Mi habitación había esperado inmóvil con todos sus versículos colgando de los armarios. La Biblia abierta esperaba a ser leída. El ordenador donde habían bullido tantas páginas, sumido en la más sepulcral quietud. Ese ordenador se había convertido en el sepulcro silencioso de tantas páginas que algún día arderán con su luz en tantas mentes que las lean: historias e historias, teología, escritos espirituales. Todo, el trabajo de meses, de años, yacía allí, en algún centímetro cuadrado de aquel disco duro.
La luz se ha vuelto a hacer en mi celda.
Me hizo ilusión ver mi colcha, la que me había comprado, mi cálido edredón, cubriendo mi estrecha cama donde tantos sueños he vivido. Los sueños no son algo que alguna vez me ocurre, sino parte de mi vida. Carentes de cualquier otra significación que la emoción de vivirlos.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
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Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal