Estos días se ha planteado un caso moral muy interesante: ¿debe Polansky entrar en prisión o no?
Reconozco que el tema está sujeto a debate y que no pretendo decir sobre el tema la última palabra. Sin embargo, permítaseme una opinión.
Lo que está en juego aquí es la definición misma de la Justicia. Desde hace más de una generación hemos aceptado una definición bastante utilitarista y relativa de la Justicia.
En una sociedad en la que nadie cree en la Justicia, y en la que estamos acostumbrados a que grandes y pequeños escapen a ella, condenar a Polansky parece excesivo.
Es curioso, creer en la Justicia, tomársela en serio, llevarla hasta sus últimas consecuencias, parece injusto. Suena irónico, pero en una sociedad corrupta es así.
Yo siempre he sostenido que el mismo concepto de indulto es inmoral. Ninguna sociedad debería otorgar al Poder Ejecutivo la potestad de invalidar el ejercicio de la Justicia. La Ley es igual para todos. Lo que hay que lograr es que se juzgue con justicia. Pero una vez que se ha hecho así, el indulto no puede ser otra cosa que un acto inmoral. Un juez no puede ser misericordioso, debe ser justo, le guste o no. Un juez misericordioso sería un mal juez, y su labor hará daño a la sociedad.
Siempre he defendido que la Justicia debería ser total y absolutamente independiente. Es decir, independiente de cualquier otro poder e independiente también de la sociedad. El juez debe dar a la sociedad no lo que le pide ésta, sino Justicia.
Recuerdo una frase impresionante a la entrada del edificio de los juzgados de Saint Louis: Que se haga Justicia, aunque los cielos caigan.
Viernes, 1 de junio
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