Predicar es algo que me tomo muy en serio. Porque predicar es poder actuar sobre centenares de personas a la vez, o miles cuando hay miles de oyentes en una charla.
Predicar es un ejercicio más espiritual, que de reglas de retórica o de ciencia humana o cosas así. Siempre les pido ayuda a los ángeles. Y siempre pienso que soy indigno de una labor tan excelsa como hablar a la gente de Dios. Uno tendría que purificar sus labios como Ezequiel antes de hacerlo.
Hay una sabiduría de lo alto que es la que hay que dar a los que te escuchan. Esa sabiduría se adquiere en los meses anteriores a una charla. Hay que meditar la Sagrada Escritura y otros escritos. Después hay que tratar de entregar a los que te escuchan, lo que uno mismo ha escuchado del Espíritu Santo. Por eso hay charlas de otras personas que no me interesan. Porque están vacías. Eso se nota en seguida, si en una charla hay algo, o todo es cartón piedra humano. De todas maneras, es raro que vaya a una charla, conferencia religiosa o predicación, porque siempre saco más fruto en mi meditación privada que escuchando a otros. Hace años que prefiero escuchar al Espíritu Santo que a los humanos.
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Hoy le han visitado demasiados y es que ha levantado usted amp-ollas (ya sabe que este término no lo acepta la real academia de religión digital sin el guión bienintencionado que he puesto). Estoy contento porque ha reaparecido Paca y Currante. ¿Quienes serán, en qué emplearán su tiempo? José Luis Perales. Felices Navidades, criaturas fermosas. Mi único trato espiritual es con Carmen. ¡Ah, si ella me pudiera confesar!
Hablando de todo un poco, yo le comprendo gracias a María, cuya Vigilia hoy celebramos. Me han venido estos pensamientos de ella a raíz de tus quejas sobre los que cobran por organizar eventos religiosos y los que se fatigan tanto en anunciar el Reino de Dios y no les damos ni las gracias.
1.-Ser instrumento de Dios a cambio de nada.
2.-Callarse, ocultar su misterio, sabiéndose tan importante.
3.-Ponerse a disposición de Dios en favor de los demás que a lo mejor ni aguantas, por nada.
4.-Saber que tu gran secreto te lo llevarás.
ES ...
Eso, eso, ¿para que asistir a charlas y predicaciones? Mejor que cada quien escuche al Espíritu Santo directamente en meditación privada.
Como todos pensaran como tu, te quedarías sin público.
¡Pero claro, se me olvidaba que sólo tu tienes al Espíritu!
Mas valdría que te pusieras a trabajar y dejaras de decir sandeces.¡Pero qué jeta tienes!
Me alegro que sean otras personas las que te critiquen y no yo. Su "Espíritu santo" no deja de ser una metáfora de su egolatría. No va a charlas ni necesita escuchar a nadie.. Eso sí nos amenazas de vez en cuando con publicar tus libros, su reflexiones, tus... y sólo tus tú.
Tienes 40 años y te quejas de cansancio fícico y psicológico. ¿No te da vergüenza ser tan quejica? ¿has pensado en cada obrero, en cada mujer que trabaja fuera y dentro de casa? Joer Fortea, pero que morro tienes. Quiero no hacer comentarios, pero es que superas mi paciencia. Haces galimatias literarios para quete admiremos y te adoremos por tu entrega apostólica. No cuela.
O sea, que el espíritu santo solo está en ti y contigo. Cada día está usted más guasón.
Rectificándome.
"Ese niño. traedme a ese niño que quiero tenerlo en brazos y llenarle de besos". Es incorrecto. "Ese niño. traedme a ese niño que quiero tenerlo en brazos y llenarle de abrazos". No me pregunte porqué. A lo mejor al niño no le gustaban los besos, babearlo. Hay niños así.
Y ahora la despedida.
¿Qué prefiere usted, una cuenta de inversión en Salomon Brothers o el Cantar de los cantares de Salomón?
¿Que prefiere usted, atar cabos sueltos o irse de predicación al faro de los ricos, a Los Cabos, México, a predicar a esos ricachones y de paso conocer al Cabo San José y al Cabo San Lucas?
Elíjame.
Debe tratarse de un lugar estupendo. Pero prefiero refugiarme en el salón de mi casa.
Volviendo a su confesión sobre la predicación que usted hace, cuanto le cuesta, cuanto se esfuerza, lo dulce que le resulta hablar de Dios, estoy por pensar que nos ha abierto los ojos acerca de su humildad. Usted no va por esos mundos a darse el gustazo de escucharse, como harían otros, (predicarse para sí mismos es escucharse), sino para "cantar las maravillas del Señor".
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Aún reconociendo su esfuerzo y méritos y sinceridades, no me gusta esto que nos ha dejado escrito: "De todas maneras, es raro que vaya a una charla, conferencia religiosa o predicación.Hace años que prefiero escuchar al Espíritu Santo que a los humanos".
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La verdad Reverendo es que hoy no ha estado usted afortunado. Se le nota soberbio. Nosotros no somos tanto ni llegamos a tanto porque pertenecemos al mundo. Y estamos muy contentos. Aunque anoche me haya insultado estoy de acuerdo con Anselmo por que es un encanto de mujer aunque no me gusta que nos hable de Dios porque hay algo que parece falso. Me gustan más las homilías del Papa Benedicto XVI y las del difunto Juan Pablo II. Y las del capellán de mi colegio.
Una pregunta, si no le importa: ¿cómo sabe usted que le ha hablado el Espíritu Santo? ¿Y cómo podemos los demás comprobarlo? ¿Nos lo tenemos que creer sin más? Haga usted un milagro. La prueba del vino: conviértanos el vino en agua para que haya menos borrachos en este mundo y por consiguiente menos salvajes sueltos.
En todo caso, le apreciamos. Y siga usted tomándoselo muy en serio. Y siga usted estando muy cansado, agotado, espiritualmente con los nervios a punto de romperse.
Jarabe de palo. No duerma.
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¿Piensa que usted es la única persona que se toma en serio sus proyectos? ¿Sabe usted lo que es concebir, modelar, diseñar, desarrollar, construir, probar y entregar una aplicación de la técnica? Pongamos un puente largo. ¿Sabe usted cuanto hay en juego? O un rascacielos. O un avión. O un barco. O un puerto. O un fármaco.
Esa gente pasa horas y horas en gran tensión, y meses y tal vez años. Pegados a su proyecto. Pensando y repasando.
Bah. Me tiene usted harto. "Por eso hay charlas de otras personas que no me interesan. Porque están vacías". Lo dijo Blas, punto redondo. ¡Váyase al cuerno!
"Eso se nota en seguida, si en una charla hay algo, o todo es cartón piedra humano".
¿Quiere que le repasemos su sermonario? Tengo ganas de retorcerle el alzacuellos. Y de mancharle la sotana. Y de imponerle el cleryman para toda la vida.
No se preocupe por mí: todo ha sido un sueño.
Ese niño. traedme a ese niño que quiero tenerlo en brazos y llenarle de besos. Ese niño feliz, galileo, en el que Dios, haciendo alardes de su proeza, lo sacó de la carne de una mujer, llamada María, en un humilde establo a los ojos de San José, y teniendo por testigo mudos tal vez un asno. Esta estampa preciosa es para los niños. Para la gente como usted está lo mejor, como Dios, a base de la biología que el creó -antes del principio ya lo sabía- influyó en el proceso de fecundación de María. Y ahora vendrán las preguntas de esta tierra cargadas de razón: ¿cómo sería ese embrión? ¿Estaba ya presente Dios, en toda su plenitud? ¿Qué pensamientos tendría María? A lo mejor ni se lo planteó. A lo mejor se conformó con la idea de que ese niño sería llamado hijo del Altísimo, sin más. Un niño afortunado. Dios no da saltos, creo. Camina paso a paso.
Y le he dejado tema de meditación.
¿Y quien ha dicho que no se lo tome en serio?
Me parece que estamos subiéndonos a la parra. ¡Qué pedante! Nada de humanos, directamente el Espíritu Santo. Nada de anselmolatrías: directamente con la flor y nada de la Divinidad. Hale. Lo de los Ángeles me ha gustado. Se ve que mis consejos de anoche le han irritado. Bueno, pues se los repetiré otra vez: hable más de Dios y menos del diablo porque a la gente le encanta lo esotérico y les está dando carnaza. Háblales del Niño aquél, nacido en Belén, así como hace dos mil años, mas o menos, predicara San Mateo:
"Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".
Hable usted de lo que quiera, pero siga los consejos del Papa que me acaba de recordar Carmen: hablemos de Dios, nuestro único destino, y deje para el demonio la mala uva de la tierra. Amen.
Viernes, 1 de junio
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