Hoy hemos tenido una reunión con el rector del collegio. Es la primera que hemos celebrado, y la última, porque el rector ha sido consagrado obispo y no vive en el collegio. En noviembre llegará el nuevo cuando lo nombren.
Pero en esa reunión, un cura italiano bajito (situado en una esquina de la gran sala, en un lugar donde no le veía el rector) se ha puesto a hacer bromas y a hacer caras. Encima a su lado había un cura rumano no menos bromista que el italiano. Se han juntado el hambre y las ganas de comer.
Yo que estaba frente a ellos, en el lado opuesto, no podía mirar al rector sin verles a ellos, y me han entrado unas ganas de reír incontenibles. Cuanto más fuerza hacía por no reírme, más ganas me daban. No sólo a mí, me imagino que a varios más.
Los dos ya son de los veteranos del lugar, y el rector ya se imaginaba la situación. Pero era una reunión informal, para charlar y conocernos, tras la cena. De forma que el rector no ha dicho nada. Pero yo por más que trataba de pensar en cosas tristes, nada. Bastaba volver a mirar al rector, verles detrás a ellos, y usar todas mis fuerzas, todas las fuerzas de mi ser, en no estallar en una formidable carcajada. En serio, casi me hernio de las fuerzas que he hecho.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
Angel Moreno
Francisco Margallo
José Antonio Vázquez Mosquera
Sor Gemma Morató
José Manuel Bernal