Los novelistas, los guionistas, pensaron todo tipo de futuros. El único futuro que no se les ocurrió fue un futuro de ayatolás y talibanes, un año 2000 de velos y prohibición de comer cerdo. Después vino Regreso al futuro, y comprendimos que el pasado tampoco estaba tan mal. No habíamos reparado en ese pasado sin graffitis, de casitas individuales con jardín, y con helados con nata y una guinda en lo alto. Cuando oí la canción de Mr. Sandman bring me a dream, comprendí que el pasado no estaba tan mal. Quizá no nos habíamos fijado bien.
Y que conste que no me quejo del futuro que me esperaba a mí en concreto. Mi presente, si me hubiera sido revelado, no lo hubiera creído. Si alguien me hubiera dicho en los años 70, cuál iba a ser mi futuro, hubiera creído que se trataba de una nueva variante de ciencia-ficción surrealista escrita por un mono loco aficionado al postcyberpunk.
Si en los años 70, un trío de brujas me hubiera vaticinado mi futuro como lo hicieron por ejemplo con Macbeth, no sé muy bien qué hubiera pensado. El futuro podía ser muchas cosas, pero una cosa así no se le hubiera ocurrido ni a Dalí.
Ayer hablaba del retrofuturo. Hablábamos ayer del retrofuturo. Sí. El futuro congelado. El futuro que vino a nuestro presente, que ahora es el pasado. Mirarlo con los ojos del ahora, supone una gran enseñanza.
El futuro ha sido menos futuro de lo que esperábamos. El futuro, finalmente, ha tenido mucho de presente. Además, hemos descubierto que hay mucho pasado en el futuro. Ya estamos en el futuro, pero no en el que futuro que imaginamos, sino justamente en uno que no pensamos que sería. La realidad volvió a traicionarnos.
Al menos a los que vivimos en los 70 (no todos pueden decirlo), nos quedan esas visiones, esos sueños, intactos, redescubiertos, con todo su color. Los que vivimos en los 70 (ya no todos viven), tuvimos una visión del futuro tipo ciudad limpia con pasillos deslizantes. Después en los 80 los jóvenes vieron el futuro en dos versiones: gran peste que mata a todos, o guerra atómica que mata a todos.
Hubo un tiempo en el que el futuro era algo grande. Nos lamentábamos de haber nacido tan pronto. Haber nacido en los 60 suponía que podías quedarte a la puerta del futuro. Pero después imperó una visión del porvenir en la que la Peste Negra parecía un juego de niños.
Quizá mañana hable del presente. Hoy (que para ti es ayer) he hablado del futuro, de ese futuro que ya no volverá.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
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