Blog del Padre Fortea

A los cuarenta años de edad nos da por mirar al pasado. A mí, por lo menos, mucho.

21.12.09 | 22:30. Archivado en Con clave

Hoy, después de la cena, he recordado como nos mostraban el futuro en mi infancia y juventud. Se aprende mucho recapacitando sobre ese futuro que nunca fue, y que seguirá siendo un futuro imaginado.

Las visiones que nos mostraban en comics, ilustraciones y películas eran visiones muy coloridas. Todo el mundo estaba feliz como en una fiesta. La gente que andaba por esas ciudades solía ser pintada con una sonrisa. Y eso que iba vestido con una especie de pijamas ajustados. A veces, incluso, con un gorro de tela que se ajustaba a la cabeza. A nadie nunca se le ocurrió meter un melenudo en esas escenas idílicas de un urbanismo en el que siempre lucía el sol y no hacía frío.

Una buena cúpula de cristal era tan imprescindible como un monorraíl. En aquella época, era impensable el futuro sin monorraíles. Era un futuro ingenuo. No es posible verlo sin pensar: qué cándidos éramos. Pero era una candidez sencilla exenta de culpa. Era un futuro sin Al Qaeda. Un futuro sin Guantánamo, sin Internet, sin teléfonos móviles (aunque no exento de unos ciertos comunicadores). Al final no tomamos pastillas para alimentarnos, ni hay ciudades bajo el mar, y en el espacio ya no están ni los rusos. Nunca nos imaginamos un futuro galáctico con Rouco Varela.

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Post congelatus et frigidus

21.12.09 | 00:17. Archivado en Con clave

Hoy he visto el comienzo y el final de Yo Claudio (versión de la BBC). Curiosidad motivada por la relectura que estos días estoy haciendo del libro de Graves. Qué tiempos aquellos en que a hora de máxima audiencia uno encendía la tele y se encontraba con obras como la de Graves, La vida es sueño, una entrevista a Borges, o Un violinista en el tejado. Este asunto es un lugar común de este blog y por ello no insistiré. Pero hay una cierta diferencia entre eso de entonces, y lo de ahora: ver al tonto del pueblo en Gran Hermano (86 edition).

Debo reconocer que cuando he dicho que estoy leyendo de nuevo Yo Claudio, si hubiera querido ser exacto hubiera debido decir estoy oyendo. Hoy día la tecnología me permite leer libros mientras paseo.

No me he resistido a escuchar algunos fragmentos de la misma obra en la versión inglesa de 1976. Qué distinta suena la obra sobre el papel, escuchada de forma neutra por una voz sintética, interpretada por actores y, por último, en el idioma de los bárbaros sajones. Cada una de las cuatro maneras excitaba en mí impresiones diversas, sensaciones distintas. Una vida es corta incluso para apreciar en todos sus matices un puñado de obras.

A partir de los cuarenta, mi lectura se ha transformado en buena parte en relectura. Sigo leyendo obras nuevas. Pero siento más placer en volver a pasear por mis mitos del pasado.

Mañana iré a ver Avatar. La veré más que nada porque es la típica película que no es lo mismo verla en la pequeña pantalla del avión mientras voy a Venezuela, que verla en tres dimensiones. Pero la iré a ver con la resignación de que el entusiasmo no nacerá. Batallas y paisajes, no ofrece más. Cameron debería haber aprendido a su edad que un pequeño gesto de las cejas de Rex Harrison en El tormento y el éxtasis vale más que todas las exageraciones de sus batallas de ordenador.

Una última cosa: Ayer tuvimos -7º por la noche en Alcalá. Dado que por la tarde hoy he vuelto medio congelado a casa, me alegro de que China y USA no firmaran el Tratado de Copenague. Quizá así se caldee un poco el ambiente para la primavera.

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Viernes, 1 de junio

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