Hoy (bueno, en realidad, esto lo escribí ayer) con una amistad catalana hemos ido a comer a un restaurante donde sirven pescado esencialmente. Eso en Roma es muy raro. Pero como era lunes estaba cerrado. Era la segunda cosa cerrada del día. Habíamos ido hasta las catacumbas de San Calixto, y tras varios trasbordos de autobús, en medio del campo, nos hemos encontrado con que de 2.00 a 4.00 estaban cerradas. Eso lo hemos descubierto justamente a las 2:04.
Como ya he dicho, también el restaurante del pescado estaba cerrado. Así que nos hemos metido en el más cercano, era oriental, pero no chino. Allí he probado por primera vez en mi vida la medusa.
Sabía a cebolla guisada, ligeramente crujiente, en trocitos muy pequeños.
A la hora de la cena, aquí en el comedor del collegio, hay un italiano que se ríe de un modo muy estruendoso. Hay varios residentes que ya han manifestado su enojo, pero a mí me encanta. Es una risa explosiva, potente, llena de franca alegría. Todas las comidas se ríe unas cinco veces de esa manera. Siempre está alegre. Yo no le he visto ni un minuto triste en todo el tiempo que lleva aquí. Hay gente que parece creada por Dios para manifestar la alegría. Aunque creo que la conjura de los descontentos pronto le alcanzará.
Viernes, 1 de junio
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Religión Digital
Josemari Lorenzo Amelibia
Asoc. Humanismo sin Credos
Rodrigo del Pozo Fernández
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Francisco Margallo
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Sor Gemma Morató
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