5-Tus preferencias únicas y personales: Son tan personales y propias que sólo las profesan todos los góticos del mundo. Menos mal. Te daremos una lista detallada para que no te pierdas. -Tus películas preferidas han de ser El Cuervo, Pesadilla antes de Navidad, Nosferatu, Drácula de Coppola, Freaks y cualquier otra película que ilustre la búsqueda de lo trascendente y el dolor de la soledad.
-Tus autores favoritos no pueden ser otros que: Lord Byron, Baudelaire, Edgar allan Poe, HP Lovecraft, y por supuesto Nietzsche. Es importantísimo que te hayas leído todo lo de Nietzsche.
-Deben encantarte grupos como: NIN, Manson, Bauhaus, Psychotica, Lacrimosa, The cure y lo que se tercie. Da igual que no los hayas escuchado, sólo di que te gustan y que te transportan a otro universo.
Para ser un Manostijeras: Tu estilo remite a las ciberpunktorturadas femeninas. El pelo ha de ser corto y desgreñado, las hebillas metálicas y todas las horteradas plateadas que puedas colgarte del cuello. Cuantas más mejor. Y sin ningún concierto. Como te da igual lo que piense la sociedad de ti porque eres misántropo, no importa que te confundan con el hermano siniestro del negro del Equipo A. Un par de transparencias te sentarán magníficamente, y los aros en las orejas también. Ten claro que este año se lleva el Estilo Orco de Jean Paul Gaultier. 4-Tus compañeros existenciales: Jajaja, qué gracia. Eres misántropo. Si no, que se lo pregunten a los 110 contactos que tienes en tu agenda de tu móvil. Pero claro, necesitas rodearte de patanes para comprobar lo angustiosa que es su mediocridad y lo lejos que estás tú de ella.
Buscarás a un compañero/a de ataúd. MUY IMPORTANTE: DEBE SER GÓTICO COMO TÚ. Si no, ¿¿Cómo entenderá tu terrible destino?? ¿¿Quién te sujetará el khol negro para que te pintes los ojos?? Alguien no-gótico no puede hacerlo. Así que búscate uno de los tuyos, y cuando sea vuestro aniversario, haced un pacto de sangre para simbolizar vuestro amor eterno de 4 meses. Regalar cruces, rosas negras y alguna Living Dead Doll es imprescindible.
El pelo; siempre negro, también negro natural. Y mejor si es largo, pero ya sabemos que la alopecia no perdona, así que respirad tranquilos: desde que Maynard está de moda, es muy in llevar la cabeza rapada, o con una bonita cresta.
Y SIEMPRE debes ir ajustado, aunque los pantalones te queden efecto-guante-de- látex. Por supuesto, el sol te provoca espasmos: mejor aún, declárate fotofóbico. No, No: ERES FOTOSENSIBLE, como los vampiros. Siempre gafas de sol, estés donde estés. Eres pálido, delicado y espectral.
Tú también debes conservarte delgado, porque el Look Auschwitz pega fuerte siempre. A la hora de vestirte, puedes elegir entre: el look Entrevista con el vampiro y el Look Eduardo Manostijeras.
Para ser un Entrevistado: Tu ídolo debe ser o Lestat, o Louis, o Armand, o quien sea, pero siempre con un toque romántico y decadentista. Decántate por elegantes camisas con chorreras, que te darán ese aire de gitano rumano que tanto persigues.
Los abrigos, deben ser largos, negros y de corte similar al redingote del siglo dieciocho. Sería magnífico que midieras dos metros, pero si no tienes esa suerte; puedes recurrir a esas plataformas negras tan cool que se venden con trescientas hebillas. Si eres pobre, átate dos taburetes.
Para ser una Ciberpunktorturada: Aquí tienes mayor libertad estilística, pero sin salirte de ciertos cánones: el pelo suele ser corto, rapado, mediobakalístico, con cresta o sin cresta, con cenicero o sin cenicero, de los colores que quieras, pero siempre chillones, aunque es preferible el negro o el platino. Elige prendas semiMatrixeras o bien decántate por la vena punk, como Avril Lavigne, que es muy radical. Faldas escocesas, medias de rejilla rotas, imperdibles y algún que otro parche de "The exploited". No sabes quienes son, pero en Tallers los venden por dos duros.
Píntate unas buenas ojeras negras, bien remarcadas, y, las cejas han de ir totalmente depiladas, como tus vecinas las Concubinas de Satán. Elige tejidos como el neopreno o el cuero. Y ahora los chicos. Lo primero que debéis hacer es someteros a una depilación integral. Sí, sin excusas. Un vampiro no tiene un felpudo en el pecho. Y la cara siempre perfectamente afeitada, excepto perilla, si es que optas por llevarla. A ser posible, la perilla ha de imitar la de Reznor en The Perfect Drug.
El pelo; siempre negro, también negro natural. Y mejor si es largo, pero ya sabemos que la alopecia no perdona, así que respirad tranquilos: desde que Maynard está de moda, es muy in llevar la cabeza rapada, o con una bonita cresta.
Para ser una Virginal Joven Tenebrosa: Se exige pelo largo, cuanto más rizado y negro, mejor. Aunque aquí también se aceptan melenas cobrizas o rubias. Píntate poco (es decir, mucho, pero que no se note). Recalca ojeras: el amor que perdiste hace tres años aun te tortura por las noches, y no puedes dormir.
Por supuesto, has de estar pálida como un cadáver, y a la hora de vestir, la elección de vestidos de gasa, encaje o miriñaque de color blanco o negro son cruciales. Ah si; es crucial también tener una buena cruz, a ser posible de la marca Alchemy. Con un buen pedrusco en medio, y que te haga parecer la princesa de las gitanas.
Claro que más es menos: ponte todos los collares que puedas: cruces pequeñas, cascabeles, cruces invertidas, calaveras, murciélagos, signos cabalísticos que no entiendes pero que te da igual, y todo mezclado. Nadie puede llamarte hortera. Eres la princesa de las Tinieblas. Mejor si tienes un nombre como Lacrima o Suspiria. (continuará mañana)
(Continúa de ayer. No haría falta decirlo porque hay un II en el título, pero algunos lectores son un poco retardadillos.)
3-El Atuendo: Y ahora pasemos a ti. Sería estupendo que te cortaras un poco para mostrar al mundo tu dolor. Cuantas más cicatrices, más profundo eres. No tiene sentido sufrir si nadie va a verte sufrir.
Primero, si eres chica, diferenciaremos entre tres vertientes, ambas igual de deseables y cool: El look Concubina de Satán , el look Virginal joven tenebrosa, y el no menos cool
Ciberpunktorturados. Para los tres es menester que tengas flequillo recto, y que además, te lo cortes tú misma. Ya sabes, a lo Betty Page. Y si tienes parkinson, que te lo haga otra amiga de esas que tienes pero que no te llena. El pelo ha de ser negro natural. Te recomendamos varias marcas de negro natural como Garnier o Lóreal. Porque tú lo vales.
Y debes rehuir el sol, tu piel ha de ser blanca, enfermiza, porque está claro que vas a morir joven, y dejarás un bello cadáver, aunque la esperanza de vida en tu país sea de 70 años. DEBES ESTAR DELGADA, porque las medias de rejilla si no te harán parecer un Salchichón de las Tinieblas. Ya sabemos que la belleza está en el interior, tú eres gótica, eso no te preocupa.
Bien, ahora vayamos a por las vertientes:
Para ser Concubina de Satán: Se exige pelo largo y libidinoso, aunque las pelucas también valen. Elige cualquier vestido de látex que te marque las costillas (porque debes estar delgada), a ser posible, rojo o negro, y combínalo con botas altas de látex o charol rojo o negro. Cuantas más argollas lleves en el collar, más puta de satán serás. Es por una buena causa. Este look favorece mucho a los pigmeos, pues las plataformas os elevarán un palmo del suelo. No escatiméis en pinchos, y pintaos unos generosos labios rojos o negros, y unos buenos rabos negros en los ojos.
(continuará mañana)
Hoy por la noche ha sido Halloween. Me he enterado de forma bien clara, cuando me he topado en una calle céntrica de Roma con unas cuatrocientas personas disfrazadas adultas que venían en dirección contraria a la mía. Qué verguenza. ¿Habrán pensado que iba disfrazado?
Bueno, el caso es que hoy he encontrado un texto formidable, de esos que de, tanto en tanto, he subido en este blog. Os lo voy a poner entero en dos días. Desgraciadamente, no puedo deciros de quien es, porque lleva circulando por Internet hace años y se ha perdido ya la autoría. Debió ser fruto de algún foro. Arrivederci.
CÓMO SER GÓTICO EN CINCO PASOS:
1-Todo gótico nace, no se hace. Como todos, claro. Así que si no es tu caso, más vale que ocultes todas las fotos que pudieran comprometer tu carrera: SIEMPRE HAS SIDO GÓTICO, así que no puedes haber hecho la comunión. Y nada de fotos de convivencias, tú jamás fuiste un boy/girl scout, porque la semilla de la soledad siempre estuvo en ti y por más que tu madre te decía que jugaras con los demás niños, tú siempre te escondías en un rincón y hacías castillitos de arena con forma de murciélago. Debes especificar que fuiste un niño difícil, y debes explicarles a tus numerosos amigos (pese a que estás tan solo que nadie te llena) que durante tu niñez se gestó tu misantropía.
2-La cueva del dolor. Vamos a ver, piltrafilla, ¿Realmente crees que se puede ser gótico sin tener una oscura alcoba donde yacer solo, torturado y apartado de la felicidad mundana? Ntchs. Lo primero que debes hacer es comprarte seis o doce pósters de El Cuervo, que a partir de YA debe ser tu película fetiche. Luego, cómprate dos de Pesadilla antes de navidad, de Tim Burton. A ser posible elige los más torturados. Después, hazte con una ilustración de Luis Royo, a ser posible, la más torturada y oscura que encuentres. Ahora pasemos a la cama: si pudieras comprarte un ataúd, serías el más in. Además, no tienes que hacerte la cama teniendo uno. Pero en caso de que no tengas uno, dales muerte a las sábanas de animalitos que te compra tu madre. Un gótico NO duerme en sábanas de perritos circenses. Seda negra o roja, por favor. Y es de menester que tengas varias figuritas de Todd Macfarlane. Por ejemplo., alguna de Sleepy Hollow estaría más que bien.
(Continuará mañana)
Desde el punto de vista de la responsabilidad ante Dios, no se puede decir: como soy libre digo lo que quiero y ya está. La palabra puede hacer daño. La palabra construye o destruye. La palabra que sale de nuestra boca es expresión de lo que hay en el corazón. Debemos cambiar nuestro corazón y cambiaremos nuestras palabras.
Las palabras han reformado la Iglesia, han llevado el amor de Dios a tierras más allá de los mares, nos han hecho profundizar en los misterios de la Teología. Otras palabras brillaron en su tiempo, pero fueron olvidadas pronto, fueron fuegos artificiales, fatuos y fútiles. Otras palabras so capa de bien, llevaban en su seno el germen del resentimiento, de la soberbia o de una inadecuada compresión de las cosas. Otras palabras en fueron paja que se lleva el viento.
Ha habido personas muy oscuras en su tiempo que apenas nos han dejado unas pocas páginas de palabras. Pero esas palabras pesan como el acero, son indestructibles como el acero y resisten el paso de los siglos. Estoy pensando en algo tan breve como el impresionante comienzo del Kempis o las páginas de Ruysbroeck, poquísimas, pero que se siguen reeditando.
Tened cuidado con las palabras.
En el comedor, en los pasillos, en la capilla, docenas de veces me había encontrado con un venezolano que vive en mi collegio. Nada en él me había llamado la atención. Conversación normal, carácter normal, aspecto normal.
Hoy he ido a su habitación en busca de una unidad de disco. Mi ordenador carece de ella.
Y al entrar, ha venido la sorpresa. La pequeña, minúscula habitación estaba literalmente atestada de libros. Su mesa era un montón de folios escritos, atriles con libros abiertos, diccionarios y objetos similares.
He comenzado a revisar los libros y, entonces, es cuando ha venido la segunda oleada de sorpresa. Libros en alemán, en griego, en inglés, en francés, en todos los idiomas. Observo los títulos y ninguno era un libro superficial. Todos los libros eran Platón, filosofía alemana, tratados, ensayos.
He explorado la habitación durante un cuarto de hora. Su dueño, amable, me ha dejado varias obras.
No hace falta decir que la próxima vez que me tope con él por un pasillo o que me siente a su mesa, tendré muy presente que detrás de su aspecto común, detrás de su conversación sobre cosas intrascendentes, hay una persona inteligentísima dotada de una erudición increíble. La vida da muchas sorpresas.
Hace unos días, comentaba aquí el simbolismo que subyace tras los báculos que usan los obispos de las iglesias orientales. Lo interesante es que el símbolo de los báculos de los obispos de la parte occidental de la Iglesia, no es menos interesante.
La forma del báculo occidental es la del lituus romano. Éste era un instrumento cultual de los augures romanos. Augusto tomó el lituus como símbolo de su principado. No deja de ser curioso que el emperador bajo el que nació Jesús, tomara como símbolo suyo el instrumento que iba a ser el báculo de los sucesores de los Apóstoles.
Dado que el lituus era usado también como trompeta ritual, dado que con el cual, marcaban de un modo ritual un espacio en el cielo, y ese espacio era llamado templum, los simbolismos se multiplican.
El mismo nombre de Augusto, bajo el que nació Jesús, significa divino. Ningún otro emperador tuvo tal apelativo como nombre. Podría seguir hablándoos de las sibilas y de tantas otras cosas que nos recuerdan hasta qué punto nosotros, los gentiles, hemos sido injertados en el tronco hebreo. El injerto ha sido tan magnífico, se ha soldado tan bien, que a veces resulta difícil distinguir donde empieza el tronco romano y dónde acaba el hebreo.
En el comedor del collegio hay un sacerdote que tiene siempre, absolutamente siempre, un humor fantástico. Sus carcajadas sonoras resuenan en cada comida, en cada cena, en cada desayuno. Otro sacerdote, en el otro extremo, por el contrario, siempre está serio. Es verdaderamente raro verle sonreír. El cura rumano tiene una voz prodigiosa para el canto: potencia, dominio de los matices, podría haberse dedicado sin duda a la ópera. Otro sacerdote, mexicano, está un poco preocupado porque pasan las semanas y le da la sensación de que no avanza en el domino del italiano. Otro sacerdote, de Perú, sabe menos italiano, pero vive feliz y el asunto no le preocupa lo más mínimo.
Después, como siempre, están las habilidades particulares. Un cura polaco sabe todo sobre informática, incluso tiene la ingeniería superior de informático. Pero no le interrumpas mientras te está haciendo algo en el ordenador, porque se acerca a la pantalla para no verte y te dice: guarda, guarda. Otro sacerdote es médico. A él van todos con sus dolencias.
Reina en el comedor muy buen ambiente: alegría, deseos de agradar al otro, de recogerle el plato si ha acabado. El cura coreano siempre es muy comedido, en el otro extremo están algunos italianos del sur que son vivaces por naturaleza.
Eso sí, el comedor es bastante feo. Tiene ese aire de casa de convivencias de los años 70. Ese aire de las salas en las que el tiempo ha ido acumulando cosas, y en las que ningún superior se ha animado a decir: vamos a tirar todo lo que sobra. Desde luego el comedor no tiene ninguna estética determinada, como no sea la estética de la acumulación heterogénea posconciliar.
Por la noche, he escuchado tres largas piezas de Georges Delerue. Este especialista en música inglesa isabelina era el amo. No me canso de escucharle. Su música que me ha dado pie a pensar una vez más en el paso del tiempo. Es curioso, soy una persona que no siente para nada el peso de la eternidad. Ni la siento amenazante, ni como una fuente de preocupación. Lo que me preocupa es el tiempo. Lo que siento es la levedad del tiempo.
Lo que presiona a mi yo no es la eternidad, sino el modo en que se evapora el único tiempo que tenemos para ganarnos la eternidad. El tiempo, siempre el tiempo, como una de las cosas sobre las que más pienso. Del mundo no me interesan tanto sus montañas, ni sus bosques, ni las miles de cosas de las que está lleno, como el tiempo.
Su belleza me parece sencillamente increíble. Es como si el tiempo dotara de movimiento a las cosas, mientras que otras permanecieran como escollos contra los que rompen las olas de los siglos. Una montaña de roca, las pirámides, tantas cosas. El paso del tiempo visto desde los cristales de una ventana, desde mi habitación, las hojas que se mueven, las palomas que pasan, un niño que corre por la acera.
Lo que más me gusta de la foto es recordar lo calentito que se estaba al sol y la ancianita de detrás que se pregunta: ¿quién será ese cura?
Día variado. Al levantarme he recordado que había soñado que no sabía dónde había aparcado mi coche. Tercera vez que sueño eso. Estaba nevando y era difícil reconocer los coches, aunque la zona de aparcamiento era pequeña, pues la nieve los comenzaba a cubrir. Pero iba en el coche con dos antiguas compañeras de la educación secundaria, y les decía que deberíamos repetir la cena del año pasado, todos los que cumplimos cuarenta años.
Por la mañana, misa en el Rito de Santiago, la más antigua de la que queda un ritual. En Roma se celebra una vez al año. Concelebración de sacerdotes católicos de rito oriental. Estábamos varios de rito latino interesados por la liturgia.
Por la tarde el gran susto. No me acordaba de la contraseña para entrar en mi correo. La tenía puesta en mi ordenador desde hace dos meses, y no recordaba cuál era porque la había cambiado. Al final, tras varios intentos y no poco tiempo, la he recuperado. Ha sido como la parábola en que se encuentra la moneda perdida.
Por la tarde he salido con un sacerdote de Guatemala a tomar un pequeño dulce, por ser domingo, y sólo por ser domingo. En la foto miro la pequeña tumba de una niña de seis años que murió hace muchas generaciones. Lo que pudiera haber sido, no lo fue.
Una y otra vez paseo por Roma, y una y otra vez me encuentro con objetos de la Antigua Roma que son como símbolos que auguraban el Nuevo Reino que se iba a implantar, el Reino de Dios. En mi visita al Ara Pacis el pasado fin de semana, me encuentro que en el gran altar que se mandó construir en fecha cercana al nacimiento de Cristo, se halla un relieve en el que aparece Roma (representada por una mujer guerrera sentada) que mira hacia delante, a tres objetos. ¿Y cuáles son estos objetos? Pues uno es el mundo (representado por el firmamento, redondo), otro el caduceo y otro una cornucopia.
Nada más ver el relieve, no necesité más de unos segundos para darme cuenta del simbolismo que se le puede encontrar a este conjunto. El caduceo es símbolo para los romanos del mensajero, y se representa por una vara por la que suben dos serpientes. El báculo de los obispos de oriente es una versión de este caduceo. Las razones por las que acogieron este símbolo, se han perdido en la Historia. Pero es lógico que ellos, los obispos, se sintieran mensajeros de Cristo. Por otra parte, de acuerdo a la mitología, Mercurio vio luchar a dos serpientes y las separó pacíficamente con su vara. Las serpientes dejaron de luchar en el momento. Es evidente que para los cristianos, ese palo que destruye el odio, es la Cruz.
La cornucopia puede ser interpretada como la abundancia de bienes espirituales que se iban a derramar.
Y el tercer objeto que miraba la mujer, el mundo, tenía una cruz encima. ¿Por qué? Pues el autor del relieve quiso representar en una banda los signos del Zodiaco, cruzada por otra banda que representaría la línea del horizonte. Pero lo cierto es que, independientemente de la intención, sobre el mundo ha puesto una cruz.
No dudéis, vosotros que leéis este blog, que los primeros cristianos leían sus propios símbolos ancestrales bajo la clave interpretativa de la nueva fe.
El otro día pensaba que el baldaquino que hay en muchas basílicas romanas tiene un significado espiritual. Simboliza el sancta sanctorum, pero abierto. Ya no hay velos. Los velos han sido abiertos desde la manifestación del Hijo de Dios.
También creo que es simbólico que el único templo que sigue en pie en el centro de Roma, sea el Panteón. Como si Dios quisiera dejar un testimonio en medio de desaparición del paganismo romano, que donde antes estuvieron los dioses, ahora está Dios y sus santos.
Asímismo veo un símbolo que queden en pie dos grandes estatuas, la de Trajano y la de Marco Aurelio, que para mí simbolizan las dos columnas de la Iglesia: San Pedro y san Pablo. Las gestas narradas en esas dos estatuas, son símbolo ahora de las nuevas gestas por la extensión del Reino de Dios.
Hoy hemos tenido una reunión con el rector del collegio. Es la primera que hemos celebrado, y la última, porque el rector ha sido consagrado obispo y no vive en el collegio. En noviembre llegará el nuevo cuando lo nombren.
Pero en esa reunión, un cura italiano bajito (situado en una esquina de la gran sala, en un lugar donde no le veía el rector) se ha puesto a hacer bromas y a hacer caras. Encima a su lado había un cura rumano no menos bromista que el italiano. Se han juntado el hambre y las ganas de comer.
Yo que estaba frente a ellos, en el lado opuesto, no podía mirar al rector sin verles a ellos, y me han entrado unas ganas de reír incontenibles. Cuanto más fuerza hacía por no reírme, más ganas me daban. No sólo a mí, me imagino que a varios más.
Los dos ya son de los veteranos del lugar, y el rector ya se imaginaba la situación. Pero era una reunión informal, para charlar y conocernos, tras la cena. De forma que el rector no ha dicho nada. Pero yo por más que trataba de pensar en cosas tristes, nada. Bastaba volver a mirar al rector, verles detrás a ellos, y usar todas mis fuerzas, todas las fuerzas de mi ser, en no estallar en una formidable carcajada. En serio, casi me hernio de las fuerzas que he hecho.
Es curioso el esfuerzo que siempre hay que hacer para que la habitación esté ordenada. Las notas teológicas, los papelitos con pensamientos espirituales, los pequeños objetos, tienden a acumularse en las repisas de los armarios. El orden ha de ser preservado frente a estos tímidos comienzos de caos.
Otra cosa distinta es cómo hacer para que una habitación vacía se vuelva un lugar personal. Cómo hacer para que ese pequeño espacio se convierta en tu hogar. De momento no se me ha ocurrido nada. La habitación sigue siendo una cama y dos armarios con libros y ropa colocados de forma no muy estética.
Ahora acaba de entrar la señora de la limpieza. Debo recogerme la sotana y no moverme del asiento. Mientras escribo en mi ordenador, ella barre y friega el suelo. Es una mujer con energía e imperio. Ay de mí si dejo impresa la huella de mi zapato sobre el suelo recién fregado.
Hoy (bueno, en realidad, esto lo escribí ayer) con una amistad catalana hemos ido a comer a un restaurante donde sirven pescado esencialmente. Eso en Roma es muy raro. Pero como era lunes estaba cerrado. Era la segunda cosa cerrada del día. Habíamos ido hasta las catacumbas de San Calixto, y tras varios trasbordos de autobús, en medio del campo, nos hemos encontrado con que de 2.00 a 4.00 estaban cerradas. Eso lo hemos descubierto justamente a las 2:04.
Como ya he dicho, también el restaurante del pescado estaba cerrado. Así que nos hemos metido en el más cercano, era oriental, pero no chino. Allí he probado por primera vez en mi vida la medusa.
Sabía a cebolla guisada, ligeramente crujiente, en trocitos muy pequeños.
A la hora de la cena, aquí en el comedor del collegio, hay un italiano que se ríe de un modo muy estruendoso. Hay varios residentes que ya han manifestado su enojo, pero a mí me encanta. Es una risa explosiva, potente, llena de franca alegría. Todas las comidas se ríe unas cinco veces de esa manera. Siempre está alegre. Yo no le he visto ni un minuto triste en todo el tiempo que lleva aquí. Hay gente que parece creada por Dios para manifestar la alegría. Aunque creo que la conjura de los descontentos pronto le alcanzará.
A un pobre cura de Toledo, un cura trabajador, responsable, se le ocurrió escribir unas líneas en un foro. Y otro cura de forma anónima le escribió en ese mismo foro: Soy un cura de tu diócesis, no te pagamos los estudios en Roma para que pierdas el tiempo escribiendo en foros.
Conozco al cura-víctima. Fue él el que me comentó la anécdota.
Por Internet se asoman de vez en cuando este tipo de vaquillas desbocadas que cornean contra todo lo que se mueve. Les tengo cariño. Son entrañables.
El domingo fui asistí a misa en una iglesia de rito griego-católico. Asistí cerca el altar, al otro lado del iconostasio. No temáis, no hay el menor peligro de que cambie de rito. Me gusta más el rito romano. Pero fue muy bonito ver la partición del pan en tantos trozos y lo que significa todo. Ver cómo agitaba el velo del cáliz sobre las ofrendas. Cómo echaba agua hirviendo en el cáliz en un momento dado. La consagración que se hace con las manos en alto sin tocar el pan y el vino. La voz potente, majestuosa, del celebrante. Todo respiraba sacralidad, misterio, adoración.
Una persona de gran sensibilidad me envió un e-mail en el que me decía que tras llevar a la oración mi post sobre la Vid y el Nuevo Testamento, había caído en la cuenta de lo siguiente: que si Cristo es la Vid, el racimo de uvas es símbolo de la comunidad, de la Iglesia en definitiva.
La Iglesia como unión de varias comunidades (los racimos). La Iglesia unida a la Vid que es Cristo. El tronco, leñoso, símbolo de la Cruz.
Es una imagen preciosa. Debemos amar a la Iglesia. Nuestra fe, la fe de Jesús, no es yo estoy unido a Jesús y ya está. Sino que estamos unidos a Jesús a través de esa Vid. Ése es el plan de Jesús.
El Cristo que ha venido al mundo recriminará amargamente a todos aquellos que con la excusa de defender el Mensaje, atacan a la Iglesia. Jesús tendrá palabras de mucha tristeza para todos aquellos que creyéndose profetas, destruyeron y no construyeron. Creyeron construir y sólo hicieron daño. Hemos de construir a través de la caridad. La palabra puede ser medicina. La palabra que sale de la boca puede ser piedra que hiere. Muchos creen ser profetas, pero se limitan a hacer daño a la Vid.
Día de hoy: El ordenador tiene el complemento de sonido deshabilitado. Quién sabe por qué. Yo no he tocado nada. Afortunadamente, un buen samaritano polaco que pasaba por el camino ha atendido a mi pobre ordenador.
Después de arreglar el complemento deshabilitado ha insistido en invitarme a un café. Le he explicado unas cien veces que no me gusta el café. ¿Pero eres español? Sí, soy español, pero no me gusta el café. ¿Entonces el té? He dudado si decirle que el té me parece que tiene un sabor insulso. Al final, me he tenido que tomar un café ni que quiera ni que no. Menos mal que también me ha ofrecido chocolate. Algunos residentes tienen habitaciones que están muy bien provistas de todo.
Después he ido a ver con una visita de España, el Ara Pacis. El altar que Augusto levantó para agradecer la paz universal que reinó durante esos años. Había un grupo de unos setenta estudiantes de primaria, alemanes. Os puedo asegurar que un cura con sotana tenía mucho más interés para ellos que las piedras del siglo I.
Por la noche, al salir de cenar, me he encontrado con tres profesores de noruega que me habían invitado a un seminario sobre liturgia. He paseado un rato con ellos. Cuando paseo por las calles de Roma, observo a los lados, sentados en mesitas de restaurantes, a centenares y centenares de japoneses, peruanos, neoyorkinos y bávaros comiendo kilos y kilos de espaguetis, miles de pizzas. Es como una tradición, todo el año, siempre con apetito, siempre pizza.
Hoy por la mañana, toda la mañana, la he dedicado a un asunto que ha dado bastante poco resultado. Toda una mañana tirada, he pensado, en algo que no ha dado ningún fruto.
Pero después he pensado que si el Señor quería que hiciese eso, que al menos lo probase, que lo intentase, entonces quién soy yo para sentir que ha sido una mañana para nada.
Lo importante, me he dicho después, es hacer lo que Dios quiere. Y si Él quiere que nos dediquemos a algo que no logra nada fuera de hacer su voluntad, pues sea.
Nunca en toda mi vida he orado tanto por hacer su voluntad y sólo su voluntad. Nunca como ahora he sentido tan intensa la oración diaria por pedirle que en mi trabajo no haya nada que no sea sólo y únicamente lo que Él quiera.
Eso no me ha eximido de comprar una tableta de chocolate en un supermercado. Allí no he estado muy fino en lo hacer su voluntad. Pero bueno.
(Continúa de ayer)
De todas maneras, su amabilidad fue de una genero- sidad insupe- rable. Me llamó a su oficina acabado su horario laboral, y estuvo conmigo una hora y cuarto. Nos tomamos un chocolate, charlamos de caligrafía (este tipo de conversaciones suelen ser muy técnicas), me mostró materiales y respondió a mis preguntas: que si tal tipo de letra, que si tal material para el soporte, que si tal obra de tal época, que si tal iluminación de una capital resultaría fuera de presupuesto.
En este periplo, pude ver la Plaza del Vaticano casi desde donde la ve el Papa desde su ventana. Pasando por la zona más noble de la Secretaría de Estado (camino de su despacho), me dijo: el Papa vive ahí. Y es que tras una puerta, estaban ya las dependencias papales.
Cuando salí del Vaticano, era ya de noche y hacía frío. Casualmente me encontré con el hermano del Cardenal Levada que con su esposa estaban un poco despistados.
Y así acabó un día feliz en muchos aspectos. Pues debo confesaros que lo más importante de esa visita al Vaticano no fue el entrar en ese departamento, sino otra cosa. Otra cosa mucho mejor. Ya os enterareis. Desgraciadamente este blog no puede contarlo todo.
(Continúa de ayer) Mi ingreso al corazón de las bulas pontificias ya comenzó bien, porque no es lo mismo entrar por una puerta mohosa y trasera (las puertas traseras suelen ser mohosas y oxidadas) que entrar por el Portón de Bronce del Vaticano.
El Portón de Bronce, para los que no lo sepan, es la entrada más teatral que existe en el mundo. Sólo los italianos podían haber creado algo así. Después de haber entrado por esa puerta, sus escaleras (Guardia Suiza incluida) y toda esa parafernalia, entrar en Buckingham o en la Casa Blanca te da la sensación de estar ya claramente en una segunda categoría. El Kremlin ni lo menciono: si quieres dar mala impresión, estuco y madera dorada. Pero ésa es otra historia.
El caso es que subo, primer conserje, llamada, suba por este ascensor, atravieso un patio (bastante impresionante por su tamaño), otro conserje con más Guardia Suiza por todas partes. Otro ascensor (este cubierto de madera en su interior), otro conserje, sala de espera. Más Guardia Suiza. Por allí había más guardia suiza que soldados de blanco cuando Luke Skylwalker entró en la Estrella de la Muerte. Y entonces
(Continuará mañana.)
Ayer fue un día grande. Pude hacer algo que había deseado por largo tiempo: ver el departamento donde se escriben las bulas pontificias. Como bien sabéis una de mis aficiones siempre ha sido la caligrafía artística. Entrar en ese scriptorium, ver las bulas a medio escribir, las plumas, las tintas, los pergaminos tal como llegan. No os podéis imaginar lo que disfruté.
Pero cuando estuve a punto de reventar de vanidad, fue cuando el jefe del departamento me dijo que conocía mi trabajo, que ya lo había visto hacía tiempo. En ese momento pequé de vanidad, de soberbia, de engreimiento, de inmodestia y de orgullo. Casi exploté allí mismo, poniéndolo todo perdido. Bien es cierto que sólo he dicho que conocía mi trabajo. Si hizo algún juicio de valor, me lo guardo. Bueno, mañana os sigo contando porque hoy se me ha hecho un poco tarde. Os quiero desde Roma, sed bueno.
Ah, hoy he visto al cardenal de Barcelona, pero eso os lo cuento mañana. Aunque sí que os digo que siempre me ha caído tan bien el cardenal Sistach. No sé nada de su diócesis, ni de su gobierno, pero su rostro franco, abierto, afable, nada presuntuoso, lleno de sinceridad, siempre me ha encantado. Insisto no sé nada de su gobierno, porque no es mi trabajo ni enterarme de esas cosas, ni enjuiciarlas, pero como persona siempre me ha causado una impresión inmejorable. La impresión de ser una gran persona.
Aquí la podéis ver: nueva, moderna, su variedad de colores expresa la universalidad que quiere acoger. Como dijo un gran bloguero (cuyo nombre he buscado en su blog y no he encontrado): para los que Los que piensan que la sotana es un traje celestial cuyos patrones le fueron entregados a Moisés en el Sinaí junto a las tablas de la ley, y que, por tanto, es invariable, se equivocan.
Bueno, fuera de bromas. Jamás pensé que entre los comentaristas a mi blog se fuera a formar una colecta para comprarme una sotana. Pero así ha sido, ante mi sorpresa. Muchas gracias. Ha sido todo un detalle. La llamaré la sotana del blog. Aunque no me la compraré antes de Navidad, la razón ya os la diré.
La sotana, evidentemente, es de broma y nadie se la pondrá nunca. Pero me sirve para escribir unas líneas que vienen al caso. Bien sabéis que amo la estética y la tradición de la Iglesia. Pero tan malo como el afán revolucionario iconoclasta, es el estatismo rígido absoluto. Ni lo uno, ni lo otro. La Iglesia (menos en la fe) siempre ha cambiado. No ha habido ninguna época en que esto no fuera así.
La rigidez inmovilista llevada al extremo puede ser invocada por varias razones, pero no en razón de la fe. La fe es amplia, agradable, abierta y flexible en sus formas. En la fe caben todos. Ninguna sensibilidad, ninguna forma de vivir la fe, ha de ser despreciada. Sólo el pecado es incompatible con la fe. Todo lo que no es pecado, todo lo que no es oscuridad, todo lo que no es mal, cabe dentro de la Casa.
Siempre he amado mi sotana, porque es un símbolo, un símbolo de la túnica de Cristo. Iba a decir que tengo claro que el Dios del Sinaí no le dijo a Moisés cómo tenía que ser la sotana. No le dijo eso, pero sí que el mismo Dios estableció con todo detalle, hasta los más mínimos, cómo sería la vestidura de sus servidores.
Hoy 11 de octubre he cumplido 41 años.
1. Me he comido dos canutos rellenos de ricota dulce con trocitos de pistacho y un poco de naranja confitada.
2. He escuchado varias veces el Intermezzo de Mascagni en Caballería Rusticana. Música muy propia para recordar la vida sentado en un jardín de una villa siciliana.
3. He visitado el Museo Capitolino acompañado de un rumano y un franciscano. 9 euros la entrada, con derecho a aseo.
4. He visto el tabulario romano más impresionante después del que hay en el Vaticano.
5. He salido a pasear tras la cena con un cura guatemalteco y otro peruano. El paseo ha tenido como tema central la liturgia las horas.
6. En el paseo de después de la comida, me he quemado la calva.
7. He soñado que tres polacos venían a mi casa a adquirir libros míos. No sé en qué ha acabado el trato.
8. El Premio Nobel de Obama me parece muy bien. De hecho le aconsejo a la Academia que incluya la sección de los Nobel por lo que podrá ser el agraciado, otros Nobel por lo que pudiera o pudiese ser el agraciado, y una tercera categoría por los que pudieran haber sido pero habrán sido en el pasado/futuro.
9. Estoy muy contento.
10. Con este cumpleaños doy por terminada la crisis de los 40. Ahora todas mis meditaciones estarán centradas en la crisis de los 41. En mi opinión muchísimo más dura que la de los 40, pero sin el glamour y el encanto de las cifras redondas. Esto es terrible.
11. Tengo grandes proyectos para el futuro, muy grandes: por ejemplo bajar el colesterol.
Resumen del día:
Mañana trabajando, ha cundido, estoy feliz de mi trabajo, de que me cunda y de mí mismo.
Para hacer ejercicio, he hecho footing durante tres cuartos de hora. A velocidad muy lenta, a ratos andando. Es el único día que he corrido en toda la semana y no debo hacer esfuerzos.
Normalmente trabajo un rato también por la tarde. Pero hoy el deporte y unas cuantas cosas menores, se han comido el tiempo de la tarde para trabajar.
Concelebro en la iglesia de los agustinos, una bella iglesia que como no podía ser de otro modo es barroca.
Al salir, me encuentro con una iglesia abierta, la curiosidad me invita a entrar. Han empezado las vísperas. Visperas grecocatólicas. Cantos graves, sacerdotes vestidos como popes, coro, oficiante incensando, velas por todas partes.
Ceno. Las monjas de aquí tienen especial debilidad por la berenjena. Esta hortaliza suele aparecer diez veces a la semana disfrazada de distintas maneras. Siempre hay mozarella con la ensalada.
Los compañeros se quejan del sabor del vino. Yo, como ni sé de vinos, ni me gustan, les escucho sin entrar en la discusión.
Por la noche veo un trozo de Borat. Escribo un post y me voy a leer la Biblia un rato.
Es curioso que una persona que se duerme tan pronto como yo todos los días, una vez cada dos o tres meses tenga una noche de insomnio.
Yo creo que no fueron ni la digestión (no cené mucho), ni mis problemas (no tengo), ni mi conciencia (sí que tengo), sino el ruido que venía de la calle.
Aquí no hay un Gallardón que ponga a los bares firmes por la noche. Y cada dos por tres oigo un coro de alemanes cantando el cumpleaños feliz. Ayer, encima, algún bar de copas puso la música a todo volumen.
Aun así, con música o sin ella, tengo una noche de insomnio una vez cada dos meses, más o menos.
Ayer me dediqué a hacer un supremo esfuerzo por ver cuál era el primer recuerdo de mi vida, o al menos a rescatar alguno de esa época. Pero no logré nada. Aunque sí que me acordé de un barquito de plástico que tenía y que metía en mi bañera, así como lo mucho que me gustaba jugar con los pucheros en la cubeta de la cocina, también mi acuerdo de clavar un cuchillo en un montón de trozos de cera laminada en la fábrica de mi padre, y de un tío mío que me sacó un domingo a pasear y me dijo que me compraba un tebeo. Yo señalé uno, y me dijo: de esos no (eran más caros), de estos los que quieras.
También me acordé de cuando acababa Sabado Cine y estaba solo en casa porque mis padres se habían ido a cenar con los amigos. De cómo encendía primero la luz de mi habitación y después iba al recibidor para apagar la del pasillo. No quería pasar a oscuras. Siempre pensaba que podía haber alguien detrás de las puertas.
También me acuerdo de la escena de cuando compramos un pollito amarillo en una feria agrícola. Y de cuando cogí el sarampión, en ese caso se ponía un papel de celofán rojo en la bombilla, era la costumbre, no sé por qué.
Hoy iba por la calle, cerca de la Basílica de San Agustín, cuando he visto una iglesia abierta y me he dicho: voy a entrar.
Era una iglesia pequeña y oscura, llena de velas, al ver el iconostasio me he dado cuenta de que era una iglesia cristiano-oriental. Pronto descubriría que era de rito greco-católico.
Al verme el sacerdote me ha saludado y me ha dicho unas palabras, pero no se ha podido detener porque eran las seis y era la hora de la misa.
Me he quedado con la curiosidad de ver cómo era una misa en ese rito. La misa ha durado una hora, con mucho canto, con muchas oraciones, con mucho movimiento del celebrante, tanto para ir a lugares delante de los iconos, como para incensarlos, también al altar, a la gente.
En el Credo ha tomado el velo del cáliz y lo ha sostenido sobre las ofrendas, como abanicándolo con lentitud. En otro momento ha tomado una cosa en forma de cruz y ha golpeado con ello el cáliz y la patena.
En otro momento, el sacristán (por indicación del celebrante) me ha dicho si quería ponerme al otro lado del iconostasio. Llevaba sotana, así que me ha dado una estola oriental y me he puesto a su lado. No sólo he comulgado, sino también dado la comunión. Ha sido toda una experiencia vivir la misa griega al lado del altar.
Hay quien dice que en esta ciudad se pierde la fe. Normalmente, se puede demostrar históricamente que todo aquel que afirma eso ya había perdido la fe muchos años antes. Y que cuando llega aquí, cada cosa que ve, le confirma en su idea: está piedra está sucia, qué iglesia tan fea, mira esa monja, mira allí, lo que faltaba, un puesto de venta de crucifijos, mercaderes, ¡mercaderes!, pero qué altar tan feo, y cosas así.
Para mí Roma ha supuesto un fortalecimiento de mi fe increíble. Cosa muy curiosa, porque había venido aquí cuatro veces en años anteriores y nunca me había pasado eso.
De todas maneras, cada día me convenzo más de que ésta es la ciudad más bella del mundo. Esto es un laberinto de obeliscos, turistas despistados y grandes masas de helado, en medio de palazzi (palacios), fuentes, monjas, tiendas de moda y un calor impropio para esta época. El que dice que ver Roma es perder la fe, está en la Luna de Valencia. Son frases que parecen sacadas de un artículo de un periódico anticlerical decimonónico. Lo de perder la fe en Roma me recuerda a algo añejo, como aquello de París, la ciudad de la luz.
La verdad es que toda una mañana en mi habitación trabajando, cunde. Sin llamadas, sin interrupciones, concentrado. Después, al final de la mañana, he tenido una visita de un sacerdote, que me ha invitado a comer.
He encontrado un restaurante de sushi. Este restaurante ha sido mi salvación. Cuando las visitas me dicen que dónde vamos a comer, no vacilo ni un segundo.
Además, he descubierto que la sotana es una prenda perfecta para el sushi. Las manchas de soja no se notan absolutamente nada.
Por la tarde, he trabajado un rato más. Aunque entre la misa, ir a la iglesia y el breviario, poco me ha cundido. En la cena, en la mesa estábamos dos polacos, un italiano y un barbastrense. El barbastrense (para que no queden dudas, era yo).
De cena, aquí, han puesto pasta y de segundo pizza. Al menos, había uva de postre.
Por la noche, he visto (vía Internet) un trozo de la película Camino, sólo media hora. Qué rollo de película. Desde luego si lo que querían era atacar al Opus Dei, en la tele todos se marcharán al primer descanso para los anuncios. Hijos míos, si quereís atacar al Opus Dei, haced una película que no aburra a las ovejas.
Hoy he abierto una cuenta bancaria en Roma, para evitar el pagar transferencias. Madre mía, nunca he firmado tantas hojas. Aquello parecía una escena de una comedia. Firmaba una hoja y me presentaba otra. Firmaba otra y me decía: también aquí abajo, aquí y aquí.
En un momento dado, le he comentado: Yo sólo quería abrir una cuenta corriente. ¿Por qué estoy abriendo una cuenta corriente normal, ¿no? Sí, sí, claro, una cuenta corriente normal.
Sin duda esta tarde he echado más firmas que en los dos años pasados. Era increíble, yo ya me quería marchar, cuando el señor venía con seis papeles más y me decía: aquí y aquí.
Como es lógico, en mi vida he abierto varias cuentas corrientes. Pero lo de esta tarde era exagerado. Yo creo que esta desmesura debe ser una influencia teatral de la ópera. La escena era tan irreal que en cualquier momento me esperaba que entraran en el despacho el resto de oficinistas cantando y bailando.
Os aseguro que he seguido firmando porque he entrado en la casa central de un banco de aspecto respetable situado en el centro de esta ciudad, sino hubiera creído que había caído en manos de algún chantajista. Encima, todo era en letra pequeña y todo el contrato en la lengua de la Divina Comedia, lengua que todavía no domino más allá de un par de tiempos verbales, los números ordinales y las preposiciones no compuestas. Todo esto no facilitaba la comunicación entre il banco e il cliente.
Entre tantas hojas con letra pequeña debo haber firmado tres o cuatro sentencias de muerte. Ahora comienzo a entender como liaron a Marcinkus. El sistema es claro, ir presentando hojas que progresivamente tienen la letra más pequeña. Yo creo que en algún momento he leído: la segunda parte de la primera parte contratante.
Estos días se ha planteado un caso moral muy interesante: ¿debe Polansky entrar en prisión o no?
Reconozco que el tema está sujeto a debate y que no pretendo decir sobre el tema la última palabra. Sin embargo, permítaseme una opinión.
Lo que está en juego aquí es la definición misma de la Justicia. Desde hace más de una generación hemos aceptado una definición bastante utilitarista y relativa de la Justicia.
En una sociedad en la que nadie cree en la Justicia, y en la que estamos acostumbrados a que grandes y pequeños escapen a ella, condenar a Polansky parece excesivo.
Es curioso, creer en la Justicia, tomársela en serio, llevarla hasta sus últimas consecuencias, parece injusto. Suena irónico, pero en una sociedad corrupta es así.
Yo siempre he sostenido que el mismo concepto de indulto es inmoral. Ninguna sociedad debería otorgar al Poder Ejecutivo la potestad de invalidar el ejercicio de la Justicia. La Ley es igual para todos. Lo que hay que lograr es que se juzgue con justicia. Pero una vez que se ha hecho así, el indulto no puede ser otra cosa que un acto inmoral. Un juez no puede ser misericordioso, debe ser justo, le guste o no. Un juez misericordioso sería un mal juez, y su labor hará daño a la sociedad.
Siempre he defendido que la Justicia debería ser total y absolutamente independiente. Es decir, independiente de cualquier otro poder e independiente también de la sociedad. El juez debe dar a la sociedad no lo que le pide ésta, sino Justicia.
Recuerdo una frase impresionante a la entrada del edificio de los juzgados de Saint Louis: Que se haga Justicia, aunque los cielos caigan.
Hoy he concelebrado con un sacerdote de Ruanda en la basílica de Santa María del Trastévere. Qué bonita es la iglesia, pero qué bonita. Celebrar misa allí era como participar en una eucaristía del siglo V. Era tan fácil imaginarse allí cómo debían ser las misas en esa época. El entorno me llevaba una y otra vez a imaginarme aquella época.
Los suelos con sus mosaicos geométricos, las columnas monolíticas, el altar pequeñito bajo un baldaquino también pequeño, todo me retrotraía a una época en que la Iglesia comenzaba, en la que la Iglesia era joven.
Lo único que no me gustaba era el sagrario en una capilla lateral y que tenía forma de barca o arca de Noé. De hecho, antes de hacer mi oración mental de la tarde me he acercado para estar seguro de que era, de verdad, el sagrario. Sólo cuando he visto que tenía (muy disimulada) una puerta y una llave me he sentado a hacer mi oración.
Al salir de la basílica, una banda de la marina tocaba La Guerra de las Galaxias en la plaza, porque mañana es San Francisco. Los norteamericanos aplaudieron como locos, como posesos. Después la banda ha tocado La vida es bella.
Yo he atravesado el centro de Roma camino de la cena. Aunque hoy me ha llegado un paquetito y de postre tengo dulces. Qué bonito es recibir un paquetito de vez en cuando.
En esta época de tanto secularismo, una de las cosas que siguen siendo sagradas en España son los pasos de cebra. En Roma, que es una ciudad en la que la religión no carece de cierta importancia, el excesivo respeto a los pasos de cebra no deja de verse como un cierto tipo de fariseísmo.
Personalmente, una de las razones que me ha llevado a ir siempre de sotana en esta ciudad, es para ser más visible a la hora de cruzar cualquier calle.
El peligro no sólo son los coches, sino una verdadera plaga egipcia de motocicletas. Los comunistas italianos podrán dudar del Cielo, pero nadie duda de Roma es el paraíso de las motocicletas.
Aun así, nadie piense que existe una especie de caos circulatorio aquí. No. Lo que reina es una especie de pacífica coexistencia entre lo mecánico y lo peatonal. Las reglas no escritas de esa coexistencia en el tráfico se pueden resumir en lo siguiente:
-En España, todo lo que no está prohibido está permitido.
-En Alemania, todo está prohibido, incluso lo permitido.
-En Italia, todo está permitido, especialmente lo prohibido.
El fuego que rodeaba la zarza se ha transformado en fuego en nuestros corazones. ¿No ardían nuestros corazones mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? El fuego de la zarza se ha derramado en el Cenáculo el día de Pentecostés. Fuego, he venido a traer al mundo. Sí, el fuego de la zarza se ha propagado por toda la faz de la tierra.
En verdad hay fuego sobre el altar, un fuego inmaterial. La víctima se consume en un fuego incorpóreo, el fuego del amor. El agua de la penitencia se transforma en fuego, como el granizo ardiente que cayó sobre los egipcios.
En verdad que me encantan las concelebraciones, sobre todo las más grandes, las más solemnes, las catedralicias. Mis más íntimos saben cuánto disfruto con ellas. También me gustan las misas en la parroquia, misas que son una cena pascual. Pero hay un tercer tipo de misa, la privada, la que se dice sin gente, la que permite meditar cada rito, la que permite detenerse a meditar lo que se está haciendo. Ahora, sin parroquia, puedo disfrutar de esta tercera posibilidad. Cada misa es una enseñanza, una lección, un encuentro con Jesús Maestro.
Me vino a la mente entonces el siguiente pensamiento: de acuerdo, entre el Antiguo Testamento y el Nuevo hay una diferencia esencial. Como la hay entre la era de los profetas, y la era del Mesías. Pero en la zarza ardiente el que se manifiesta es Dios, y es el mismo en los dos Testamentos. Entonces se me ocurrió que, en el fondo, la Zarza Ardiente es la Vid Verdadera vista desde lejos. Un mismo Dios visto desde cerca, al que se le puede tocar, y un Dios (en el Antiguo Testamento) visto desde lejos ante el que hay que descalzarse para estar en su presencia.
Un Dios cubierto de fuego (en esa epifanía), y un Dios cubierto de luz (en la Transfiguración).
En una zarza los troncos están menos claros que en una vid, todo está más enmarañado, además tiene espinas. La vid además tiene leña, lo cual nos recuerda a la Cruz. El mismo vino nace tras ser pisados los racimos por los pies de los hombres. El mosto ha de ser enterrado en la cuba y sólo después sale, resurge, como una sustancia nueva. La zarza unida a la vid: el fuego que rodea a la Vid coronada de espinas, rodeada de espinas. Los doce Apóstoles alrededor del misterio de la zarza del Sinaí, Moisés y Elías postrándose ante la Vid nacida de David y Salomón.
Hoy se me ha ocurrido durante la misa una cosa que os participo. Cuando he besado el mantel del altar, un mantel blanquísimo sobre una bella ara de mármol, se me ha ocurrido que allí mismo donde ponía el beso, más tarde estaría la zarza ardiente de la presencia de Dios.
Y me ha venido a la mente que la zarza da moras, y que la mora es como una uva pequeña. Y he pensado en la diferencia entre la zarza y la vid. Diferencia en el tamaño de su tallo, diferencia en el tamaño de sus frutos. Y que ésa era la diferencia entre el Antiguo Testamento y el Nuevo.
Además, la vid es esencialmente una, con un gran tallo del que salen las ramas. Mientras que en el Antiguo testamento, como en cualquier zarza, hay muchas ramas, porque son muchos los personajes que aparecieron y brillaron, sin que hubiera uno central del que salieran los demás.
Entonces pensé que quizá la comparación era excesiva. Pero pronto me di cuenta de que los profetas hablan de la era mesiánica como de una era cualitativamente distinta a la anterior.
(Continúa el post anterior) Me vino la idea de que el Antiguo Testamento es la tierra de la que nace esa vid. Después pensé insatisfecho que la tierra está muy lejos de ser la vid, como si hubiera una distancia excesiva entre las dos partes de la Palabra. Pero unas horas más tarde me di cuenta de que el Antiguo Testamento, en realidad, son las raíces de la vid. Y las raíces son parte integrante de la vid, partes vivas, partes que surgieron del Mundo Antiguo, del mundo ya pasado, que no era vida.
Me gustó mucho este pensamiento y os lo he querido participar. Porque compruebo que cada año amo más la Biblia. Cada año la leo con mayor aprovechamiento para mi alma. Hoy he acabado de leer al profeta Jeremías y os aseguro que lo leía por séptima vez (la cuenta la he perdido, pero por ahí debe ir) y me daba la sensación de no haberlo leído nunca, de que ésta era la primera. He leído unas siete veces la Biblia entera, sin contar las lecturas parciales, entre las que se hayan las lecturas litúrgicas. Pero cada vez resplandece con mayor novedad ante mis ojos. Leo la Palabra de Dios y todo me parece nuevo, como si fuera la primera vez.
El próximo domingo ya sé dónde voy a celebrar misa: en la basílica de Santa María en el Trastévere. Es una basílica que me hace recordar cómo debían ser esas misas en las que el Papa era el obispo de de cuarenta o cincuenta presbíteros. Una basílica que me lleva a los primeros tiempos de la libertad cristiana tras la persecución.
Pero el viernes celebré solo en una capilla de otra basílica. Y os cuento un pensamiento que me vino a la mente. Cuando nada más consagrar el vino, alcé el cáliz, pensé que allí, en el interior de esa copa de plata, estaba la verdadera esencia del Nuevo Testamento. Esencia que es una persona.
Era como si el Nuevo Testamento fuera una vid, y que esa vid tuviera unos racimos que exprimidos eran el contenido del cáliz. Pronto pensé que esos racimos eran las heridas del Cristo. Sus heridas habían sido muchas, por eso había muchos racimos. Nunca se me había ocurrido ver al Nuevo Testamento como una vid, como algo vivo, como una palabra viva. Tan viva como una planta. Por supuesto, esa planta también era Cristo. El Nuevo Testamento es Jesús. Hay que distinguir en el Nuevo Testamento entre ramas, sarmientos, hojas y racimos. Pero, al fin y al cabo, es Él.
Continuaré mañana con este post.
Hoy me he ido con dos amigos sacerdotes (y dos amigos laicos suyos) a Orvieto y Viterbo. ¿Qué significa eso? Campiña romana, colinas verdes, pueblecitos medievales amurallados, calles estrechas, grandes palacios pretéritos, iglesias, muchas iglesias, fuentes (los italianos aman más las fuentes que los españoles), turistas por todas partes, el consabido plato de pasta a la hora del almuerzo (también en la cena), calor (a estas alturas de septiembre), y a la vuelta un sueñecito arrullado en el coche por el runrún del motor.
Yo estaba tan feliz dormido en el asiento delantero. Llevaba ya veinte minutos de dulce sueño, cuando el navegador ha gritado con poderío: A DOSCIENTOS METROS, TOME EL PRIMER DESVÍO A LA DERECHA.
Bueno, ahora estoy cansado. Me voy a dormir de verdad.
Por las mañanas, el desayuno tiene las variantes usuales: mantequilla, nocilla o mermelada. Ah, y miel. Pero yo, que miro por la salud, me pido cada mañana un tomate. Y me lo tomo con aceite y sal.
Aquí la hora más tardía para levantarse son las 7.30, si las gaviotas no te despiertan antes. Pero a partir de las 7.30 nadie puede dormir ni un minuto más: las campanas suenan y suenan, tañen, tocan la música de El 7 de mayo la Virgen María bajó a la Cova de Iría. Y la tocan hasta la última estrofa de la canción. Sin saltarse una línea. No creo que ningún residente se quede entre las sábanas entre semejante zafarrancho de campanas. El desayuno no es a una hora. Cada uno tiene sus obligaciones y sus clases a horas diversas. Cada uno llega y se sirve, según sus necesidades y hambre.
Los bancos de la capilla del collegio son incómodos de verdad. Pero qué incómodos son. Pero aunque los bancos son así, levantas la cabeza y hay frescos.
Después, hay una capilla en una basílica donde digo misa que ya son varios días que siempre me pica un mosquito allí. En toda Roma no se me han acercado mosquitos más que un par de veces, pero allí no sé porqué, siempre hay alguno revoloteando. Sé que lo que acabo de decir es muy del humor surrealista de Buñuel y seguidores, pero lo he dicho en serio.
Hoy dudaba si escribir sobre las declaraciones de Gregorio Sam Peces-Barba o sobre las gaviotas que me despiertan al amanecer todas las mañanas y varias veces por la noche.
No sé por qué pero en esta zona de tejados y azoteas las gaviotas se reúnen para no estar solas por la noche, y gruñen, gritan, cantan y a veces hace un extraño ou-ou-ou-ou.
Encima son unas gaviotas grandes, gordas como gallinas. Por esto berrean con energía.
Hace calor y sigo durmiendo con la ventana abierta, por eso las gaviotas romanas me sacan de mis sueños. Tengo ganas de que empiece el frío y pueda cerrar la ventana, entonces que griten lo que quieran.
Post-data: en mitad de la noche me cubro con una sábana, si no se me quedan fríos los pies.
Los italianos deben estar hartos de nosotros. Debe ser una tortura china estar rodeado de personas recién llegadas de todas partes del mundo, que dicen frases simples, sencillas, propias de Barrio Sésamo y que cada dos por tres te preguntan: ¿cómo se dice esto?, ¿cómo se dice lo otro?, ¿cómo se dice aquello?, ¿y eso otro?, ¿y lo de más allá?, ¿y tal cosa?
Entre los compañeros hay quien ha venido Corea y hasta de Galilea. Sí, tenemos un palestino cristiano.
Como voy vestido de cura, todos los pobres de la calle me pedían. Que yo no soy el Banco Ambrosiano, les repetía en cada esquina. Al final, tras un mes de transitar por las mismas calles a hora fija, ya me conocen y me saludan, pero me han dado por un caso imposible.
Al principio yo no sabia italiano, pero les deletreaba CA-RI-TAS. Me volvían a insistir. Y yo volvía a repetir CA-RI-TAS, PA-RO-CHIA. Bastaban unos siete segundos para que la contundencia de mi silabeo, les hiciera comprender que no iban a sacar ni un céntimo. Al final, cuando ya no hay dinero de por medio, puedes hablar con ellos con serenidad y conocerles.
Hoy voy a hablar de una enfermedad. Una enfermedad que algunos pillan en Roma, aunque no hay duda de que se puede contraer en otros lugares del mundo. Creo que más que hablar de ella en general, me referiré a un caso concreto.
Una diócesis de Latinoamérica envía con gran esfuerzo económico a uno de sus sacerdotes a estudiar la licenciatura. Después de dos años, el sacerdote pide hacer el doctorado. Se le concede. Cuando está haciendo el doctorado, esa persona me comenta que está pensando cuando acabe el doctorado hacer además Derecho Canónico. Incluso no descarta estudiar una determinada carrera civil.
Yo no me lo podía creer. Creo que he sido duro y que he hablado casi como un fanático. Pero la Teología es un medio. El fin es la pastoral. ¿Es que hay alguien cuya vocación sacerdotal sea estudiar toda la vida? ¿Es el estudio un verdadero trabajo? No. Es un trabajo en orden al verdadero trabajo: la docencia, la creación teológica o cosas así. El estudio es la preparación. Uno no se puede pasar media vida preparándose.
Es curioso, nunca he visto tan claro, como esta semana cómo el estudio de la Teología se puede convertir en una especie de dulce sopor para el que fue llamado a ser apóstol. Jesús era el caminante, el eterno viajero, el predicador. Era la fuente de la Teología y la cultivó en la adoración al Padre, por su oración y por sus obras.
Por la noche, cuando regreso de la capilla del collegio hacia mi habitación, a veces me llevo una pequeña linterna. Atravieso salas oscuras y resulta casi inevitable el resistir la tentación de enfocar a los cuadros, concretamente a las caras de los cardenales. Sí, hay algo en la curiosidad humana que hace que queramos ver la cara iluminada de un cuadro mientras uno va andando por un lugar oscuro.
Cuando voy por la mañana a la capilla, la tentación es otra: la de desviarme un metro hacia la izquierda y así verme reflejado en el gran espejo de enfrente, ver cómo avanzo por la sala. Otra cosa curiosa es cómo llevan tan bien los veteranos del collegio, el que durante las comidas, cenas y desayunos, los recién llegados les torturen los oídos con sus cuatro palabras de italiano. Una comida puede ser hasta gracioso. Pero semana tras semana debe ser para volverse loco. Sin embargo, no se quejan. Eso sí, tampoco nos corrigen. Ya puedes decir la mayor barbaridad que siguen untando la mantequilla en su rebanada y se limitan a sonreir.
(Continuación del post de ayer) Frente al obelisco, la cúpula de la basílica de San Pedro, que también apunta al Cielo. Pero ya no sólo apunta, también contiene. Yo diría que es achatada, redondeada, porque ya no se limita a apuntar, a señalar a Dios, sino que ya contiene, posee en su interior al Dios que se ha revelado. La basílica es montaña, montaña sagrada sobre la antigua montaña llamada Vaticano. Sobre la cúpula ya no está sólo la cruz, sino también una esfera que representa al mundo. Ahora no es sólo la Antigüedad la que está coronada por la cruz, sino el mundo entero. Visto tanto desde lejos como desde cerca, el Vaticano parece una montaña. Mucho más alta que el monte Sión. A este monte afluyen de todos los pueblos del mundo todos los días del años, como un río incesante. Y todos pasan por ese atrio del Templo, al lado de ese monolito, junto a esa columnata (la Iglesia ha tenido tantas personas que han sido y son columnas). Una muchedumbre de santos les miran desde lo alto de del atrio. Los Apóstoles desde la fachada. Los dos relojes nos recuerdan que el tiempo pasa, que queda menos hasta el Día.
Ayer antes de irme a dormir, decidí hacer un poco de deporte y me fui corriendo hasta el Vaticano.
¡Qué impresionante está en la noche, sin gente, iluminado, impresionante, misterioso! Es el escenario perfecto para una novela.
Mientras corría directo por la Via de la Conciliazione hacia el centro de la plaza, y en ella hasta donde me permitieron las vallas, pensé en el simbolismo del obelisco en conexión con la cúpula.
El obelisco es el mundo antiguo en el atrio de la Nueva Alianza. El mundo antiguo condensado en un colosal obelisco pétreo que como una flecha apunta hacia el Cielo. El mundo antiguo coronado por la cruz. El mundo antiguo como pedestal de la cruz, coronado por la cruz. Las águilas y los leones (de bronce) ya sólo sirven como pedestal de ese obelisco. Los animales fieros que expresaban poder, ya son un mero escabel del símbolo del Cordero.
Ese obelisco está situado no en cualquier lado, sino que está clavado en el centro del imperio más bello, duradero y poderoso de la Antigüedad.
(continuará mañana)
Sigo aprendiendo italiano. El italiano no se deja. Se escabulle con irregularidades, con reglas dentro de las reglas, con excepciones a las excepciones. Llevamos tres semanas y la clase puede ir poco más allá del presente de indicativo.
La comida del collegio es buena, mucho más buena de lo que me había imaginado. Eso es malo. Pensaba perder. Aun así, con tanto ir a la facultad, con tanto trajín, he perdido tres kilos desde que vine.
El agua es muy calcárea. Mi familia tiene facilidad para formar piedras en el riñón. Tendré que preguntar si debo beber agua de botella. No creo que aquí haya agua de Vichí.
He celebrado por la tarde en la Basílica de San Apolinar. Me he reconciliado con el barroco. Se puede llegar a amar al barroco, a esa selva, ese prado de formas y colores. No es lo que más ayuda a rezar, pero te metes dentro de ti mismo y te olvidas de que estás en una especie de fotograma de Alicia en el país de las maravillas.
Bueno, os dejo. Un mexicano de Zacatecas ha invadido mi habitación para descargar el controlador de su impresora. Llevo perdido en el asunto casi tres cuartos de hora. Dichosa caridad, con lo bien que estaba yo con mi partida de ajedrez, escuchándo música, y ahora el run run de la conversación sobre controladores, drivers y cosas de la impresora que no me interesan. Si me hablara de orcos, del centro de la tierra, de la vida secreta de Sherlock Holmes, pues me interesaría, pero los programas de su impresora me dejan frío. Le he dicho que tenía que escribir el post, de momento aguarda callado sentado frente a mí.
La noche anterior a ésta soñé que el Santo Padre moría. Lo vi claramente expuesto, revestido de pontifical. Su cara estaba muy deteriorada. Y un pájaro pequeño, como un gorrioncillo, se posó sobre su cara. Algunos detalles del sueño me los guardo.
En el sueño de hoy, iba charlando con una persona por un campo segado, era de noche. A unos cuarenta metros, le dije que me volvía porque iba descalzo y tenía miedo de que me picara alguna serpiente. Al regresar, el que me acompañaba se arriesgó la vida bajando por un precipicio. Yo le aconsejé con vehemencia que no lo hiciera, y menos sin necesidad, por juego. Pero no me hizo caso. Me asomé y el abismo que se abría ante mis ojos era de una profundidad y una oscuridad terrible. Los sueños más bonitos que he tenido en toda mi vida, desafortunadamente pocos, han sido cuando en el sueño volaba. Era todo tan real y tan bello, una sensación inolvidable.
Los que tenemos cuarenta años conocimos otra televisión. Casi todos los países europeos conocieron la mejor etapa de la televisión. Una etapa grandiosa que parece irrecuparable porque no hay voluntad de recuperar lo que voluntariamente perdimos. Las peores tendencias son las que han prevalecido.
Aquella televisión que conocí, que conocimos, no era sólo de programas de cultura, no era sólo de programas reverentes, no se trataba de una televisión seria y retrógrada. No. Fue una televisión en la que aprendí a amar el cine, el gran cine. Una televisión en la que conocí todas las últimas tendencias del teatro. Una televisión de grandes debates, magníficos, cada semana. Una televisión en la que hasta los dibujos animados de la Warner Bros. eran obras de arte que merecerían de por sí un estudio detallado. Ah, encima, apenas había publicidad. Esto parece Jauja, pero fue la televisión que tuvimos y que permitimos que nos quitaran.
En este caso, el de la televisión, la multiplicación de canales lleva a multiplicar lo mismo hasta el infinito. La televisión está evolucionando a peor, eso es evidente, todas las mentes preclaras se han dado cuenta de ello hace mucho tiempo. De hecho es uno de los grandes temas de discusión de nuestra generación. Y es lógico: del uso que demos de ella, de su mejora o de su envilecimiento, dependerán hechos que sucederán en el futuro. Hemos puesto en marcha causas cuyos efectos los vamos a recoger en el futuro.
Nos quedan las opiniones de varios romanos, la de Séneca la más famosa, sobre el circo romano. Para el futuro quedarán los clamores de muchos contra una situación que se agrava año tras año. En este caso no es pan y circo. Sino que la televisión es el pan diario de una sociedad entera, de una sociedad planetaria.
Algunos lo resuelven de un modo muy sencillo: hay que darle a la audiencia lo que pide. Pero esa misma regla no vale para infinidad de aspectos de la sociedad en la que la misma sociedad se ha autoimpuesto límites. ¿Hasta dónde ha de llegar el fango para que entendamos que hay que hacer algo?
Uno de los asuntos que más han revoloteado por mi mente estos días, ha sido un asunto práctico. Práctico aunque unido a lo espiritual.
Vereis. Yo había hecho propósito de llevar siempre la sotana en Roma. Cuando llegué me compré una. La pedí hecha con la tela más ligera y fresca que la tuvieran. Expresamente dije que no tuve fibras artificiales. Bien. El problema es que las veces que me la he puesto, es asfixiante.
¿Por qué? La sotana actual tiene telas, entretelas, es una prenda ceñida hasta la cintura y cerrada en el cuello. El resultado es que como te la pongas no dejas de sudar.
La sotana se ha convertido en una prenda meramente protocolaria, para las grandes ocasiones. Para mí es un signo de consagración, un hábito, que deseo llevar todo el día.
Así que después de varios días preguntándome qué hacer, he llegado a la conclusión de que tengo que hacerme una de algodón y amplia. A ver si mañana hablo con un sacerdote oriental y le pregunto qué tipo de sotana llevan ellos. Veo que tengo que encargar una de algodón 100%, o lo más que se pueda.
Ay, cómo añoro el traje talar que llevaba en mi parroquia. Es cierto que era desmañado, cosido por una parroquiana y tal. Pero qué comodo era para todo el año, con frío y calor.
Bueno, si conoceís a algunas monjitas que cosan barato aquí en Roma, por favor decídmelo fortea@gmail.com
Sé que este tipo de preguntas parecen que las hago por decir. Pues no. Nada de eso. No, señor. No sabéis cuántos servicios me ha prestado este blog. Para empezar, ya me he encontrado en Roma con cuatro personas lectoras del blog: una en una iglesia (el primer día que llegué), otra por la calle (un mexicano), otra me escribió (un franciscano) y hoy con profesor en una universidad.
También es muy gracioso oir a mis espaldas a algún turista que le dice a su mujer o amigo: no te lo vas a creer, pero creo que he visto al padre Fortea.
Además, debo ser de los curas más fotografiados de Roma. Porque curas hay en la ciudad, pero no sé dónde se meten, porque desde luego en la calle no se les ve. Por la zona del Vaticano, sí. Pero más allá, dejan de existir.
Bueno, pero no os despisteis. Lo que hoy necesito es lo de las monjitas.
Hoy por la tarde se han marchado la mayoría a Frascati, donde el rector (ahora obispo) tomaba posesión de su diócesis. Yo que tenía trabajo y francamente no me apetecía meterme en un viaje, me he quedado.
El colegio ha quedado como uno de esos pueblos abandonados de las películas del oeste. Aunque este colegio siempre ofrece esa apariencia. Aunque parezca increíble, no hay sala de estar, ni sala de la televisión. Hay un gran salón donde hay una pantalla de televisión que nadie usa. El comedor tampoco invita a la sobremesa. Parece un comedor diseñado para que los estudiantes no se apoltronen en largas conversaciones.
Pero estoy divagando. Hoy tras la comida en este caserón, he subido a mi habitación y he escuchado un poco de música durante mi descanso de después del almuerzo, que aquí se llama pranzo. Como tantas veces, la banda sonora de Blade Runner. Aunque ya no sé si cuando escucho esa música, escucho la música o en realidad rememoro aquella primera vez que vi la película con diecinueve años, en el seminario.
A los cuarenta somos muy dados algunos a ver algunas cosas o a escucharlas, pero en realidad lo que hacemos es rememorar una época, un ambiente, las impresiones que recibimos aquella vez. Incluso vemos muchas veces una película, a trozos, como si existiera un ritual de recuerdo, como si fuera un parque que recorremos una y otra vez con una mezcla de nostalgia y gozo.
Como los replicantes, cada vez sentimos más afición a las fotos.
Hoy he estado en las ordenaciones episcopales de San Pedro del Vaticano, ordenaban al rector del collegio pontificio donde vivo. ¡Qué bonita ha sido la ceremonia!
De verdad, cuánto he disfrutado. Todo estaba tan bien hecho, todo se hacía con tanta unción, con tanta perfección. Después, qué grandeza. Delante de mí había bancos y bancos de monseñores con sus roquetes sobre sus sotanas filetatas. Delante de ellos una infinidad de obispos como nunca había visto. Delante de ellos, bancos de cardenales.
Curiosamente, entre los monseñores he reconocido a un compañero mío de Pamplona. No le he encontrado después, pero le pienso ir a saludar.
A las dos de la tarde hemos tenido la comida en el collegio. Además de nosotros, los residentes, estaban los familiares del obispo, también algunos miembros de la Curia.
La comida sin lujos. La silla del obispo, una gran sede con un escudo en lo alto. Sea dicho de paso, las tartas del postre eran de las que no me gustan, con nata que siempre se me hace tan empalagosa.
En las últimas semanas he tenido tres sueños significativos. El primero, todavía en Alcalá, soñé que estaba dentro de la catedral de mi diócesis y que fuera llovía y llovía. Después salí charlando amablemente con mi obispo, y juntos fuimos al obispado. Entonces me di cuenta con alegría de que todo estaba nevado.
Este sueño tiene para mí un significado espiritual personal. Como es personal, no lo voy a explicar.
En el segundo sueño, de hace pocos días, soñé que miraba el reloj y veía que sólo me quedaba un minuto antes de que las campanas de la basílica tocaran y me tuviera que levantar. En mi sueño, soñé que me volvía a echar en la cama y que decidía seguir durmiendo hasta que tocaran.
Pero al poco me di cuenta de que no podía haber consultado el reloj porque estaba durmiendo. Fue muy curioso, porque en el sueño me di cuenta de que lo que acababa de hacer lo había hecho en un sueño. Así que decidí despreocuparme de la hora y seguir durmiendo.
Es muy curioso esto de hacerse consciente en un sueño de que uno está soñando. El tercer sueño, el de hoy, fue curioso: soñé una música. Todo mi sueño fue esa música. Al levantarme, la música resonaba en mi cabeza, hice memoria y me acordé: era la música de La Amistad, la parte vocal del final de la banda sonora. También este sueño tuvo para mí un significado espiritual.
La inculturación del mensaje del cristianismo en la cultura de Grecia y Roma fue un éxito. Podemos soñar qué se hubiera podido hacer en otros lugares de la Tierra en siglos posteriores. Podemos imaginar un altar cristiano (incluso con sus velas y su crucifijo) en lo alto de las pirámides de Teotihuacán.
Me puedo imaginar perfectamente a un jesuita del siglo XVI diciendo misa en latín ante una masa congregada alrededor de la pirámide, cantando y esperando a que el sacerdote baje a darles el Pan bajado del Cielo. Me puedo imaginar escenas semejantes entre los mayas y en todas las culturas mesoamericanas.
¿Por qué no sucedió? Desde luego no fue porque esos jesuitas, los dominicos y los franciscanos no tuvieran una idea muy clara de qué era lo esencial en el mensaje que predicaban y qué era lo accidental. Desde luego no fue porque carecieran de mentalidades flexibles. No, no fue eso.
La gran diferencia entre los falsos cultos griegos o romanos, y los cultos aztecas y similares, era que muchos de estos últimos eran sistemas de opresión. No eran religiones que acercaran a las almas a Dios, sino estructuras para oprimir en este mundo a sus congéneres.
De ahí cuando el poder que sustentaba por la fuerza aquel sistema sacerdotal se desplomó, su religión lo hizo también. Y nadie la echó de menos.
Nadie se planteó cristianizar las pirámides aztecas, del mismo modo que nadie se planteó cristianizar Austchwitz. Hay cosas que se pueden transformar, hay otras que es preferible abandonar.
Por supuesto que también se puede decir que el corazón espiritual de la Iglesia es el amor. Es cierto. Pero el corazón visible del cuerpo visible de la Iglesia es Roma. Sólo aquí viendo las impresionantes dimensiones de la Gregoriana, del Biblicum, del Angelicum y tantos y tantos otros, tantísimos, se comprende la fuerza de este corazón.
Miles y miles de sacerdotes que retornan a los confines del mundo con la ciencia aquí aprendida, con las ceremonias aquí vistas grabadas en su memoria, con toda una visión universal de la Iglesia. Además, retornan, pero aquí ellos mismos dejaron sus ideas, sus conceptos, su talane, en compañeros, en los profesores, en las universidades. Su paso por aquí les enriquece, y ellos enriquecen a la Urbe.
No me juzgueis por lo que digo como el carca más carca del mundo. Creo que el progresismo del siglo XXI tiene que replantearse algunas cosas. Y una de ellas es mirar a Roma con nuevos ojos. Mirarla y entenderla. Darse cuenta de que ella no sólo no es un escándalo, sino una necesidad. Aquí está el hermano Pedro, entre roquetes, entre barroquismos, entre rúbricas y solideos y oficinas: pero aquí está el hermano Pedro.
Por supuesto que también se puede decir que el corazón espiritual de la Iglesia es el amor. Es cierto. Pero el corazón visible del cuerpo visible de la Iglesia es Roma. Sólo aquí viendo las impresionantes dimensiones de la Gregoriana, del Biblicum, del Angelicum y tantos y tantos otros, tantísimos, se comprende la fuerza de este corazón.
Miles y miles de sacerdotes que retornan a los confines del mundo con la ciencia aquí aprendida, con las ceremonias aquí vistas grabadas en su memoria, con toda una visión universal de la Iglesia. Además, retornan, pero aquí ellos mismos dejaron sus ideas, sus conceptos, su talante. Y dejaron todo eso día a día, durante años, en compañeros, en los profesores, en las universidades. Su paso por aquí les enriquece, y ellos enriquecen a la Urbe.
Ellos pasan, los estudiantes pasan, pero llegan otros nuevos a Roma. Y la Urbe va cambiando, imperceptiblemente.
No me juzgueis por lo que digo como el carca más carca del mundo. Creo que el progresismo del siglo XXI tiene que replantearse algunas cosas. Y una de ellas es mirar a Roma con nuevos ojos. Mirarla y entenderla. Darse cuenta de que ella no sólo no es un escándalo, sino una necesidad. Aquí está el hermano Pedro, entre roquetes, entre barroquismos, entre rúbricas y solideos y oficinas: pero aquí está el hermano Pedro.
No hace falta que insista, lo he hecho en otros muchos posts, que Roma no es más Iglesia que el pueblo de San Pedro de los Aguados en México. Tan Iglesia es la Urbe como un grupito de católicos en Indonesia. No es más Iglesia el Papa que yo mismo.
Sin embargo, dejando claro esto, la Iglesia sí que tiene un centro, sí que tiene una cabeza, sí que tiene un corazón. Durante muchos años, consideré que la Sede de Roma era sólo la cabeza, no el corazón. Pero aquí, viendo como desde esta parte del cuerpo de la Iglesia se bombea doctrina, sacerdotes, ciencia, liturgia, hacia todos miembros de la Iglesia, no dudo en afirmar que es también su corazón. Miles y miles de sacerdotes de todos los confines vienen a estudiar, y después retornan adonde vinieron.
Por supuesto que también se puede decir que el corazón espiritual de la Iglesia es el amor. Es cierto. Pero el corazón visible del cuerpo visible de la Iglesia es Roma. Sólo aquí viendo las impresionantes dimensiones de la Gregoriana, del Biblicum, del Angelicum y tantos y tantos otros, tantísimos, se comprende la fuerza de este corazón.
Hoy paseaba por Roma y un frasciscano andaluz me comentó: es que da sensación de que te arropa.
Esa frase para mí estuvo cargada de sabiduría. Sí, el barroco te da sensación de que te arropa. Una Roma gótica tendría un aire más mistérico, más impresionante, más sobrehumano. Mientras que el barroco italiano, así como el estilo renacentista, son más humanos. Dan una impresión más amable.
Pienso que no es casualidad que el centro del Cuerpo de la Iglesia tenga una estética amable, humana, acogedora, luminosa, sonriente bajo el claro cielo mediterráneo. Ese centro podría haber sido situado en otros climas, bajo otra estética, pero creo que podemos estar contentos de lo que tenemos. El Dios de la Historia, nuestro Padre, ha cuidado hasta de los detalles.
Nuestra fe ha sido colocada en un arca bonita.
Alguien podría pensar que me fijo demasiado en lo humano. Pero si algo me ha enseñado la lectura de la Palabra de Dios, es que el Altísimo no desdeña lo humano. Dios estuvo presente cuando se levantó el Partenón, allí estaba Él cuando se erigieron las pirámides mayas. Dios inspiró el pincel de Rafael y Miguel Ángel, también a los que fueron perfilando los jeroglíficos egipcios. Allí donde alguien se consagró a crear belleza, allí estaba el Creador, pendiente de las obras de sus hijos.
Desde esta perspectiva optimista, desde esta perspectiva de la belleza, hay que entender a Roma. La Urbe es la fe hecha historia. Hechos de los Apóstoles, continuados, conducen a Roma. Nuestra fe no es una idea, ni un mero ideal, es vida, es Historia. La historia de los siete sacramentos, la historia de los Papas, es la historia de la Biblia después que se concluyó de escribir el último de sus libros sagrados, es la historia del heroismo y del pecado, de lo sublime y de lo miserable, y de lo mediocre, todo eso y mucho más es la Historia del Pueblo de la Nueva Alianza.
Qué formidable es acabar de comer y decirme voy a dar un paseo. Salir y poder pasear por las mismas calles de la antigua Roma, entrar al Panteón, pasar al lado de obeliscos, columnatas, y todo al lado de la puerta de casa, todo a cinco minutos de mi habitación. A mí que siempre me ha gustado pasear, creo que el Señor me ha traído al Cielo de los Paseos.
Y así hoy, tras la pasta de rigor (siempre es el primer plato) he bajado a la calle y he deambulado por este laberinto que es la Urbe. Al entrar en el Panteón, he pensado: qué inculturación tan conseguida fue la del cristianismo en el mundo clásico. Y lo pensé en el centro justo de un templo en el que los altares a los dioses, fueron sustituidos por los altares a los santos. Pensé justamente eso en el centro del Panteón, bajo su gran apertura en la bóveda. No era un lugar cualquiera. Para mí el edificio del Panteón es el centro de la Antigua Roma, la que sustituyó a los dioses por los santos. Mientras que el Vaticano es el centro de la Nueva Roma.
La inculturación de Occidente, tanto con los griegos, como con los celtas, tanto con los germanos, como con los íberos, fue perfecta. Un logro del que nos hemos estado beneficiando durante más de mil años. En el caso del Imperio, se hizo tan bien que es que parece que toda la cultura clásica naciera y se desarrollara para ser culminada por el cristianismo. Como si el mismo fin de su ser, fuera servir de pedestal a la fe de Jesús. En esta ciudad especialmente, ésta no es una idea intelectual, sino que hasta las mismas piedras parecen expresar visualmente esta visión providencialista de la Historia.
Este collegio pontificio es como el colegio Hogwarts de Potter sólo que en estilo barroco italiano. Viendo la última película de Potter me doy cuenta de la importancia de la estética: la importancia de la vestidura clerical entre los que vivimos aquí, la importancia de las ceremonias comunitarias, la importancia de que todo esté perfectamente arreglado y sea sencillo pero perfecto.
De esto se dieron cuenta los creadores de ese mundo ficticio potteriano. Los ingleses para esto siempre han sido maestros indiscutibles.
Mi colegio lo tiene todo para ser una impresionante burbuja estética: grandes escaleras de piedra, monumentales, un gran templo (ni más ni menos que una basílica), casi un centenar de residentes a partir de octubre.
Sin embargo mi colegio ahora muestra su cara menos agradable: la de los recién llegados despistados, que no conocen el idioma, que sienten nostalgia, que se sienten abrumados ante todo lo que tienen que hacer (papeles, buscar los edificios, aprender el italiano en un academia). Seguimos siendo un grupito de residentes en una sola de las muchas mesas del comedor. Una mesa ocupada, la del centro, rodeados de mesas vacías. Parecemos supervivientes en este gran cascarón.
Os confieso que nunca habia visto a esta ciudad desde una optica tan espiritual. Me encanta mirar al cupula de San Pedro. Cada vez que la veo, me pregunto qué es lo que contiene esa cupula. Y me respondo, el corazon de la Iglesia.
Sí, Roma es la Nueva Jerusalen, San pedro del Vaticano el Nuevo Templo. Éste es el centro de la Iglesia. Si la Iglesia hubiera sido una suma de islas, no habria ninguna cabeza. Pero si la Iglesia es un cuerpo, éste es su centro, su cabeza, su corazón.
La ciudad está jalonada de templos, de signos cristianos, de imágenes de la Virgen. No sólo no tiene que envidiar nada a la Antigua Jerusalén, sino que la nueva es más grande, más bella, más espiritual. Todo en esta ciudad refiere a Cristo. Es difícil no ir con presencia de Dios por sus calles, todas sus piedras, pinturas y torres lleva a elevar el pensamiento a Dios. ROMA es AMOR al revés, no pienso que eso sea por casualidad. La ciudad que en el pasado significó OPRESIÓN, desde los Apóstoles está destinada a significar el amor de Dios por los hombres. La ciudad que extendió un imperio humano, ahora debe extender el imperio de un nuevo reino espirtual.
Ah, la frase del titulo es inventada, todavia no se italiano. ¿Pero a que suena a italiano? Puedo inventarme mas, por ejemplo, gli gorgonzolisti di capo di quiambeli. O esta otra: laborando e resperiando la magnitudine dil promocomodoro. Pronto sabre italiano de verdad y ya no podre inventar con esta santa ingenuidad.
Una de las cosas que mas me intriga de los turistas que veo que deambulan por Roma, es que recorren medio mundo para despues sentarse en un restaurante y pedir unos espaguetis. ¿Pero es que hay alguien tan cortico de entendimiento que no se pueda hacer cualquier tipo de pasta con solo hervir el agua e, incluso, ponerle un poco de sal? Pues parece ser que si. Les veo que se comen los espaguetis con delectación, con estusiasmo y no dejan ni uno. Además es que se devoran unos platos que, no exagero, cada uno forma una montañita de pasta.
Otra cosa que me sorprende es que la gente compre y compre recuerdos de 50 centimos. Objetos del mas dudoso gusto que acaban indefectiblemente en la basura. Puedo asegurar que en Roma, en Jerusalén y en Nueva York no hay nada por 50 céntimos que valga la pena, salvo para ir a la basura.
Otra cosa que he observado es que los hombres italianos van mejor vestidos y con un corte de pelo mas sofisticado que los españoles. Las mujeres también van vestidas de un modo más sofisticado.
Todo el mundo habla de los helados de Roma. Pero saben exactamente igual que en cualquier otra parte del mundo. Además, el mejor helado del planeta es el Haagen Daaz. Probablemente es el más bueno, porque la mitad del contenido debe ser grasa. Grasa pura y dura. Es triste pero es así.
Tambien quiero dejar constancia de que las sirenas de la policia y las ambulancias de esta ciudad tienen un sonido sencillamente horrible. La ciudad ganaria mucho con un cambio de sirenas.
Y este calor. Este calor es horrible. En España podremos tener a Zapatero, pero no hace este calor húmedo que parece más propio de las inmediaciones de la Divina Comedia que de una ciudad con tanta tradición pontificia.
El que no hayan dado de comer en el collegio hasta septiembre ha provocado que tome mas pizza que en cualquier otra epoca de mi vida. Nunca creí que llegara a odiar la pizza. Sí, nunca creí que llegara este día.
Por otra parte no he estado completamente solo en la residencia. Un pobre sacerdote de Peru llegó al collegio el mismo dia que yo, tan despistado como yo. Sin saber que aqui todo el mundo llega mas tarde. Los dos nos hemos hecho compañía.
Él es de la Sociedad de la Santa Cruz, asi que nada de la vida loca: peregrinaciones al Vaticano, visitas al Santisimo tras la pizza del mediodia, compras en tiendas religiosas y asi.
El jueves empezamos nuestras clases de italiano. Me han dicho que el italiano es como el catalan solo que acabando todo en -ini y en -etto. Ahora en serio, tampoco creo que sea muy difícil esto del italiano, incluso veo que los niños pequeños lo hablan.
Os puedo asegurar que un collegio eclesiastico vacio es la cosa mas deprimente que existe. Pero no es sólo este paisaje de pasillos vacíos donde se mueven las cortinas al viento y en medio de la oscuridad de la noche pasa una monja. No es sólo eso, no. Encima tengo otro motivo de preocupacion que ahora os explico.
El calor en mi habitacion es espantoso. Baste decir que hay más de 30 grados dentro de mi habitación en la medianoche. Asi que dejo la ventana abierta del todo, ya que no tiene persiana. Pero tengo un gran temor y es mi sonambulismo. ¿Qué pasa si por la noche me da por perseguir un gato justamente por ahí, por la ventana?
Tras pensarlo detenidamente, llegué a la conclusion de que mis paseos nocturnos eran muy pocos para tener que temer de un modo real que pasara algo. Pero he aqui que la segunda noche, la segunda noche que he pasado en Roma, tuve uno de esos episodios de sonambulismo. ¿Y adónde me fui? Pues hacia la ventana. Afortunadamente no pasé de ahi. Qué horror.
El Señor encima de calvo me hizo sonambulo. Pero no me quejo.
La otra que he intentado comprar hoy sabado, es una sotana. Y es curioso, en eso he tenido mas fortuna que con la palangana. Pero he salido horrorizado de Barbiconi cuando me han dicho que lo mas barato que tenian era por 450 euros. Si, no penseis que me he equivocado, 450 euros, en color negro. Ah, y de las sencillas.
Al entrar ya me ha escamado que tuvieran en la entrada la foto del Papa. No sabia si eso era signo de devocion o un indicativo de que el era un cliente mas de la casa.
Lo cierto es que me he marchado sin la sotana, decidido a buscar un lugar mas apropiado a los apostoles del siglo XXI.
Despues de buscar y buscar, de preguntar y preguntar, he aceptado el ultimo precio que me han ofrecido en Euroclero. Sabeis cuanto me han pedido por la sotana} LEASE SIGNO DE INTERROGACION. Sabeis cuanto} Pues si, 450 euros. Que casualidad. Habia dejado Espagna con sus monopolios de venta de gasolina, para caer en el monopolio sotanico. No me lo podia creer. Al final me he rendido. Pongamela, le he dicho. Y he pagado sin rechistar.
Que he hecho en el dia de hoy} LEASE ESTE SIGNO COMO INTERROGACION. Llevo aqui un buen rato en este lugar publico buscando la interrogacion, y ya lo he dado por imposible. Cuando tenga Internet en el collegio, ya pondre bien la puntuacion. Hasta entonces me autodispenso de tildes y otros signos ortograficos.
Como iba diciendo, que he hecho en el dia de hoy} Pues buscar desesperadamente por el centro de Roma un lugar donde comprar una palangana de plastico. Ya que en el collegio nosotros nos lavamos la ropa. Me gusta incidir en estos detalles proletarios para aquellos que piensan que estamos rodeados de criados en un gran palazzo.
Pero ni palangana, ni dos cajitas de plastico que tambien necesito para meter pequegnas cosas, ni bascula para pesarme. QUIEN SIGA ESTE BLOG DESDE HACE UN AGNO, SABRA POR QUE LA BASCULA ES UN ELEMENTO QUE PRECISO.
Pero aqui en el centro solo hay tiendas de moda, de helados y de pizza en todas las formas posibles. Me he olvidado los recuerdos. Pero ay de vosotros si en el centro buscais algo normal como un supermercado. Ay de vosotros. Despues de una docena de horas andando entre ayer y hoy he logrado dos supermercados. Pero de palangana, nada.
Asi es. No tenemos Internet en casa hasta el 5 de septiembre. De forma que he tenido que pagaresa cantidad por usar la red en una libreria. Las 500 personas que me siguen han provocado en mi tal arranque de generosidad.
Por aqui todo bien. Hace un calor propio de la Divina Comedia. Una y otra vez me pregunto porque la Providencia no puso el Vaticano en Inglaterra.
Sobre el collegio donde vivo podria escribir muchas cosas. De momento bste decir que esta vacio como una piramide de Egipto. Los estuidiantes llegaran pronto, pero todavia no. Solo estamos un peruano y yo. Menos mal porque las monjas del collegio no hablan nada o casi nada.
el collegio en su grandiosidad , con sus cuadros y estatuas aparece perfecto para una pelicula de terrro r italiana.
Ya estoy en Roma. Como no llegaba al collegio antes de que las hermanas se retiraran, ya estaba previsto que me alojara en un hotel esta noche. Lo cierto es que duele la cabeza, y eso es algo que raramente sucede. Hace un calor humedo no muy agradable, pero la ciudad esta esplendorosa.
Por alguna razon le he cogido en los ultimos meses un gran amor a esta ciudad. Como si esta ciudad la viera mas sagrada que nunca. Es decir, no puedo evitar pensar en todo lo sagrado que contiene. Muchas veces habia venido en el pasado, y nunca habia sido tan consciente como ahora. Los martires que murieron en ella, sus iglesias, las estructuras que mantienen erigida la Iglesia universal y que radican en este lugar de la tierra.
Son las diez y estoy deseando darme una ducha, y meterme en la cama. Que raro este dolor de cabeza. Sea dicho de paso, he dado un paseo y me he encontrado a un lector del blog, que me ha reconocido al momento. No me lo podia creer.
Ah, magnana me comprare una sotana.
He logrado reducir cuarenta años de vida a tres maletas de diez kilos cada una. Cualquier exegeta bíblico aseguraría que tanto el 3 como el 10 son números simbólicos, pero que en realidad ni eran tres maletas, ni diez kilos en cada maleta. Pero lo cierto es que sí, son tres. Ni dos, ni cuatro: tres. Y diez kilos: uno por cada Mandamiento de la Ley de Dios. Suena a irreal, pero a veces la realidad parece irreal. Yo mismo he quedado sorprendido al ver la pericia con que mi mano había dividido el equipaje.
En el equipaje de mano, para ser exactos, había exactamente trece kilos. Es decir, que si sumamos el peso de las tres maletas salía una cifra de 33 kilos. Número extraordinariamente simbólico. Pero si hubiera dicho la realidad, entonces ya sí que nadie me hubiera creído. Aun así os aseguro que eran 33 kilos. A los exegetas siempre les desorienta esto de que la realidad pise sus teorías, pero no creo que la báscula se hubiera confabulado con ellos para darme un resultado metafórico.
Esto es gracioso, porque mi viaje a Roma y mis estudios parten del hecho de que el demonio es real. Por tanto mi viaje trata de demostrar que esas teorías que redujeron al demonio a sólo un símbolo son falsas. Pero no debo cantar victoria con rapidez, ellos podrían decir que mi viaje a Roma fue un mero símbolo.
La tesis de que todo es símbolo comienza a ser refutada incluso por el peso de mi equipaje. Aun así no canto victoria, necesitaré algo más que esta coincidencia en la facturación de mi equipaje para que ellos dejen sus teorías holandesas. Todo esto me recuerda a un chiste muy gracioso que me acabo de inventar de un exegeta en una granja. Al final el campesino le corta y le dice: sí, todo es simbólico, pero la vaca se me ha muerto.
Me acuerdo cuando me fui a Pamplona, al seminario. Tenía diecisiete años. A esa edad, el equipaje de la vida cabía en una sola maleta. Una mudanza de años para hacer el doctorado supone bastante más que una maleta. Sólo los libros imprescindibles ya implican un peso considerable.
Una mudanza a los cuarenta años tiene un algo de interrupción, de línea que marca un antes y un después. Han sido muchos años de vivir en un mismo sitio, de vivir en un mismo sitio y amarlo por encima de cualquier otro emplazamiento en la Tierra. Sólo había un lugar en el mundo donde deseaba vivir, y ése era mi ciudad: Alcalá.
Pero he sido yo el que pidió este tiempo en Roma. Así lo vi en la oración. Lo vi con seguridad. Y para mí este nuevo tiempo que se abre dentro del Tiempo, supone como un nuevo tiempo de seminario, como un volver a empezar, como regresar a aquellos maravillosos años donde comenzó todo. Mis intereses espirituales en este viaje van mucho más allá de mis intereses intelectuales. Un regreso al principio.
Las maletas que preparo están llenas. También lo están las maletas de mi vida. Y es que con el tiempo el peso de nuestros prejuicios, arteriosclerosis mentales, y muchas cosas simplemente inútiles se acumulan. Por eso esta estancia es para mí una estancia espiritual, no un cambio de lugar.
Hoy no voy a escribir unas cuantas líneas usuales, hoy os voy a dar una noticia. Una noticia que sin duda os sorprenderá y alegrará. Algo que vengo guardando en mi corazón y que hoy, por primera vez, os participo: el próximo miércoles me marcho a Roma por dos años.
Me mudo a Roma para hacer mi doctorado. Una tesis sobre el exorcismo (disculpad que de momento únicamente os participe el tema general) que me tendrá ocupado un mínimo de dos años.
Viviré en el centro de Roma en un collegio pontificio para eclesiásticos. El próximo miércoles partiré por la tarde en un viaje que, esta vez, no será de ida y vuelta en un tiempo breve.
No hace falta que os diga que si dispongo de Internet, os seguiré escribiendo unas líneas cada día. Me imagino que será posible. Dando por supuesto que lo será, el blog ganará en vivencias nuevas, será una bitácora romana. Sí, sin duda, contaros día a día mis andanzas por la Urbe, mis impresiones de sus basílicas, una a una, el contaros cómo avanzan mis estudios, lo que descubro en mis paseos, cómo son mis compañeros, cómo la comida en la residencia eclesiástica y todo eso van a hacer que este blog sea mucho más interesante.
Tampoco os oculto que estas líneas las escribo contento, esperanzado y un poco triste de abandonar mi queridísima Alcalá. Porque esta ciudad no era un mero lugar de residencia, era parte de mi vida, había llegado a amarla tanto que marcharme por unos años hace que llueva en mi corazón.
Ya estoy en casa. Una semana de viajes. Charlas, predicaciones, visitas a conventos, selvas, volcanes, calores llenos de humedad, mosquitos inmisericordes con el clero, aguacates y otras muchas frutas cuyos nombres no recuerdo, unas de sabor harinaceo, otras diminutas y de sabor indefinido, otras llenas de semillitas negras en medio de una especie de gelatina recubierta por una cáscara como la de la naranja. Casitas pequeñas entre palmeras al lado de la carretera, iglesias llenas, estrechar la mano de cientos de personas, estar rodeado de hospitalidad y sonrisas. Gente que viene con mis libros y los abre con una sonrisa para que los dedique. Gente desconocida pero a la que me unen mis libros. Lectores de mi blog en los lugares más insólitos. Anécdotas y cenas amables. Beso anillos episcopales, impongo las manos sobre una indígena de rasgos extraordinariamente raciales, se acercan a mí curiosos dos docenas de niños de la guardería del padre Sergio, se agarran a mi sotana blanca, me piden con sus manitas que los coja en brazos. Sí, ha sido un gran viaje. He disfrutado, he hecho apostolado y regreso mejor persona que cuando me fui, con una más clara idea de qué es lo esencial en esta vida, y qué es totalmente un laberinto intelectual occidental. Muchos eclesiásticos dedicamos mucho tiempo a esos laberintos humanos. En Latinoamérica la Iglesia rebosa vida. También es verdad que mi situación es un poco contradictoria. Curiosamente esos magníficos laberintos de conceptos e ideas, esas construcciones góticas de teología, fascinan a esos hombres de otras latitudes. De ahí que nos movemos entre la vida y entre los libros. Creo que ya siempre me moveré entre esos dos mundos. Deliciosa contradicción, las páginas y los seres humanos. Quizá no haya contradicción.
Ya estoy en casa. Una semana de viajes. Charlas, predicaciones, visitas a conventos, selvas, volcanes, calores llenos de humedad, mosquitos inmisericordes con el clero, aguacates y otras muchas frutas cuyos nombres no recuerdo, unas de sabor harinaceo, otras diminutas y de sabor indefinido, otras llenas de semillitas negras en medio de una especie de gelatina recubierta por una cáscara como la de la naranja. Casitas pequeñas entre palmeras al lado de la carretera, iglesias llenas, estrechar la mano de cientos de personas, estar rodeado de hospitalidad y sonrisas. Gente que viene con mis libros y los abre con una sonrisa para que los dedique. Gente desconocida pero a la que me unen mis libros. Lectores de mi blog en los lugares más insólitos. Anécdotas y cenas amables. Beso anillos episcopales, impongo las manos sobre una indígena de rasgos extraordinariamente raciales, se acercan a mí curiosos dos docenas de niños de la guardería del padre Sergio, se agarran a mi sotana blanca, me piden con sus manitas que los coja en brazos. Sí, ha sido un gran viaje. He disfrutado, he hecho apostolado y regreso mejor persona que cuando me fui, con una más clara idea de qué es lo esencial en esta vida, y qué es totalmente un laberinto intelectual occidental. Muchos eclesiásticos dedicamos mucho tiempo a esos laberintos humanos. En Latinoamérica la Iglesia rebosa vida. También es verdad que mi situación es un poco contradictoria. Curiosamente esos magníficos laberintos de conceptos e ideas, esas construcciones góticas de teología, fascinan a esos hombres de otras latitudes. De ahí que nos movemos entre la vida y entre los libros. Creo que ya siempre me moveré entre esos dos mundos. Deliciosa contradicción, las páginas y los seres humanos. Quizá no haya contradicción.
Ayer fui a ver un volcan que tiene un crater de siete kilometros de diametro. Casi es de largo como ese pais del que algun dia puedo llegar a ser coprincipe, Andorra lo llaman. Claro que no me gustaria ser jefe de estado de una nacion que cabe en un crater. Esto ultimo es una broma, en esta materia no le haria ascos a nada.
Pero volviendo al tema que nos ocupa. Ayer me entero con gran sobresalto que en la casa de la familia que me hospeda, una familia muy evangelizadora, se habia hospedado ¡¡¡el padre Cutie!!!
No me podia creer que el pre-episcopaliano padre hubiera dormido en la misma cama que yo. ¿Me habrian picado los mismos mosquitos que le habian picado a el? En mi habitacion de Santa Ana los mosquitos habian gozado de otra noche de picnic sobre mis blancas carnes. Revoloteando sobre mi lecho, estadisticamente podia haber al menos una docena de "zancudos" que hubieran probado la cosecha de Miami y la forteniana.
La noticia perdio un cierto interes al saber que aunque habia sido la misma familia la que le habia invitado a predicar, esa noche durmio en otra casa. Pero el padre Tardiff si que durmio alli.
Bueno, muchas mas cosas tendria que comentaros, pero teneis cosas que hacer y no quiero que os demoreis mas en vuestras obligaciones.
Bonita la mariposa de alas naranjas y negras que revoloteaba alrededor del altar de la catedral de Santa Ana donde hoy he concelebrado. Siempre habia pensado, para embellecer el altar, en incienso, velas y similares, nunca en poner mariposas. Esta era tan grande, que cuando he vuelto de dar la comunion y la he visto a contraluz he pensado que era un murcielago.
Despues me he tomado una Coca-Cola en el jardin de la casa donde me hospedo, la conversacion ha quedado interrumpida cuando he visto (y cogido) a la gran tortuga que se paseaba despreocupada por el jardin.
La celebracion de ayer con su misa, mi charla y las bendiciones, preciosa. 1200 personas llenas de fe. Toda una celebracion. Dios interrumpio el tiempo dedicado a las preguntas con una lluvia torrencial. Estabamos a cubierto, pero el estruendo era increible ya que se trataba de un techo metalico. Le agradezco a Dios la interrupcion, porque acabamos muy tarde. Pero es que si hay algo que me gusta en la vida, es bendecir. La gente se acerca al sacerdote de un modo que recuerda a las antiguas paginas del Evangelio. Antiguas y actuales. Porque aqui se viven esas paginas en tiempo presente.
Ayer me desplace a Santa Ana. Almorce en una casa que, como muchas aqui, tiene un trozo de paraiso tropical anexo a la casa. La comida discurrio amenizada con los graciosisimos chistes de curas del esposo de uno de los invitados.
Pero lo que mas me impacto fue que tras la sobremesa, cuando ya todos se iban, el dueño de la casa me comento que tenia una coleccion de sellos. Me esperaba encontrar un album o dos con sellos de los normales. Algo se de filatelia (tuve mi coleccion a temprana edad) y se cuando una coleccion es de esas que se compra barata en cualquier tienda.
Pero he aqui mi sorpresa, cuando abre el album y me encuentro con el Black Penny. Solo lo habia visto en libros. Sigue sacando albunes, sigo pasando paginas. Aquello era increible. Entre otras cosas tenia todos los sellos alemanes de la epoca hitleriana. Pero eso solo era uno de los muchos albunes que tenia. Resulta que el abuelo de su esposa habia sido un judio aleman aficionadisimo a la filatelia.
Pase en el sofa un rato apasionante escuchando los doctos comentarios de mi anfitrion. Incluso me regalo sellos beneficos de la guerra civil española, de un bando y de otro. Le pedi de los dos bandos para no despertar sospechas ideologicas.
Por la tarde predique en el seminario de Santa Ana. Que bonito era hablar ante aquellos ojos atentos de esos polluelos. Fue un placer para mi dar esa charla. Por la noche cene con el obispo auxiliar.
Sea dicho de paso, durante la cena senti un picor en la parte superior del pie. Al principio no le di importancia, pero el picor se intensifico, se hizo mas insistente, mas fuerte. No quedaba bien que yo bajara mi mano bajo la mesa para rascarme el pie. Asi que resisti como un martir del picor. Pero llego un momento en que por mas que le prelado decia cosas muy interesantes solo pensaba: picor, picor, picor, picor.
Al acabar la cena mire la piel que dejaba descubierta mi sandalia, y vi el suelo del jardin, un jardin tropical. Llegue a la conclusion de que alguno de esos simpaticos insectos alegres que correteaban a seis patitas, habia decidido cenar en mi pie mientras yo cenaba. Sea dicho de paso, les debi gustar porque un pequeño mosquito decidio continuar la cena cuando me fui a la cama.
Aprovecho un ratito libre para escribir unas lineas. Escribo desde la habitacion de la hija de tres agnos de la familia en la que me hospedo en San Salvador. Quiza mi persona inspire temor, miedo y sobrecogimiento. Pero duermo en un dormitorio de tonos rosa con un reloj de Hello Kitty y mil mugnequitos en los armarios. Osos de peluche, la Cenicienta, un tren de ositos y florecillas en una greca que recorre las cuatro paredes. La habitacion huele a rosa.
Este tipo de entornos no inspiran para despues hablar del Maligno. (Lo digo en broma, a mi todo me inspira para hablar del Principe del Averno.)
Aqui la gente es como en todas partes de Centroamerica. Gente sencilla, llena de sincera y emotiva religiosidad. Me conocen tanto que sospecho que el mercado ilegal de mis libros va mucho mas alla de lo que confiesan las editoriales.
Aqui me he reencontrado con un compagnero del seminario al que no veia desde hacia veintiun agnos. Curiosamente al llegar a este pais, tambien tuvo que empezar a hacer exorcismos.
Bueno, me marcho. Ah, estoy leyendo un libro del Padre Emiliano Tardiff que me resulta una verdadera inspiracion para estos viajes. Os quiero a todos, sed buenos.
Mañana empiezo un nuevo viaje apostólico. Los que me escuchen en las conferencias difícilmente se imaginarán lo duro que es el trastorno del sueño que cada uno de estos viajes trasatlánticos produce. Uno solo de estos viajes al año se sobrelleva muy bien. Pero cuando se hace un viaje de estos cada mes o cada dos meses, el efecto es acumulativo.
La única razón por la que los hago es por Dios. Él nos pidió que predicáramos, que impusiéramos las manos sobre los enfermos, que extendiéramos su semilla por todas partes. Muchas veces tengo la tentación de preguntarme para qué voy tan lejos, siendo que allí también hay sacerdotes. Pero después veo los frutos, frutos indudables, y ya no tengo ninguna duda.
Bueno, ya he acabado de hacer la maleta. En este viaje no me llevo el ordenador. Pesa mucho y al final las horas que trabajo son siempre muy pocas. El cansancio del vuelo no me permite trabajar con mente despejada. En este vuelo y en sus esperas me dedicaré a leer y rezar.
Me llevo Si una noche de invierno un viajero (será la tercera lectura que hago del libro) y Serás mi luz (la vida de la madre Teresa de Calcuta). También a Valtorta, pero ella por descontado siempre va en mi maleta.
El miércoles me marcho a Miami, El Salvador y Costa Rica a dar conferencias. La maleta, as always, es dejada para el final. Siempre me gustaría hacerla con tiempo y dejarla al lado de la puerta. Pero la maleta se resiste con uñas y dientes, quiere ser atendida justo al final.
Como me marcho de viaje, la nevera no ha sido respuesta desde hace tiempo. Desde hace tres días la variedad de mi comida ha disminuido. Ahora está casi vacía. Seguiré gastando congelados. ¿Quién me mandaría comprar tantas bolsas de guisantes? ¿Quién me sugeriría aprovisionarme de tanta pechuga de pavo sin colesterol? Ahora hay que gastarlo.
Hoy es uno de esos días que acaban con la nada agradable impresión de haberme ocupado de mil pequeñas cosas que no me han dejado dedicarme a las importantes. Con un amigo (que casualidad, también tiene 40 años) hablaba de que a cierta edad las pequeñas cosas te invaden el día. Como si te hubieras dedicado a las importantes antes de los 40, y después las cosas nimias lo invadieran todo.
Ah, leo que Hugo Chávez comenta que la presencia de Estados Unidos en Colombia puede generar una guerra. En medio del aburrimiento de las noticias, día tras día, semana tras semana, Hugo me alegra los noticiarios. Se le puede leer, pero es mejor escucharlo. Su voz, su gesto, es único. A veces canta. Los que le parodian deberían recatarse un poco. Esas parodias seguro que le duelen, es un alma sensible, y después se coarta y ya no puede actuar con la misma libertad. Por favor, no hablo de política, yo lo hago por el arte, lo pido por el arte: recataos. No ha sido fácil que Benny Hill llegara a ser presidente, ahora lo vais a echar todo a perder. En fin, acab0 el día con una sonrisa gracias a este vídeo (ay, le debo tantoa youtube)http://www.youtube.com/watch?v=prBFeuQQemY&feature=related
Hoy lo que tengo que decir, lo prefiero decir con imágenes. Ímágenes que encontraréis en este otro link que he actualizado:
http://elcanonigorampante.blogspot.com/
Tengo una amiga que es agnóstica. Con ella he tenido muchas conversaciones filosóficas y no he logrado mucho que digamos. Aunque, a veces, he logrado un cierto éxito en el arte de irritarla. Pero ahora tengo una razón que hará mella, por fin he logrado el caballo de troya que atravesará las duras murallas de su increencia: le voy a pasar el vídeo de Louis Armstrong cantando The saints are marching in.
http://www.youtube.com/watch?v=dMMtdVQLTpE&feature=related
No creo que haya nadie, salvo que sea de piedra, y que no entienda inglés, que pueda escuchar esta canción y no querer unirse a los santos entrando en la Nueva Jerusalén, a los santos marchando hacia la Luz. Armstrong lo dice con una alegría, con una convicción, con una felicidad resplandeciendo en su rostro, que salvo que uno sea de piedra, no queda más posibilidad que rendirse.
Reconozco que nunca he escuchado un sermón dicho de un modo tal que resistirse a él es casi una temeridad. No lo pondría en la Capilla Sixtina mientras entran los cardenales, pero creo que es una forma de presentar la fe y el más allá que resulta arrebatadora. Ah, si lograra decir mis sermones con esa calidez que desprende su voz: calidez humana, sencillez, bondad. No es una voz, es la personalidad que desprende esa voz. Ojalá que cuando yo entre en el Cielo, Dios mediante, me salgan a recibir Bach y Louis Armstrong. Si me sale a recibir Marilyn Manson, preguntaré educadamente: perdone, ¿dónde estoy?
Gracias a ese almacén general de imágenes en movimiento que es youtube, he podido ver trocitos de aquella serie de dibujos animados que fue Mazinger Z, Comando G, la música del comienzo de Sábado Cine, trozos de Los Roper, Enredo, Espacio 1.999. El Planeta de los simios, el comienzo de Un globo, dos globos, tres globos, Sabadabadá. Incluso ya me había olvidado de aquel programa malísimo de los viernes que se titulaba Destino Plutón.
El resultado de todos estos actos de nostalgia siempre es el mismo: me estoy haciendo viejo. Ayer vi Up y me sentí completamente reflejado en el viejecito. Cuando esto pasa es que uno ha llegado a los cuarenta. Durante muchos años uno considera la vejez como una época mítica, lejana. Como si hubiera una gran zanja en medio que es toda la vida.
La vida es toda la vida. Por tanto no hay de qué preocuparse. Hay toda una vida por delante. Y sin darte cuenta, de pronto, estamos ya a la mitad de la cuenta. Cuando nos damos cuenta pasamos de sumar, a restar.
Ayer, viendo la película, Up, me di cuenta de que me había imaginado mi vejez de muchas maneras. Pero nunca me había imaginado sordo. Me imaginaba en mi sillón, escuchando a Bach o viendo una película, pero no sordo como una tapia.
Hace tan poco la infancia estaba tan lejana, ahora empiezan a caer hojas de los árboles. Comienza a hacer frío y los días se acortan. Sólo nos queda refugiarnos en Dios.
Siempre me ha hecho gracia que en los años 70 pudieran edificar en la bella ciudad de París el horroroso Centro Pompidou. Pero es que en esos años los hippies tenían carta blanca. Podías hacer las mayores barrabasadas, que cuando les criticabas, te miraban arqueando la ceja derecha y te decían: claro, es que usted no nos entiende.
La cultura de los 70 se resume en que ellos podían hacer y deshacer a su antojo, porque eran modernos, eran progresistas, eran jóvenes, estaban a la onda. Mientras que tú, lector de este blog, no podías hacer la más pequeña crítica, porque tú eras el pasado, lo anquilosado, estabas superado, te soportaban, eras un pequeño burgués y no te habías dado cuenta, y si eras religioso, entonces sí que te habías caído con todo el equipo, si eras religioso eras poco menos que la Inquisición.
En esos años 70 todo el mundo tenía derecho a hablar, era el reino de la libertad. Pero si eras religioso, lo mejor que podías hacer era callarte, la Inquisición había pasado.
Afortunadamente aquellos años de hierro, aquellos años grises, aquellos dogmatismo del progresismo desatado, ya han pasado. Hoy día ha quedado patente que aquello no sólo no era el futuro, sino que no tenía futuro. Pero aun hoy en los comienzos del siglo XXI nos queda una cierta vergüenza de decir las cosas claramente. Porque creemos que si algo tiene la etiqueta de progresista, entonces somos unos miserables si lo atacamos. No tenemos que tener vergüenza. El Centro Pompidoú es horrible, espantoso. Iba a proponer que lo derribaran y plantaran césped encima. Pero no, mejor que lo dejen. Jamás lograremos un monumento mejor a lo horroroso.
Ah, hay muchos centros Pompidoú repartidos en el mundo de la cultura, de la ideología y de lo políticamente correcto. Abajo el progresismo, viva lo incorrecto, sed libres. Cuando alguien diga que es un progresista y que te calles, decidle que se calle su santa madre, pero que tú no te piensas callar.
Hay muchas ideas que con el paso del tiempo han quedado muy desacreditadas. Al nacionalismo exacerbado todavía no le ha llegado su San Martín. Y todavía se siguen dando subvenciones a asuntos que parecen sacados de la Loca, loca, loca historia del mundo de Mel Brooks. Dinero para ayudar a las monjitas de los ancianos desamparados no hay, pero para ayudar al sujeto que tiene que publicar su plúmbeo ensayo que sostiene la teoría de que hace 2500 años Frisdigidíbil y Mandofronio en realidad fueron los abanderados del nacionalismo de la tierra y del Partido, para eso no se repara en gastos. Sé de un sacerdote al que le quitaron la casita donde acogía a los pobres sin techo: había que ayudar al teatro. Pero no se escatima dinero del presupuesto para promover los juegos de terruño en que se tira un tronco de árbol hacia el cielo, a ver quién llega más alto. Sé de unos juegos de este tipo en el que se inventaron una larga lista de modalidades. Al cabo de dos o tres temporadas, bien pagadas, decidieron anular el asunto. Se dieron cuenta de que si eso se extendía, iban a provocar el cachondeo de toda la península y parte del extranjero. No sé en qué despacho inventaron una a una aquellas modalidades, pero desde luego aquello parecía de Mortadelo y Filemón.
Después de todo este preámbulo quiero dejar claro que no debemos se condescendientes con los nacionalismos exacerbados. Al pan, pan, y al agua, agua. Y si una cosa es una memez, pues es una memez. Porque aquí en la península muchos viven secuestrados por la imposición de lo ideológicamente correcto. Digo muchos y me refiero a laicos, porque ya sé que los clérigos no han caído en esta tentación de mezclar lo religioso con un nacionalismo exacerbado. Si algún día tales cosas se mezclaran, sería un desastre. ¿Cómo nosotros, dedicados a la eternidad, vamos a tomar partido por cuestiones pasajeras que pertenecen a la vanidad de este mundo que pasa?
Criticad el aborto, criticad los ataques a la religión desde el poder, criticad las leyes inmorales, pero no toméis partido por nadie. Criticad aquello que como hombres del espíritu, sea merecedor de crítica. Pero no os caséis con nadie.
El nacionalismo exacerbado es un vicio europeo. Nuestros hermanos latinoamericanos carecen de esa enfermedad que quita flexibilidad a las mentes. No conozco a ningún gran espíritu, a ningún gran intelectual, que haya caído en ese vicio. La cultura, los viajes, el contacto con los otros, forman espíritus cosmopolitas. Al salir de casa, uno más su casa. Pero sin fanatismos, sin estrecheces, sin exclusiones. Es un amor que no lleva al odio.
La unión entre celtas e íberos ha funcionado bien hasta hace cuatro días. Han sido varios siglos de entendimiento y armonía. Algunos ahora se empeñan en insistir que la creación de una nueva división generaría más progreso y avance. Algunos ahora creen que la unión entre Fernando e Isabel tampoco fue tan gran idea como nos han hecho creer.
Los países del mundo, todos, se han forjado bajo la idea de que la unión de los seres humanos era preferible a la creación de divisiones y fronteras entre estos. De que la armonía era preferible a que cada uno se encerrara en su casa y en su pueblo. Podemos insistir en lo que nos separa, pero siempre será más lo que nos une. En pleno siglo XXI querer seguir insistiendo en que lo mejor sería retornar a los fueros de Atanagrum, me parece casi de broma.
Pero en cierto modo me parece lógico. Cuando una sociedad pierde sus valores morales, se produce una hipertrofia de cualquier otro valor. No hay nada como sembrar el orgullo para ganar votos. No hay nada como culpar al otro de todos los males, para que los electores te digan: ¿cómo no nos habíamos dado cuenta?
Desde el mero punto de vista de la moral, lo mejor es el entendimiento, la cooperación, la ayuda mutua desinteresada. Cuándo nos enteraremos, que si tratamos de ayudarnos entre todos al final todos salimos ganando. Eso vale entre naciones, para la política, para las ciudades, para las familias. Las grandes naciones, prósperas, fuertes, pujantes, siempre lo han tenido claro. Pero hemos permitido durante muchos decenios que los sembradores del pasado (sembradores del amor al pasado excluyente) hayan hecho su trabajo, sin que nosotros nos atreviéramos a dar un juicio moral. Como si esas ideas hubieran sido moralmente asépticas. No lo eran.
Hoy me ha llamado un amigo mío oscense y hemos estado hablando un rato. Al final ha salido el tema de los bienes eclesiásticos de la Franja. Es decir, que si los catalanes devuelven a los aragoneses los retablos y tallas que la Santa Sede ha dictaminado que se devuelvan. (No trato de explicar a mis amigos de la Patagonia este asunto porque se trata de algo excesivamente provinciano y hasta de mal gusto.)
Pero hablando y hablando (en Huesca se usa el verbo charrar) no sé muy cómo he acabado yo imitando al obispo de Lérida y él al obispo de Barbastro. Yo, que mi segunda lengua es el catalán, imitaba con veracidad el acento del obispo ilerdense (que suena un poco socarrón), y mi amigo baturro imitaba al prelado barbastrense con acento aragonés al cubo.
En mi imitación, el obispo ilerdense le pedía a su colega que se calmara y que no tuviera prisa. Que si los retablos y las figuras llevaban varios siglos en territorio jurídicamente peteneciente a la diócesis catalana, tampoco era tan terrible que ahora pasaran algunos años más resguardados en casa. Después de tantos siglos, tampoco es ahora cosa de que vayamos con prisas.
Nos reímos mucho imaginando al pobre pintor de un retablo de pueblo, el lío que se formaría en pleno siglo XXI con una obra originalmente pensada para que la gente rezara delante. Pero el dichoso retablo ahora parecía especialmente diseñado para hacer que los obispos se peleasen.
Yo que soy de Barbastro y por eso puedo hablar con cierto fundamento, preferiría que esas obras se cediesen en alquiler a algún museo chino y que el dinero se diera a los pobres. Hablo completamente en serio.
Pero el pobre obispo de Barbastro ya ha recurrido a todas las instancias posibles para que le devuelvan los dichosos objetos, ya sólo le queda apelar al Mago de Oz. Y aunque no se descarta una marcha verde hacia el museo, más bien parece que opta por aquello de que más se perdió en Cuba y volvieron cantando.
En medio de aquella conversación con mi amigo hablando con un acento más cerrado que el de Paco Martínez Soria, y yo con un deje jordipujoliano intenso, llegamos a la conclusión de que era muy posible que esos retablos hubieran podido ser pintados por algún militante medieval de Ezquerra Republicana que quisiera dejar un regalo envenenado para la Iglesia del futuro.
Hoy me he enterado que hace tres semanas estuve en un despacho pequeño con una persona que padecía la gripe A. Estuve con ella una media hora, sin saber que estaba en la fase de mayores posibilidades de contagio. Esa persona fue ingresada esa misma tarde con alta fiebre y no ha salido del hospital en dos semanas.
Dado que en los tres o cuatro días siguientes no desarrollé la enfermedad, no fui contagiado. Lo cierto es que no me hubiera importado. Pienso que en invierno los contagios se van a contar a millones en cada país. Mejor es contagiarse ahora, que no dentro de unos meses cuando los servicios sanitarios estén más saturados.
Y mejor contagiarse ahora, que más adelante con una mutación peor del virus.
Se suele decir que en la Edad Media había muchas pestes porque había peores condiciones sanitarias. Lo cierto es que en la Edad Media estadísticamente hubo la misma frecuencia de pestes que en la época clásica, toda ella tan llena de filósofos, mármoles y bello césped verde alrededor de graciosos montecillos coronados por templetes de columnas jónicas.
Lo cierto es que el bañarse o no bañarse poco tiene que ver con la aparición de pandemias de tipo viral. Digo poco, en realidad no tiene nada que ver. En estas cosas el guarrete a menudo sobrevive, y el que se lava las manos treinta veces al día se muere.
Pero la imagen sobrevive porque una Edad Media sin ratas, peste y frío, no es Edad Media.
A mí lo que más pena me da de todo este asunto de la gripe A, es la mala suerte de los socialistas. Cuando en este país entran a gobernar las derechas, lo hacen en un ciclo de bonanza económica. Cuando entran los socialistas a gobernar, sea Felipe González, sea Zapatero, lo hacen en un ciclo de depresión económica. Esto ya empieza a ser una tradición de izquierdas. Pero la mala suerte de Zapa es que como la depresión económica no era suficiente, ahora encima la peste. Ya sólo le falta al pobre hombre que el próximo año caiga un asteroide en pleno centro de Madrid o que las cabras paran cabritillos de dos cabezas.
Hoy he meditado, durante la misa, que Dios lo es todo. Y yo no soy nada. Me resulta difícil imaginar esa nada de la que he salido. Puedo imaginar el mundo sin mí. Existirían las pirámides, las junglas, las historias de amor, las risas en las cenas, pero yo no estaría allí. Es fácil imaginar un mundo por el que nunca hemos pasado, ni pasaremos. Pero no es tan sencillo hacerse una idea de ese no-ser.
Dios lo es todo. En la medida en que alguien tiene más a Dios (se le tiene más por el amor), en esa medida se percibe que uno necesita menos del mundo. Dios al que le ama mucho, le concede todo de un modo tan evidente que la criatura se da cuenta de que necesita menos del mundo. Aquel que ama a Dios sin medida, no necesita nada del mundo. Dios lo es todo.
Los servidores de Dios estamos muy preocupados por nuestro trabajo. Esa preocupación nace de la caridad del prójimo. Pero, en realidad, nuestro único trabajo es Dios. Se puede ayudar al prójimo a través de Dios, en Dios. Se logra lo mismo que si queremos hacer las cosas por nosotros mismos, pero encima de un modo más fácil. Nuestro único trabajo es Dios. Él nos concede todo.
Después de haber meditado sobre el asunto, he llegado a la conclusión de que Dios es sacerdote, no sólo la Palabra Encarnada.
Para mí ha sido todo un descubrimiento entender que Dios es profundamente sacerdotal. Lo más interesante que he leído entre los comentaristas ha sido un breve renglón de uno que decía que Dios era plenamente sacerdote, profeta y rey.
Descubrir y entender esta faceta de Dios (y no sólo de su Hijo) ha sido algo sorprendente.
La liturgia de Dios es el movimiento del universo, las fases de la naturaleza y el pulular de los vivientes. Su templo el cosmos.
Así como la misa tiene como centro la consagración, la liturgia cósmica tiene como centro su encarnación, crucifixión y resurrección.
Él oficia su liturgia a la mayor gloria de sí mismo. Dios se tiene a sí mismo un respeto sacerdotal. Dios se da gloria a sí mismo. El colmo de esa gloria, la plenitud de esa glorificación, ha sido el sacrificio de sí mismo.
Esto no es egoísmo, nosotros estamos incluidos en Él. Pero sólo Dios puede comprender íntegramente quien es Dios. Yahveh se tiene un respeto reverencial hacia sí mismo, un respeto sagrado. Porque sólo Él sabe quién es Él. Sólo el Hijo conoce al Padre. Él puede ser todo lo humilde que quiera, pero no puede olvidar, y no lo olvida, que es DIOS.
Hoy quiero lanzar una pregunta que me ha surgido y a para la que no tengo todavía una respuesta clara: ¿Dios es laico o sacerdote?
La pregunta puede parecer que la hago en broma, pero nada más lejos de mi intención. Conociendo el significado de laico y de sacerdote, ¿Dios es lo uno o lo otro? ¿O no es ninguna de la dos cosas?
Dios no es ni hombre ni mujer. Dios no es ni alto ni bajo. Pero en el caso de la pregunta que hago no tengo tan claro que no sea ni laico, ni sacerdote.
Porque el sacerdote es el que ofrece sacrificios, y Dios se ha ofrecido todo Él en sacrificio, lo ha hecho en el Hijo, pero lo ha hecho Dios. Es cierto que el Hijo se ofrece al Padre en sacrificio, pero también es cierto que el Padre y el Espíritu Santo estaban allí en el Calvario.
