En el comedor, en los pasillos, en la capilla, docenas de veces me había encontrado con un venezolano que vive en mi collegio. Nada en él me había llamado la atención. Conversación normal, carácter normal, aspecto normal.
Hoy he ido a su habitación en busca de una unidad de disco. Mi ordenador carece de ella.
Y al entrar, ha venido la sorpresa. La pequeña, minúscula habitación estaba literalmente atestada de libros. Su mesa era un montón de folios escritos, atriles con libros abiertos, diccionarios y objetos similares.
He comenzado a revisar los libros y, entonces, es cuando ha venido la segunda oleada de sorpresa. Libros en alemán, en griego, en inglés, en francés, en todos los idiomas. Observo los títulos y ninguno era un libro superficial. Todos los libros eran Platón, filosofía alemana, tratados, ensayos.
He explorado la habitación durante un cuarto de hora. Su dueño, amable, me ha dejado varias obras.
No hace falta decir que la próxima vez que me tope con él por un pasillo o que me siente a su mesa, tendré muy presente que detrás de su aspecto común, detrás de su conversación sobre cosas intrascendentes, hay una persona inteligentísima dotada de una erudición increíble. La vida da muchas sorpresas.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal