casa de algún romano? ¿Quizá en un apartamento?
Ah, lamento no haber hablado más de las tortugas.
Viernes, 1 de junio
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