Por otra parte, Dios es la fuente primigenia de todo sacerdocio. Todo sacerdocio auténtico proviene de una única fuente que es Dios.
Sin embargo, sigo sin tenerlo claro. Aunque me inclino a pensar que sí, que Dios es un Dios sacerdotal, que Dios mismo se ofrece por nosotros a la mayor gloria de Dios. Dios no se puede ofrecer Él mismo a sí mismo, nadie puede ofrecer algo a sí mismo, no tiene sentido. Pero a través de la vida trinitaria sí que es posible: el Hijo se ofrece al Padre. Por otra parte, Dios se ofrece a la Humanidad. Es decir, todo Dios, entero, se ofrece pro nobis. En ese sentido, sí que Él es sacerdote de sí mismo.
La donación ha sido total. No podemos tomar su naturaleza íntegra, pero sí una participación, sí su perdón, su gracia. Él se ha dado entero, se ha sacrificado. Él se ha dado sin buscar ningún fin egoísta, su sacrificio, no puede ser más que ad maiorem Dei gloriam.
El post de hoy puede parecer un mero juego intelectual, pero creo que ésta es una cuestión de una profundidad abismal. No suelo leer los comentarios, pero hoy sí que lo haré.
Este blog lo leen no pocos sacerdotes y personas que saben de teología, así que espero mañana poder ofrecer el resultado de mis reflexiones tras haber escuchado a todos.
Lo interesante de la obra de Kircher es que aunque ésta intenta reflejar el mundo, su obra refleja una realidad subjetiva, otro mundo. Si resulta tan fascinante asomarse a los grandes folios de sus volúmenes, es porque esos libros contienen un cosmos paralelo: el mundo tal como fue visto y entendido por un jesuita del siglo XVII.
Su obra no pretende reflejar toda la realidad, nunca lo pretendió. Y es precisamente en sus decisiones al escoger qué temas va a explicar, donde se erige un Mundum Kirchereum.
Dado que sus libros hoy yacen en algunas bibliotecas, no muchas, este mundo personal también forma parte del mundo. Y así el mundo es mucho más que eso que algunos consideran el mundo objetivo. El mundo contiene dentro de sí todas las visiones subjetivas que de él han tenido cuantos han pasado o estamos pasando por él.
A lo largo de los últimos años uno de los personajes sobre los que he leído con delectación es sobre Athanasius Kircher, un jesuita del siglo XVII. Recuerdo cuando tenía dieciséis años cómo miraba en el escaparate de la Librería Ibor, las portadas de aquellos misteriosos inmensos volúmenes del citado autor. Lo que me atraía de esos volúmenes eran sus ilustraciones.
Veinte años después pude hojear sin prisa esos volúmenes y descubrí que el interior era mucho más fascinante de lo que prometían sus cubiertas. Todavía hoy me admiro ante una persona cuya mente era una biblioteca, y que logró erigir página a página una especie de enciclopedia subjetiva, llena de parcialidades, desorganizada, pero salpicada de profundidades y dotada de una belleza sin igual.
Escribió sobre obeliscos, sobre el arte de la luz y de la sombra, sobre los astros e infinidad de mecanismos de su época, sobre los números y los volcanes, sobre historia y sobre el mundo subterráneo, sobre el Arca de Noé y sobre el lenguaje copto.
Las láminas que iluminan sus libros son formidables, un verdadero laberinto donde perderse con fascinación. Una obra tan grandiosa, tan amplia como fascinante, seguro que tuvo detrás a un hombre igual de fascinante.
Claro, claro, esto sí, ¡esto sí! Ahora sí que encaja todo. No había querido yo decir nada con el dichoso asunto de la ducha, pero había algo en la historia de la ducha que no encajaba. Dado mi análisis teológico y eclesial de la caída siempre me extrañó mucho que todo este enojoso asunto diese vueltas alrededor de una ducha. En la intimidad yo siempre me incliné por la pata de una cama o por la de una cómoda. Ahora sí que encajan todas las piezas del puzle.
¿Acaso no es bonita la imagen de un Papa que en la oscuridad se levanta y busca la luz? ¿Que hay caídas en ese proceso de búsqueda? ¡No pasa nada! Se volverá a levantar y retornará a su búsqueda. ¿Que cae una y otra vez? Se volverá a levantar una y cien veces.
La noticia se completa con una frase esplendorosa tantas veces repetida por los portavoces vaticanos: Lo demás ya se sabe, aseguró.
Aunque he sentido la tentación de analizar en catorce posts el tema de la pata de la cama (un lecho papal da mucho más de sí que una vulgar ducha), he resistido la tentación y mañana hablaré del rey que rabió. Dudo muchísmo que mañana tengamos una especie de La pata de la cama contraataca, y más adelante El retorno del lecho.
Eso sí, esta caída será entendida por los tradicionalistas como que esos aposentos están teológicamente a oscuras desde el Vaticano II. Mientras que nuestros caritativos hermanos anarquistas barceloneses no hubieran tenido inconveniente alguno en alumbrar el camino papal quemando alguna cosa. El anarquismo barcelonés siempre iluminando el camino de la Iglesia.
Me informan que al Papa le han hecho gracia mis posts titulados La Ducha Pontificia. Bien es cierto que mis informantes carecen de cualquier tipo de fiabilidad.
Esos mismos informantes me han avisado que esos posts le han gustado tanto que me van a pedir que escriba una Historia Alternativa del Sacro Colegio Cardenalicio. Eso se debe a que los consultores de imagen vaticanos han llegado a la siguiente conclusión: Hasta ahora hemos intervenido para intentar mejorar la realidad eclesial y que así las obras de ficción nos trataran mejor. A partir de ahora, lo que vamos a intentar es intentar actuar directamente en la ficción.
Si no puedes cambiar la realidad, cambia la imagen de la realidad.
Claro que mis informantes no sólo no son fiables, sino que son ficticios. Pero bueno, quizá unos informantes ficticios sean los más adecuados para cambiar la ficción. Dejando, como es lógico, a los personajes reales la noble tarea de cambiar la realidad. No obstante, yo he preferido el camino más directo y mi consejo a sus eminencias ha sido intervenir directamente sobre Matrix.
Ay, como añoro las películas de Paco Martínez Soria en que todo era más sencillo.
Y es que la Iglesia puede ser muy grande, muy amplia, pero al final todos los escándalos, todas las cosas malas que se le achacan a ella, aunque lo leamos en periódicos, aunque lo veamos en televisión, nos llega al cerebro a través de los cuatro nervios del oído y la vista. Quien controle esos cuatro cables, controla lo que pensamos después en el cerebro. Qué curioso, esto ya lo descubrió el Grupo Prisa hace muchos años.
En dos semanas, dos noches he soñado lo mismo: que estaba en la sacristía de la catedral antes de una gran concelebración, y que yo buscaba un alba con la que revestirme. En los dos sueños, un coadjutor de la catedral buscaba en los armarios para ayudarme. En las dos noches el contenido del sueño acababa en la sacristía, en los preparativos.
Hoy he tenido dos sueños. En uno reñía a una persona que conozco en la vida real, por una mala acción que otra persona me ha hecho en la vida real. Mi riña era durísima y no exenta de palabras que yo jamás usaría estando despierto.
En el otro sueño, apostaba algo con un hombre grande, de unos cincuenta y tantos años, musulmán, muy tranquilo, sentado en un sillón en su casa. He mirado su librería para ver si había algo que me interesara, libro u objeto. Pero nada me interesaba. Entonces le he propuesto que apostáramos por algo que no fuera material, sino por alguna acción que nos mejorara. El musulmán se ha sentido contento con mi proposición. Allí ha acabado el sueño.
Curiosamente hoy me he levantado de la cama dormido. He estado en mi habitación un rato de pie, a oscuras, tratando de orientarme sin lograrlo. Sólo cuando mi pie ha tropezado con un determinado objeto en el suelo, he tenido una referencia que me ha permitido en el plazo de un minuto llegar a un interruptor de luz.
Santa Teresita del Niño Jesús se preguntaba por qué si pensaba todo el día en Dios, no soñaba nunca con Él. Lo mismo me pasa a mí. Es algo que siempre me ha intrigado. Ha habido noches en que me he dormido pidiéndoles a los ángeles soñar con ellos, me encantaría. Pero nada.
En dos semanas, dos noches he soñado lo mismo: que estaba en la sacristía de la catedral antes de una gran concelebración, y que yo buscaba un alba con la que revestirme. En los dos sueños, un coadjutor de la catedral buscaba en los armarios para ayudarme. En las dos noches el contenido del sueño acababa en la sacristía, en los preparativos.
Hoy he tenido dos sueños. En uno reñía a una persona que conozco en la vida real, por una mala acción que otra persona me ha hecho en la vida real. Mi riña era durísima y no exenta de palabras que yo jamás usaría estando despierto.
En el otro sueño, apostaba algo con un hombre grande, de unos cincuenta y tantos años, musulmán, muy tranquilo, sentado en un sillón en su casa. He mirado su librería para ver si había algo que me interesara, libro u objeto. Pero nada me interesaba. Entonces le he propuesto que apostáramos por algo que no fuera material, sino por alguna acción que nos mejorara. El musulmán se ha sentido contento con mi proposición. Allí ha acabado el sueño.
Curiosamente hoy me he levantado de la cama dormido. He estado en mi habitación un rato de pie, a oscuras, tratando de orientarme sin lograrlo. Sólo cuando mi pie ha tropezado con un determinado objeto en el suelo, he tenido una referencia que me ha permitido en el plazo de un minuto llegar a un interruptor de luz.
Santa Teresita del Niño Jesús se preguntaba por qué si pensaba todo el día en Dios, no soñaba nunca con Él. Lo mismo me pasa a mí. Es algo que siempre me ha intrigado. Ha habido noches en que me he dormido pidiéndoles a los ángeles soñar con ellos, me encantaría. Pero nada.
Si yo decidiese ser un dictador, les daría los ciudadanos todo tipo de derechos superfluos. Puedes multiplicar los derechos innecesarios ad infinitum. Cada año les ofrecería más derechos y cada vez con más garantías. Lo único que me reservaría sería la no división de poderes. Salvo por ese pequeño detalle, iría cargando de pequeños derechos a mis ciudadanos.
Si yo decidiese ser un dictador, haría que votasen mucho mis súbditos. Plebiscitos, referéndums, todo lo que quieran y pidan. La multiplicación de votaciones no implica ningún tipo de aumento de libertad.
Si yo decidiera ser un dictador, cada vez que les recortase las libertades a los ciudadanos, titularía la ley bajo el epígrafe de ampliación de libertades. No importa lo que recortes, tú di siempre que es una ampliación. Después no importa que fusiles a un centenar al mes, tú di que es que los enemigos de la nación tienen muy mal talante. Niégalo todo e inaugura alguna cosa. Aun así, y por si acaso, conviene dejar algo de suelto en una cuenta en Suiza y otra en las Islas Caimán. Los consejos están muy bien, pero la dictadura nunca ha sido una ciencia exacta.
Son avisos parroquiales, reales todos ellos, que seguramente habrán sido hechos con toda la buena voluntad, inocencia y total respeto:
Para los que tienen hijos y no lo saben, tenemos en la parroquia una zona arreglada para niños.
El grupo de recuperación de la confianza en sí mismos se reúne el jueves por la tarde, a las 8. Por favor, para entrar usen la puerta trasera.
El viernes, a las 7, los niños del Oratorio representarán la obra "Hamlet" de Shakespeare, en el salón de la iglesia. Se invita a toda la comunidad a tomar parte en esta tragedia.
Estimadas señoras, ¡no se olviden de la venta de beneficencia! Es una buena ocasión para liberarse de aquellas cosas inútiles que estorban en casa. ¡¡Traigan a sus maridos!!
Tema de la catequesis de hoy: "Jesús camina sobre las aguas".Catequesis de mañana: "En búsqueda de Jesús".
El coro de los mayores de 60 años se suspenderá durante todo el verano, con agradecimiento por parte de toda la parroquia.
Recuerden en la oración a todos aquellos que están cansados y desesperados de nuestra parroquia.
El torneo de basquet de las parroquias continúa con el partido del próximo miércoles por la tarde. ¡Acompáñennos a derrotar a Cristo Rey!
El precio para participar en el cursillo sobre "oración y ayuno" incluye también las comidas.
Por favor, pongan sus limosnas en el sobre, junto con los difuntos que deseen que recordemos.
El párroco encenderá su vela en la del altar. El diácono encenderá la suya en la del párroco, y luego encenderá uno por uno a todos los fieles de la primera fila.
El próximo martes por la noche habrá cena a base de guiso de frijoles en el salón parroquial. A continuación tendrá lugar un concierto.
Recuerden que el jueves empieza la catequesis para niños y niñas de ambos sexos.
El mes de noviembre terminará con un responso cantado por todos los difuntos de la parroquia.
Una de las cosas a las que me he dedicado este verano, es a sustituir al capellán del inmenso hospital Príncipe de Asturias con sus centenares de pacientes ingresados.
Por un lado es terrible comprobar toda la cantidad de cosas espantosas que le pueden pasar a mi cuerpo. La enfermedad se puede cebar en cualquiera de nosotros como la más inmisericorde de las bestias. Da la sensación, en algunos casos, de que la enfermedad es un lobo, un león, una pantera, que va mordiendo a sus víctimas sin importarles lo más mínimo su dolor, su sufrimiento, sus sentimientos, el que ya no pueden más.
Por otra parte, este catálogo del sufrimiento me tranquiliza. Porque al recorrer todos los pasillos llego a la conclusión de que sólo puede sucederme algo de lo que ya he visto. Es como si el conocimiento de las posibilidades de sufrimiento me serenara. Lo desconocido en las cotas de sufrimiento, intranquiliza.
Veo aquí al pobre jesuita, en otros tiempos seguro que gran predicador, reducido a un anciano que duerme, que ya no entiende, ni habla, ni quizá oye. Veo a la pareja de cuarenta años que pasea abrazada, él con un gotero sobre ruedas, seguro que cuando se casaron hace unos años no se imaginaron que sus días de miel y rosas acabarían en ese pasillo. El chico de veintidós años que por un accidente del Destino y del asfalto, ya no podrá mover más que la cabeza durante toda su vida. Veo al agricultor que siempre ha vivido bajo el cielo azul, y que ahora sufre hasta las lágrimas por sus escaras en los glúteos, mientras un líquido negro cae de su costado a una bolsa. La lista es interminable.
Pero el sufrimiento me lleva a entender que la única respuesta válida a todo este despliegue de llanto y dolor sólo puede ser Dios. O existe Dios o nada tiene sentido. Mientras todo va bien en la juventud, el ser humano parece investido de la eternidad. Pero después descubre que el suelo se le va desmoronando bajo los pies. Sólo entonces muchos piensan: ¿hay algo bajo los pies? Digo muchos, no todos. Algunos, hasta el final, no quieren pensar más allá del mañana. Algunos han bloqueado sus mentes frente a la realidad.
Bloqueos, conocimiento, el Destino, dolor, pasillo del paritorio, comedor de personal, capilla, la tierra que se deshace bajo los pies, azúcar en sangre, la pasión de las diálisis, las muñecas ennegrecidas de tantas agujas, jóvenes al borde del más allá, ancianos de pelo blanco que esperan con resignación, programas del corazón en una habitación en la que el de al lado dejará este mundo dentro de unas horas. Todo esto, mezclado en un admirable concierto, estructura y jerarquía forma este hospital que uno puede recorrer durante horas.
I Parte
Si cada parte del cuerpo tiene un simbolismo, ¿qué significa que el Papa se haya roto la muñeca? ¿Quiere decir esto algo a la Iglesia de hoy? ¿La interpela de alguna manera? Dado que se ha roto la muñeca derecha (la izquierda hubiera tenido otras implicaciones), ¿habrá a partir de ahora unas encíclicas ab dextera y otras ab sinistra? ¿Tiene alguna relación que esto justamente haya ocurrido en Aosta que en arpitano se dice Aouta?
Respuesta mía: No, a todo no. Simplemente no y absolutamente no. Todo esto no alberga ningún significado. Otra cosa hubiera sido que hubiera aparecido muerto en la ducha y antes de perder la consciencia hubiera tratado de escribir algo en etrusco con el dedo sobre el jabón o sobre el vaho de la pantalla que evita que el agua salpique. Eso sí que hubiera tenido algún significado.
II Parte
Afortunadamente no pasó nada, todo quedó en un susto, en un grito en alemán a su secretario. Pero el Vaticano por ahorrarse el módico precio de una alfombrilla antideslizante, hubiera tenido que pagar el pasaje de 150 cardenales y 150 secretarios, más su alojamiento, comidas, electricidad, agua, gas, refrescos, cuartillas de papel, moqueta para la Sixtina y un largo etc hasta llegar a la paja de la estufa donde se queman las papeletas.
Desde luego es mucho más estético morir con las botas puestas o en un cadalso parisino o ante un pelotón masónico-mexicano, que no que a uno lo encuentren en la ducha apretando todavía la pastilla de jabón en la mano.
En las películas, cuando esto sucede el director se deleita en mostrar como el sujeto se agarra con todas sus fuerzas a la cortinilla, y una a una todas las anillas se van rompiendo. Incluso el click de cada anilla al romperse suena un poco más alto y más dramático que en condiciones normales. Después la cortina cae sobre el cadáver de un modo muy adecuado, mientras la cámara se aleja hacia lo alto mostrándonos una perspectiva más lamentable del suceso, más aérea, como si el techo de un aseo normal no se limitara a los tres metros veinte centímetros. La música en estos momentos siempre es de violines.
Su muerte entre el agua y el jabón, hubiera sido recreada en no menos de ocho versiones cinematográficas. Espuma, silencio, inmovilidad, si sigue cayendo el agua de lo alto siempre es más dramático. Dan Brown hubiera escrito no menos de diez novelas sobre el episodio. Detrás del resbalón hubiera puesto a los templarios, a los illuminati, a los del neo-KGB y hasta a los zapateristas del ala político-militar.
III Parte
Desde luego vista la historia pontificia de resbalones en la ducha, esto ya empieza a ser una tradición, si llego a Jefe de la Casa Pontificia haré que desmonten ese artefacto diabólico que parece más bien una trampa papal, y aconsejaré al Santo Padre el sistema de la ablución.
No hay nada como el sereno frescor de un trozo de tela de algodón o lana, y la calma para hacer esas cosas sin prisas y sin impresiones, las cuales de ninguna manera pueden ir bien al corazón. Este sistema de la ablución es el genuino de la tradición europea. Dejando el barreño para antes de la misa mayor en el pueblo. Después tenemos la fama que tenemos fuera del Viejo Continente.
Y es que aquí hace mucho frío. Pero no es sólo eso, es que la ducha en los últimos pontificados se ha convertido en una máquina de adelantar cónclaves. No me extrañaría lo más mínimo que las baldosas se las haya puesto alguien de Izquierda Unida o de Ezquerra Republicana, que habrá buscado en todo el catálogo a ver si había algún material especialmente deslizante.
IV parte
Aunque distintas editoriales me ofrecieron continuar la historia de la ducha pontificia en forma de libro, secuela y precuela, me he resistido a hacer de un resbalón vacacional una historia como la de El Señor de los anillos.
No obstante he observado que en la ducha han muerto treinta y siete sumos pontífices. Veintitrés por puro resbalón, catorce ayudados por otros.
De los catorce, nueve decesos acaecieron en los tres primeros siglos, a manos de romanos que no estaban precisamente por la labor de que el cristianismo fuera inscrito como legal en el Ministerio de Justicia. Los otros cinco a manos de romanos que, aunque trabajaban en la corte papal, le habían cogido gusto a la tradición de pasar página al estilo de El Padrino.
A los catorce decesos in aseo corporis, hay que sumar los dos papas que murieron de cólico miserere, los cinco que murieron de peste, y treinta simplemente dejaron de respirar. Veintisiete murieron en su cama, treinta y dos a caballo, ocho en torre de castillo, tres en lo más crudo del invierno. A esta lista hay que añadir el que fue atacado por un elefante.
Esta historia alternativa del papado no está exenta de ciertas inexactitudes, pero según los astrofísicos de los reportajes existen mundos paralelos con historias todavía más increíbles. No hace falta decir que yo nunca he sido de los memos que han creído en los infinitos mundos paralelos.
Yo nunca me he dejado intimidar por esos reportajes de TV2. El mensaje de este post es triple:
1. No existen los mundos paralelos.
2. No existen las bifurcaciones temporales, ni en este universo ni en el de al lado.
3. No creáis cualquier cosa que se diga de los papas, aunque lo digan diecisiete lugares de Internet. Últimamente se ha descubierto que la Red contiene un cierto número de yerros.
I Parte
Si cada parte del cuerpo tiene un simbolismo, ¿qué significa que el Papa se haya roto la muñeca? ¿Quiere decir esto algo a la Iglesia de hoy? ¿La interpela de alguna manera? Dado que se ha roto la muñeca derecha (la izquierda hubiera tenido otras implicaciones), ¿habrá a partir de ahora unas encíclicas ab dextera y otras ab sinistra? ¿Tiene alguna relación que esto justamente haya ocurrido en Aosta que en arpitano se dice Aouta?
Respuesta mía: No, a todo no. Simplemente no y absolutamente no. Todo esto no alberga ningún significado. Otra cosa hubiera sido que hubiera aparecido muerto en la ducha y antes de perder la consciencia hubiera tratado de escribir algo en etrusco con el dedo sobre el jabón o sobre el vaho de la pantalla que evita que el agua salpique. Eso sí que hubiera tenido algún significado.
II Parte
Afortunadamente no pasó nada, todo quedó en un susto, en un grito en alemán a su secretario. Pero el Vaticano por ahorrarse el módico precio de una alfombrilla antideslizante, hubiera tenido que pagar el pasaje de 150 cardenales y 150 secretarios, más su alojamiento, comidas, electricidad, agua, gas, refrescos, cuartillas de papel, moqueta para la Sixtina y un largo etc hasta llegar a la paja de la estufa donde se queman las papeletas.
Desde luego es mucho más estético morir con las botas puestas o en un cadalso parisino o ante un pelotón masónico-mexicano, que no que a uno lo encuentren en la ducha apretando todavía la pastilla de jabón en la mano.
En las películas, cuando esto sucede el director se deleita en mostrar como el sujeto se agarra con todas sus fuerzas a la cortinilla, y una a una todas las anillas se van rompiendo. Incluso el click de cada anilla al romperse suena un poco más alto y más dramático que en condiciones normales. Después la cortina cae sobre el cadáver de un modo muy adecuado, mientras la cámara se aleja hacia lo alto mostrándonos una perspectiva más lamentable del suceso, más aérea, como si el techo de un aseo normal no se limitara a los tres metros veinte centímetros. La música en estos momentos siempre es de violines.
Su muerte entre el agua y el jabón, hubiera sido recreada en no menos de ocho versiones cinematográficas. Espuma, silencio, inmovilidad, si sigue cayendo el agua de lo alto siempre es más dramático. Dan Brown hubiera escrito no menos de diez novelas sobre el episodio. Detrás del resbalón hubiera puesto a los templarios, a los illuminati, a los del neo-KGB y hasta a los zapateristas del ala político-militar.
III Parte
Desde luego vista la historia pontificia de resbalones en la ducha, esto ya empieza a ser una tradición, si llego a Jefe de la Casa Pontificia haré que desmonten ese artefacto diabólico que parece más bien una trampa papal, y aconsejaré al Santo Padre el sistema de la ablución.
No hay nada como el sereno frescor de un trozo de tela de algodón o lana, y la calma para hacer esas cosas sin prisas y sin impresiones, las cuales de ninguna manera pueden ir bien al corazón. Este sistema de la ablución es el genuino de la tradición europea. Dejando el barreño para antes de la misa mayor en el pueblo. Después tenemos la fama que tenemos fuera del Viejo Continente.
Y es que aquí hace mucho frío. Pero no es sólo eso, es que la ducha en los últimos pontificados se ha convertido en una máquina de adelantar cónclaves. No me extrañaría lo más mínimo que las baldosas se las haya puesto alguien de Izquierda Unida o de Ezquerra Republicana, que habrá buscado en todo el catálogo a ver si había algún material especialmente deslizante.
IV parte
Aunque distintas editoriales me ofrecieron continuar la historia de la ducha pontificia en forma de libro, secuela y precuela, me he resistido a hacer de un resbalón vacacional una historia como la de El Señor de los anillos.
No obstante he observado que en la ducha han muerto treinta y siete sumos pontífices. Veintitrés por puro resbalón, catorce ayudados por otros.
De los catorce, nueve decesos acaecieron en los tres primeros siglos, a manos de romanos que no estaban precisamente por la labor de que el cristianismo fuera inscrito como legal en el Ministerio de Justicia. Los otros cinco a manos de romanos que, aunque trabajaban en la corte papal, le habían cogido gusto a la tradición de pasar página al estilo de El Padrino.
A los catorce decesos in aseo corporis, hay que sumar los dos papas que murieron de cólico miserere, los cinco que murieron de peste, y treinta simplemente dejaron de respirar. Veintisiete murieron en su cama, treinta y dos a caballo, ocho en torre de castillo, tres en lo más crudo del invierno. A esta lista hay que añadir el que fue atacado por un elefante.
Esta historia alternativa del papado no está exenta de ciertas inexactitudes, pero según los astrofísicos de los reportajes existen mundos paralelos con historias todavía más increíbles. No hace falta decir que yo nunca he sido de los memos que han creído en los infinitos mundos paralelos.
Yo nunca me he dejado intimidar por esos reportajes de TV2. El mensaje de este post es triple:
1. No existen los mundos paralelos.
2. No existen las bifurcaciones temporales, ni en este universo ni en el de al lado.
3. No creáis cualquier cosa que se diga de los papas, aunque lo digan diecisiete lugares de Internet. Últimamente se ha descubierto que la Red contiene un cierto número de yerros.
Desde luego vista la historia pontificia de resbalones en la ducha, esto ya empieza a ser una tradición, si llego a Jefe de la Casa Pontificia haré que desmonten ese artefacto diabólico que parece más bien una trampa papal, y aconsejaré al Santo Padre el sistema de la ablución.
No hay nada como el sereno frescor de un trozo de tela de algodón o lana, y la calma para hacer esas cosas sin prisas y sin impresiones, las cuales de ninguna manera pueden ir bien al corazón. Este sistema de la ablución es el genuino de la tradición europea. Dejando el barreño para antes de la misa mayor en el pueblo. Después tenemos la fama que tenemos fuera del Viejo Continente.
Y es que aquí hace mucho frío. Pero no es sólo eso, es que la ducha en los últimos pontificados se ha convertido en una máquina de adelantar cónclaves. No me extrañaría lo más mínimo que las baldosas se las haya puesto alguien de Izquierda Unida o de Ezquerra Republicana, que habrá buscado en todo el catálogo a ver si había algún material especialmente deslizante.
Afortunadamente no pasó nada, todo quedó en un susto, en un grito en alemán a su secretario. Pero el Vaticano por ahorrarse el módico precio de una alfombrilla antideslizante, hubiera tenido que pagar el pasaje de 150 cardenales y 150 secretarios, más su alojamiento, comidas, electricidad, agua, gas, refrescos, cuartillas de papel, moqueta para la Sixtina y un largo etc hasta llegar a la paja de la estufa donde se queman las papeletas.
Desde luego es mucho más estético morir con las botas puestas o en un cadalso parisino o ante un pelotón masónico-mexicano, que no que a uno lo encuentren en la ducha apretando todavía la pastilla de jabón en la mano.
En las películas, cuando esto sucede el director se deleita en mostrar como el sujeto se agarra con todas sus fuerzas a la cortinilla, y una a una todas las anillas se van rompiendo. Incluso el click de cada anilla al romperse suena un poco más alto y más dramático que en condiciones normales. Después la cortina cae sobre el cadáver de un modo muy adecuado, mientras la cámara se aleja hacia lo alto mostrándonos una perspectiva más lamentable del suceso, más aérea, como si el techo de un aseo normal no se limitara a los tres metros veinte centímetros. La música en estos momentos siempre es de violines.
Su muerte entre el agua y el jabón, hubiera sido recreada en no menos de ocho versiones cinematográficas. Espuma, silencio, inmovilidad, si sigue cayendo el agua de lo alto siempre es más dramático. Dan Brown hubiera escrito no menos de diez novelas sobre el episodio. Detrás del resbalón hubiera puesto a los templarios, a los illuminati, a los del neo-KGB y hasta a los zapateristas del ala político-militar.
Si cada parte del cuerpo tiene un simbolismo, ¿qué significa que el Papa se haya roto la muñeca? ¿Quiere decir esto algo a la Iglesia de hoy? ¿La interpela de alguna manera? Dado que se ha roto la muñeca derecha (la izquierda hubiera tenido otras implicaciones), ¿habrá a partir de ahora unas encíclicas ab dextera y otras ab sinistra? ¿Tiene alguna relación que esto justamente haya ocurrido en Aosta que en arpitano se dice Aouta?
Respuesta mía: No, a todo no. Simplemente no y absolutamente no. Todo esto no alberga ningún significado. Otra cosa hubiera sido que hubiera aparecido muerto en la ducha y antes de perder la consciencia hubiera tratado de escribir algo en etrusco con el dedo sobre el jabón o sobre el vaho de la pantalla que evita que el agua salpique. Eso sí que hubiera tenido algún significado.
Cualquier historiador, cualquier persona justa y con sentido común, dirá que si algo sí que hemos aprendido de la Historia, es la necesidad de que cualquier cambio constitucional se haga respetando escrupulosamente la Ley. Ni siquiera eso nos protege de estos leviatanes, pero es la única valla, la única empalizada, que existe entre ellos y nosotros: la Ley.
La Ley debe ser respetada. Parece mentira tener que recordar eso a estas alturas de la evolución humana. Si alguien no la respeta, debe procederse a su remoción por los cauces legales que marque la constitución. El problema viene cuando tanto el Congreso, el Senado, como el Tribunal Supremo son marionetas en manos del mismo dictador.
La división de poderes, otro punto pendiente de todas las democracias. Será difícil romper a golpe de blog el monopolio de los políticos de cada país. Pero el Pueblo puede conseguir con los blogs lo que no se consigue con los tanques. En siglos pasados, las mejores ideas de la Historia siempre comenzaron con alguien escribiendo un blog.
De hecho, esta semana se ha encontrado un blog dentro un ánfora de barro de hace más de 3.000 años. Los técnicos todavía están examinando el Google de la época, que también se hallaba allí en buen estado de conservación, aunque enmohecido. Sí, ya lo veís, hasta Google se puede enmohecer.
Uno de los secretos mejor guardados de este blog es que si me voy a un monasterio (cosa que este curso he hecho varias veces) o de viaje, el blog sigue produciendo posts de forma continua.
No lo hace solo, lo programo.
Nada he dicho de mi encantadora estancia, en realidad cinco días completos en dos viajes, en el monasterio de El Parral. Ni una palabra he escrito de su estanque de carpas naranjas, de su estanque en el que dos grandes peces van juntos siguiéndose entre los otros más pequeños. Los dos peces grandes son regalo de una niña que los tiró allí cuando aún eran pequeños. Nada he dicho de los cisnes que nadan en otra parte del monasterio. Cisnes que no se dejan acariciar, pero que me miran tan curiosos como yo a ellos. Sí que os cuento que un claustro al anochecer, resulta el lugar más terrorífico del mundo: rodeado de un gran monasterio desierto, silencioso. Los monjes se han retirado a sus celdas antes de que anochezca, y yo paseando solo voy comprobando cómo se va volviendo más oscuro, cómo las sombras se alargan. La fuente cubierta de musgo en uno de sus muchos claustros menores sigue manando agua aunque nadie la escuche.
El coro de El Parral donde rezamos las horas canónicas, tiene unos sitiales con unos reposabrazos cuyas aristas rectilíneas de madera se me clavan en los antebrazos. El desayuno es paupérrimo en su variedad y perfecto para perder peso. El padre hospedero atiende a todos con alegría y buen humor, me enseña la biblioteca, paseamos, me lleva al sobrecoro de la iglesia. Siempre he sentido predilección por los monasterios. Sé que no es mi vocación, pero cuánto bien me hacen.
Nunca hubiera escrito los anteriores posts sobre el marxismo, algo ya de tan otra época, si no fuera porque en algunos países del mundo se aburrían y han decidido volver a repetir el experimento. No sólo eso, el marxismo en su versión socialista amenaza con ser una de las fuerzas más poderosas de todo un continente. El futuro a veces es raro, raro, raro. Pero que muy raro. A este paso, no me extrañaría que dentro de veinte años el Ministerio de Justicia aprobara de nuevo las ordalías para aligerar el recargado sistema judicial.
A mis cuarenta años observo la capacidad de los seres humanos para repetir errores, una capacidad admirable, olímpica, perseverante, incansable, imaginativa. El mismo error de siempre con los mismos resultados de siempre.
Claro que hay errores pequeños (cuyo resultado es engordar 300 gramos) y errores grandes (cuyo resultado es que mañana dejan de respirar 300 personas). Sí, hoy lo pensaba por la mañana, qué diferencia tan grande media entre los pequeños pecados de debilidad (la pereza, la lujuria, el alcohol) y los grandes pecados en los que deliberadamente se hace subrir a millones de seres humanos. Hacer sufrir a una sola persona con crueldad, me parece horrible. Se me hace fácil ser comprensivo con la debilidad, se me hace muy difícil no pedir el infierno para los monstruos de crueldad. Sí, pedir. Debo esforzarme en no pedir, en no desear, una condena eterna para pecados que no es posible purificar de ninguna manera humana.
No lo pido, no lo deseo, no quiero que nadie se condene. Pero no sólo no me extraña que el infierno exista, para mí sería incomprensible que no existiese.
Yo también tengo mis enemigos, las personas que me hacen más difícil la vida, las personas cuyos malos sentimientos hacia mí capto. Pero estos son incomparables frente a los torturadores (literalmente torturadores), frente al enanito supremo-mínimo de Corea del Norte, frente a terroristas cargados de toneladas de odio.
Mis enemigos particulares reconozco que se esfuerzan, que ponen empeño, inventiva e ilusión. Según el último censo, tengo cinco sujetos marcados con la calificación de A-1. Este año no descarto enviarles una cesta de Navidad.
Algunos dicen que problema del marxismo no fue Marx, sino sus seguidores. Pero en realidad ya todo estaba en El Capital. La Iglesia se dio cuenta desde el primer momento. El experimento que costó la vida a decenas de millones de personas con nombres y apellidos, podrían habérselo ahorrado. Pero el progresismo entonces era eso.
Otros dicen que el problema fue que el marxismo nunca fue realmente aplicado. En realidad el marxismo se aplicó en Rusia y en Cuba, con frío y con samba, diluido en socialismo o concentrado con trocitos vietnamitas. Se aplicó en su versión monárquico-socialista-hereditaria en Corea del Norte, se aplicó todo lo germánicamente que se pudo y todo lo laxamente que se pudo en su versión africano-relativista. En todas partes dio el mismo resultado. Sólo quedó por llevarse a cabo en su versión espacial. Quizá el socialismo stajanovista de los planes quinquenales en Marte hubiera dado mejor resultado. Pero ya se ve que en el planeta Tierra y con hijos de Adán no acaba de funcionar.
Otros dicen que frente a la Tierra de los Soviets, América: la creatividad, la libertad, el progreso. Sí, estoy de acuerdo. Frente a Esparta, Atenas.
Una de las cosas que he comprendido leyendo la encíclica, ha sido el mal que el marxismo ha hecho a la Historia. El pensamiento de Marx y sus seguidores ha esparcido durante siglo y medio una serie de antivalores que han envenenado las relaciones dentro de las naciones. Frente a los ideales de caridad, amor, colaboración, para millones de seres humanos se impusieron los ideales de lucha, confrontación y odio de clase.
El marxismo allá donde consiguió el poder, el progreso quedó detenido. El marxismo allá donde no consiguió el poder, hizo su siembra de guerrillas. Esa ideología roja ha dañado a la Historia. A niveles globales, su daño ha sido colosal, una de las mayores lacras de la raza humana. Ha supuesto la eclosión de una constelación de archipiélagos gulags a nivel planetario durante generaciones.
Ellos presentan los logros sociales como logros suyos. Pero resulta evidente que los países que de ningún modo fueron contagiados por sus ideas, han progresado en materia de derechos sociales de igual manera que los otros, sin necesidad de añadir esa carga de materialismo y confrontación.
Hoy día los vividores de la política que se autodenominan descendientes del marxismo, se permiten dar lecciones de moral a la Iglesia. Ellos que no han hecho lo más mínimo por los pobres (salvo vivir de la política), ellos que se consideran sucesores de aquellos líderes (bastantes de ellos criminales), ellos, sí, dan lecciones a los obispos, a la Santa Iglesia de Dios.
Ayer releí por segunda vez el comienzo de la nueva encíclica del Papa. Reconozco que es muy profunda. También me sorprende su claridad. La escritura es simple, concisa, con pensamientos breves y concretos.
Reconozco que a mí me ha abierto nuevos campos intelectuales. De pronto, he visto que cabe la posibilidad de una nueva reestructuración de las relaciones sociales e internacionales. En un tema en el que parecía todo dicho, se nos recuerda que podemos volver a repensar todo desde el principio, repensarlo todo desde el elemento más esencial que es el amor.
Después de años leyendo libros de economía y ensayos de Derecho Internacional, admito que se me había contagiado la idea de que las relaciones humanas se basaban en factores como la economía, el interés, el comercio y tantas otras cosas. Pero había olvidado lo esencial. Se me había contagiado una especie de visión científica. Ahora confieso que detrás de la aparente objetividad científica, se escondía toda una visión filosófica del mundo. Una visión no religiosa del mundo y del ser humano. Alguien tenía que recordarnos que no, que las cosas pueden ser de otro modo. En toda mi vida, no recuerdo una encíclica de un pontífice vivo que haya despertado en mí tanto interés por continuar su lectura. Estoy deseando seguir.
(Continúa el post de ayer.)
Pero no hay que hacer esto con afán de exigirle que nos dé respuestas concretas a problemas concretos. Hay que hacerlo con el sólo afán de escucharle a Él, a Dios. Él es un Padre y desea hablar a sus hijos. Pero no hay que ir a la Biblia con la exigencia de buscar aquí y ahora una respuesta. Dios da sus respuestas en su momento.
Digo esto porque se puede usar la Biblia de un modo inadecuado. Hay que resistir la tentación de usarla como una especie de oráculo pagano. No es algo automático: abrir la Biblia, poner el dedo y leer lo primero que salga como la respuesta de Dios. Dios puede dar su respuesta así alguna vez, pero no siempre. A Dios nunca hay que exigirle una respuesta.
Muchas gracias a los que ayer me enviasteís links con fotos bonitas para Fortearius. Las iré poniendo. Aunque ese nuevo blog visual se actualizará una vez a la semana, o cada más tiempo. Extendedlo, las imágenes harán bien a muchas almas. Una imagen puede cambiar la eternidad de una persona. Aunque hoy me gustaría deciros algo no de las imágenes, sino de la Palabra. Una cosa que me gusta hacer es dejar la Biblia abierta en mi casa, una gran Biblia. La dejo abierta en un lugar céntrico, normalmente mi salón de estar. Y varias veces al día, leo algún versículo al azar.
Y lo leo como si ese versículo fuera lo que en ese momento Dios me quiere decir. Y siempre quiere decirme algo. No importa de qué trate esa línea, siempre me viene a la mente una interpretación relacionada conmigo en ese momento, sin hacer ningún esfuerzo.
Hago esto porque me gusta escuchar la Voz de Dios. Y Dios habla en su Palabra. Está deseando hablarnos. Tiene más deseos Él de hablarnos que nosotros de escucharle.
Llevaba ya tiempo preguntándome qué hacer con mis carpetas de bonitas fotos sobre la misa, ornamentos sagrados y celebraciones litúrgicas en general. Me daba pena tenerlas para mí solo. Eran tan bonitas y, sin embargo, yacían guardadas en los desvanes ocultos de mi ordenador. Hoy he decidido darles salida en forma de blog. Un blog que no voy a actualizar diariamente, ni mucho menos. Pero donde iré volcando tanta belleza, belleza que lleva a Dios. Sólo me queda deciros que el blog se llama Fortearius y que ésta es su dirección http://elcanonigorampante.blogspot.com/ Una última cosa, el blog que vais a ver lo he creado con mis manitas en un solo día. Ya vereís que la cosa tiene mérito. Ahora en compensación espero que lo envieis por lo menos a diez personas. Si lo haceís, se os concederá un deseo de dos que pidais. Si alguno lee Fortearius y no lo envía a nadie, que sepaís que hareís llorar a un gatito en algún lugar del mundo.
Hoy me he dicho: voy a ver qué hacen en la EWTN. Se puede ver on line. Y he aquí que he visto la versión cristiana de Barrio Sésamo. Este canal, por si alguien no lo sabe, es un canal católico norteamericano.
He alucinado en colores al ver a algo parecido a la Rana Gustavo (Kermy the frog) al lado de un fraile franciscano. Por supuesto en un canal así no había puñetazos, ni agresividad, ni nada de moral dudosa. En el programa se han pasado todo el tiempo haciendo una tarta.
Cuando el guión ya no daba para más, han cantado una canción. Después de un rato, cuando en el guión ya no cabían más canciones, ha venido el momento culminante: ha aparecido una monja.
Me ha gustado tanto el epidosdio. Era como ver uno de esos programas con los que Rod y Tod se entretienen en casa de los Flanders.
Lo digo en serio, sin ironía, ver el capítulo era algo kitsch. El guión tenía, sin quererlo, un aire daliniano. Era algo hipnótico ver al otro personaje, una especie de muñeca repollo, sorprenderse al ver que el fraile pintaba de rosa los bordes de la tarta y la muñeca exclamaba: ¡Oooh, rosaaa! Mientras tanto una ratita con jersey a rayas añadía: ¡Ohhh!
La Iglesia lleva dos mil años en el mundo. Y esperamos quedarnos otros dos mil, a no ser que Dios disponga otra cosa.
Los hippies, los melenudos, los antisistema, creen que todo se puede resolver a base reunirse a millares y lanzar ladrillazos a los escaparates de la Calle Serrano. (Los hippies pueden ser muy agresivos.) Pero la verdad es que las cosas funcionan de otro modo, como descubrirán en la crisis de los cuarenta, ya gordos y calvos.
La diplomacia, las conversaciones en los pasillos, las reuniones sociales que acaban en una cena, son el aceite que suaviza todos los engranajes del sistema nacional e internacional. El mundo iría de guerra en guerra si no fuera por la figura afable, estirada, sonriente, bon vivant, del diplomático. Y esto, a otro nivel, es válido dentro de cada nación.
En cada país, los grupos sociales, políticos, económicos, estarían tirándose los trastos a la cabeza si no fuera por el té de las cinco, los almuerzos entre amigos de facciones rivales, y tretas similares. La transición española se construyó así. La Iglesia descubrió esto hace mucho. Y lo lleva haciendo más o menos desde que dejaron de tirarles a los leones.
No critiqueís a la Iglesia por esto. Hasta la Madre Teresa de Calcuta sabia que el Reino de Dios necesitaba de gente como ella misma, pero también del nuncio. Y cuando digo esto lo digo con conocimiento de causa, porque conocí a un sacerdote dirigido suyo que me habló de estas cosas.
Así que luchemos por la utopía, sí, pero desde el realismo. Porque los únicos que pueden construir la utopía son los realistas. Los otros botarán barcos que se hunden cerca de los astilleros.
Lo único que se les pide a los eclesiásticos dedicados a servir a Dios en este campo, es que no sean falsos, que no mientan, que no haya doblez en ellos, que vivan entre ricos sin hacerse ellos mismos ricos. Pero también ellos defienden el Reino de Dios.
Yo creo que hubiera sido un buen diplomático. Pero cambié las nunciaturas por el demonio. Nunca he lamentado el cambio.
Después de varios posts hablando de los dictadores emergentes, de los consolidados y de los futuros, y -no lo olvidemos- del dictador que pudo ser y no fue, ahora viene la pregunta: ¿y la Iglesia qué?
¿Debe la Iglesia intervenir? ¿Debe saltar a la calle? ¿Debe ponerse detrás de la pancarta?
La postura de la Iglesia es la de los ideales y la de la virtud de la prudencia. Debemos hacer como San Juan Bautista, pero también como San Pablo. San Juan Bautista dijo las cosas con claridad como un profeta, San Pablo pide por los gobernantes (en aquel caso un monstruo neroniano) como un prudente obispo.
¿Debería Pablo haber escrito una carta al estilo de la Carta a los Hebreos, sobre el poder donde hubiera dicho todo lo que pensaba del amable sucesor de Calígula y Claudio y su amable régimen? San Pablo optó por dedicarse a las cosas del espíritu. La Iglesia, desde entonces, hace lo uno y lo otro, porque debe hacer lo uno y lo otro. Unas veces clama, otras firma un concordato. Unas veces va a la cárcel, otras va a un cóctel en la embajada del dictador de Murrusmulandia. Ni los unos son unos traidores, ni los otros son unos locos energúmenos que se meten en política. La Iglesia hace lo uno y lo otro y, a veces, al mismo tiempo.
Son ellos, los obispos y los profetas, los que ante Dios, haciendo oración y ayuno, deben ver qué les pide Dios en su corazón. Darán cuentas ante Dios. Pero deben defender la pervivencia de la Iglesia, al mismo tiempo que ofrecer una luz al mundo aunque hiera los entenebrecidos ojos del dictador. Lo uno y lo otro. Aunque el diciochoñero en su casa crea que todo se arregla a golpe de barricada, lo cierto es que nuestra religión no nos prohibe ser astutos. Cuando uno tiene dieciocho años cree que todo se arregla a golpe de molotov. ¿Pero qué sería del mundo sin los cócteles de embajada? Un caos.
El descubrimiento de América supuso un cambio de era. La Revolución Francesa supuso otro. Durante años los ensayistas han disertado acerca de cuál sería el suceso que supondría el siguiente cambio de era.
La II Guerra Mundial, sin duda, es el hito más evidente entre la Ilustración y nuestra época. Sin embargo, la aparición de Internet supone una revolución que va a dejar pequeño cualquier otro cambio anterior.
Una revolución que ha cambiado la sociedad, la cultura, el ocio, el trabajo, los hábitos y costumbres de casi todos. Recuerdo que un día estaba haciendo una visita a unos amigos. Le dije al hijo que le preguntara a su hermana si iba al salón a tomarse un refresco con sus padres y yo. El hijo que estaba jugando a un videojuego, se lo preguntó vía mensajería instantánea a su hermana que estaba en la habitación de al lado.
Noviazgos comienzan por la Red. Miran la temperatura de la calle ya no en el termómetro, sino en el Servicio de Meteorología. Ven las vísperas de Notre Dame de París en su casa. El mundo ha cambiado, sí.
Lo interesante es que esto está sólo comenzado. Lo que hemos visto nos ha dejado boquiabiertos y, sin embargo, comprendemos que esto es únicamente el principio. Los que hemos nacido en 1968, como yo, claramente vemos que en el mundo se ha dado un cambio cualitativo. Esto ya no es que tengamos más electrodomésticos, o los coches vayan más rápido, o tengamos energía más barata. El mundo ha cambiado desde Internet.
Hoy es 4 de julio. Y me dispongo, una vez más, a cantar sin ningún pudor, sin ningún complejo, bien alto y claro, la belleza del Imperio bajo el que hemos nacido nuestra generación: los Estados Unidos de América.
Estados Unidos ante todo es una democracia, una república de hombres libres, un experimento de libertad que salió bien. Es una república que tras la II Guerra Mundial vino a ser imperio. Un imperio no interesado en conquistar y oprimir, sino en establecer relaciones comerciales. Una república de comerciantes como lo fue Roma antes del principado.
Ahora, en el ocaso de su hegemonía indiscutible, con tristeza reconocemos que será difícil encontrar una Roma más humana, más imbuida de los valores occidentales.
En nuestra época todos somos un poco norteamericanos, como también todos somos ya un poco griegos. Durante casi medio siglo, Estados Unidos ha supuesto para el mundo estabilidad, prosperidad, una moneda estable para los intercambios internacionales, y algo parecido a una policía internacional.
Ante ella cayó la Esparta Soviética. A ella la envidiamos los europeos helénicos. Sus botas pisaron las selvas asiáticas y las junglas centroamericanas, administraron países, depusieron gobiernos y crearon, finalmente, la Red. Quizá más allá de cualquier coliseo, más allá de cualquier arco conmemorativo, su consecución última, la que nos coloca en otra era, sea ésa precisamente: la Red.
Hoy es 4 de julio. Y me dispongo, una vez más, a cantar sin ningún pudor, sin ningún complejo, bien alto y claro, la belleza del Imperio bajo el que hemos nacido nuestra generación: los Estados Unidos de América.
Estados Unidos ante todo es una democracia, una república de hombres libres, un experimento de libertad que salió bien. Es una república que tras la II Guerra Mundial vino a ser imperio. Un imperio no interesado en conquistar y oprimir, sino en establecer relaciones comerciales. Una república de comerciantes como lo fue Roma antes del principado.
Ahora, en el ocaso de su hegemonía indiscutible, con tristeza reconocemos que será difícil encontrar una Roma más humana, más imbuida de los valores occidentales.
En nuestra época todos somos un poco norteamericanos, como también todos somos ya un poco griegos. Durante casi medio siglo, Estados Unidos ha supuesto para el mundo estabilidad, prosperidad, una moneda estable para los intercambios internacionales, y algo parecido a una policía internacional.
Ante ella cayó la Esparta Soviética. A ella la envidiamos los europeos helénicos. Sus botas pisaron las selvas asiáticas y las junglas centroamericanas, administraron países, depusieron gobiernos y crearon, finalmente, la Red. Quizá más allá de cualquier coliseo, más allá de cualquier arco conmemorativo, su consecución última, la que nos coloca en otra era, sea ésa precisamente: la Red.
La idea de una república donde los relojes fueran encarcelados, me parece tan apasionante. Bodegas y mazmorras llenas de relojes. El tic-tac resonando bajo la bóveda cerebral del Presidente Supremo, del Guía de los Pueblos, del Gran Hermano de todos los ciudadanos.
Y él, él más que nadie, sabedor de que existe una hora fijada, una hora final, que su sueño de progreso, de aclamación y pleitesía, se derrumbará abruptamente. Como en los cuentos infantiles el amor se transformará en odio, las masas vitoreantes en masas humanas que toman el palacio, el ministerio, y arrojan los papeles, los informes, los preciados informes, a la calle formando una nevada de libertad y embriaguez.
Sí, es duro ser tirano sabiendo que existe la maldición de la hora. Todos lo saben en lo más profundo de sus miedos. Si se pudiera ser dictador ad aeternum, sería otra cosa. Pero todo reloj, en el fondo, es un conspirador porque le recuerda que se acerca su final.
Los dictadores de todo tipo odian los blogs. Porque ellos saben que la cadena de causas y efectos es impredecible. La más pequeña piedrecita puede desencadenar una avalancha que arrolle todo. Las más grandes avalanchas siempre comenzaron con una piedrecita. Insisto, no conozco una avalancha que no comenzara con una sola piedra. Las avalanchas nunca comienzan con cien piedras a la vez rodando. Basta una sola.
Cuando la avalancha comienza puede caer una dictador bananero, el muro de Berlín o un imperio construido durante generaciones de esforzados patricios.
Sucesión de causas y efectos, ése es el mecanismo.
Los dictadores siempre han temido ese mecanismo. Si pudieran detendrían cualquier causa y cualquier efecto, pues todo tirano desea el estatismo, la petrificación del momento actual. Si nada pudiera cambiar, suspira desde la soledad acompañada de su palacio presidencial. Pero el tiempo es el gran enemigo. El tiempo siempre conspira a favor de la libertad que anhelan los hombres. Alguno, por gusto, hubiera mandado detener al tiempo. Pero ni metiendo en prisión a todos los relojes se detiene. Puedes torturar a todos los carillones del reino o del Reich o de la república, pero los días siguen su curso hasta llegar a la hora determinada.
Si hace diez años me hubieran comentado que en los comienzos del siglo XXI varias democracias iban a comenzar un largo camino hacia la dictadura, hubiera pensado que se trataba de una broma. El proceso iniciado decenios antes, era justo el contrario. No había razón para pensar que el proceso se iba a revertir.
A todos nos ha sorprendido que en este camino hacia el progreso que las naciones de la Tierra, algunos estados comenzaran a caminar justamente en dirección opuesta al futuro.
¿Qué sistema han usado estos nuevos aprendices de brujo? Invocar la democracia contra la democracia, usar al Pueblo contra el Pueblo, mentar a la libertad para destruir la libertad.
La destrucción del Poder del Pueblo a golpe de urna es muy posible. Algunos intelectuales parecen no haber aprendido nada desde 1933.
Es curiosa la afición de los tiranos a sacar los tanques a la calle. En una calle se pueden desplegar infinidad de fuerzas, pero a ellos les van los tanques. Aunque lo de dispersar a la gente a base de cañonazos no se le ocurre ni al más tonto de la clase. De hecho, tanto delante del Parlamento Ruso, como en Tiannameng, se vio que cualquier otra fuerza era mejor para dispersar masas que los acorazados pesados. Pero a los tiranos les van los tanques.
Dadles tanques y condecoraciones. No conozco ningún tirano aficionado a la jardinería o a reparar relojes en la tranquilidad de su casa. Los dictadores no son proclives a las operaciones manuales meticulosas. Les va más cualquier tipo de operación que se haga con un mazo o con un rifle.
Después están los esbirros. Esbirro del tirano. No, no suena bien. Es un oficio que debería estar mejor remunerado. Además, se piensa poco en los esbirros. En las películas son tiroteados como los marcianitos en un videojuego, ¿pero alguien piensa en sus familias, en las pensiones de viudedad que eso representa?
El héroe salvador está muy bien considerado, el villano ególatra casi al mismo nivel, ¿hasta cuándo dejaremos de pensar en las pobres miríadas de villanos que tuvieron la mala suerte de ponerse en medio del camino del héroe?
Hoy he ido a cenar a un restaurante con una familia con cuatro niños pequeños. Hacía tiempo que no recordaba lo movidos que pueden ser los niños pequeños. Me lo he pasado de maravilla viendo como no aguantaban ni un minuto sentados a la silla, cómo las dos más pequeñas luchaban en una guerra de besos por ver quién podía dar más besos, mientras la hermana más mayor contaba el número de trocitos de patatas fritas que le habían puesto en el plato.
En otro momento, durante una jocosa discusión, dos hermanas iban acercando sus caras hasta que las frentes se tocaban y se empujaban para hacer prevalecer sus argumentos entre sonrisas. Especialmente memorable el momento en que la más pequeña ha insisto en darle un beso en la mejilla al hermano, circunstancia que ha aprovechado para darle un cariñoso mordisco.
Yo me lo he pasado muy bien. Siempre me gusta ver los juegos de los infantes. No así el señor de la mesa de al lado que nos daba la espalda. Yo veía cómo se cocía en su salsa. No quería ruidos, no quería niños riendo, quería silencio, calma. Varias veces les ha echado una mirada asesina a las criaturitas. Seguro que tampoco le gustan los gatos. Seguro que no pone la X a la Iglesia en la declaración de la renta. Este tipo de personas que no ponen la X, que no les gustan los niños, ni los gatos, después dicen cosas como que los obispos no saben cuál es su lugar en la sociedad.
Creo que al llegar a los cuarenta años, los seres humanos tendemos a engordar para que así aprendamos a moderar nuestros apetitos. Es como si la naturaleza nos dijera que es hora de hacer penitencia. Hay que tomarse las cosas con sentido del humor y luchar.
La lucha por perder peso es una lucha en la que nadie sale herido. Puedes luchar y no odiar a nadie. Yo he luchado, me he esforzado. Gracias al blog, anglicanos y católicos se han unido en la tarea común de animarme en este buen propósito mío de perder esos cinco kilos que me sobraban. (Desgraciadamente, ningún lefevriano me ha animado.) Con los anglicanos no estábamos de acuerdo en muchos temas. Pero en que me sobraban esos cinco kilos sí que estábamos de acuerdo.
Hoy estoy feliz.
He ganado la apuesta. No cinco, sino seis. Seis kilos he perdido en dos meses. Por eso hoy he disfrutado comiéndome una buena comida en el piso 30 del hotel Eurostar en compañía del perdedor.
El perdedor, en la tristeza de su derrota, me ha pedido que al menos dé una imagen buena de él en el blog. Lo siento, le he dicho, sabes que mi blog es inmisericorde.
Lo cierto es que ahora hay seis kilos menos de Fortea. Soy yo, sí, pero menos.
Quisiera hacer una última reflexión respecto al burka, la libertad, las leyes y la democracia.
Durante años he creído que había que defender a ultranza la libertad religiosa, incluso en los casos menos razonables, puesto que cualquier cortapisa que ahora permitiéramos contra otros, en el futuro la sufriríamos nosotros.
Pero con el tiempo he llegado a la conclusión de que no se puede defender los casos no razonables en aras de la libertad, porque cuando el legislador quiera perseguirnos en el futuro no se va a detener ante ninguna razón jurídica.
Así que pienso que a todas las cosas hay que aplicarles el sentido común, sabiendo que algún día se nos coartará la libertad invocando ese mismo sentido común.
Pero, insisto, defender a ultranza la libertad de los casos que no lo merecen, no nos resguardará más a nosotros.
Defendamos la libertad de todos. Cuanto más libres sean todos, más libres seremos nosotros. A mí, como católico y como ciudadano, me interesa de un modo personal que sean completamente libres los protestantes y los ortodoxos, los musulmanes y hasta la última secta más rara. No sólo quiero que sean libres, quiero que sean todo lo libres que se pueda. Pero recordando que si hay alguna denominación religiosa o alguna persona que hace algo no razonable, no respetable, hay que perseguirlo conscientes de que la libertad religiosa no es un absoluto frente a la recta razón. Recta razón que debe ser defendida por las leyes.
La imposición de la religión es lo que la desacredita a ella misma.
Francamente, nadie lleva el burka porque le guste pasar calor, no ver el mundo con claridad, y tener menos libertad de movimientos; la capucha se mueve y hay que recolocarla cada vez que uno gira el cuello.
Las mujeres que piensan así tienen una mentalidad deformada. Tan deformada como ese traje de espanto que llevan. Ese vestido es una manifestación de una deformación interior. Lo externo concuerda con lo interno. Confío en que en Francia al burkase le pongan todas las trabas posibles, todas las que dicta el sentido común, a algo que es opresivo y que nunca debió aparecer.
Multiculturalidad, variedad, tolerancia sí. Opresión, imposición, deformación, no.
Me parece increíble que estemos en el siglo XXI viendo que podemos hacer para evitar que las mujeres vivan aprisionadas por las mismas calles donde surgió el clamor por todos los derechos que después se han extendido por el mundo.
Sobre el tema del burka me gustaría decir alguna cosa más. A veces en materia religiosa hay cosas que externamente son parecidas, pero que son completamente distintas.
No es lo mismo que una persona se encierre en un monasterio a hacer penitencia y oración, que alguien sea encerrado bajo presiones.
No es lo mismo la mortificación y la penitencia, que obligar a la gente a no poder hacer lo que quiere hacer.
No es lo mismo tratar de hacer que la sociedad entera se vuelva más religiosa, que obligar a una nación a que sea religiosa.
No es lo mismo el apostolado, que la imposición.
No es lo mismo el velo de una monja, que el burka.
La libertad es lo que hace meritoria la práctica de la religión. Las cosas valen a los ojos de Dios, porque libremente se las ofrezco. La imposición de la religión es lo que la desacredita a ella misma.
Qué distinto el mundo colorido y alegre de la pequeña Coraline que vi en el cine ayer, del triste mundo que hay bajo un burka. Porque la mujer que libremente porta esa prenda, también la lleva dentro de su corazón en casa.
Ayer no hubo post por la noche. Eso es lo que pasa cuando uno se va a ver Los mundos de Coraline (en 3D, sea dicho de paso) y después nos quedamos a cenar. Dado que la sesión era la de las 20:20, ya os podéis imaginar que acabamos tarde. Por eso, al llegar a casa, el único post que me apetecía era el que se escribe en mi cama y se diluye en el mundo de los sueños. Llegué tarde, pero nos lo pasamos tan bien, sobre todo yo, imitando una y otra vez con un vaso en la boca a Dart Vader, cuando dice: tú eres mi hijo, el Emperador es menos misericordioso que yo, has subestimado el poder del lado oscuro, etc, etc. Reíamos y reíamos. Al final ya sólo tenía que hacer tres veces la respiración de Dart Vader para que todos nos sumergiéramos en el mundo de las carcajadas. Al final, la imitación de una sola respiración del padre de Luke y yo mismo ya no podía evitar el reírme, víctima de mi propia gracia.
En Francia ha surgido un debate acerca de si se debe permitir o no el uso del burka en lugares públicos. Reconozco que éste es un tema apasionante para todos aquellos que nos preguntamos acerca de dónde acaban los poderes del Estado frente al individuo.
Cuando hace años surgió el tema del velo en las aulas francesas, mi postura fue que se debía permitir. ¿Qué es lo que debe permitir el Estado? La respuesta es que el Gobierno, el Senado, el Congreso, no están aquí para permitir lo que les apetezca. Hay que permitirlo todo, guste o no guste. El Estado sólo y únicamente puede cohibir la libertad personal en aquellas acciones que de un modo objetivo provoquen un perjuicio para otros. Evidentemente, el velo no perjudicaba a nadie. Allí el Gobierno quiso imponer su posición ideológica en un tema opinable.
La cuestión no es ¿qué debe permitir el Estado? Sino que lo que debe entender el Estado es que no puede prohibir lo que le dé la gana.
Ahora bien, el tema del burka es distinto. Todo el mundo comprende que haya quien quiera llevar un velo, pero también todos comprendemos que nadie deber querer enterrarse bajo un burka.
Aquí ya no estamos hablando de un signo religioso o de una ropa de vestir. El burka no es una prenda sin más, es una opresión, un yugo. Ningún ser humano merece que se le ponga encima eso todos los días al salir a la calle. Eso no es religión, es la deformación de la religión.
Imaginemos que mañana hay una secta que impone a sus familias cortarse el dedo meñique. Eso no podría ampararse bajo las leyes de libertad religiosa. Entre la circuncisión y la ablación hay una diferencia sustancial, entre el velo islámico y el burka hay una diferencia sustancial.
Los gobernantes deben hacer lo posible para fomentar lo bueno, y evitar que se extienda lo que es objetivamente malo. Moralmente hablando no sólo no veo ningún reparo moral en que el burka se prohíba en determinados espacios públicos, sino que además considero que el Estado debe hacerlo y no quedarse como testigo mudo ante la extensión de algo que atenta a la dignidad de la mujer.
