Ayer vi la película Ágora. Que conste que sabía que la película me iba a contar una historia contra los cristianos. Pero no me importaba. Me senté en la butaca con la idea de hacer oración, de disfrutar en imágenes de una visión de la iglesia alejandrina en el siglo IV. No me importaba el sesgo, porque del mismo modo que me gusta que hagan películas a favor de la religión, reconozco el derecho a hacer otras en contra. Cuántas veces he disfrutado de una película en contra de mis ideas.
Pero lo que vi en mi butaca me dejó impresionado. No fue por la mentira, la esperaba. Lo que me dejó boquiabierto fue el odio. ¡Cuánto odio tiene que haber en el corazón del director y sus guionistas para escribir semejante historia en imágenes!
Ágora es una película que incita al odio contra los cristianos. Ágora es odio en estado puro. Jamás hubiera pintado de ese modo a los enemigos de la Iglesia. Los cristianos de la época de San Cirilo habían conocido las espantosas persecuciones sólo dos generaciones antes. Y, sin embargo, perdonaron. No hubo venganzas. No hubo revancha. Ésa es la verdad histórica. Hipatia fue una excepción. Y ni siquiera de esa excepción sabemos casi nada. Apenas unas brevísimas líneas. La historia de por qué murió pudo ser de cientos de maneras distintas.
Amenábar me has decepcionado, tu obra rezuma fanatismo y desgraciadamente la he pagado en parte con mis impuestos gracias al Ministerio de Cultura que te la financió.
Ya he regresado de mi viaje. Mañana os contaré más cosas, porque hoy se me ha hecho tarde. Al llegar he aprovechado para ver Ágora, mañana os contaré. También he aprovechado para congelarme. Hace ahora -3º. De hecho me alegro de que funcione el blog, porque creía que se me había congelado.
He cenado cereales, que era lo que quedaba en los armarios de la casa. También he encontrado lomo embuchado y mermelada. Ambas cosas no pegan bien.
La maleta está sin deshacer, hoy no tengo ánimo; y menos con este frío.
No tengo mucho sueño, o mejor dicho nada. El desfase horario eso es lo que tiene. Menos mal que desde que Iberia ha puesto sillones orejeros (con partes que sujetan la cabeza), duermo varias horas y llego más descansado. Gracias Iberia, ya sabes que estoy en el programa de fidelización. Por un ahorro en los billetes hasta te haría propaganda.
Aunque no sé qué pusisteis en la pasta que tomé ayer en la cena abordo, porque me sentó mal. Decir que me sentó mal, es un modo fino de decir que en el aeropuerto tuve otras necesidades que la de mostrar mi pasaporte.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal