Cuando he viajado a Buenos Aires y he paseado por sus calles, siempre le he pedido a Borges que me acompañe. Sé que suena a raro, pero como pienso que casi todo el mundo se ha salvado y está en el Cielo, les pido a los que conozco que me acompañen en mis paseos. Puede parecer una extraña forma de vivir la comunión de los santos, pero a los que más conozco es a los escritores, por eso les pido que vayan conmigo en mis paseos.
He pedido que vayan conmigo unas veces Borges, otras Marguerite Yourcenar, otras veces se lo he pedido a actores de cine. También les he pedido eso a gente normal, a familiares, incluso a músicos. Si alguno no está en el Cielo, Dios desviará mis palabras hacia otro bienaventurado.
Pero veo a la Humanidad como algo vivo, como algo que nos contempla. Como una masa de conocidos a los que podemos hablar y pedirles cosas. En ocasiones, les he pedido ayuda a los personajes más insólitos del Antiguo Testamento, seguro de que les haría gracia de que un cristiano les pidiera algo. Algunos de ellos habrán pensado: qué curioso, nadie en dos mil quinientos años me ha pedido nada, voy a interceder por él ya que me pide algo.
Viernes, 1 de junio
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