Una de las cosas que mas me gustan de todo Internet (y eso es casi decir del mundo) son los nombres de los blogs. Después muchos blogs son pura locura de un quinceañero que no sale de Internet más que para comer y dormir (poco), otros blogs son la pura locura de algún cincuentón lunático que cree que puede arreglar el mundo desde su casa a golpe de ratón.
Yo estoy entre la fase del quinceañero y el cincuentón. Exactamente en el nivel de 40 años menos cinco kilos.
Me encantan los nombres de los blogs. Os ofrezco algunos:
La columna flácida,
El psicocirco de yo,
Son of a bicho,
Paraíso sin ti,
La linterna trágica,
Mentes divergersas,
Normalmente, lo mejor del blog es el título. A veces, todo el blog es el título y poco más. El título de este post de hoy lo he sacado de mi cabecita, aunque reconozco que no me quedé calvo pensando el título de mi blog. Pero como le dije con cierto orgullo a cierta persona hace dos días: kiss my blog.
Hoy por la tarde he salido he salido a hacer una breve excursión a la Sierra. Es curioso como para un grupo de personas que rondamos los cuarenta años, el tema del peso puede resultar apasionante. A partir de los cuarenta, puedes hablar y escuchar a los demás sobre este asunto durante largos ratos.
Vaya por delante que me equivoqué con la fecha, y es el día 29 de junio cuando acaba la apuesta. Con la persona con la que lo hice, que lee este blog, que sepa que mi peso ya es de 82.1kg. Dicho de otro modo, si no cometo una locura, si no entro en pizzerías, si me olvido de los kebabs, si los pastelillos rellenos de crema se convierten en un recuerdo, no sólo habré ganado la apuesta, sino que incluso el margen puede ser de un kilo.
En todas las grandes historias, hay un gran final. Y así va a ser con la apuesta que hice de que perdería cinco kilos en dos meses. El lunes por la mañana, al levantarme, sabré si he ganado y tengo que pagar una buena comida en un buen restaurante, o me la pagarán.
Lo terrible es que escribo este post el sábado por la noche después de la cena (si a esto se le puede llamar cena) y el asunto de quién va a ganar la apuesta va a estar justo-justo. Aún puede que gane sólo por 100 gramos de peso.
Hoy por la mañana estaba sólo a 400 gramos de mi victoria. Y hoy me he esforzado. Pero he aquí que mañana tengo una comida en un restaurante con un profesor de universidad que viene desde Madrid para esa comida. ¿Me limitaré a pedir un caldo? ¿Diré: garcón, tráigame un tomate?
Todo depende de lo que haya perdido hoy, y todo depende de cómo resulte mañana la batalla del mediodía. Aunque no cene, la cosa va a estar raspando. Podía haberme imaginado un final emocionante, pero no tanto.
Mañana lucharé con las botas puestas. Me he dedicado antes de la cena a ver fotos de gatos gordos, a ver si así me mentalizaba. Pero ni viendo a esos gatos rollizos se me ha pasado el hambre. Después de dos meses, debo reconocer que he subestimado el lado oscuro del chocolate.
Qué bonita ha sido la misa con el obispo y otros sacerdotes en la catedral, para abrir el año sacerdotal. Cuando veía al obispo arrodillado ante el altar y a nosotros, ocho sacerdotes, me imaginaba allí a Jesús rodeado de sus doce Apóstoles, que éramos nosotros. El mismo Jesús y otros apóstoles.
Durante esta ceremonia, no dejaba de pensar lo bonito que era todo. Todas las casullas blancas, las albas y dalmáticas que rodeaban el vetusto y venerable altar, daban un aspecto de Cielo a esa liturgia.
Hasta los ateos, si hubieran presenciado esta eucaristía, deberían haber pensado: qué gran cosa es ser sacerdote si el Evangelio es cierto. Porque el sacerdote es el portador de unos poderes verdaderamente supraterrenos, es el administrador de una fuerza espiritual que se distribuye en forma de siete dones. El sacerdote es el custodio legítimo de las palabras de Nuestro Señor. Los demás harán novelas, películas o ensayos sensacionalistas acerca de lo que creen que Jesús dijo o pensó. Los presbíteros, los sacerdotes en comunión con los auténticos sucesores de los Apóstoles, no hablamos de otra cosa más que de lo que hemos recibido.
Ser sacerdote es dedicarse a hacer el bien, especialmente en la parte más noble del ser humano. Es trabajar para aquello que no será polvo. Ser sacerdote es tener un rebaño, cuidarlo, mimarlo, buscar a las ovejas perdidas.
Los sacerdotes deberíamos ser ángeles repartidos por el mundo, torres de fortaleza, órganos que tocaran una música celeste, luces que resplandeciéramos con un brillo más allá de lo material.
Que Jesús cada día, en nuestra oración, nos enseñe qué quiere de nosotros.
Cuando ayer vi la foto del padre Turpin en la campaña de propaganda de un equipo de futbol, me pareció muy mal. El poster era lamentable para cualquiera que se tome en serio que no debemos broma con las cosas sagradas. No tomarás el nombre de Dios en vano.
Pero al día siguiente, el franciscano declaró que él únicamente permitió que le hicieran una foto, y que las dos tristes frases las pusieron los publicistas.
Creo que este caso nos enseña a todos una gran lección: incluso en los casos en que las cosas nos parezcan evidentes, no debemos juzgar. Un sacerdote que habrá sido tan denostado, tan ridiculizado, al final, sólo permitió que le hicieran una foto.
Mi consejo al padre Turpin es que, con permiso de sus superiores, hable con algún abogado y ponga una demanda al club que ha utilizado su imagen. Evidentemente se ha hecho un uso de su imagen que va en su menoscabo. Busque algún abogado cristiano que no le cobre. Sin duda, el club querrá llegar a un acuerdo antes que ir a juicio. No tenga la menor duda de eso. Se trata del típico juicio en el que todos se van a poner de parte de la persona contra su honor se ha actuado.
Use el dinero que le den, y no será poco, en comprar una bonita custodia para la catedral. Sería muy bonito tener una custodia del desagravio. El resto del dinero dese a los pobres. La historia que comenzó mal se convertiría en una lección para todos los fieles acerca de la reverencia que tenemos que tener hacia las cosas sagradas.
Pero ésta no es una enseñanza acerca del respecto hacia las cosas sagradas, sino también de que no debemos juzgar. Cuántas barbaridades se habrán dicho de usted. Si de nadie debemos pensar mal, mucho menos de las personas consagradas. Que cada cual se aplique la moraleja de esta historia y pida perdón a Dios por haberle ofendido de pensamiento, y quizá de palabra.
Bienaventurados aquellos que nunca manchan ni su lengua ni su pensamiento contra el prójimo.
Post Data: Había escrito estas bonitas palabras sobre el capellán del club de futbol, cuando por casualidad ha caído en mis manos una foto en la que aparecía el citado sacerdote sosteniendo sonriente el infame cartel. Y he visto que ha sido él el que ha presentado el cartel para la campaña publicitaria. En fin, ya se me ha hecho tarde para escribir otro post. Lo he arreglado con la post data. Ay, qué pena.
Es curioso, ayer me di cuenta de que según uno entiende la misa, así entiende a la Iglesia.
La misa es el fundamento, sustento y compendio de la fe. Si hay una frase que me fascina, es Ecclesia de Eucharistia. Es una frase de tres palabras sobre la que se puede meditar durante media hora. En cierto modo, llevamos meditando sobre ella dos mil años.
Podría alguien pensar que cuanto más tradicionalismo pongamos a la misa, cuanto más llevemos las cosas al extremo, cuanto más exacerbemos los aspectos teológicos de la liturgia, mejor. Pero no es así.
La celebración de la eucaristía, por voluntad de su fundador, se mueve en una línea intermedia en la que caben miles de matices, miles de sensibilidades, miles de espiritualidades.
En cierto modo, todo cabe en la misa. Pero exacerbar las cosas, llevarlas al extremo, pensando que así estamos más en la ortodoxia, es un error. Nadie está más en la ortodoxia que otro. O se está en la ortodoxia, o no se está. Pero los que están dentro de ella, piensen como piensen, están dentro. Un párroco no puede mostrarme a dos fieles, y decir: éste es más católico que éste.
La reacción contra la heterodoxia nos puede llevar a conceder grados de pertenencia dentro de la Iglesia. Es una reacción inadecuada.
Ni por usar cantidades monumentales de incienso, la misa es más solemne. Ni por blandir el Denzinger como una espada a diestro y siniestro, se es más ortodoxo. Una de las cosas por las que doy gracias a Dios de mi encantadora parroquia en Huesca en la que crecí, es que la fe y la liturgia y la vida comunitaria se vivían pacíficamente, nada se problematizaba.
Leyendo ayer a Picaza, que citaba a Messner, estoy de acuerdo en que el paso de una sencilla liturgia como Última Cena, a una gran liturgia sacrificial, supone una transformación impresionante. En eso estamos de acuerdo.
Muchos consideran tal cambio como una traición, como una traición al espíritu del comienzo. ¿Dónde se ha visto que una cena sea una liturgia sacrificial?
Sin embargo, si observamos las cosas en detalle, veremos que esa cena sí que tenía un carácter sacrificial en su misma esencia: se tenía que matar un cordero en honor a Yahveh, para poder celebrar la cena. Y digo celebrar, porque esa cena tenía un carácter ritual por los ritos, preguntas que se hacían y otra infinidad de detalles que no es el momento de exponer.
Si a eso añadimos, que lo que se ofrece en la Última Cena es el Cuerpo y la Sangre de Jesús, entonces las cosas todavía quedan más claras. Donde hay derramamiento de sangre hay sacrificio. Sobre la mesa de la Última Cena, se está recordando, celebrando, simbolizando el sacrificio de un nuevo cordero pascual.
Es cierto que ese cordero se come, pero el aspecto sacrificial es tan inseparable de ese momento como el banquete. Por eso, reducir la Última Cena a un banquete, supone dividir artificialmente lo que en la mente de Jesús no fue así.
Es curioso que las iglesias separadas entre sí por el espacio y la incomunicación (véase la iglesia copta, por ejemplo, y por supuesto el resto de iglesias ortodoxas) entenderán todas ellas que la Última Cena tenía un carácter sacrificial, y que por tanto había que rodear de culto y boato al Misterio.
Entender bien la misa, supone entender bien por qué la Iglesia entera ha evolucionado como lo ha hecho. Comprender bien la Última Cena nos ayuda a comprender por qué las iglesias apostólicas han evolucionado cómo lo han hecho.
No, no ha sido ninguna traición, ha sido el desarrollo lógico de la primera semilla. Todo está en las palabras de Jesús en las de la Cena y las de después de la Cena, antes del prendimiento.
En definitiva, todo este asunto nos lleva a la pregunta: ¿Jesús fue prendido muy a su pesar, o Él se entregó como cordero inmaculado para ser ofrecido por los pecados el Pueblo en oblación de suave olor?
La respuesta es evidente a la luz de la Palabra de Dios: todo estaba profetizado. Su prendimiento no fue el quebrantamiento de los planes humanos de Jesús el profeta, sino que había nacido para eso.
Que conste que no lo hago por animar el cotarro. Quiero dejar claro que si voy a criticar las palabras del jesuita Juan Masiá, no es por crear ese tipo de polémicas que tanto les gustan a los lectores, no.
Pero es que cuando ayer leí que el padre Masiá escribía:
Si Malaquías levantara la cabeza, invitado a ver desde un balcón con colgaduras de la enseña nacional el paso de la lujosa custodia en la procesión del Corpus, diría: No acepto la ofrenda de vuestras manos.
Cuando leí aquello, lo leí con afecto, con cariño. En los años 70 sus palabras hubieran sonado a grito de guerra, a peligrosa lista luterana clavada en la puerta de Wittenberg.
Pero ahora, al escuchar esas cosas, uno sonríe como quien encuentra un bonito fósil, un encantador trilobite teológico.
Es evidente que al estar en Japón no le han llegado las noticias de que ahora hay más posibilidades de que vuelvan las capas magnas que no de que quiten la procesión de la custodia del Corpus en Toledo.
Todos, hasta Leonardo Boff, han entendido que la búsqueda de la pureza evangélica no está reñida con la belleza, la pompa, la gran liturgia.
Masiá predicaba la libertad. Pero según él, la libertad bien entendida es la libertad litúrgica para hacer las cosas de una sola manera. Y por eso, cuando algunos quieren honrar a Dios de otra manera, él sale agitando la Biblia con lo de Malaquías. Si Malaquías viviera, le diría a Masiá a mí no me metas en esto.
Masiá afirma incluso que Jesús el día del Corpus hubiera dicho que no aceptaba esa ofrenda hecha con amor y sencillez, la sencillez del pueblo, sea dicho de paso. Jesús, si hubiera hablado algo sobre el tema, hubiera dicho: Masiá, Masiá, te estás pasando un poquito de la raya.
Yo, cada año, visito varias diócesis o prelaturas de misión. Hablo con el clero, con el pueblo sencillo, con los grupos de oración, con obispos jóvenes. Y la cosa ésa de que la bondad está en la mesa de madera en un cobertizo, y el fariseísmo está en las grandes liturgias, eso está ya más pasado que la frase: Luke, yo soy tu padre.
Frases memorables del padre Fortea:
-No, querido amigo, no. Usted no es malo: usted es tonto.
-Sí, efectivamente, no es la pata de la mesa lo que llevas golpeando un rato con tu piececito.
-Señora mía, lo que tiene en casa no es un esposo: es el monstruo de las galletas.
-Bien, bien, de acuerdo, mi blog es muy malo. ¿Cuándo piensa dejar de visitarnos?
-Sí, el estado de la Iglesia es mejorable. Pero ¿a qué se refiere con aquellos buenos viejos tiempos?
-Sí, efectivamente, es un colega. Mira, vamos por allí no sea que nos vea. Si no, va a insistir en saludarnos. -Ya, ya. Qué le vamos a hacer. Bueno, me tengo que marchar. -No, no te extrañes. Dentro sólo encontrarás serrín.
La foto refleja un momento de la ceremonia de la entrega del capelo a varios cardenales.
Cada día respondo a un cierto número de e-mails. Correos de temática variada que responden a peticiones e intereses diversos. Un buen día se me ocurrió que podría escribir un solo e-mail para todos. Así nació este blog.
Este blog ha tratado de responder con 365 respuestas anuales a la pregunta ¿qué es un blog? El resultado de este e-mail de destinatario colectivo que mando cada día al océano de la Red, ha sido un grupo de lectores.
Lo que no me imaginé al principio, era que este grupo iba a ser parte de mi vida. Ahora lo es. Con esos lectores he hablado por teléfono, paseado, cenado, ido al cine, e ido de excursión.
No caigo en una afirmación vacía, al afirmar que noto los vínculos que me unen a las 600 personas que, como media, entran cada día en este blog. De los seiscientos, quizá cien entren y no vuelvan más. Pero al resto, fijos, fieles, puntuales, consuetudinarios, los percibo como parte de mi vida. Ellos no me son indiferentes y espero, con el pasar de los años, seguir encontrándome con más y más de estos conocidos lejanos.
Más extraño es el fenómeno del odio. Ésa es otra faceta, oscura, de este pequeño rincón que creé hace años. ¿Por qué algunas personas destilan odio hacia el autor del blog? Uno va por la vida tratando de no hacer daño a nadie, de vivir su vida y dejar que otros vivan la suya. Y, sin embargo, hay quien trata de hacerte daño. Es un misterio.
Sea dicho de paso, siempre escribo este blog después de la cena. Digo esto porque cierto compañero me dijo una vez en muy mal tono: ¿es que no tienes nada más que hacer que escribir en el blog?
Yo le miré, me callé, miré hacia arriba y le dije, cambiando de tema: mira, un pájaro.
Os preguntareis qué ha sido de mi apuesta. La única que he hecho en los últimos veinticinco años. Esa apuesta a que perdía cinco kilos en dos meses.
La verdad es que mi travesía por la dieta ha atravesado muchas tormentas. La peor fue la visita de mi madre. Algunas invitaciones a cenar han sido aguaceros que también han llenado traicioneramente de agua mis bodegas.
Por otra parte, mis mejores intenciones se encontraron con la labor obstruccionista de un saboteador inesperado: el chocolate.
¿Os preguntaréis cuánto he perdido o ganado en lo que va de tiempo? Me gustaría poder decir que mis sacrificios no se pueden cuantificar mezquinamente en unos números. Pero desgraciadamente me temo que mis victorias y mis derrotas sí que se pueden cuantificar con la frialdad de un número.
Y así, a diez días de ganar o perder la apuesta, mi honor y mi dinero, puedo afirmar que peso 84.5 kilos. Dado que partí de mis felices 87.5 kilos hace algo más de mes y medio, la cosa está muy emocionante. Mido 1.80m, no soy un gnomo.
Dicho de otro modo: en diez días tengo que perder dos kilos y medio. Tampoco es que perder la apuesta vaya a ser un gran quebranto económico: una comida en un restaurante. Tampoco mi honor se quebrantará mucho: dije que si perdía, pagaba, eso es todo. No fue una apuesta tipo el final de Lo que el viento se llevó, poniendo, como Scarlett O´Hara, al cielo y a la tierra por testigo de que no volvería a pasar hambre.
Bueno, a ver si me pongo las pilas y me pongo manos a la obra.
PD. Al blog pongo por testigo, de que voy a volver a pasar hambre.
Hoy jueves 11 de junio he dado comienzo a una pintura que me tendrá entretenido a ratos libres durante unos meses.
Va a ser la pintura de mayor tamaño que he hecho en mi vida, y tendrá un solo tema: la Sagrada Escritura. Es lo suficientemente grande, como para que haya tenido que dividir la obra en varias partes. Al final, será como un gran mandala cristiano.
Mi dibujo me gustaría que fuera también como un gran tímpano no en piedra, sino sobre el papel. Un tímpano extenso, lleno de recovecos.
Quiero en una sola pintura abstracta plasmar la Biblia, el mundo de la Palabra de Dios, la grandeza de la Escritura.
Deseo que mi obra sea un acto de glorificación a la Palabra.
Una obra que lleve a los que la vean, a meditar acerca de la inmensa complejidad del Libro Sagrado, el único libro sagrado sobre la tierra.
Me gustaría que mi pintura sea como una gran parábola llena de detalles, abstracta y medieval, conceptual y laberíntica.
Es curioso, hay cosas que un predicador sólo puede decir con una gran imagen. Y esa imagen es la que espero forjar, tallar, perfilar, en los próximos meses con la ayuda de Dios.
En mi vida me he encontrado con algunas personas ingratas a las que no les han gustado mis dibujos. Mi respuesta ha sido siempre la misma: Es lógico que no te guste, yo no pinto para todos. Sólo para los espíritus más elevados.
Escuchando una vez más un precioso momento de la banda sonora de El curioso caso de Benjamin Button, me he percatado de que las únicas películas que tratan, de una forma seria, sobre el paso del tiempo son ésta y Titanic.
Curiosamente, ambas películas al hablar del tiempo lo entretejen con el amor. O mejor dicho con la pérdida del amor.
El tiempo del sacerdote es distinto del tiempo de las personas casadas con niños. Nuestro tiempo es más estático, más sereno, más apacible. Es el tiempo del orden, el imperio del horario bajo el amable tic-tac de las horas canónicas, que ciertamente imprimen un aire a toda la jornada. Un tiempo al borde de la eternidad, es un tiempo distinto al del resto de los mortales.
A partir de mis treinta años, para mí el gran reloj ha sido el espejo. La esfera que ha marcado las horas ha sido mi rostro.
En Internet he encontrado estas cifras:
La blogosfera es 60 veces más grande de lo que era hace tres años.
La blogosfera se duplica cada seis meses.
Se crean 75.000 blogs nuevos cada día en promedio. Eso es un blog nuevo cada segundo de cada día.
Podría citar cuál es la fuente de estas cifras, pero tampoco tiene mucha importancia, dado que en otro lugar de Internet he encontrado otras cifras completamente distintas que citaban la misma fuente.
Las cifras, por tanto, pueden estar completamente equivocadas o inventadas, pero no importa, por lo menos sirve para hacerse una idea. Una vez que uno ha comprendido esta mecánica, se ha comprendido lo que es el periodismo.
Una parte nada despreciable del periodismo actual consiste en eso, en coger unas datos por aquí y otros por ahí. No se sabe si son completamente falsos, pero al menos uno se hace una idea.
El lector ingenuo, ese tipo de ovejitas crédulas, es decir la mayoría, creen que ofreciendo la fuente ya está todo solucionado. Pero en Internet la tontería más grande del mundo, puede ir firmada como sacada del New York Times, cuando en realidad se la ha inventado el vecino del 4ºD y ha rebotado desde aquí hasta China.
El vecino del 4ºD escribe cualquier barbaridad y después firma: Richard Nixon. No, hijos míos, no. No os fieís de Internet, que es grande y malo.
Lo mejor de los blogs son los comentarios, por eso yo los censuro férreamente. Aunque ayer alguien puso algo tan genial, tan eminente, tan agudo, que no me resisto a trascribirlo. El comentario decía Ay que malito estoy, llevadme al bar.
¿Creen los ciudadanos que a sus gobiernos no les sería posible acabar con el paro, con la indigencia, con la carencia de vivienda? Por supuesto que sí. Incluso en el último país de África. Pero eso requeriría de una política a largo plazo, de planes que darían fruto sólo más allá de los cuatro años que se les han entregado.
Esos planes a largo plazo requerirían algo más que una lucha por la propia imagen personal, requerirían de honestidad, requerirían prescindir de los egoísmos a corto plazo del partido, para empezar a trabajar, en serio, por la nación. Eso sólo es posible con grandes estadistas. Los grandes estadistas siempre han levantado a sus pueblos. Pero estamos en manos de gente dedicada a la imagen a la que se le entregan paquetes de cuatro años. Los grandes problemas se quedan siempre para después.
Al final, no nos engañemos, todos los problemas son problemas morales. La raíz de los grandes problemas estructurales de nuestra sociedad, en el fondo, tienen su causa en la avaricia, la ambición, la falta de responsabilidad, la ausencia de una visión de altas miras. Entre los políticos abunda la mentira, la codicia, la trapacería, la doblez, la falta de integridad. Es lógico que los grandes problemas perduren. Pero no perduran porque tienen que perdurar, sino porque los que los tienen que resolver no son las personas adecuadas.
En los pasados posts, he descrito cuál es el problema de las democracias occidentales, ahora me gustaría ofrecer cuál creo que debería ser la solución.
El primer punto es muy sencillo: un hombre un voto. Es decir, nada de distribuciones según provincias, ley d´Hondt y demás sistemas que sirven para que los votos se redistribuyan, agrupen y reintegren a través de modos que, curiosamente, sólo sirven al águila bifronte del bipartidismo.
El segundo punto: voto al que quiero. Es decir, se acabaron las condiciones que hacen que una persona no se pueda presentar a cualquier votación. En España, como en tantos países, si alguien quiere presentarse a una elección tiene que formar una lista, un partido y por tanto toda una organización.
El problema de presentarse a una elección es que requiere crear una organización más complicada que una empresa. Después de un trabajo ímprobo y de grandes gastos, descubrirá que en este mundo empresarial de la política, sólo hay posibilidades para los grandes del voto útil que tienen de su lado a los medios y el gran capital.
El tercer punto y último: el Parlamento representa la voluntad popular. Es decir, debería acabarse que el Parlamento se represente a sí mismo. Los partidos se representan a sí mismos, y sólo defienden a los ciudadanos cuando esto conviene para desbancar al partido contrincante. Los partidos no representan a los ciudadanos, sino que son empresas especializadas en cambiar la opinión pública.
No se piensen los lectores, que lo que escribí ayer se debe a mi rabieta porque no gobiernen exactamente los que yo quiero. No se trata de eso.
Soy muy consciente de que mi deseo de un gobernante cristiano que se rija por el Evangelio es compartido por una minoría.
El problema, el gran problema, es la evidente desconexión entre la rica variedad de opciones, posturas y legítimas aspiraciones de los votantes, y el menú bipartidista que nos ofrece la carta del restaurante político en todos los países.
Puedes votar a la quinta o sexta formación de la lista, por supuesto. Pero siendo realista, todo lo que no sea votar a las dos primeras opciones es tirar el voto a la papelera, eso es así.
De forma que el gobierno del pueblo y para el pueblo se ha reducido a una perenne alternancia. El pluralismo se ha reducido a la alternancia. Un águila bicéfala gobierna en cada país. La casta política retiene el poder en sus manos. La historia de la política en cada nación no es la historia de la voluntad popular y sus legítimos deseos, sino la historia de las conjuras, complots y maquinaciones en el interior de cada partido.
Mañana según mi estado de ánimo y mis apetencias, quizá ofrezca mi propuesta de solución a este monopolio del bipartidismo. Pero, claro, todo depende de cómo me levante mañana. Porque igual me aburre esto de la politik y me da por hablar del gato de mi abuela.
Estas elecciones europeas, como las anteriores, y como las anteriores, son la prueba de que nuestros métodos electorales y de representatividad necesitan una reforma en profundidad.
Para empezar, la repartición de escaños entre partidos en los anillos de escaños de Bruselas es una mera repetición de los resultados obtenidos en cada país. El problema es que lo mismo sucede en los senados de todos los estados miembros europeos. Y lo que es más lamentable, ocurre esta misma repartición en los tribunales supremos.
El escándalo de estos días de los comunes del Reino Unido demuestra que es facilísimo a los dos partidos de cada país ponerse de acuerdo y hacer lo que quieran. Si la prensa está también dividida en filiaciones políticas, la verdad no saldrá nunca.
El resultado de todo esto es un alejamiento, cada vez mayor, de los ciudadanos y el sistema representativo. Ese abismo se puede ir haciendo más y más grande con los decenios. Los partidos dominantes se pueden poner de acuerdo para que las reglas del juego dejen aparte al resto de partidos menores.
Es necesaria una reforma. ¿Y en qué consiste esa reforma? En algo muy sencillo, en algo que constituye la esencia de la democracia: en que cada ciudadano pueda tener a alguien en los parlamentos que le represente a él a la perfección. Que represente a ese ciudadano, no al partido.
El gran problema actual es que casi ningún ciudadano se siente representado por los partidos dominantes. La gente vota con resignación. Sabiendo que sus representantes no le representan, pero no hay otra cosa.
En el sistema actual se vota, pero no existe una verdadera representatividad. Nadie está contento con el sistema, pero los que tienen el monopolio del aparato político no están dispuestos a oír hablar de reformas.
Ayer escribí sobre los tiranos, pero en mente tenía sólo a uno. No diré su nombre, porque tiene a toda la sociedad como rehén, y los obispos están, los primeros, en su punto de mira. Es fácil escribir desde mi casa en España. Lo difícil es sufrir a ese Nerón del canto allí.
En cualquier sociedad, siempre hay muchos sujetos con alma de tirano. No se convierten en dictadores, porque la sociedad no les deja. Pero muchos sienten esa vocación, esa llamada, ese impulso a someter al otro. En el tirano, siempre se da la incomprensión del otro.
El dictador se siente como una palmera. Los otros son monos que vienen a llevársele los cocos. Me pregunto si algunos dictadores tienen raptos de lucidez. Pero es evidente que, al final, se aferran a sí mismos.
Hay que aferrarse, ser dictador no es fácil. No vale cualquiera. Se precisa de mucha perseverancia y mucha dedicación: no se puede ser dictador a ratos. Nadie es tirano de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Insisto, en que lo peor que puede pasar es que un tirano cante. Si bailase, yo me arrojaría por un acantilado.
¿A que tengo gracia? Sí, señor. Mucha. Mire cómo nos reimos todos.
Sobre los dictadores:
Hay personas que no deberían tener poder sobre otros seres humanos.
En un Estado de Derecho, la Ley debe limitarse a actuar. En las dictaduras, la Justicia amenaza.
Frase dictatorial: Aquí hay toda la libertad del mundo. Lo que pasa es que esos están usando mal su libertad y por eso se van a enterar.
Hay dictadores que son insustituibles y únicos. Eso ocurre cuando uno de ellos, por voluntad propia, se convierte en bufón del mundo.
Pero recuerden todos los dictadores del mundo: no durarán en el Poder, ni un día más de lo que ya ha determinado el Altísimo.
Ese día ya está determinado en el Destino de Dios. Y cuando llegue, ni con todos los tanques, ni con toda la represión, ni con todas las leyes, ni agarrándose con todas sus fuerzas a su sillón, podrán evitar caer de su sitial como una fruta madura.
Las dictaduras dejarían de ser temibles si sus súbditos conocieran esa hora. Muchos tiraron cambiarían, si conocieran las circunstancias de esa hora.
De nuevo en mi mesilla de noche Memorias de Adriano. De nuevo, ese magnífico viaje entre el yo-narrante y el yo-narrado.
Me llama la atención que Yourcernar fuera una viajera incansable, sin duda porque no hay nada que me canse más que viajar. Yo no deseo volver a Itaca: sencillamente no quiero salir de Itaca.
Pero además de releer, me propongo empezar El amor en tiempos de cólera.
Hoy tras el desayuno he pensado mucho acerca de en qué nuevos proyectos literarios embarcarme.
Hoy he vuelto a pensar en la posibilidad de ir escribiendo un diario con mis pensamientos al ir leyendo la Biblia. Una obra de ideas breves expresadas en pocas líneas. Más bien puntos que largas explicaciones. Pero el problema de encontrar editorial para algo así, se hace patente. No es fácil encontrar editoriales para este tipo de libros raros. Y mis cajones ya están llenos de obras huérfanas de editorial.
En la excursión del domingo, comimos junto a un arroyo. Un arroyo ancho, de aguas abundantes, cantarinas, que corrían y saltaban entre los grandes peñascos que allí había. Se me ocurrió que un arroyo como ése, era un símbolo de la Biblia. Tantos regueros que corrían paralelos entre las rocas, simbolizaban al agua viva que desciende de la Palabra de Dios.
Sus grandes peñascos eran imagen de las palabras eternas que hay en el Libro. Pulidas e inconmovibles como esas rocas entre las cuales corría esa agua límpida y fresca.
Había vida alrededor de ese agua, mucha vida, muchos tipos de vida. El rumor del arroyo, nos recordaba el rumor constante, musical, de las palabras del Libro lleno de Vida. Sus corrientes refrescaban nuestras caras. De esas aguas se podía beber, lavarse en ellas, mirarlas con agrado, escucharlas, refrescarse.
El arroyo era agradable y constante. Siempre el mismo arroyo y siempre distinta el agua que manaba de esos versículos. La montaña de la que bajaban esas corrientes, es Dios. De Él surgía y bajaba su Palabra.
Hoy domingo, día del Señor, tras mi misa en las dominicas, hemos ido de excursión a la Sierra de Madrid. Quejas por el calor al subir la montaña, intento del padre Fortea de tratar de acariciar una vaca que pacía (la vaca se ha asustado), pies helados al tratar de comer nuestros bocadillos con los pies dentro del arroyo que feliz corría rumoroso, hora nona sin dejar de caminar, chocolate inesperado en el bolso de una buena samaritana, intento de tocar un burro silvestre que estaba tranquilo bajo una sombra (el burro se ha asustado), concurso de adivinar músicas de películas a la vuelta en el coche.
Esta noche he ido a la vigilia de Pentecostés en la catedral. Me gusta mucho la oración personal, silenciosa, a solas en una iglesia o una capilla. Pero la festividad de Pentecostés requiere esperar al Espíritu Santo reunidos, invocándole todos juntos.
Me gustan mucho las misas, pero esta festividad requería una liturgia cuyo centro fuera el Espíritu Santo. Por eso la celebración de esta noche ha sido perfecta. La catedral era como un resumen de toda la Iglesia, también un recuerdo del cenáculo apostólico.
Antes de empezar la liturgia, he leído la narración que María Valtorta (una mística) hizo de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles.
Durante la liturgia, le he pedido muchas veces al Paráclito que viniera a mí. No le he pedido nada concreto, sólo que viniera. Realmente no tengo nada que pedirle material. Aunque ahora que lo pienso sí que le pido dos cosas desde hace algún tiempo. Pero bueno, dos tonterías sin importancia. Aunque tampoco son, digamos, tonterías-caprichos míos, no. Tienen su enjundia y su razón de ser pedidas.
Todos los seres humanos tenemos alguna tontería que pedir. Y si os digo la verdad, Dios es un padre que nos consiente. Porque normalmente las tonterías que le he pedido en el pasado, me las ha concedido. Como si fuera un padre bondadoso que le gusta regalar caprichos los domingos.
Estos últimos días han sido pródigos en noticias de, digamos, tipo personal. Por un lado está el tema del padre Alberto Cutie que promete más secuelas, no sé si tanto de tipo teológico como biológico. Sólo le deseo que tenga un hijo que acabe siendo, por lo menos, un famoso abad católico. Ojalá que el niño que acunen y amamanten, acabe siendo más católico que el cardenal Cisneros y Felipe II juntos. Ojalá que sea tan católico que el padre acabe arrepintiéndose de haber roto su celibato.
Después está Mel, el pobre Mel, Gibson me refiero. Se ha marchado con la rusa. Eso ha sido todo un golpe en la línea de flotación del tradicionalismo. Un golpe sucio. Un golpe bajo a las enseñanzas de Econe. Lefevre debe estar diciendo: cría Mels que te sacarán los ojos.
Con estas sorpresas por el centro y la derecha, sólo nos queda que la izquierda nos dé alguna. Ya sólo faltaría que Leonardo Boff se hiciera de Comunión y Liberación, o algo así.
Ayer se supo con tristeza que el sacerdote Alberto Cutie ha decidió pasarse a los episcopalianos.
He leído con suma atención las declaraciones del padre Alberto cuando decía: Hoy he decidido unirme a una nueva familia espiritual dentro de la gran sombrilla del cristianismo.
Es evidente que él no ha entendido lo que es la Iglesia. La Iglesia Católica no es una familia espiritual dentro de un conjunto de familias, no es un huevo dentro de una cesta de huevos, no. La Iglesia, la única, la que fundó Cristo mientras Él estaba sobre la tierra y fue visible y se le pudo oír, es sólo una Iglesia, fue una, y será únicamente una.
La Iglesia no es un barco en medio de la gran armada de Cristo. Ni mucho menos una familia, acompañada de otras familias, bajo una sombrilla en la playa del mundo, no.
La Iglesia es un misterio visible de gracia, el cuerpo indivisible de Cristo. Un misterio paralelo al de la encarnación de la Palabra en un cuerpo. El misterio de la Palabra que habitaba junto al Padre, encarnándose en un cuerpo material, visible y con miembros.
Hubiera sido comprensivo si el padre Alberto hubiera dicho que había sido débil, que ya no podía resistir más su pasión, y que pedía la secularización porque ya no entendía su vida apartado del amor de una mujer. Pero no es comprensible que ese sacerdote haya leído el Evangelio de Cristo cada día y escuche lo que dice Jesús de su Iglesia, y ahora decida salirse y buscar en el catálogo cuál es la reunión de creyentes que más se adecua a sus necesidades e inquietudes.
La noticia del padre Alberto Cutie de pasarse a los episcopalianos, me ha llevado a dar gracias a Dios por haber estudiado en la Universidad de Navarra. Antes enterrado en cal o con la cabeza cortada que abandonar la única santa e inmaculada Iglesia.
Yo no soy del Opus Dei, pero cualquiera que haya estudiado con ellos la teología, podrá quizá tener un harén escondido en la rectoría, pero lo de abandonar la Santa Iglesia Católica nada de nada.
Insisto, no soy del Opus Dei, pero doy mil millones de gracias por haber estudiado con el Opus Dei. Es verdad que ello me ha hecho un poco reaccionario, pero aquí estoy, al pie del cañón.
Acabo de colgar el teléfono. He tenido una larga conversación con un compañero sacerdote. Suele leer mi blog, así que le he dicho que iba a escribir algo sobre lo que habíamos hablado.
La conversación que habíamos tenido era sobre temas tales como el celibato, la obligación de rezar el breviario y cosas así. De ahí, hemos ascendido al valor de la cruz en el sacerdocio.
Los dos somos levitas, los dos hemos tomado en nuestras manos el cayado de los Apóstoles, y sin embargo nuestra concepción de la Iglesia, de Jesús, de Dios, en general, es muy distinta.
Somos muy amigos, nos llevamos bien, nos queremos, pero tenemos una idea tan diversa acerca de lo que significó la Cruz sobre el Calvario.
Pronto, el jueves próximo, nos reuniremos todos para celebrar la fiesta de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote. Cuánto me gustan las concelebraciones, comer juntos, las bromas.
Hoy he paseado con un camionero al que conozco desde hace años. No es católico, pero es un hombre sencillo que vive de leer la Sagrada Escritura. Realmente vive de la Biblia. La ama, la estudia con serena pasión, y pone en práctica lo que allí lee.
Hablar con él supone para mí un aire fresco, nuevo, reconstituyente. De su boca no sale ni una palabra que sea de crítica, nada mundano, nada frívolo, nada inconveniente.
Es un gran hombre, realmente muy grande. Llegará al Cielo como camionero, pero vivirá en el Reino de los Cielos como alguien importante, muy importante, de eso estoy convencido.
Considero uno de los mayores placeres de la vida pasear por un bosque frondoso y húmedo, con frío, y detenerse en él a almorzar con tranquilidad. Si a eso añadimos una buena comida y una agradabilísima compañía, entonces uno se pregunta: ¿qué más necesito en la vida?
El bosque es una verdadera imagen de Dios: alto, tan grande que requiere mucho tiempo sólo subir una parte, tiene vida en sus laderas, mucha vida, inconmovible con sus peñascos grandiosos, con nieve en lo alto, blanca nieve símbolo de la pureza, con nubes que cubren su cima, con arroyos que surgen de sus lados.
Caminar meditativamente por una montaña es un tipo de oración, buena para el alma, buena para el cuerpo. Descansa la mente, se refuerza la amistad, se bromea, se explora, se rezan las horas canónicas en ese caminar.
Incluso nos ocurrió un hecho milagroso. Como si Dios quisiera acompañarnos en nuestra excursión. Como si el Dios creador de la montaña quisiera decirnos: estoy aquí.
Hoy, tras decir mi misa dominical, me he ido con algunas amistades a la montaña. Qué bien me lo he pasado: arroyos de agua, bosques, caballos paciendo, vacas, peñascos.
Me he propuesto ir una vez a la semana al campo de excursión, porque estoy más convencido que nunca de que la naturaleza, especialmente las montañas con bosques, son una predicación de Dios.
Voy a la montaña a escuchar a Dios predicar. Es como peregrinar por su gran templo. Es como otro tipo de oración por mi parte. Como si caminar por esos sitios supusiera ya una adoración.
Desgraciadamente, a pesar de las nubes, se me ha quemado un poco la calva. Hasta hace poco, todavía tenía un trozo de tela humedecida sobre la delicada piel de mi cabeza. Algún día debería dedicar un post al tema de lo sensible que es la piel de las calvas.
Esta madre muestra con una gran sonrisa una pintada sobre su vientre en la que se dice que su hijo está a favor del aborto.
Francamente, ¿crees, de verdad, que si tu hijo pudiera hablar diría eso? En serio, ¿lo crees? O más bien la más pequeña posibilidad de que eso sucediera, ¿no le estremecería?
En tu mano está acabar con su futuro, o dejar que tenga una vida sobre este mundo. Pero esa posibilidad está en tu mano, sólo porque unos políticos han decidido sobre ese tema. Aunque tanto Zapatero como Obama, al ser preguntados cuándo comenzaba la vida humana, respondieron ambos que no lo sabían. ¡No lo sabían! Pero los votos son los votos.
Si lo moderno fuera ser pro vida, si eso fuera de izquierdas, si eso fuera progresista, defenderían la vida de los niños no nacidos con toda la fuerza de sus discursos (escritos por otros), con toda la vehemencia que les indicaran sus asesores de imagen.
Pero desgraciadamente para decenas de miles de niños que no verán la luz del sol, los intereses electorales de los políticos van por por otro camino distinto del de defenderlos.
Quizá los posts de mis días anteriores sobre la política hayan podido un poco desencantados. Vaya por delante que a mí la política me parece una de las actividades más nobles y beneficiosas a las que se puede dedicar un ser humano.
Pero hay que reconocer, para poner remedio, que la política, hoy día, se basa en la imagen y sólo en la imagen. El político es un comerciante de la imagen. Los hechos, los resultados, no importan tanto como la imagen.
Que no quepa ninguna duda de que la sociedad podría ser mucho más justa, los recursos gastados más eficientemente y la vida más segura, si los que organizan todo se dedicaran a su trabajo con el entusiasmo de una vocación. Pero lo cierto es que muchos recursos se gastan mal, no hay interés por ideas emprendedoras, y en ocasiones se llegan a hacer mal las cosas a sabiendas de que se hacen mal.
Ojalá que surja en este país o en otro, algún político cristiano, carismático, vocacional, que arrastre a las masas, y que sea como un faro que muestre a todos lo que es la Política con mayúsculas.
Lo que me da pena de la situación actual, es que al final los que sufren las consecuencias son personas concretas.
(Sigue del post anterior.) Los políticos profesionales saben que tienen el monopolio de la representatividad popular. Es un monopolio no legal, pero sí real. Con lo cual, la política se ha transformado en una industria, con sus estudios de mercado y sus campañas.
En esta industria, no importa lo que digas para ganar. Ya se cuenta con que hay un divorcio total, radical, entre lo que se promete y lo que después se hace. Lo único que importa en esta industria es que la inmemorial alternancia se siga manteniendo. Doy por supuesto que todos los países acaban en esa imperecedera alternancia.
En esta industria de la imagen, la verdad no importa para nada. Será casi imposible para la masa saber la verdad. Además, la verdad a veces parece muy poco creíble. La industria política lo primero de lo que se ocupa es de que las tres ramas, se unifiquen en una.
Los políticos del ejecutivo podrían dejar, si quisieran, el poder legislativo en manos independientes. Pero ya nadie es independiente. Podrían dejar la cúpula del poder judicial en manos de hombres justos. Pero esto es una industria, no el país de las utopías.
Por eso no me siento tranquilo sabiendo que la crisis, y tantas cosas importantes de cada país y del mundo, están en manos de los que son, en general, los más falsos de cada nación, los que mejor viven, los que les importa un bledo el bien común. Por supuesto que no todos son así. Pero nueve de cada diez políticos son gente de la industria.
A este niño se le nota que le gusta la política.
Imaginemos que vamos a un restaurante y nos dan una mala comida: mala calidad, carne cruda, fría y el pan enmohecido. Le pedimos explicaciones al chef y nos contesta: la cocina es así, señores. No puedo hacer nada por ustedes.
Imaginemos que llevamos nuestro coche a un taller. Al cabo de un tiempo el mecánico nos dice que ha arreglado el limpiaparabrisas, pero compruebo que no lo ha hecho, y a pesar de todo quiere cobrarme. (Este ejemplo no es ficticio, me pasó. No voy a seguir hablando mal de los talleres mecánicos, porque podría seguir todo el post.) Imaginad que llamo al jefe del taller y que éste me contestara que lo siente que me hayan mentido a conciencia y que me intentaran cobrar sin arreglar anda, pero es que la mecánica es así.
Pues bien, esto es lo que pasa con los políticos. Ellos son los seres más responsables, honrados, idealistas, sencillos, inteligentes, corteses, románticos, pragmáticos y graciosos del mundo, lo que pasa es que la política es así. Puedes quejarte lo que quieras. Ellos saben que nosotros votamos, pero no elegimos. Tienen la sartén del monopolio político bien cogida por el mando, y lo que les digas les trae al fresco. Puedes gritarles lo que quieras, después te pasan la factura del bistec frío y el parabrisas estropeado.
Ayer hablé del doctorado honoris causa de Obama. Un doctorado de ese tipo es un trozo de papel acompañado por un cierto número de aplausos.
Los aplausos no deben movernos a engaño. He estado en muchos auditorios, reducidos y numerosos, y he comprobado que la masa tiende a aplaudir cada vez que todos aplauden.
Si todos aplauden a rabiar, tú sientes un impulso inconsciente a aplaudir. Si todos saltan, tú sientes el impulso de saltar. Si todos usan gafas de pasta, sientes el impulso de usar gafas de pasta.
Por eso Obama haría bien en no fiarse. Mañana aplaudirán a otro. A otro que quizá diga lo contrario que él. Incluso aplaudirán al que diga que Obama era malo. Probablemente la masa volvería a aplaudir a que diga que Obama era malo, y que también era malo el que decía Obama era malo. Y aplaudirán a los tres con el mismo entusiasmo, con las mismas lágrimas en los ojos.
La gente es así. Es así, por lo menos, desde el Paleolítico. Por eso esto de los papeles con aplausos hay que tomárselo con un poco de escepticismo. A mí, siempre que me van a dar un homenaje, pregunto si hay cena. Por lo menos hoy ceno, pienso.
La decisión de Notre Dame de Indiana de otorgar a Barack Obama un doctorado honoris causa, ha sido ampliamente positiva, porque se le han puesto en contra en un solo día todos los obispos, un sinfín de estudiantes y la inmensa mayoría de las universidades religiosas, incluso las no católicas.
El tema ha suscitado una oposición tan fuerte, tan agria, que la próxima vez que le comuniquen que le otorgan un doctorado, salvo que sea en China, les va a despedir con cajas destempladas.
Las palabras de Obama han sido pura poesía: Cuando abrimos nuestros corazones y mentes a aquellos que puede que no piensen como nosotros es cuando descubrimos al menos la posibilidad de puntos en común.
La postura de Obama es abrid vuestros corazones, y dejadme a mí hacer las leyes. Este hombre es la monda. Después el Presidente dijo: El encontrar puntos de contacto incluso entre personas de buena voluntad, hombres y mujeres con principios y valores, puede ser difícil.
Sobre todo cuando se mata a los niños es difícil encontrar puntos de contacto.
El Presidente añadió: Cada lado seguirá planteando sus argumentos al público con pasión y convicción. Pero debemos poder hacerlo sin reducir a la caricatura a aquellos que tienen puntos de vista diferentes.
Eso está muy bien, pero el dibujo de arriba no es una caricatura. Pero si el partido manda ser pro vida, pues se es pro vida. Y si manda ser pro aborto, pues se es pro aborto.
En fin, que Obama se fue por las ramas, nos dijo unas cuantas poesías, y a otra cosa mariposa. Como con el asunto de Guantánamo, bonitos discursos, bonitas palabras, pero allí está Guantánamo, en pié. Guantánamo en pié, los niños abortados por el suelo y los laboratorios investigando con embriones.
Bueno, llevo varios días sin poner mi peso porque me ha venido mi madre a visitar. Cuando tu madre te viene a visitar, no es el mejor momento para hacer una dieta. Mi madre se ha vuelto muy obsesiva con esto de la comida. Me está riñendo todo el día: esto tiene colesterol, esto engorda, esto no es sano, esto tiene muchos conservantes, además a vosotros los espirituales os tendría que gustar hacer ayuno.
No, si me gusta mucho el ayuno, pero lo hago cuando tú no estás, mamá, le digo para salir del atolladero. Pues te sobran cinco kilos, me responde. Entonces yo le hablo del padre Pío, de Juan XXIII, de Santo Tomás de Aquino.
Eso sí, en casa no me causa ninguna distracción de mis deberes. Se ha vuelto adicta al Canal Viajar. Se sienta en el sillón, se pone los cascos, y viaja a Rusia, a Noruega, a islas tropicales, a Tarragona. Después, para hacer un poco de ejercicio, se levanta y se pone a limpiar.
Yo no digo nada. Que reorganice los armarios, que me cambie las cosas de sitio, hace tiempo que comprendí que la paz domestica consiste en un aquiescente laissez faire.
Una de las cosas que he visto claramente en la vida, es la cantidad de gente dispuesta a creer en conjuras, conspiraciones y planes para dominar el mundo. Hoy mismo tengo un paseo con un ex testigo de Jehováh, que es un hombre creyente en la Biblia y en las malas artes del Club de Bilderber para dominar este planeta.
Debo reconocer que en estas historias fantasiosas son siempre cuatro los protagonistas posibles: la ONU (la pobre, qué más quisiera que tener poder), la Unión Europea, los grupos malignos de banqueros, empresarios y políticos (hay que desconfiar del capital) y por último algún tipo de secta satánica (mejor si esto se combina con asunto templario o masónico).
Nunca creí en el Triángulo de las Bermudas, ni en el Monstruo del Lago Ness, ni en los ovnis, ni tampoco en las conspiraciones, más que nada porque en Barbastro (Huesca) no somos muy dados a las fantasías. En mi época, era una población muy pegada a la tierra, a lo concreto. Me acuerdo, y no es broma, de un familiar que cada vez que hablábamos de los dinosaurios (yo era un niño), él decía que no creyéramos en esas fantasías, que eso le sonaba a cuento de hadas.
Que Dan Brown es un ignorante metido a escribir novelas no es ninguna novedad. Sus errores son colosales, continuos y admirables por su santa ingenuidad.
La película Ángeles y Demonios es lo de siempre. Situación: La Iglesia está infiltrada por una secta de malos malísimos. Héroe: Típico profesor descubre a los malos. Método: idea genial que surge mirando un plano y uniendo con una regla esos puntos.
Los novelistas de series de televisión siempre encuentran al asesino uniendo líneas entre puntos. Sea dicho de paso, esos puntos no están donde dice Dan Brown. No están ahí ni en pintura. Hace unos meses vi un reportaje de la BBC sobre Roma, y el presentador se preguntaba cómo Brown se empeña en situar las cosas donde no están.
Esta manía de los guionistas de encontrar a los villanos a base de unir puntos, es algo que me tiene muy intrigado. Parece una fijación.
Lo que más gracia me hacía, es que la película hace hablar a los cardenales de acuerdo al poco conocimiento de Brown sobre los temas eclesiales. Los cardenales en el cónclave dicen cosas que no se le ocurrirían ni al que asó la manteca. Sin ningún género de duda hasta los porteros del Vaticano hubieran escrito unos diálogos más realistas.
Afortunadamente, no puso a los cardenales con sables-láser. Pero una base del Vaticano en la Luna hubiera pegado perfectamente con el tono del guión. Probablemente no se le ocurrió a Brown esconder a Hitler, ya anciano, en los sótanos de la Santa Sede. Probablemente no se le ocurrió. Desde luego, en la novela valía todo, podía caber cualquier cosa, y todo se arreglaba a cada momento deus ex machina. En algún momento llegué a pesar que aparecería por ahí Gandalf.
Lo mejor que podemos hacer los cristianos es no hacer ganar dinero a la productora. Resistid la tentación de verla. Ofrecedle a Dios ese pequeño sacrificio. Ya la veréis cuando la pongan en la televisión. La productora conmigo no ganó ni un duro. Entré en el cine por amistad con cierta persona. Sí, gratis. De algo me ha servido el tener un cierto trato con los ángeles y los demonios.
La foto de hoy la he escogido porque el cardenal Spellman de Nueva York siempre sale en todas las fotos con esa cara de niño, una cara fresca, bondadosa, con un punto de ingenua picardía. Su sonrisa es de una sinceridad y de un encanto inigualable. En todas las fotos en las que aparece él, y he visto muchas, siempre sale formidable.
Qué distinta su cara de las caras de los de Izquierda Unida que promueven activamente el aborto. Poned a cinco personas de la Adoración Nocturna junto a a cinco activistas comunistas (todavía quedan) y mezcladlos. Os aseguro que distinguireís con toda facilidad a las ovejas piadosas de los seguidores de Lenin.
Especialmente los activistas pro aborto tienen escrito en el rostro la oscuridad de sus ideas. La cara refleja mucho.
Me acuerdo que vi en un reportaje cómo juzgaban los nazis a un obispo ortodoxo checo. Era muy irónico, porque el obispo y su sacerdote eran las únicas personas con cara de gente decente en la sala. Los acusados tenían la decencia escrita en el rostro, y los guardias y los jueces parecían criminales.
Al final, el carácter sagrado de las leyes de Dios prevalecerá.
El aborto es un crimen, señora ministra Aído. No sólo es un pecado, también es un crimen. Lo que digan las leyes sobre el aborto es completamente indiferente. Sé que usted se ha permitido dar lecciones a los obispos últimamente sobre este tema. Pero usted nunca saldrá en las fotos con esa frescura que Spellman seguía teniendo cerca de los 70 años. Al revés, usted, incluso cuando sonríe muestra en sus dientes qué hay dentro de su alma. Sé que mi post le parecerá duro si lo lee alguno de sus seguidores, pero el futuro es nuestro.
Estos días pasados han pillado los periodistas al pobre padre Alberto Cutié con una chica en la playa dándole un beso y tal. Estas cosas ocurren por ordenar a curas guapos. Sólo hay que ver una foto de la cara del citado sacerdote, para darse cuenta de que tenía la catástrofe escrita en el rostro.
Después de ver la foto de este colega, me he mirado al espejo, y mi cara me parecía la de Quasimodo a su lado. Encima dicen que tiene cuarenta años. Lo dudo. Tengo su edad, y a su lado yo parecería su padre. Y de barriguita nada de nada. Al revés, unos músculos bien forjados en el gimnasio. Cuánto daño hacen los gimnasios a los curas. (Cuando un cura me dice que hace un poco de gimnasio, siempre exclamo: prefiero verte gordo.)
Todos estos factores hicieron prever a este blog el desastre hace tiempo y que el joven cura iba a decir que no había enviado sus barcos a luchar contra los elementos.
Estos peligros están muy lejos del cura hispánico de toda la vida: gordo, ensotanado, gafas de culo de vaso. Esos curas de pata negra, el cura de siempre, a lo Don Camilo y don Pepone, esos no dan ningún susto.
¿Pero entonces qué hacemos con los guapos que llamen a la puerta del seminario? Pues para ellos está el Opus Dei o los Cursillos de Cristiandad.
Con este post lo que quiero es quitar hierro al asunto, no sea que a alguno de Izquierda Unida le de por pedir la reprobación del pobre padre en el Congreso. Estos de Izquierda Unida se toman muy en serio las cosas de la religión y semejante escándalo podría provocar cientos de apostasías. o que quizá algún comunista se queme a lo bonzo delante de nunciatura para fastidiar a la Iglesia. Ya se sabe que estas cosas les afectan mucho.
Normalmente cuando celebro misa me imagino la Cruz de Cristo delante de mí. No todo el rato, pero sí en algún momento, o en varios. Me imagino la Cruz real del Calvario con detalle.
Sin embargo, en Pascua, me imagino a Jesús resucitado sobre el altar, de pie.
Otra cosa que he pensado durante la misa de hoy, es cómo habría que decir la fórmula de la transubstanciación: ¿con qué devoción, con qué unción, con qué respeto, con qué consciencia, con qué perfección?
¿Cómo pronunciaría un ángel esa doble fórmula, si ellos pudieran hacer tal cosa? Ya que ellos no pueden realizar la consagración, ¿cómo cantarían ellos, al menos, el Gloria, o el Sanctus?
En una misa privada, uno puede centrarse exclusivamente en el Misterio. En una misa con fieles, uno trata de centrarse en el Misterio, pero es también una cena y uno se fija en las ovejas del rebaño.
Las dos formas de celebrar misa son buenas, pero para el sacerdote, la primera, siempre resulta especialmente provechosa, pues permite penetrar en la esencia sin la más leve distracción, dedicando el tiempo que el alma necesite para alimentarse espiritualmente de cada momento de ese banquete invisible.
Ahora que el Santo Padre está en Israel, me gustaría hacer algunas reflexiones.
Dado que soy cristiano, siempre he considerado a los judíos como miembros de mi familia. Miembros de una familia espiritual.
Conocer más al pueblo judío, supone conocer más mis raíces, conocer más de donde venimos.
Ellos son el Antiguo Testamento vivo. Si bien, en el Nuevo Pueblo Elegido están vivos el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Nada hay que tenga el antiguo pueblo elegido, que no lo tenga el nuevo.
Yo sólo les pido a los judíos que sean judíos. No tienen que mimetizarse con la sociedad no judía. Ellos tienen que ser ellos mismos, distinguirse, porque ellos son la prueba de que las bendiciones de los Patriarcas siguen vigentes.
Ellos siempre estarán allí, no importa lo que les persigan. Siempre volverán a prosperar. Ellos son un signo más en el mundo de la existencia de Dios.
Israel, maldito por todos los que le odian, pero bendecido por todos los que creemos en el Dios de las dos alianzas.
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Estado de humor: apoteósico tirando a moderado con rachas frías.
Peso: 86,1
Hace unos días, acabé de leer por segunda vez El hijo pródigo, la gran obra de Nouwen. Hay libros actuales muy afamados que por más que los he examinado nunca he sabido qué les veían otros para celebrarlos tanto. Mientras que desde que lei las primeras páginas de la obra de Nouwen, supe que estaba ante una obra de una altura esplendorosa. Lo he leído por segunda vez y al acabarlo tengo la certeza de que podría leerlo una tercera con igual aprovechamiento. No me resisto a trascribir aquí su final:
Cuando hace cuatro años, fui a San Petesburgo a ver El hijo pródigo de Rembrandt, no tenía ni idea de durante cuánto tiempo iba a tener que vivir lo que vi entonces. (?) Me condujo desde el hijo menor, arrodillado y desarreglado, hasta el anciano padre de pie e inclinado, desde el lugar donde era bendecido al lugar de la bendición. Cuando miro mis manos sé que me han sido dadas para que las extienda a todo aquél que sufre, para que las apoye sobre los hombros de todo el que se acerque y para ofrecer la bendición que surge del inmenso amor de Dios.
Estado de humor: beatífico
Peso 86.4 kg
Hoy me entretenía con este pensamiento que os participo:
Dios que ha creado a Leonardo Da Vinci, a Borges, a Churchill, ¿qué quiere de mí? ¿Qué quiere específicamente de mí? ¿Para qué me ha creado exactamente?
Para Dios, yo soy tan importante como ellos. Me ama tanto como a ellos. Y seguro que quiere algo concreto que haga en la Historia, en el espacio de tiempo que me ha concedido vivir.
Sé que no me quiere en una orden religiosa. No tengo ni la más pequeña duda de que mi futuro está dentro del sacerdocio secular al que pertenezco.
Realmente no sé por qué seré recordado cuando muera. Me dejo llevar. Qué haga de mí lo que quiera. A día de hoy, no lo sé. Me dejo sorprender. Estoy abierto a las sorpresas. Me gustan. Sé que mi Padre tiene una capacidad infinita para sorprenderme.
Sorpréndeme, Señor.
Estado de humor: feliz con esperanza
Hoy no hay ziritione.
Peso 86.6 kg
¿Qué es un blog?, ésa es una pregunta que llevo haciéndome desde hace años.
Mi blog es un lugar donde un par de comentaristas vivían. Por lo menos eso parece a juzgar por los 50 comentarios que al día dejaban bien repartidos a lo largo de toda la jornada.
Mi blog tenía su bodega infernal. Un lugar donde odios ácidos fermentaban en forma de todo tipo de comentarios cargados de ira.
El blog también ha supuesto una plaza pública en la que me he encontrado con muy buenas personas, con las que he cenado, he paseado y he ido al cine.
El blog ha sido una red cuyas ramificaciones llegaban a distintos países. Encontrando en lugares lejanos del mundo rostros que no conocía, pero que eran amigos.
Un blog es una ventana, un puente, un bloc de notas que se deja hojear, es un permiso para asomarse a alguien.
Después de unas consideraciones tan dulzonas, añado dos citas para volver a tierra. Como siempre no tienen mucho que ver con lo anterior:
-El Derecho es muy bonito, si no fuera por los clientes.
-¿Que sea yo misma? He sido yo misma durante ocho años y no ha funcionado.Lisa Simpson
Estado de humor: críptico
Nivel de ziritione: Tanto ziritione cansa. Ya estoy un poco harto del ziritione.
Peso: exactamente igual que el de ayer, pero más que mañana
Bien sabéis que este blog trata de la crisis de los 40. Aunque en algún momento pareció tratar en exclusiva sobre el colesterol. Hoy día más bien parece centrado en mi dieta.
Ayer no cené. Resultado: 200 grs. menos que el día anterior. Dicho de otro modo, unos miserables y escasos 200 grs. que no se me notan en ningún lado. Según cómo me balancee en la báscula, hasta puede que sean menos.
Estoy dispuesto a no cenar una o dos veces por semana hasta ganar la apuesta. Ganaré la apuesta sea como sea, aunque sea la última cosa que haga en esta vida.
Lo cierto es que me peso cada día y dado lo que me esfuerzo en perder kilos, no entiendo como mi peso se ha petrificado. He llegado a pensar que quizá asimilo nutrientes a través del aire.
Otra posibilidad de que no pierda peso está en el dicho: el ojo del amo engorda al caballo. Como bien sabéis hemos cambiado de obispo. Este cambio episcopal quizá sea la causa de algunos kilos de más.
Estado de humor: allegro molto
Nivel de ziritione: 5.5
Peso 86.8 kg
Hoy por la mañana fui feliz a la báscula. Ayer anduve dos horas subiendo un monte cercano a Alcalá. Me moderé totalmente al sentarme a la mesa. Comí alimentos aburridos, insulsos. Lo último que me esperaba hoy era encontrarme que había engordado 200 grs.
¿De dónde han salido esos 200 gramos? Francamente, no me esperaba esta traición de la naturaleza.
No me lo podía creer. ¡Pero si había hecho los deberes! Insisto, ¿de dónde han salido?
Después me he rehecho, he afrontado la situación con gallardía.
Hoy he contraatacado con todas mis armas. Ha sido como el Imperio contraataca, pero en versión dietética y con ejercicio. Ahora bien, si esto de hoy ya no funciona, me resignaré a ser un Juan XXIII más.
La frase que más me viene a la cabeza estos días es: la alegría ha huido de mi mesa. Mañana os manifestaré mi peso, mi peso concreto. Hoy no tengo ánimos. Mido 1.80m, tampoco es que me sobren muchos kilos. Pero los que me sobran se me ven mucho. Y además no tienen ninguna intención de retroceder, van a vender cara su piel. Pero voy a luchar. Vaya que si voy a luchar.
Me gustaría escribir unas líneas respecto a algunos artículos escritos por el profesor de Tokio Juan Masiá. Lo primero que debo aclarar es que no le considero mal, sino un hermano en la fe y un miembro de la Iglesia. No obstante encuentro no pocos desenfoques en su teología.
Le gusta citar a San Pablo cuando habla de la libertad. Siempre que cita al Apóstol, parece que éste le da la razón al profesor. He llegado a pensar que Saulo y Masía eran amigos. Pero después leo todo San Pablo y veo que también hay un Saulo que da doctrina, que ordena, que gobierna con autoridad, que excomulga, que no tolera disensión en la fe y que se somete él mismo enteramente al juicio del colegio apostólico.
Al profesor tokiota le sirve el Pablo p